El primer informe

En su sonrisa había algo angelical, casi místico, como si levitase un palmo sobre el suelo. No podía ser tan esperanzador, tan bueno, tan definitivo... Era imposible que en tan sólo dos semanas la certificación hubiese podido ser tan precisa. Al preguntarle, no contestaba; sólo sonreía, con esa mueca suya tan característica. Pero los demás andaban preocupados, muy preocupados, taciturnos, se les escapaba 2008, 2007, 2012. En su despacho, escondida en el cajón más pequeño del escritorio de diseño, estaba la pequeña carta marrón, gastada por las dobleces y la lluvia. La carta que había llegado desde la campiña francesa.





