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Diario de una licenciada en paro
cosillas de mi vida en sevilla durante la carrera y reflexiones en general....
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Hoy empiezan mis experiencias con el blog, por consejo de una amiga a la que quiero mucho y que compartió un año de su vida en el mismo piso que yo, y me dijo: deberías escribirlo.... Intentaré desahogarme a veces, otras simplemente contar anécdotas o algo que me llame la atención....En fin, entretenerme un poco...
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PISO DE ESTUDIANTES
Después de los dos años mencionados en la residencia (María Inmaculada se llamaba) llegó lo que todos soñamos desde que tenemos 15 años (exceptuemos aquellos que viven en capitales y los que no son capaces de vivir sin la cocina de mamá...): VIDA EN UN PISO DE ESTUDIANTES..... Aunque quizá se piense que desfasamos aún lo cierto es que lo haciamos más cuando estábamos en la residencia (daba más morbo lo de hacer botellona en el cuarto mientras una vigilaba si venía o no una monja, o ver Átame o Kika en la sala de la tele....igualmente, una vigilaba :D)... Lo cierto es, que, dentro de unos límites, nos calmamos... Nunca hicimos una gran fiesta en el piso pero sí alguna que otra cena, y por supuesto, meriendas, requisito para acudir: traer pastelitos. Mis compañeras de piso habían estado conmigo también en la Residencia. Fue un gran dilema elegir entre las 11, al final opte por mi compañera de habitación, Patricia (aunque en el artículo anterior hablara de once amigas ella fue mi gran decepción, resultó ser mala, mu mala...), y mis vecinas de la habitación 23, las hermanas Regla y María del Mar.
Por supuesto no faltaba una integrante okupa: Silvia y su entonces novio Mario (integrante de un grupo musical), y sus amigos venían también a visitarnos de vez en cuando...

El piso.....llegan las complicaciones.....Primero plantearse los horarios de limpieza (tengo que admitir que en aquellos tiempos era maniática de la limpieza), que bonitos nos quedaban, con colorines, formas geométricas (cuadrado para el salón, círculo para el baño....). Los colores eran para cada una de nosotras, he olvidado mi color....Supermaduro, ¿verdad?, pero a todo el mundo le encantaba, en fiestas dibujaba algo representativo...a lo que llega el aburrimiento. Después de plantearlos cumplirlos, que en gran medida se hacía para que yo me callara pero aún así fue algún motivo de bronca.

No olvidemos las comidas, aprendimos a cocinar pasta, salchichas y puré de patatas (menú de los domingos). Al final ya hacíamos platos elaborados, mi especialidad: Pollo a la canela, que era lo que poníamos en cada una de las cenas especiales que hacíamos, poco variado...

Igual que teníamos una loca en la residencia teníamos nuestro loco particular en el bloque: el marido de la de abajo, sufría de los nervios. El día de la final del Falla (carnavales), quedamos en casa con un grupo de amigos para verlo, y por supuesto, hubo ruido, aunque puedo prometer y prometo que no fue nada del otro mundo, de repente, en el silencio de la noche escuchamos un grito y cristales rotos....Lo que se piensa en esos momentos....Un borracho por la calle. Al día siguiente, la vecina (la típica que está detrás de la puerta y abre justo cuando pasas por delante y más de uno suele caer al suelo): Por favor, otro día, menos ruido, mi marido anoche sufrió un ataque de nervios y rompió dos cristales a puñetazos....De nuevo el miedo cada vez que nos cruzábamos con el marido....

Lo mejor de aquel año, conocer a la patrulla de la capa de Cádiz. Uno de ellos, Raúl, era primo de Patricia. Para la fiesta de la primavera se les permitió quedarse en casa para dormir solamente, al final pasaron el fin de semana con nosotras. Lo de la patrulla de la capa vino porque la primera noche que salieron, yo aún no los conocía, entraron en un fotomatón para hacerse la típica foto de borrachos los cuatro y acabaron robando la cortina, que fue usada de capa durante el fin de semana. El domingo cuando se fueron los acompañamos a Santa Justa. Ideas para hacer el carajote en la estación: mientras familiares o amigos están en su vagón y tú en la calle, empiezas a moverte lateralmente despacio hacia el lado contrario al de la marcha del tren....y te despides con la mano. Ahora lo recuerdo y me da vergüenza de mi misma, pero se acabó convirtiendo en tradición cada vez que venían a visitarnos y se iban.

En ese piso solo duramos un año, encontramos uno más barato, pero eso es ya para mañana...
No