<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/rss20.xml"><title><![CDATA[El blog de Paki Txokolat]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Paranoias de un escritor frustrado y poco más.]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[12/12/2004]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hour]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[123]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[BASE]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_89.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_88.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_87.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_84.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_82.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_78.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_81.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_62.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_60.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_65.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_89.htm"><title><![CDATA[A mis adorables lectores]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_89.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/http://blogs.ya.com/pakitxokolat/files/m40.jpg"><br/><br/>Hola, queridos muchachuelos y muchachuelas lectores de blogs acaramelados y chocolateados, adiós, amigos míos. Esto de los blogs es como el amor: dura lo que dura, y merece la pena. Yo no sé si vosotros, y tampoco sé si ustedes. Pero yo sí. Lo he pasado bien.<br/><br/>Cada día elegimos creer en calles, carreteras y autopistas, elegimos creer que sabemos dónde vamos, pero ya lo dijo Machado: caminante no hay camino. Vamos inventando la vida, y la vida nos va inventando.<br/><br/>Inventé a un ser fraudulento que pululaba por Internet luciendo letras. Lo llamé Paki Txokolat, lo disfracé de ovejita y de vietnamita. Pakito me reinventó.<br/><br/>Pero me inventé otra vida. Descubrí en los lugares de siempre nuevos lugares. Las carreteras no se mueven, pero tampoco se quedan en el mismo sitio, y de pronto nos llevan a lugares insólitos. Redescubrí el asfalto.<br/><br/>La A-1 (Madrid-Burgos), nunca será lo mismo. Ni la M-40, ni la A-6... pero sobre todo la A-1.<br/><br/>Y ahora, desde aquí os digo que aquí ya me queda lejos. Adios, amigos, adios.<br/><br/>Pero antes de irme, quería pediros un favor. Quiero que cantemos todos juntos una canción de paz y fraternidad universal, y que por un hermoso momento creamos realmente en ella:<br/><br/><i>Aserejé, ja deje tejebe tude jebere<br/>sebiunouba majabi an de bugui an de buididipí</i>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_88.htm"><title><![CDATA[Geografía]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_88.htm]]></link><description><![CDATA[Si usted camina hacia Oriente muchas jornadas sin detenerse, si atraviesa las provincias orientales sin sucumbir a ninguno de sus encantos, a ninguna de sus trampas, ni a los misterios que encierran esas provincias, ni al espanto que encierran esos misterios, si cruza el desierto y, después del desierto, el horizonte, y llega más allá del Oriente, encontrará la ciudad soñada por los occidentales.<br/>Si viaja hacia Occidente durante muchos y largos días, sin detenerse a reposar en las provincias occidentales ni enredarse en el juego de máscaras que allí se practica, si hace caso omiso a los cantos de sirena y sortea hábilmente a las esfinges, y después atraviesa una gran cadena de montañas y la línea del horizonte, y llega más allá de Occidente, encontrará la ciudad soñada por los orientales.<br/>Así están dispuestos los sueños y las cosas en este reino.<br/><br/>Usted, viajero, siga su camino. Tiene todas las posibilidades descritas, las insinuadas, las ni siquiera aludidas, e incluso puede hacer uso de dos puntos cardinales más aparte del Este y el Oeste. Nosotros no podremos seguirle, tenemos nuestra vida aquí, estamos ligados irremediablemente a este lugar situado entre Ultraoriente y Ultraoccidente. Sólo nuestros sueños pueden viajar más allá de esta estrecha región.<br/>¡Siga su camino! Buen viaje... adios.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_87.htm"><title><![CDATA[En un lugar de Manhattan, Els Joglars]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_87.htm]]></link><description><![CDATA[<i>Anoche fui a ver un espectáculo teatral. Hoy escribo mis impresiones y me pregunto si esto puede ser una crítica teatral o sólo el relato de una vivencia. Una vivencia incompleta, por cierto, pues me dispongo a hablar solamente de la obra, y la compañía (no me refiero a Els Joglars, sino a las personas que me acompañaban) merecería capítulo aparte.<br/>Quizá lo mejor sea curarse en salud y decir que no se trata de una crítica. Ignoro si el lector considerará que la labor del crítico es en parte objetiva, que debería comprometerse a analizar la obra, lo que realmente sucedió en el escenario. Yo me paso la objetividad, como suele decirse, por el forro. Lo único que me importa, es cómo viví el momento de ver la obra, lo que movió dentro de mí estar en esa butaca.<br/>Dicho esto (se me permitirá contradecirme por enésima vez) un escrúpulo de objetividad me impulsa a declarar lo siguiente: mi juicio resulta totalmente parcial; de esta obra puedo hacer una crítica positiva, pero no negativa. Cuando la vi, estaba encantado, probablemente en todos los sentidos de la palabra. En parte, por la ya mencionada compañía, por cierto encuentro feliz que contribuí a propiciar. Otra razón es que no soy asiduo al teatro y que lo vivo más bien como una fiesta. Me refiero al hecho mismo de contemplar la obra. Es algo poco común que pretendo disfrutar tanto como pueda. Soy el espectador más ingenuo del mundo.<br/></i><br/><br/><br/>En un lugar de Manhattan es el título de un montaje teatral basado en Don Quijote (“en el mito, no en el libro”) de una directora argentina irritante y pretenciosa, y de un productor llamado Pasamonte que nunca sale al escenario. La directora se enfrenta a dificultades bastante serias, que la llevan irremediablemente al fracaso: Un elenco de actores rebeldes, en el que la mayoría son hombres, y para colmo ibéricos. Una visión rompedora e incomprendida: Don Quijote y Sancho son una pareja de lesbianas que viven en Maniatan asediadas por las miradas inquisitoriales “y a la vez lascivas” de un rebaño de hombres-carnero. Un doble en forma de perrito que incita a los actores (aún más) a la rebelión.  Un libro, escrito por el “machista” Cervantes, que va circulando secretamente de mano en mano y de pronto aparece para impedirla hacer su trabajo. Una gotera. Dos tipos, recién salidos del hospital psiquiátrico de San Blas, que acuden a “desfacer el entuerto acuático”: un fontanero andante alto y desgarbado  que se llama Don Alonso, y su rechoncho y simpático ayudante Sancho, que en realidad se llama Jordi.<br/>Resulta simpático también, y a la vez ácido, el argumento. La directora, empeñada en buscar al caballero y su escudero sin la ayuda de Cervantes,  no sabe reconocer a sus personajes en esos dos fontaneros chalados que reproducen literalmente varias escenas de la obra. Resulta muy simpático y muy ácido que Don Alonso la acuse de apócrifa. Y también el recurso que justifica el argumento: Don Alonso se ha vuelto loco por culpa de un libro “de caballerías” titulado Don Quijote…<br/>Sería injusto decir que se trata de una reivindicación del texto Cervantes, aunque sea cierto. También podría ser un alegato en contra de las ideas preconcebidas, y a favor del juego, de la espontaneidad. Pero en esto va más allá del alegato. Lo mejor de todo es que no es ni pretende ser una obra seria. Las claves auténticas del texto son, creo, el humor y la complicidad. Del primero podría citar muchos ejemplos, pero con un par creo que bastará. Don Alonso, un fontanero anticuado que sólo trabaja con plomo, en su locura pretende luchar contra el malvado Leroy Merlin y sus secuaces, entre los que se encuentran las tuberías de PVC. Usa para recuperarse de sus golpes un brebaje al que llama indistintamente “Bálsamo de Fierabrás” y “Mister Proper”. La complicidad está en que tanto el autor como el espectador sienten la misma simpatía por esos dos locos que vienen a desmontar el tinglado vanguardista de la pomposa directora. Otra emoción que uno intuye que comparte con el autor es la alegría cuando muere el dichoso perrito. Puede parecer cruel, pero sólo a quien no haya visto la obra y no conozca al maldito bicho. Y hay más. En la última escena, cuando muere el protagonista (no creo revelar nada diciendo que el doble de Don Quijote acaba muriendo), las goteras lloran para reflejar nuestro sentimiento…<br/><br/>&#9;(En cuanto a los actores, maravilloso Don Alonso, encantador Jordi-Sancho, y genial el perrito teledirigido)<br/><br/>Todo lo malo que pueda decir de esta obra se dice rápido y ocupa poco espacio en el papel: es un poco larga. Dos horas sin interrupción. No es que pretenda poner límites al arte, pero a partir de la hora, hora y media, cobran importancia ciertos aspectos ajenos al mismo (como por ejemplo la butaca) que dificultan la atención del espectador. De todas formas, es un espectáculo ameno y encantador, y las sufridas nalgas saben perdonar.<br/>Al final, paradójicamente, En un lugar de Manhattan logra lo que pretendía la malograda obra ficticia del mismo título. Es un Quijote innovador, profundamente personal, pero no lo es porque pretenda serlo, sino porque incluye elementos que hoy en día resulta frescos y originales: un respeto y un aprecio sinceros por la obra de Cervantes.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_84.htm"><title><![CDATA[Tiburón]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_84.htm]]></link><description><![CDATA[Quien lea esto debería clamar al cielo, darse golpes en el pecho, vomitar graves y amargas palabras. Debería denunciar falta de forma y de contenido, y de propósito, y aún peor, falta de destino. Tendría que llamar a la policía literaria, apuntar al autor con un dedo siniestro y ganchudo y pronunciar la terrible frase acusadora: "señor teniente, ese de ahí no escribe como se debe escribir". Debería juzgar y dictaminar que no se están siguiendo las normas ni se está aportando nada nuevo, y que no hay otra que ser clásico, o ser vanguardista, o no ser nada. Y además...<br/><br/>...probablemente quien lea esto dirá "a mí qué me importa que el autor el otro día viera la escena más espantosa que puede verse. Qué más da que se detenga a considerar, bastante asombrado, cómo pudo ser que el tiburón lograse subirse a la moto. Qué importancia tiene ese tiburón, esa velocidad, ese morro puntiagudo que corta el viento y se va volviendo metálico hasta parecerse a la punta de un misil dirigido al corazón de un escritor al que tampoco hay que dar importancia. A quién le importan esas fauces abiertas, esos dientes que dejan ver el rastro rojo de un asesinato, esos ojos fríos que auguran otro crimen. Qué más da el horror que desciende como una niebla sobre las calles de la ciudad cuando pasa la muerte en su motocicleta".<br/><br/>Y pensará este hipotético lector que tampoco le importa que el autor se haya quedado mirando una de esas representaciones navideñas que llamamos belenes y haya querido retirar todas las figuras de pastorcillos adoradores, de hombres barbudos a camello, de angelitos anunciadores de buenas nuevas. Ha nacido un niño, que ya tendrá tiempo de convertirse en el mesías, un destino más para un adulto. ¿Tanta ansia de adorar tenemos que no dejamos a un niño ser niño? ¡Oh crueldad! Pero qué importa un nacimiento más o menos, una infancia más o menos. Y qué más da que esta reflexión se escriba sin ningún ánimo de ofender. Y qué importa que ofenda, o que no ofenda.<br/><br/>¿A quién puede importarle que el autor de estas líneas se exalte o se hunda? Que acepte los momentos hermosos y se deje llevar, como en un carrusel rodeado de hermosas luces de colores. Qué más da que se detenga el carrusel y se apaguen las luces y alguien se diga frases: "esto es demasiado bonito" "estas cosas no me pasan a mí" "yo no sé jugar a esto". Que más da que esté en guerra con su propio cerebro...<br/><br/>Quien lea esto seguramente pensará por qué por qué, por qué estoy leyendo esto, y que más me da si el autor acierta o se equivoca. Qué más me da si el autor acierta o se equivoca acerca de lo que estoy pensando. Qué más me da estar pensando esto u otra cosa...<br/><br/>¿Acaso alguien tiene tiempo para considerar tonterías como esta ventana, el cielo nublado que se ve desde ella, esa luminosidad fría, blanda y triste, o el sol que detrás de las nubes lucha por escapar?<br/><br/>Y si alguien llega a leer este final, casi seguro se tratará de una persona compasiva, u obligada (o ambas cosas). Debería estar pensando (¿un sentido? ¿una intención?) para qué escribir... para qué todo...]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_82.htm"><title><![CDATA[Preparando el balance]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_82.htm]]></link><description><![CDATA[Es pleno diciembre ya, y hay quien ha empezado a preparar las navidades. Ayer, estaba comiendo en un restaurante chino de barrio, y los camareros parecían más atentos a la decoración navideña que al que era en ese momento su único cliente. Colgaban bolas de colores entre los abigarrados cachivaches de orientalería barata. Si hay algo que no necesita un restaurante chino de este tipo es más ornamentación, pero ellos seguían a su tarea, colgando papás noeles entre los budas, recargando lo que ya es de por sí recargado...<br/>(Idea para una descripción pintoresca: el atuendo de un personaje “era tan recargado como un restaurante chino de barrio decorado para la Navidad”) <br/>Los comercios ya empiezan a llenarse de turrones, juguetes y perfumes.<br/>Los que librarán el día 25 y el 1, ya lo celebran. Los que no, han empezado a maldecir.<br/><br/>Y yo, que siempre compro los regalos a última hora, ¿qué preparo? No la Navidad, ciertamente... También llega el fin de año, y con él los famosos balances. Eso es lo que estoy preparando, algo que en realidad sólo he hecho un par de veces, el balance de fin de año.<br/>No lo hago habitualmente porque, en apariencia, no sirve para mucho. Es obvio que no tiene mucho sentido separar la historia de nuestra vida en años, como si fueran capítulos de una novela. Un capítulo debería tener un mínimo de autonomía, su propio principio y fin, su unidad... Los años son secciones arbitrarias...<br/>Todo esto es evidente, pero no tiene en cuenta la cuestión principal, que es el rito. Los balances de fin de año son un ritual para ayudar a que pase el tiempo. 2005 acaba, y todo lo que hemos ido viviendo en presente, debe convertirse ya en recuerdos, definitivamente. En realidad, puesto que nos proponemos conscientemente hacer balance, se trata en cierto modo de inventar los recuerdos, al menos de seleccionarlos cuidadosamente y maquillarlos bastante. Tenemos que darles esa unidad de capitulo de novela de la que carecen los recuerdos contenidos en un año. Es una labor creativa, propia de escritores. Y tiene dos funciones importantes: crearnos recuerdos bellos, agradables de recordar, y por otro lado cerrar una etapa para comenzar con otra nueva, libres ya de las dudas, las tensiones y las culpas acumuladas.<br/>Llegados a este punto, tenemos dos opciones. Se puede optar por la facilidad, sencillamente elegir los recuerdos preferidos y olvidar, en la medida de lo posible, los momentos desagradables. Por ejemplo, el año en el que uno descubrió al amor de su vida y le echaron del trabajo, será, una vez hecho el balance, el año en el que descubrió al amor de su vida... y vice versa: si le ascendieron y alguien importante le abandonó, será el año del ascenso.<br/>La otra opción requiere más talento. Se trata de no dejar nada de lado, incluir en el balance todos los recuerdos importantes del año, y agregarles tan solo una belleza mucho menos emotiva, menos personal, y bastante más difícil: el estilo.<br/><br/>Esta segunda opción es la que me propongo.<br/>En parte, porque 2005 ha sido un año bastante convulso, lleno de recuerdos que no puedo soslayar, y que necesito asimilar. Por ejemplo, 2005 no puede ser el año en el que llegué a conocerte (y ahora me dirijo a una persona concreta, que probablemente no leerá esto) sin ser también el año en el que, en un momento dado, te decepcioné de alguna manera, y dejaste de interesarte por mí. Ambas cosas deben estar incluidas, junto con muchas otras, y falta encontrar la trama que las una.<br/>Por otra parte, lo que me propongo con esto es simplemente escribir. Últimamente estoy bastante falto de ideas, y el balance de fin de año es un tema más a desarrollar. De hecho, si comento esto aquí, en el blog, es porque sé que acabaré escribiendo el balance... y probablemente lo subiré aquí también. Es importante para mí tener algo sobre lo que escribir...<br/><br/>Por eso, ya voy reuniendo los recuerdos, y quien me vea estos días podrá encontrarme abstraído, medio ausente. Estaré recordando algo, o tratando desesperadamente de conciliar varios recuerdos. Tampoco descarto que los días que quedan aporten material nuevo, que ya veré cómo encajar... ¡Ah! y por supuesto no me olvido de que 2005 fue el año en el que el mundo conoció mi fastuoso blog.<br/>;)]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_78.htm"><title><![CDATA[el pájaro]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_78.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/http://blogs.ya.com/pakitxokolat/files/cuervo.gif"><br/><br/>Hace mucho tiempo que no miras al pájaro que un día se instaló en el tejado de tu casa. Sabes que está ahí, con su plumaje negro como el alma de Judas, mirándolo todo; mirándote a ti, según sales de casa, con esos ojos sin vida, esos ojos que sólo parecen reflejar imágenes pero que además las registran, quién sabe para qué. Sabes que sigue ahí suspendido sobre ti, sabes que si se hubiera ido algo notarías, algo echarías de menos.<br/>Antes sí lo mirabas, cada mañana al salir de casa y cada noche al volver. Había días en los que se te antojaba que era como la amenaza de la muerte, otros en los que representaba el mal. Y el pájaro seguía ahí, mirando, silencioso, quieto. Negro como las sombras de tu alma, como el luto. Con sus ojos de máquina te miraba, y su pico parecía apuntar a tu frente.<br/><br/>Un día quisiste matarlo. No sabes qué hubiera pasado. Quizá hubieras sido inmortal, o hubieras muerto al instante, o quizá nada habría pasado, más que una mancha de sangre en tu tejado, unas cuantas plumas sueltas. Tampoco entonces lo sabías. No necesitabas saberlo. Sólo necesitabas una piedra para arrojársela, y encontraste la que tenía el tamaño y la forma perfectos. Cogiste la piedra, llegaste a tenerla en tu mano. Entonces, te volviste para lanzarla, y viste al pájaro. Sus ojos de máquina te miraban, su pico parecía apuntar a tu frente. Con ojos de máquina le mirabas, y apuntabas con la piedra. Entonces de pronto no podías arrojar el proyectil. No podías hacer nada sino mirar, sólo registrar imágenes, quién sabe para qué.<br/>Te salvó el ruido de algo vivo entre los matorrales. Sobresaltado, te volviste, a tiempo para ver una forma indistinta que huía. Seguiste tu camino. Desde entonces, no te has atrevido a mirar al pájaro que un día se instaló en el tejado de tu casa.<br/><br/>Aún así, una vez más intentaste matarlo. Auella noche, buscaste la piedra, y ahí estaba, donde la habías dejado, negra como el alma de Judas. Fuiste a cogerla de nuevo, pero de pronto la mirabas con ojos de piedra, y no pudiste moverte. Sólo estar ahí, donde te habías dejado. Ya ni siquiera mirabas.<br/>Te salvó el cansancio. Volviste a ser tú a través de tus músculos, pero ya no volviste a mirar a la piedra.<br/>Sabes que está ahí, cada vez que sales de casa y cuando vuelves. No la miras, pero sabes que si no estuviera, si alguien o algo la hubiera movido, la echarías de menos de alguna forma.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_81.htm"><title><![CDATA[Reflexión por la tarde]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_81.htm]]></link><description><![CDATA[El folio ha cambiado desde que empecé a mirarlo. Ha adquirido otro tono, un poco más oscuro. Sin embargo (la razón se ha percatado a tiempo) esto es sólo una apariencia. El papel sigue inmutable en su blancura esencial. Lo que ha cambiado ha sido la luz que incide sobre él. Han pasado horas…<br/>En efecto, la hoja sigue en blanco. No sobran las ideas. Tanto tiempo malgastado, y todo con la intención de escribir. Curiosa intención. ¿Escribir para qué? Añadir algo propio a tantas cosas que ya están escritas, ¿con qué propósito? Quizá (esto es una mera conjetura) lo haga para justificar de alguna manera mi existencia… o para inventarme una existencia paralela que sí pueda justificar… No lo sé. El caso es que esa página en blanco es como una mutilación, y, aún peor, como una burla.<br/>¡Basta! Escribiré (una vez más) mis elucubraciones melancólicas de tarde de domingo, ya que otra cosa no se ofrece a la imaginación.<br/><br/>¿Cuántas historias caben en la literatura? La mente humana no abarca el universo, está alojada en un pedacito de nuestro ser que no puede contener infinitas posibilidades; por otro lado, si sólo fuera cuestión de espacio, aún podría conjeturarse que las combinaciones que admite el cerebro son, si no infinitas, tan vastas que casi serían inagotables… Sin embargo, la mente humana (instrumento tan pragmático y limitado como puede serlo un martillo o una grapadora) está siempre repitiendo unos pocos patrones, más o menos conocidos, más o menos ocultos… ¿Es posible que un día se nos agoten las historias? Quizá… y basta con la posibilidad para que, ante una página en blanco, esa posibilidad se convierta en una inquietante sospecha, y la fuente que un día creímos inagotable nos parezca agotada.<br/>Cada primavera nacen flores nuevas y siempre nos agradan. La primavera es, año tras año, un acontecimiento que conserva su frescura y su capacidad de maravillarnos, sin que pierda nada de su fuerza por ser muy parecida a la primavera anterior. Esto es porque las otras flores, las del año pasado, ya se marchitaron. No existen. Cada primavera, las flores que nacen son las únicas con las que contamos.<br/>Las letras, en cambio, nacen un día y pueden vivir durante siglos, edición tras generación. Todo lo que venga se irá añadiendo encima sin anular lo anterior. ¡No pesan los siglos! Pesan las bibliotecas. Quizá algún día tenga que detenerse esta acumulación, cuando ya no haya nada nuevo que contar. ¡Es tan difícil decir algo novedoso! Cuando nos decidimos a contar una historia, ni siquiera estamos seguros de que realmente no se haya contado ya lo mismo… ¿Cómo estarlo?<br/><br/>Han pasado tantos siglos desde que ocurrió lo que voy a narrar a continuación, que ya nos queda demasiado lejos, y no podemos recordarlo, sólo conjeturarlo:<br/>Tuvo que haber hace mucho tiempo un mentiroso hábil pero ingenuo que, un día, decidió contar mentiras sin tratar de engañar a nadie, como un bello y noble pasatiempo. Probablemente, podríamos considerar este hecho como el más asombroso de la historia humana, si no lo fuera aún más el que le siguió de inmediato: alguien escuchó esas mentiras y, sin ninguna necesidad de creerlas verdades, las apreció y las aprobó. Llegó a intuir que esta forma de aprovechar la inventiva era algo hermoso, mucho más que las mentiras habituales y mundanas… Entonces, decidió probar su propia habilidad.<br/>Luego, lo más probable (si se puede considerar, tratándose de historias humanas, que algo es más probable que cualquier otra cosa) es que se fueran creando competiciones de mentiras, para medirse los unos con los otros. Así, cada cual trabajaba sus mentiras, iba añadiendo una falsedad para justificar y sostener a la anterior, hasta crear mentiras complejas y redondas, a las que llamaron cuentos.<br/>Así, seguramente, nació la literatura… (o no, ¡recuerden que estoy conjeturando)<br/><br/>Ese primer mentiroso feliz tuvo que contar el puñado de mentiras que su limitado mundo ponía a disposición de la creatividad. No pudo contar otras. Por lo demás, habría creado sus ficciones torpemente y un poco al azar, sin la menor noción de técnica narrativa. No puede asegurarse que ese antepasado tuviera más libertad artística que un escritor actual, pero pienso en él y trato de imaginarme, sin llegar más que a vislumbrarla incompleta y fugazmente, su enorme sensación de libertad. En el momento en el que sus mentiras se despojaron de la enojosa tarea de fingir la verdad, en ese preciso, precioso, instante, debió sentir que todo el mundo estaba en sus manos para convertirlo en una mentira nueva. De repente el lenguaje debió convertirse para él en un poder mayor que cualquier otro, capaz de crear y de destruir; también habrá sido para él como un territorio virgen que podía explorar él solo, encontrando maravillas a cada paso.<br/><br/>Estamos tan lejos de esa inocencia. Ahora la vida no hace más que enriquecernos con nuevas mentiras, de las literarias y de las otras. Y, sin embargo, es tan difícil que alguna de ellas nos diga algo. Después de tantos siglos, ¿quién no se ha sentido alguna vez como el eco gastado de lo que ya se ha dicho mejor?<br/><br/>A veces me pregunto si no convendría fomentar el olvido para regresar a ese estado de inocencia feliz. Forzar el otoño de las letras, que se caigan las hojas de los libros y se vuelvan amarillas en las calles de la ciudad… prepararse para el duro invierno, y esperar la primavera que nos traiga historias nuevas y vigorosas. Creer, por ejemplo, en el día en que alguien, que probablemente no se llamará Pierre Menard sino Cervantes, sorprenderá al mundo volviendo a escribir el Quijote.<br/>¡Se dice pronto “forzar el otoño de las letras”! Naturalmente harían falta muchas decisiones para llevar esto a cabo. Cruzan mi mente imágenes de redadas en busca de libros prohibidos, de filólogos en la cárcel, de academias cerradas por decreto, de campañas de analfabetización. Veo los templos y los teatros en ruinas, abandonados por hombres que cada día tendrían menos idea del significado de esas extrañas construcciones. También se cerrarían los periódicos y se apalearía a los periodistas – usando especial saña con aquellos que hayan osado escribir en suplementos culturales. Se nombrarían tribunales para luchar contra la historia, la cultura, el pasado… y después habría que levantarse contra esos tribunales, acabar con ellos usando una violencia lo más ciega y descontrolada que se pudiera. Porque la ley también es letra, y es memoria, y no convendría (puestos a hacer las cosas, procuremos hacerlas bien) dejar suelto un posible germen del pasado, una pista (aunque fuera mínima) que permitiera reconstruir todo aquello con lo que se quiere acabar.<b><sup>1</sup></b><br/><br/>No es mal plan, pero ¡oh fatalidad!, no me lo creo<b><sup>2</sup></b>. Siempre habría alguien que, agarrándose al conocimiento del pasado con ambas manos (e incluso, y no temo exagerar al afirmarlo, con los dientes), haría fracasar el plan. ¡Y quizá esa persona fuera precisamente yo! ¿De verdad arruinaría mi propio plan?, se preguntará el lector incrédulo. Lector incrédulo: ¡quizá! Al fin y al cabo… uno no puede luchar contra sí mismo. Somos lo que somos, irremediablemente, y estamos llenos de literatura. Probablemente, somos lectores irrecuperables… Uno puede refugiarse en el fondo del mar, pero seguro que allí seguiría encontrando (en una librería coqueta al fondo de una gruta) a sus autores favoritos, y acabaría leyéndolos. Y, en definitiva, no nos conocemos lo suficiente como para determinar de cuántas maneras nos han influido esas lecturas nuestras, la existencia milenaria de la literatura, las prolongaciones de la literatura, sus recovecos, sus consecuencias, sus corolarios, sus accidentes…<br/><br/>Sólo nos queda seguir inventando historias sin saber si Quevedo, Oscar Wilde o Henry James han escrito, en algún recóndito rincón de sus obras, algo muy parecido. Imaginar, por ejemplo, a un inventor que es un mentiroso ingenuo y genial, y rezar para que nadie haya dicho exactamente lo mismo acerca de ese personaje… O echarle morro al asunto y tratar de vender (¿a quién?) como literatura los despojos de lo que fue la literatura.<br/><br/>La tarde ha avanzado lenta y sigilosa como un gato al acecho, hasta que ha caído sobre mí con un zarpazo de tristeza. Apenas he sentido una punzada. El esponjoso cielo invernal absorbió la sangre y el arañazo cicatrizó al instante. Lástima. Quizá, profundizar en esa herida, dejar que penetrara hasta el corazón, me hubiera llevado a alguna parte. A partir de este momento… ya sólo queda ver cómo se van las horas.<br/>Qué lento y qué rápido pasa el tiempo. Será esto a lo que llaman melancolía.<br/><br/><hr><br/><br/><b><sup>1</sup></b>  Está claro que todo esto sería terrible. No podemos pensar en realizar una empresa tan ambiciosa si empezamos con remilgos en cuanto a los medios. Por supuesto, a nada llegaríamos si no considerásemos al menos la posibilidad del asesinato. Pero no nos asustemos antes de tiempo. Sólo propongo fines, y comento los medios posibles. Queda pendiente determinar si merecería la pena, valorar nuestras prioridades… La ética debe ser un oficio de tasadores.<br/><b><sup>2</sup></b>  …y esto resuelve, en cualquier caso, la duda ética planteada antes (algo muy conveniente, todo hay que decirlo). ¡Menos mal! También queda resuelto un problema estético del que ni siquiera había hablado hasta ahora. En fin, ya no necesitaremos esos fusiles tan aparatosos, que nunca hubiéramos logrado combinar satisfactoriamente con nuestra ropa, tan discreta y elegante…<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_62.htm"><title><![CDATA[El Txokolatero]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_62.htm]]></link><description><![CDATA[Sucede algo muy curioso con este blog. Cuando escribo algo, trato de asomarme a este mundo de Internet y dejar mi huella. Escribo dejando en las palabras pequeños restos de mi ser, leves rastros que apuntan a mis miedos, mis fobias, mis ilusiones... Me confieso ante un público invisible y me alejo del ordenador con el alma más ligera. Sin embargo, cuando vuelvo al día siguiente a entrar en el blog, y leo lo que hay escrito, sólo logro encontrarme con las palabras de un tal Pakito Txokolatero. Me busco en las letras, después en los puntos y las comas, después en los espacios entre las líneas. Nada. Ni un solo rastro. Sólo ese Txokolatero.<br/>¿Quién es? Sin duda alguien que se parece físicamente a mí. Lo sé porque pone su foto. También comparte conmigo algunas aficiones, algunas certezas, algunas ideas y algunas dudas. Por lo demás, nada tiene que ver conmigo. Parece darle mucha importancia a sus palabras. Da muchas vueltas a las cosas, muchos rodeos, y siempre acaba esquivando las cuestiones realmente importantes. A menudo es frío e irónico; a veces, demasiado. En otras ocasiones expresa sentimientos, y cuando lo hace son sentimientos que comparto. Pero él los convierte en otra cosa. A veces, les puede llegar a dar (en algún momento inspirado) la belleza de la forma, pero pierden la belleza de la vida, del color y el movimiento...<br/>Yo no sé quién es este Pakito Txokolatero que me acompaña desde hace años. Lo creé sin saber lo que hacía, como pseudónimo para un concurso literario. Más tarde, lo usé en foros de Internet, en chats... Al principio recuerdo que era algo así como yo mismo, pero luego se fue independizando, hasta llegar a ser un desconocido. Por otro lado, tampoco me extraña no conocerle: jamás he hablado con Pakito. Es imposible mantener una conversación con él: nunca estamos seguros de quién ha dicho qué.<br/><br/>Y quizá no importe que no conozca bien al Txokolatero, pero el problema es otro. Yo entré al blog a leerme, a conocerme, a encontrarme conmigo mismo. Ahora que me ha usurpado Pakito, ya no sé quién soy, ni qué soy, ni nada. De hecho, este artículo podría escribirse de otra forma:<br/>Título: El Javier<br/>"Sucede algo curioso con este blog. Un tal Javier escribe las palabras que aparecen aquí. Entonces, de pronto, son mis palabras. Yo no sé quién es ese tal Javier..."]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_60.htm"><title><![CDATA[Desarme]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_60.htm]]></link><description><![CDATA[Los acuerdos de paz alcanzados con el gobierno exigían el desarme total de la banda. Entregaron los explosivos, las pistolas, los fusiles... Por desgracia, no se pudo cumplir lo pactado. No hubo manera de deshacerse de los bumeranes...]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_65.htm"><title><![CDATA[Ridiculum vitae]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/pakitxokolat/c_65.htm]]></link><description><![CDATA[<i>Este es un texto que tengo escrito desde hace tiempo... ¿Algo autobiográfico? Podría ser, pero ahora mismo, algo anacrónico. ¿Por qué subirlo ahora? Ni idea.</i><br/><br/><br/>Yo no sé. Últimamente no sé dónde van mis horas. Se me van por la ventana con el humo cuando fumo en mi habitación. O mueren y sus cadáveres se pudren entre las pelusillas que hay debajo de mi cama. No sé. Se va el tiempo sin sentirlo pero no importa... quedan tantas horas esperándome, y tan poco que hacer...<br/><br/>Debo ser un genio incomprendido de los curriculum vitae. Yo no sé. El mundo no debe estar preparado para mis currículos. Quizá es que la gente no tiene sentido del humor, y lo de los ataques psicóticos y la incontinencia urinaria lo toman en serio. Deberían darse cuenta de que es una broma también lo de la experiencia laboral en el sector de la distribución callejera de estupefacientes, digo yo. Pero nada, que con gente sin sentido del humor no se puede. Porque lo que no me cabe en las entendederas es que no los puedan leer. De acuerdo, los escribo en tinta invisible, pero basta acercar el papel a una fuente de calor para que aparezcan las letras. Y en qué empresa no hay fuentes de calor. Y, dicho sea de paso, en qué empresa no hay alguien que sepa al menos los rudimentos del idioma checo. Así que tampoco deberían tener problemas para entender mis currículos...<br/>Yo no sé, los entrego en las empresas y desaparecen, quizá sean currículos mágicos y aparezcan en la chistera de algún mago.<br/>El caso es que no me llaman... y sigo sin mucho que hacer.<br/> <br/>Se me vuelve todo irreal, pero quizá sea yo el que se está volviendo irreal. Como aquel que atravesó una pared y pensó "la casa es un fantasma", sin darse cuenta de que él mismo era el fantasma. Como ese otro que de pronto no veía nada a su alrededor, y pensó "el mundo se ha muerto", y era él el que estaba muerto...<br/><br/>Entre estas paredes, siento claustrofobia. Si salgo, siento agorafobia.<br/><br/>Yo no sé. Debo ser un genio incomprendido relacionándome con otras personas. No hay quien me comprenda, y menos quien me aguante. Hace años, recuerdo que me llevaba más o menos bien conmigo mismo, pero ahora no me soporto, siempre me estoy echando la bronca y no hay Dios que aguante eso.<br/><br/>Siempre me estoy asustando de algo. Miro a los pájaros y las moscas con desconfianza. En el metro, siempre me encuentro con alguien que tiene pinta de querer empujarme a la vía según pasa el tren, o quizá soy yo el quiere saltar. Huyo de la gente porque me da miedo, y cuando me quedo solo me da miedo la soledad y quiero huir de mí mismo.<br/><br/><br/>Sí, debo ser un genio incomprendido, tanto que ni yo me comprendo.]]></description></item></rdf:RDF>
