Estoy Necesitado
El otro día cierta persona me dijo, haciendo gala de su enorme simpatía y cordialidad, que me veía muy necesitado. Alaaaaaaaaaa.... y eso lo dicen porque uno no para de pensar en el sexo... pues eso es lo normal ¿no? Uno va y escribe un post sobre los tríos y sobre meterle la lengua en la boca a un compañero de trabajo y tiene a todo el mundo diciéndole que está como el pico de una plancha. Yo que lo hice con mi mejor intención, para informaros sobre los pecados que no debéis cometer (quiero decir, que debéis cometer, pero con cuidado). Pero, ea, va la gente y te dice, a la poca vergüenza, que estás muy necesitado (como si ellos lo estuvieran menos, jijiji). Y entonces te paras a pensar en si es verdad.
Para saber si estás necesitado o no, lo mejor es acudir a una investigación empírica. Y para ello nada como una base teórica. Así, os presento el paradigma de las necesidades de Maslow, que además me lo tengo que estudiar para septiembre y así mato dos pájaros de un tiro.
Paradigma: - Encantado de estar aquí y conoceros.
Blogueros: - ¡¡¡Agggggg, nos vamos!!! ¡¡¡Ya está el Paper rallando!!!
Bien, una vez hechas las presentaciones y teniendo en cuenta que tan solo dos personas se han quedado a seguir leyendo... prometo que no defraudaré. Relajáos, ¡¡que si os ponéis nerviosos es peor!!
Pues el Maslow, que seguramente se puso a estudiar el rollo de las necesidades porque estaba muy necesitado de otras cosas y le sobraba tiempo, explica que hay diferentes tipos de necesidades, y entre las más básicas encontramos:
1. Necesidades fisiológicas
Digamos que son las más primordiales. Ya se sabe, el hambre, el sueño, la sed... son imperiosas para los seres humanos (nos ha jodío, a ver quien se pone a pensar en otras cosas cuando está muerto de hambre o tiene una sed del copón). Para que nos entendamos: estás en la playa medio deshidratado y entonces aparece el tí@ de tus sueños. Da igual que se le caíga el bañador justo en ese momento a medio centímetro de tu cara. Si tienes sed, sed de la de verdad en la que apenas puedes respirar de lo seca que tienes la boca y la nariz, estarás mirando al abuelete de noventa años que está debajo de la sombrilla a cinco metros de ti y que acaba de abrir una botella de Manjarón. De hecho, conozco a personas que cuando tienen hambre no pueden siquiera mantener una conversación o decir cuatro palabras seguidas, ¿verdad Mic?
Este tipo de necesidades, por suerte para nosotros, las solemos tener bastante bien cubiertas, por lo que no suponen un problema. Hasta aquí, NO estoy necesitado (prueba superada, ovación y aplausos)
2. Necesidades de seguridad
Es lo que se define como deseos de estabilidad y orden con ausencia de amenazas y peligros. ¿Y quién narices puede sentise seguro cuándo lees que en una piscina han apaleado a dos gays por darse un beso en público? ¿Y que mientras los atiborraban a palos por ofrecer tan desagradable espectáculo delante de niños y todo (es que, fíjate, hay que ser depravado y pervertido) les gritaban "No merecéis vivir"?
Los ejemplos que el simpaticón del Maslow pone para ilustrar este conjunto de necesidades son: aspiración a un trabajo estable (toma castaña, lo más fácil del mundo), deseo de tener algún tipo de seguridad en el futuro (podemos estar seguros de que el futuro será una mierda, eso es verdad), o búsqueda a través de la ciencia o de la religión de una explicación coherente del mundo y de los hombres (ja ja y ja, me río yo de las explicaciones que se nos dan a través, sobre todo, de la religión. ¿O es que eso de decirles a los habitantes de ciertos países africanos que lo que en realidad hace que se propague el SIDA es el uso del condón es la verdad más absoluta que existe después de los rotuladores mágicos de Danone?)
Vale. ¿Ahora, hay alguna ciencia o religión que de una explicación satisfactoria sobre los hombres? Sé que no se refería exactamente a eso, pero si alguien es capaz de explicarme por qué narices los tíos actúan de la manera en la que lo hacen... ¡por favor, se trata de mis necesidades!
3. Necesidades de pertenencia y amor
Anhelo de mantener relaciones afectivas con la gente en general y deseo de sentirse integrado en los grupos, con amigos o familia. Veámos... de relaciones afectivas bastante he hablado ya en este blog y he dejado muy claro que no son mi fuerte. Y lo de la integración... os recuerdo que mi frase mental preferida cuando estoy con un número bastante alto de personas es "No encajo, no encajo." No consigo integrarme en la mitad de las ocasiones, pero... ¿será por qué soy incapaz de mantener relaciones afectivas? ¿O es que los demás son los incapaces de mantener esas relaciones con cierta normalidad?
Me quedo con la opción B.
El amigo Maslow añade: la insatisfacción de esta necesidad se manifiesta en situaciones de problemática social como soledad, marginación, desarraigo, enemistad o rechazo (nos ha jodío, ahora me llama problemático social... y todo porque alcanzo 5 de las 5 proposiciones que ofrece como ejemplo... ays... hasta los teóricos conspiran en mi contra).
4. Necesidades de estima
Acabáramos. Lo que me quedaba ya por ver. Se define como la aspiración al aprecio de uno mismo y de los demás y necesidad de una valoración de la propia personalidad estable, alta y con base firme (esperad, que es que me acabo de atragantar respirando, tjo tjo tjo...). Presenta dos facetas:
a. Personal (jijiji, es que me parto): sensación de competencia y confianza en el mundo y en los demás. ¿Quién coñe puede sentirse competente en este mundo y con los demás cuando no dejan de repetirte y demostrarte que no vales nada y que, aunque uno es muy majo, muy divertido y muy estupendo, como diría Arrierita, no quieren ni vernos el pelo?
b. Social: deseos de prestigio y reconocimiento por parte de los otros.
Pues sí, yo soy prestigiosamente rechazado y esto me lo han reconocido muchas personas. Así que supongo que gozo de una fama social bastante equilibrada. Teniendo en cuenta que han dicho de mí cosas tan bonitas como que me gusta arrastrarme, que soy un estrecho, que no estoy bueno de la cabeza, que... vamos, que prestigio no me falta.
Llegados a este punto, tengo que reconocer que sí, que estoy muy necesitado. Pero tras ofrecer este análisis... ¿alguien puede decirme que no está necesitado de alguno de los factores que el señor Maslow describe? Que tire la primera piedra... (pero con cuidado, a ver si va a saltarle un ojo a alguien).
Y, para terminar, tengo que añadir que este paradigma se basa en el supuesto de que el ser humano satisface sus necesidades de modo efímero o de forma relativa. SIEMPRE está necesitado. Cuando cubre una necesidad, momentáneamente puede sentirse bien y feliz hasta que se acostumbra, lo olvida y comienza a pensar en otras necesidades superiores que no tiene cubiertas. Es como cuando te contaron aquello de que la prima de no sé quién se lió con Pepito porque estaba enamorada hasta las trancas desde que tenía 12 años. Parecía la persona más feliz del mundo. Y al mes justo, le puso los cuernos con Menganito. Y a los dos meses con Lucecita. Y a los dos meses y medio con la fregona. Y a los tres meses con la esponja, la ducha, el equipo de animadoras del instituto, la orquesta filarmónica de la ciudad y la tres cuartas partes de los nazarenos que salen en cualquier paso en la semana santa sevillana.
Por lo tanto, acabamos de demostrar dos cosas:
a. Que estoy necesitado. Ha quedado claro. Ya vale. Cierta persona, tienes razón.
b. Que TODOS estamos necesitados SIEMPRE de algo. Cierta persona, no siempre se puede llevar toda la razón, por mucho que nos guste. Y siempre habla un cojo...(jijiji).
Interesados en que deje de estudiar y de darle vueltas a cosas absurdas, dejen un mensaje aquí abajo. Las quejas serán directamente trasladadas al buzón de sugerencias (es decir, a la papelera...)
PD: PuKa sigue con su secuestro, con torturas tan maliciosas como emborracharme a base de whisky puro y duro (las bodegas de Ballantines acaban de obtener unas ganancias insospechadas) y de llevarme a sitios con hombres tremendamente guapos... ains, ¡ni se os ocurra pagar el rescate!
Para saber si estás necesitado o no, lo mejor es acudir a una investigación empírica. Y para ello nada como una base teórica. Así, os presento el paradigma de las necesidades de Maslow, que además me lo tengo que estudiar para septiembre y así mato dos pájaros de un tiro.
Paradigma: - Encantado de estar aquí y conoceros.
Blogueros: - ¡¡¡Agggggg, nos vamos!!! ¡¡¡Ya está el Paper rallando!!!
Bien, una vez hechas las presentaciones y teniendo en cuenta que tan solo dos personas se han quedado a seguir leyendo... prometo que no defraudaré. Relajáos, ¡¡que si os ponéis nerviosos es peor!!
Pues el Maslow, que seguramente se puso a estudiar el rollo de las necesidades porque estaba muy necesitado de otras cosas y le sobraba tiempo, explica que hay diferentes tipos de necesidades, y entre las más básicas encontramos:
1. Necesidades fisiológicas
Digamos que son las más primordiales. Ya se sabe, el hambre, el sueño, la sed... son imperiosas para los seres humanos (nos ha jodío, a ver quien se pone a pensar en otras cosas cuando está muerto de hambre o tiene una sed del copón). Para que nos entendamos: estás en la playa medio deshidratado y entonces aparece el tí@ de tus sueños. Da igual que se le caíga el bañador justo en ese momento a medio centímetro de tu cara. Si tienes sed, sed de la de verdad en la que apenas puedes respirar de lo seca que tienes la boca y la nariz, estarás mirando al abuelete de noventa años que está debajo de la sombrilla a cinco metros de ti y que acaba de abrir una botella de Manjarón. De hecho, conozco a personas que cuando tienen hambre no pueden siquiera mantener una conversación o decir cuatro palabras seguidas, ¿verdad Mic?
Este tipo de necesidades, por suerte para nosotros, las solemos tener bastante bien cubiertas, por lo que no suponen un problema. Hasta aquí, NO estoy necesitado (prueba superada, ovación y aplausos)
2. Necesidades de seguridad
Es lo que se define como deseos de estabilidad y orden con ausencia de amenazas y peligros. ¿Y quién narices puede sentise seguro cuándo lees que en una piscina han apaleado a dos gays por darse un beso en público? ¿Y que mientras los atiborraban a palos por ofrecer tan desagradable espectáculo delante de niños y todo (es que, fíjate, hay que ser depravado y pervertido) les gritaban "No merecéis vivir"?
Los ejemplos que el simpaticón del Maslow pone para ilustrar este conjunto de necesidades son: aspiración a un trabajo estable (toma castaña, lo más fácil del mundo), deseo de tener algún tipo de seguridad en el futuro (podemos estar seguros de que el futuro será una mierda, eso es verdad), o búsqueda a través de la ciencia o de la religión de una explicación coherente del mundo y de los hombres (ja ja y ja, me río yo de las explicaciones que se nos dan a través, sobre todo, de la religión. ¿O es que eso de decirles a los habitantes de ciertos países africanos que lo que en realidad hace que se propague el SIDA es el uso del condón es la verdad más absoluta que existe después de los rotuladores mágicos de Danone?)
Vale. ¿Ahora, hay alguna ciencia o religión que de una explicación satisfactoria sobre los hombres? Sé que no se refería exactamente a eso, pero si alguien es capaz de explicarme por qué narices los tíos actúan de la manera en la que lo hacen... ¡por favor, se trata de mis necesidades!
3. Necesidades de pertenencia y amor
Anhelo de mantener relaciones afectivas con la gente en general y deseo de sentirse integrado en los grupos, con amigos o familia. Veámos... de relaciones afectivas bastante he hablado ya en este blog y he dejado muy claro que no son mi fuerte. Y lo de la integración... os recuerdo que mi frase mental preferida cuando estoy con un número bastante alto de personas es "No encajo, no encajo." No consigo integrarme en la mitad de las ocasiones, pero... ¿será por qué soy incapaz de mantener relaciones afectivas? ¿O es que los demás son los incapaces de mantener esas relaciones con cierta normalidad?
Me quedo con la opción B.
El amigo Maslow añade: la insatisfacción de esta necesidad se manifiesta en situaciones de problemática social como soledad, marginación, desarraigo, enemistad o rechazo (nos ha jodío, ahora me llama problemático social... y todo porque alcanzo 5 de las 5 proposiciones que ofrece como ejemplo... ays... hasta los teóricos conspiran en mi contra).
4. Necesidades de estima
Acabáramos. Lo que me quedaba ya por ver. Se define como la aspiración al aprecio de uno mismo y de los demás y necesidad de una valoración de la propia personalidad estable, alta y con base firme (esperad, que es que me acabo de atragantar respirando, tjo tjo tjo...). Presenta dos facetas:
a. Personal (jijiji, es que me parto): sensación de competencia y confianza en el mundo y en los demás. ¿Quién coñe puede sentirse competente en este mundo y con los demás cuando no dejan de repetirte y demostrarte que no vales nada y que, aunque uno es muy majo, muy divertido y muy estupendo, como diría Arrierita, no quieren ni vernos el pelo?
b. Social: deseos de prestigio y reconocimiento por parte de los otros.
Pues sí, yo soy prestigiosamente rechazado y esto me lo han reconocido muchas personas. Así que supongo que gozo de una fama social bastante equilibrada. Teniendo en cuenta que han dicho de mí cosas tan bonitas como que me gusta arrastrarme, que soy un estrecho, que no estoy bueno de la cabeza, que... vamos, que prestigio no me falta.
Llegados a este punto, tengo que reconocer que sí, que estoy muy necesitado. Pero tras ofrecer este análisis... ¿alguien puede decirme que no está necesitado de alguno de los factores que el señor Maslow describe? Que tire la primera piedra... (pero con cuidado, a ver si va a saltarle un ojo a alguien).
Y, para terminar, tengo que añadir que este paradigma se basa en el supuesto de que el ser humano satisface sus necesidades de modo efímero o de forma relativa. SIEMPRE está necesitado. Cuando cubre una necesidad, momentáneamente puede sentirse bien y feliz hasta que se acostumbra, lo olvida y comienza a pensar en otras necesidades superiores que no tiene cubiertas. Es como cuando te contaron aquello de que la prima de no sé quién se lió con Pepito porque estaba enamorada hasta las trancas desde que tenía 12 años. Parecía la persona más feliz del mundo. Y al mes justo, le puso los cuernos con Menganito. Y a los dos meses con Lucecita. Y a los dos meses y medio con la fregona. Y a los tres meses con la esponja, la ducha, el equipo de animadoras del instituto, la orquesta filarmónica de la ciudad y la tres cuartas partes de los nazarenos que salen en cualquier paso en la semana santa sevillana.
Por lo tanto, acabamos de demostrar dos cosas:
a. Que estoy necesitado. Ha quedado claro. Ya vale. Cierta persona, tienes razón.
b. Que TODOS estamos necesitados SIEMPRE de algo. Cierta persona, no siempre se puede llevar toda la razón, por mucho que nos guste. Y siempre habla un cojo...(jijiji).
Interesados en que deje de estudiar y de darle vueltas a cosas absurdas, dejen un mensaje aquí abajo. Las quejas serán directamente trasladadas al buzón de sugerencias (es decir, a la papelera...)
PD: PuKa sigue con su secuestro, con torturas tan maliciosas como emborracharme a base de whisky puro y duro (las bodegas de Ballantines acaban de obtener unas ganancias insospechadas) y de llevarme a sitios con hombres tremendamente guapos... ains, ¡ni se os ocurra pagar el rescate!
Pon un Desquiciao en tu Vida
Bien, en primer lugar, y ante la expectación causada, conseguí hablar con El Nuevo. Pero tarde, así que perdí la apuesta de Pau, por lo que en mis próximos post se cumplirá su petición. Tengo que decir a su favor que, como premio por haber conversado con el deseadísimo, me ha hecho un regalito que ya disfrutaré tranquilamente. Gracias, señor Pau, es usted un solete.
Al final no tuve que hacer nada especialmente llamativo para que cambiáramos unas palabras. Y es que, por motivos de trabajo, no tuvimos más remedio que hablar y ya está. Eso sí, el efecto "Palabra" que consiste en que cuando abren la boca empiezan a gustarte cada vez menos no se ha cumplido. Tampoco sé si es de la acera de enfrente. Continúan mis investigaciones y os mantendré debidamente informados de que nada bueno ocurre con él. Muchas gracias a todos por vuestros ánimos para que me lanzara y por las posibilidades planteadas.
Pero este post no es para hablar del nuevo (que ya está bien, que al final se lo va a acabar creyendo y se va a volver un insoportable) y eso que podría decir millones de cosas más (jejeje).
Mi amiga Puka (que ya hacía tiempo que no hablaba de ella y las cosas que dice son para ponerlas en un blog. A ver cuando te creas uno, bonita) tiene una respuesta sumamente firme cuando le dices que estás aburrido o que tu vida está resultando muy monótona últimamente. Durante unos segundos se queda en silencio, como si estuviera meditando cual oráculo de la sabiduría y te suelta "Pon un desquiciao en tu vida".
¿Qué quiere decir esto? Bien, para empezar hemos de buscar la palabra desquiciado en el diccionario de los ilustres académicos y descubriréis ante vuestro asombro (ya que Puka lo usa como el pan nuestro de cada día) que no viene. Entonces, usando nuestra inteligencia, si es que la tenemos, buscaremos desquiciar y encontraremos lo siguiente:
desquiciar.
1. tr. Desencajar o sacar de quicio algo. Desquiciar una puerta, una ventana. U. t. c. prnl. U. t. en sent. fig.
2. tr. Descomponer algo quitándole la firmeza con que se mantenía. U. t. c. prnl.
3. tr. Trastornar, descomponer, exasperar a alguien. U. t. c. prnl.
4. tr. p. us. Hacer perder a alguien la privanza, o la amistad o valimiento con otra persona.
Efectivamente, el desquiciao está fuera de quicio (con tu capacidad adivinatoria de Aramis Fuster lo has acertado), está trastornado y descompuesto (y no me refiero al tema escatológico, aunque lo cierto es que siempre la acaba cagando). Pero el desquiciao, además, presenta la facultad de sacar de quicio a los demás, ya que suele ser como el perro del hortelano: ni come ni deja comer. Y, como no sabe qué leches espera de la vida, te tiene a ti a punto de convertirte en el diseñador gráfico que retoca las fotos de Mariah Carey: loco, ya no sabes qué hacer para quitarle hierro (o kilos) al asunto y hacerte la vida más fácil.
El desquiciao es el típico que te envía mensajes a media noche (mensajes de te necesito con toda mi alma, para más inri), que te llama a las cinco de la madrugada insistentemente con número oculto mientras respira fuertemente (en plan maniaco sexual que se lo está montando con una botella de Font Vella), que cuando te ve te dice de quedar, de tomar unas copas, de tener cinco hijos y de vivir en las afueras de la ciudad en la casa que compraréis cuando tengáis la vida asentada y llevéis diez años de matrimonio. Y será el mismo que cuando te decidas a darle una oportunidad te dirá aquello de:
- Pero es que yo no quiero nada contigo. Siento mucho que me hayas malinterpretado.
Y para colmo pondrá cara de: "Tú tienes un problema grave ¿eh?" En este punto, no, no utilicéis la violencia. No servirá de nada, solo para quedar como un histérico y darle la razón con respecto al problema grave.
Para hacer esto más creíble hemos acudido a la experta en desquiciados de la Universidad Especializada en Técnicas de Agilipollamiento Mental, Puka alias la "mecagoentoslosdesquiciaosdeestemundoydelotro":
- El desquiciadou tiene unas sofisticaudas técnicas de seducción. Perou al mismo tiempo jugará con la ambigüedad más que Miguel Bosé. Nunca te dejará clarou que quiere pasar el restou de su vida contigou, pero hará que lo pienses a touda cousta. Vamous, lo que se conoce poupularmente como un gilipoullas de three al four. (Esto leáse con acento pseudoinglés, que así parece más de Orfords).
Qué fina que es Puka. De verdad. Pero hay que darle un voto de confianza que cuando se habla de este tema se la llevan los demonios.
Los desquiciaos recurren soberanamente a la técnica dar una de cal y una de arena, de modo que nunca puedes estar seguro realmente de lo que quieren. En un segundo te promete el oro y el moro y al segundo siguiente está tonteando con la vecina de enfrente (que, para colmo, es más fea que la madre de Tamara) que ha venido a tu casa a pedirte una pizca de azucar moreno (y para cotillear, todo sea dicho).
Si superas la fase del tonteo con un desquiciao, agárrate porque vienen las curvas más peligrosas de toda tu vida. Pensemos que hemos tenido la paciencia y la fuerza sobrehumana para creer que, por un momento, entendemos su manera de actuar y decidimos embarcarnos en una relación cuerpo a cuerpo (una batalla campal. Aún no lo sabes, pero es lo que estás comenzando). Porque, eso sí, como nos enamoramos de los desquiciaos nos sale ese complejo de salvador, nos colocamos el traje de superhéroe y pensamos...
- Qué mono. Pues si me ha mandado un mensaje a las cuatro de la mañana para decirme que se acuerda de mí en medio de su borrachera (probablemente lo ha hecho porque le ha estado tirando los trastos a todo bicho viviente en el pub en el que se encuentra y nadie le ha hecho ni puñetero caso. Sé que decir esto después del post de los mensajes a móviles puede sonar contraproducente, pero no es lo mismo un mensaje de "dónde coño te has metido" que uno en el que digas que te subirías al Everest si así yo te lo pidiera cuando media hora antes de irme a dormir he estado hablando contigo y me has comentado, así de pasada, que lo nuestro no puede ser. Coherencia cero.
- Si actúa de esa manera es porque es un bala perdida. No sabe lo que quiere... pero me quiere, le gusto... Esto es lo peor que te puede pasar del mundo. Has caído en la justificación del desquiciao, de modo que cualquier cosa que haga, por muy perra que sea y por mucho daño que te haga, conducirá necesariamente a que lo hace por un motivo. La frase preferida de los que están con un desquiciao es: "Él es así, pero en el fondo me adora.". Y se hace, pura y llanamente, y lo digo sin haber estudiado psicología nunca, porque tenemos que creérnoslo para poder continuar con él. Y porque, muy en el fondo, queremos pensar que cambiará por nosotros. ¿Pero cómo narices cambia una persona que no cree que tenga que cambiar nada en absoluto porque se adora a sí misma?
Esto es lo que hará que pases por alto detalles sin importancia como:
- Que esté tonteando con el camarero del bar (lo hace porque acabo de decirle que le quiero, se ha puesto nervioso porque lo del compromiso siempre suena muy fuerte y es una manera de echar balones fuera).
- Que se le haya olvidado tu cumpleaños (es porque no tiene dinero, porque él es así de poco detallista y de despistado... forma parte de su encanto y además lo hace porque anoche le dije "te quiero" por teléfono y bla bla bla).
- Que se haya cepillado al amigo aquel que hizo en su excursión a Madrid para la que no contó contigo en absoluto (forma parte de su encanto, le dije te quiero antes de que subiera al autobús y bla bla bla bla).
Que noooo, que por mucho que le digáis que lo queréis, él no os va a querer. Solo os tiene de reserva, porque le solucionáis la vida, porque le subís la autoestima y porque... porque ejercéis un papelón de madre que ya le gustaría a la Felicity Huffman en Mujeres Desesperadas hacerlo la mitad de bien que vosotros (cuatro niños pequeños y revoltosos se quedan en bragas al lado de lo que tienes que aguantar tú cada día). Tú eres el psicólogo del silencio de los corderos, por aquello de intentar buscar una explicación medio lógica que de sentido a la experiencia surrealista que estás viviendo, y él es Annibal Lecter, con ganas de comerse hasta al más pintado por mucho bozal que trates de ponerle. Tú eres la madre superiora del convento y él es el Sister Act, que de monja no tiene más que la cara de bueno que pone cuando le regañas
En resumidas cuentas, si os encontráis con una persona que un día te dice blanco y al siguiente negro, que os regala los oídos pero luego no hace nada para demostrarlo (hechos, queridos, no palabras), que cuando le estás contando lo mal que te ha ido el día está mirando fijamente al culo del que está haciendo footing justo delante y que, además, nunca, jamás reconozca una sola cosa mal que haya hecho y te convenza del consabido "forma parte de mi encanto"... corred más que si viérais a Farruquito en un semáforo. O, si consideráis que estáis tan aburridos como para embarcaros... adelante! Como dice Puka... la diversión está asegurada (la diversión, el descontrol, el desorden mental y otros trastornos derivados... pero, es que, no todo el monte puede ser orégano...)
Así que, cuando le dije a Puka el otro día que estaba un poco aburrido de mi vida y me dijo que pusiera un desquiciao en ella... mi contestación fue más o menos así:
- Nena, para estar con un gilipollas siempre hay tiempo...
Amén
PD: En estos días estaré un poco ausente del messenger y de la blogsfera en general. Puka me secuestra por unos días... pero no os hagáis ilusiones, que volveré.
Al final no tuve que hacer nada especialmente llamativo para que cambiáramos unas palabras. Y es que, por motivos de trabajo, no tuvimos más remedio que hablar y ya está. Eso sí, el efecto "Palabra" que consiste en que cuando abren la boca empiezan a gustarte cada vez menos no se ha cumplido. Tampoco sé si es de la acera de enfrente. Continúan mis investigaciones y os mantendré debidamente informados de que nada bueno ocurre con él. Muchas gracias a todos por vuestros ánimos para que me lanzara y por las posibilidades planteadas.
Pero este post no es para hablar del nuevo (que ya está bien, que al final se lo va a acabar creyendo y se va a volver un insoportable) y eso que podría decir millones de cosas más (jejeje).
Mi amiga Puka (que ya hacía tiempo que no hablaba de ella y las cosas que dice son para ponerlas en un blog. A ver cuando te creas uno, bonita) tiene una respuesta sumamente firme cuando le dices que estás aburrido o que tu vida está resultando muy monótona últimamente. Durante unos segundos se queda en silencio, como si estuviera meditando cual oráculo de la sabiduría y te suelta "Pon un desquiciao en tu vida".
¿Qué quiere decir esto? Bien, para empezar hemos de buscar la palabra desquiciado en el diccionario de los ilustres académicos y descubriréis ante vuestro asombro (ya que Puka lo usa como el pan nuestro de cada día) que no viene. Entonces, usando nuestra inteligencia, si es que la tenemos, buscaremos desquiciar y encontraremos lo siguiente:
desquiciar.
1. tr. Desencajar o sacar de quicio algo. Desquiciar una puerta, una ventana. U. t. c. prnl. U. t. en sent. fig.
2. tr. Descomponer algo quitándole la firmeza con que se mantenía. U. t. c. prnl.
3. tr. Trastornar, descomponer, exasperar a alguien. U. t. c. prnl.
4. tr. p. us. Hacer perder a alguien la privanza, o la amistad o valimiento con otra persona.
Efectivamente, el desquiciao está fuera de quicio (con tu capacidad adivinatoria de Aramis Fuster lo has acertado), está trastornado y descompuesto (y no me refiero al tema escatológico, aunque lo cierto es que siempre la acaba cagando). Pero el desquiciao, además, presenta la facultad de sacar de quicio a los demás, ya que suele ser como el perro del hortelano: ni come ni deja comer. Y, como no sabe qué leches espera de la vida, te tiene a ti a punto de convertirte en el diseñador gráfico que retoca las fotos de Mariah Carey: loco, ya no sabes qué hacer para quitarle hierro (o kilos) al asunto y hacerte la vida más fácil.
El desquiciao es el típico que te envía mensajes a media noche (mensajes de te necesito con toda mi alma, para más inri), que te llama a las cinco de la madrugada insistentemente con número oculto mientras respira fuertemente (en plan maniaco sexual que se lo está montando con una botella de Font Vella), que cuando te ve te dice de quedar, de tomar unas copas, de tener cinco hijos y de vivir en las afueras de la ciudad en la casa que compraréis cuando tengáis la vida asentada y llevéis diez años de matrimonio. Y será el mismo que cuando te decidas a darle una oportunidad te dirá aquello de:
- Pero es que yo no quiero nada contigo. Siento mucho que me hayas malinterpretado.
Y para colmo pondrá cara de: "Tú tienes un problema grave ¿eh?" En este punto, no, no utilicéis la violencia. No servirá de nada, solo para quedar como un histérico y darle la razón con respecto al problema grave.
Para hacer esto más creíble hemos acudido a la experta en desquiciados de la Universidad Especializada en Técnicas de Agilipollamiento Mental, Puka alias la "mecagoentoslosdesquiciaosdeestemundoydelotro":
- El desquiciadou tiene unas sofisticaudas técnicas de seducción. Perou al mismo tiempo jugará con la ambigüedad más que Miguel Bosé. Nunca te dejará clarou que quiere pasar el restou de su vida contigou, pero hará que lo pienses a touda cousta. Vamous, lo que se conoce poupularmente como un gilipoullas de three al four. (Esto leáse con acento pseudoinglés, que así parece más de Orfords).
Qué fina que es Puka. De verdad. Pero hay que darle un voto de confianza que cuando se habla de este tema se la llevan los demonios.
Los desquiciaos recurren soberanamente a la técnica dar una de cal y una de arena, de modo que nunca puedes estar seguro realmente de lo que quieren. En un segundo te promete el oro y el moro y al segundo siguiente está tonteando con la vecina de enfrente (que, para colmo, es más fea que la madre de Tamara) que ha venido a tu casa a pedirte una pizca de azucar moreno (y para cotillear, todo sea dicho).
Si superas la fase del tonteo con un desquiciao, agárrate porque vienen las curvas más peligrosas de toda tu vida. Pensemos que hemos tenido la paciencia y la fuerza sobrehumana para creer que, por un momento, entendemos su manera de actuar y decidimos embarcarnos en una relación cuerpo a cuerpo (una batalla campal. Aún no lo sabes, pero es lo que estás comenzando). Porque, eso sí, como nos enamoramos de los desquiciaos nos sale ese complejo de salvador, nos colocamos el traje de superhéroe y pensamos...
- Qué mono. Pues si me ha mandado un mensaje a las cuatro de la mañana para decirme que se acuerda de mí en medio de su borrachera (probablemente lo ha hecho porque le ha estado tirando los trastos a todo bicho viviente en el pub en el que se encuentra y nadie le ha hecho ni puñetero caso. Sé que decir esto después del post de los mensajes a móviles puede sonar contraproducente, pero no es lo mismo un mensaje de "dónde coño te has metido" que uno en el que digas que te subirías al Everest si así yo te lo pidiera cuando media hora antes de irme a dormir he estado hablando contigo y me has comentado, así de pasada, que lo nuestro no puede ser. Coherencia cero.
- Si actúa de esa manera es porque es un bala perdida. No sabe lo que quiere... pero me quiere, le gusto... Esto es lo peor que te puede pasar del mundo. Has caído en la justificación del desquiciao, de modo que cualquier cosa que haga, por muy perra que sea y por mucho daño que te haga, conducirá necesariamente a que lo hace por un motivo. La frase preferida de los que están con un desquiciao es: "Él es así, pero en el fondo me adora.". Y se hace, pura y llanamente, y lo digo sin haber estudiado psicología nunca, porque tenemos que creérnoslo para poder continuar con él. Y porque, muy en el fondo, queremos pensar que cambiará por nosotros. ¿Pero cómo narices cambia una persona que no cree que tenga que cambiar nada en absoluto porque se adora a sí misma?
Esto es lo que hará que pases por alto detalles sin importancia como:
- Que esté tonteando con el camarero del bar (lo hace porque acabo de decirle que le quiero, se ha puesto nervioso porque lo del compromiso siempre suena muy fuerte y es una manera de echar balones fuera).
- Que se le haya olvidado tu cumpleaños (es porque no tiene dinero, porque él es así de poco detallista y de despistado... forma parte de su encanto y además lo hace porque anoche le dije "te quiero" por teléfono y bla bla bla).
- Que se haya cepillado al amigo aquel que hizo en su excursión a Madrid para la que no contó contigo en absoluto (forma parte de su encanto, le dije te quiero antes de que subiera al autobús y bla bla bla bla).
Que noooo, que por mucho que le digáis que lo queréis, él no os va a querer. Solo os tiene de reserva, porque le solucionáis la vida, porque le subís la autoestima y porque... porque ejercéis un papelón de madre que ya le gustaría a la Felicity Huffman en Mujeres Desesperadas hacerlo la mitad de bien que vosotros (cuatro niños pequeños y revoltosos se quedan en bragas al lado de lo que tienes que aguantar tú cada día). Tú eres el psicólogo del silencio de los corderos, por aquello de intentar buscar una explicación medio lógica que de sentido a la experiencia surrealista que estás viviendo, y él es Annibal Lecter, con ganas de comerse hasta al más pintado por mucho bozal que trates de ponerle. Tú eres la madre superiora del convento y él es el Sister Act, que de monja no tiene más que la cara de bueno que pone cuando le regañas
En resumidas cuentas, si os encontráis con una persona que un día te dice blanco y al siguiente negro, que os regala los oídos pero luego no hace nada para demostrarlo (hechos, queridos, no palabras), que cuando le estás contando lo mal que te ha ido el día está mirando fijamente al culo del que está haciendo footing justo delante y que, además, nunca, jamás reconozca una sola cosa mal que haya hecho y te convenza del consabido "forma parte de mi encanto"... corred más que si viérais a Farruquito en un semáforo. O, si consideráis que estáis tan aburridos como para embarcaros... adelante! Como dice Puka... la diversión está asegurada (la diversión, el descontrol, el desorden mental y otros trastornos derivados... pero, es que, no todo el monte puede ser orégano...)
Así que, cuando le dije a Puka el otro día que estaba un poco aburrido de mi vida y me dijo que pusiera un desquiciao en ella... mi contestación fue más o menos así:
- Nena, para estar con un gilipollas siempre hay tiempo...
Amén
PD: En estos días estaré un poco ausente del messenger y de la blogsfera en general. Puka me secuestra por unos días... pero no os hagáis ilusiones, que volveré.
Pasión de Oficinistas (Parte 2: A Rey Muerto, Rey Puesto)
Como aquel se casaba pues yo no tenía más remedio que poner mis expectativas en otra persona que me animara a ir al trabajo y que me hiciera más agradable mi estancia allí (que son muchas horas, y hay que buscar motivaciones nuevas). Ante el hecho de que en mi oficina no es que abunden los hombres jóvenes y apetecibles (quitándome a mí, of course), el lunes de la semana pasada, cuando crucé las puertas y vi a cierto monumento sentado... me hicieron los ojos chiribitas.
No puedo explicarlo, pero me quedé justo detrás de él con cara de: ¿Quién coño es éste (y, de repente, suena lo de "¿quién es ese hombreeee?"), de dónde ha salido y que hace sentado justo detrás mía? Resulta que era nuevo, era su primer día de trabajo, así que a partir de ahora y de manera sumamente original, lo vamos a llamar El Nuevo. Mi actitud durante toda la tarde fue: "a ver, ¿es que nadie me lo va a presentar?" mientras todo el rato sonaba la canción "Beautiful Stranger" de Madonna en mi cabeza. Y no, nadie tuvo la delicadeza. Es que hay que ver que maleducada es la gente...
¿Que cómo es él? Pues él es... muy guapo. Mucho más guapo que el que se va a casar, por supuesto. No es el típico tío en el que te fijarías en una discoteca, porque no está tremendo ni nada de eso. Ni tiene un cuerpo escultural, ni es espléndido, ni parece un actor de película porno... No. Eso es lo más preocupante de todo. Que no es puro placer visual lo que me ofrece. Vaaaale, lo diré, pero bajito...
Supongo que... me atrae de una manera diferente. Es decir, me gusta.
Porque parece muy tímido. Porque, a pesar de lo cortado que pueda parecer, tiene cara de pillo y unos ojos que dicen muchas cosas. Porque su trabajo es escribir. Porque huele de una forma que nunca he conocido antes. Porque el tatuaje que lleva en el antebrazo le hace parecer malote en una extraña mezcla de niño bueno - niño malo. No sé. Lo he oído hablar, y me encanta. No he cruzado palabra con él directamente. Esa es, quizás, la clave. Porque lo más probable es que, teniendo en cuenta mi historial, en cuanto abra la boca para mantener una conversación conmigo acabe en el cajón de los idiotas de remate y me pregunte en cuestión de una semana... "¿Cómo me pudo gustar en algún momento, por favor?". Yo pretendía mantener esta ensoñación de quinceañera sin cruzar palabra con él, pero entonces llegó Pau y me propuso una apuesta. Ayer debía hablar con él, al menos siete minutos... pero no lo hice. Tuve uno de esos días (y no estoy hablando de la regla) y Pau ganó su apuesta, que consiste en que tengo que escribir sobre un tema que ya ha elegido... próximamente (que no se diga que no creo intriga).
Empezar una conversación con El Nuevo, que parece lo más fácil del mundo considerando que nos pasamos ocho horas diarias espalda a espalda (ejem, y esto ha sonado más subidito de tono de lo que yo esperaba), lleva a: ¿Cómo voy a hablar con él? ¿Qué le digo? ¿Se me notará que quiero ligar con él? ¿Le hablo del papa? ¿Cómo narices sé si es gay? ¿Cómo sé que no se va a casar con su novia maravillosa dentro de un mes? ¿Hay vida en otros planetas?
Existen varias posibilidades para que mantengamos una conversación cordial con El Nuevo de la oficina que nos gusta:
1. Que nos encontremos en la máquina de café. Esta fue propuesta por Pau. Veámos... teniendo en cuenta el estrés laboral al que estoy sometido si empiezo a acudir a la máquina de café varias veces al día para hacerme el encontradizo con él... llegará un momento en el que tendré cara de psicópata por los nervios mezclados con la cafeína y mi pulso sosteniendo el vaso y derramando la mitad de su contenido por todas partes será ideal para quedar un día y robar panderetas. Seguro que no le doy muy buena impresión en esas circunstancias. Así que, por eso y porque no hay máquina de café en la empresa, queda totalmente descartada.
2. Que finja un desmayo mientras ando por la oficina y caerme encima de él, rodearlo casualmente con mis brazos y meterle la lengua en la boca mientras cierro los ojos y espero a que me dé una buena hostia. Ésta puede dejarme en evidencia, pero no tiene por qué ¿no? Cualquiera sufre un desmayo y le mete a otra persona la lengua en la boca. Yo lo veo todas las noches que salgo en la discoteca y sin desmayo y no pasa nada. Vaaale, la descartamos.
3. Quedarme mirándolo fijamente hasta que se dé cuenta y decida acercarse a mí para peguntarme qué coño me pasa. En cuanto lo haga le contestaré que estaba obnubilado preguntándome por qué leñe no nos estábamos besando ya. Si me da una hostia es que no le hace mucha gracia la idea. Si me besa es que lo he puesto en un compromiso y no sabe decir "no". Si me sonríe simplemente (opción en la que yo seguro que me derretiría) es que le gusto y puede haber algo más entre nosotros. Desde este día quedaremos todas las tardes a la salida del trabajo y empezaremos a barajar la opción de adoptar en el futuro...
4. Preguntarle qué tal lo lleva en su nuevo trabajo, si está cómodo, si le gusta, si era lo que él esperaba... esta es la opción más realista y por tanto la más válida. Solo que hace falta echarle huevos y empezar a hablarle sin parecer un completo imbécil. Lo cual, a algunos nos resulta de lo más complicado.
5. Llamar al Diario de Patricia para que lo lleven y le digan aquello de: "nene, hay un colgado que está interesado en conocerte y no sabe como hacerlo. ¿Quieres recibirlo? Seguro que no, pasemos al siguiente invitado, que será más normal: un hombre peleado con su perro que no sabe qué hacer para pedirle perdón y que vuelva a subirse a la cama a calentarle los pies en invierno..."
6. Aparecer en la oficina un día vestido solamente con un tanga de leopardo, una pajarita negra en el cuello y unas zapatillas de esas de hipopótamo que rugen cuando caminas (en vez de rugir se acepta el ruído que hace una gata cuando está en celo) y decirle:
- ¿Te apetece un bombón? Pues aquí tienes uno. (Esto lo diría acercándome lentamente a él mientras mis zapatillas rugen "Auggggghhhh auggggggghhhh..."
Enamorarse de mí, seguro que no, pero fijo que lo dejo con la boca abierta (y fijo que me despiden, eso también es verdad, pero ¿y las risas que nos íbamos a echar?).
Total... que habrá que esperar que la chispa adecuada surja entre nosotros en el roce diario laboral. Y no va a surgir, porque seguramente mis compañeras en el currele tienen razón: "Con lo guapo que es no puede ser gay. Sería un desperdicio". ¡A mí los desperdicios, que yo los aprovecho y bien aprovechados! Hay que joderse...
Interesados en adquirir el conjuntito propuesto en la opción número 6, por favor cojan las páginas amarillas y busquen un buen profesional por la p. Me refiero a un psicólogo, por supuesto.
Os mantendré informados de que nada bueno ocurre...
No puedo explicarlo, pero me quedé justo detrás de él con cara de: ¿Quién coño es éste (y, de repente, suena lo de "¿quién es ese hombreeee?"), de dónde ha salido y que hace sentado justo detrás mía? Resulta que era nuevo, era su primer día de trabajo, así que a partir de ahora y de manera sumamente original, lo vamos a llamar El Nuevo. Mi actitud durante toda la tarde fue: "a ver, ¿es que nadie me lo va a presentar?" mientras todo el rato sonaba la canción "Beautiful Stranger" de Madonna en mi cabeza. Y no, nadie tuvo la delicadeza. Es que hay que ver que maleducada es la gente...
¿Que cómo es él? Pues él es... muy guapo. Mucho más guapo que el que se va a casar, por supuesto. No es el típico tío en el que te fijarías en una discoteca, porque no está tremendo ni nada de eso. Ni tiene un cuerpo escultural, ni es espléndido, ni parece un actor de película porno... No. Eso es lo más preocupante de todo. Que no es puro placer visual lo que me ofrece. Vaaaale, lo diré, pero bajito...
Supongo que... me atrae de una manera diferente. Es decir, me gusta.
Porque parece muy tímido. Porque, a pesar de lo cortado que pueda parecer, tiene cara de pillo y unos ojos que dicen muchas cosas. Porque su trabajo es escribir. Porque huele de una forma que nunca he conocido antes. Porque el tatuaje que lleva en el antebrazo le hace parecer malote en una extraña mezcla de niño bueno - niño malo. No sé. Lo he oído hablar, y me encanta. No he cruzado palabra con él directamente. Esa es, quizás, la clave. Porque lo más probable es que, teniendo en cuenta mi historial, en cuanto abra la boca para mantener una conversación conmigo acabe en el cajón de los idiotas de remate y me pregunte en cuestión de una semana... "¿Cómo me pudo gustar en algún momento, por favor?". Yo pretendía mantener esta ensoñación de quinceañera sin cruzar palabra con él, pero entonces llegó Pau y me propuso una apuesta. Ayer debía hablar con él, al menos siete minutos... pero no lo hice. Tuve uno de esos días (y no estoy hablando de la regla) y Pau ganó su apuesta, que consiste en que tengo que escribir sobre un tema que ya ha elegido... próximamente (que no se diga que no creo intriga).
Empezar una conversación con El Nuevo, que parece lo más fácil del mundo considerando que nos pasamos ocho horas diarias espalda a espalda (ejem, y esto ha sonado más subidito de tono de lo que yo esperaba), lleva a: ¿Cómo voy a hablar con él? ¿Qué le digo? ¿Se me notará que quiero ligar con él? ¿Le hablo del papa? ¿Cómo narices sé si es gay? ¿Cómo sé que no se va a casar con su novia maravillosa dentro de un mes? ¿Hay vida en otros planetas?
Existen varias posibilidades para que mantengamos una conversación cordial con El Nuevo de la oficina que nos gusta:
1. Que nos encontremos en la máquina de café. Esta fue propuesta por Pau. Veámos... teniendo en cuenta el estrés laboral al que estoy sometido si empiezo a acudir a la máquina de café varias veces al día para hacerme el encontradizo con él... llegará un momento en el que tendré cara de psicópata por los nervios mezclados con la cafeína y mi pulso sosteniendo el vaso y derramando la mitad de su contenido por todas partes será ideal para quedar un día y robar panderetas. Seguro que no le doy muy buena impresión en esas circunstancias. Así que, por eso y porque no hay máquina de café en la empresa, queda totalmente descartada.
2. Que finja un desmayo mientras ando por la oficina y caerme encima de él, rodearlo casualmente con mis brazos y meterle la lengua en la boca mientras cierro los ojos y espero a que me dé una buena hostia. Ésta puede dejarme en evidencia, pero no tiene por qué ¿no? Cualquiera sufre un desmayo y le mete a otra persona la lengua en la boca. Yo lo veo todas las noches que salgo en la discoteca y sin desmayo y no pasa nada. Vaaale, la descartamos.
3. Quedarme mirándolo fijamente hasta que se dé cuenta y decida acercarse a mí para peguntarme qué coño me pasa. En cuanto lo haga le contestaré que estaba obnubilado preguntándome por qué leñe no nos estábamos besando ya. Si me da una hostia es que no le hace mucha gracia la idea. Si me besa es que lo he puesto en un compromiso y no sabe decir "no". Si me sonríe simplemente (opción en la que yo seguro que me derretiría) es que le gusto y puede haber algo más entre nosotros. Desde este día quedaremos todas las tardes a la salida del trabajo y empezaremos a barajar la opción de adoptar en el futuro...
4. Preguntarle qué tal lo lleva en su nuevo trabajo, si está cómodo, si le gusta, si era lo que él esperaba... esta es la opción más realista y por tanto la más válida. Solo que hace falta echarle huevos y empezar a hablarle sin parecer un completo imbécil. Lo cual, a algunos nos resulta de lo más complicado.
5. Llamar al Diario de Patricia para que lo lleven y le digan aquello de: "nene, hay un colgado que está interesado en conocerte y no sabe como hacerlo. ¿Quieres recibirlo? Seguro que no, pasemos al siguiente invitado, que será más normal: un hombre peleado con su perro que no sabe qué hacer para pedirle perdón y que vuelva a subirse a la cama a calentarle los pies en invierno..."
6. Aparecer en la oficina un día vestido solamente con un tanga de leopardo, una pajarita negra en el cuello y unas zapatillas de esas de hipopótamo que rugen cuando caminas (en vez de rugir se acepta el ruído que hace una gata cuando está en celo) y decirle:
- ¿Te apetece un bombón? Pues aquí tienes uno. (Esto lo diría acercándome lentamente a él mientras mis zapatillas rugen "Auggggghhhh auggggggghhhh..."
Enamorarse de mí, seguro que no, pero fijo que lo dejo con la boca abierta (y fijo que me despiden, eso también es verdad, pero ¿y las risas que nos íbamos a echar?).
Total... que habrá que esperar que la chispa adecuada surja entre nosotros en el roce diario laboral. Y no va a surgir, porque seguramente mis compañeras en el currele tienen razón: "Con lo guapo que es no puede ser gay. Sería un desperdicio". ¡A mí los desperdicios, que yo los aprovecho y bien aprovechados! Hay que joderse...
Interesados en adquirir el conjuntito propuesto en la opción número 6, por favor cojan las páginas amarillas y busquen un buen profesional por la p. Me refiero a un psicólogo, por supuesto.
Os mantendré informados de que nada bueno ocurre...
Pasión de Oficinistas (Parte 1: La Falsa's Boda)
Que aquel que puse en este post se casa no es ninguna novedad. Para los no iniciados por aquellos entonces, que fue mi primer post oficial y de eso parece que hace ciberaños luz, el susodicho es un chico que trabaja en mi empresa y que me gustaba (por motivos diversos que nada tienen que ver con la boda, lo he descartado de mis posibilidades... ejem). Resulta que a mí me parecía de lo más mono, vete tú a saber por qué, porque no es guapo siquiera y hasta puede resultar pelín molesto a veces cuando se pone a comerte la cabeza con sus cosas. Pero es muy buena gente, y como he hecho propósito de enmienda y he decidido fijarme solo en los niños buenos... entre eso y entre que el día que lo vi aparecer yo debía haberme comido un sandwich vegetal con la mayonesa caducada, pues nada, que el objetivo estaba fijado. Sólo faltaba estudiar la estrategia ataque.
Y parecía que había feeling. De alguna manera había pequeños acercamientos, miraditas, comentarios (no, no puedo tener una imaginación tan poderosa, así que tengo que suponer que seguro que los había, que no me lo he inventado). Pero entonces llega la bomba: en lugar de decirme de quedar para una cervecita el viernes al salir... me dice que se va a casar. Imagináos mi cara: un poema de Becquer.
Pero lo mejor... lo mejor estaba por llegar. El otro día, sin venir a qué, porque tampoco somos tan amigos (aunque podríamos haber sido más que eso...) ni hemos hablado tantas veces (nuestra relación se reducía en el 50% de las ocasiones a un tonteillo oficinero y en el otro 50% era trabajo y más trabajo) va y me invita a la boda. ¿Os lo podéis creer? ¡¡¡¡¡Sí, sí, me invitó a su boda!!!!!! Dios, ¿pero qué he hecho yo para merecer esto? ¿Por qué la gente se empeña en hacer que mi vida parezca el Diario de Bridget Jones?
Bien, pasando la fase de interpretar este momento como uno más de los surrealismos de mi vida y esquivando el tópico de recordar la peli "La Boda de mi Mejor Amigo"... podemos desvariar aún más. Y es que Mic y yo nos pusimos a hacer todo tipo de conjeturas acerca de como sería el momento boda si nos decidiéramos a ir. Y, claro, pues surgen diversas posibilidades:
1. La que a todos se os está pasando por la cabeza ahora mismo. (Que os conozco, diablillos)
Paper va a la boda y en mitad de la ceremonia, cuando digan aquello de "si hay alguien que esté en contra de esta unión, que hable ahora o calle para siempre"... hace su actuación estrella. Todos os hacéis una idea de que callar para siempre no es lo mío, así que inevitablemente me pondría en pie, diría que tiene un lío conmigo aunque fuera mentira y me quedaría tan a gusto siendo observados por todos los invitados como "la guarra aquella que detuvo la boda de nuestro chico". Me encanta. La gente dice que antes de cumplir los 40 tienen que plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Yo antes de esa edad tengo que demostrar que soy capaz de detener una boda. ¿Y qué mejor ocasión que esta? Para este mágico momento, podría hacer buen uso de las lágrimas, encerrarme en el baño, decir que estoy embarazado... en fin, un sinfín de sinsentidos que harían que nos riéramos un buen rato y que fuera una experiencia inolvidable para todos (muhahahahaa... risa maléfica).
Qué conste que no lo haría por mí ni por mi afán de protagonismo, sino que se trataría pura y llanamente de altruismo: esa muchacha no va a disfrutar del sexo en la vida con este chico. ¡Qué es gay! (Bueno, no hay pruebas irrefutables, pero mi radar gay me dice que lo es y que no es normal cierto tipo de comentarios entre dos chicos en una oficina). Mic está encantada con esta opción, pero ella quiere que espere al convite: porque aunque es menos peliculero, al causar el escándalo ella podría comerse todo lo que le apeteciera, incluído el pastel de boda. Según sus palabras textuales:
- Yo me siento al lado de los padres y cuando decidas hacer tu intervención sigo comiendo y le digo aquello a la madre, que estará llorando desconsoladamente, de: "perdone, ¿se va a terminar usted eso?".
Y el pastel de boda de diez pisos, para ella, claro. Cucharilla en mano y sustituyendo el muñeco del novio en la tarta por otra novia que llevará en el bolsillo. Está todo pensado.
2. Que me haya invitado únicamente para que sabotee su boda.
Y la noche antes se reúna conmigo en algún pasillo del hotel para confesarme lo mal que está porque en realidad le van los hombres, está enamorado de mí y es conmigo con quien desea casarse. Veámos, he exagerado un pelín. Tal vez sólo me diga que está enamorado de mí, lo de la boda lo dejaremos para más adelante. Aunque ya que está todo planteado... yo me haría el sorprendido y de repente aparecería toda mi familia con sus maletas echando a los invitados de la novia. Porque si alguien aquí debe casarse con él tengo que ser yo. ¡No la furcia esa! (Esto... lo siento, angelito, el cabrón es él. Ella no tiene la culpa de nada).
3. Que me haga superamigo de la novia
Y al final ésta me acabe contando que en realidad se casa por dinero, porque el niño está montado en el dólar, que es lesbiana y que se trata de un matrimonio de conveniencia para dejar contentos a familiares y amigos. En ese caso, el siguiente paso sería hacerme el encontradizo con el novio en los servicios, de modo que cuando se esté subiendo la bragueta simule resbalarme y le coma la boca sin piedad. Con la suerte que tengo seguro que en esos instantes entra el padre de la novia y, lejos de quedarse sorprendido por la escena, nos propone un trío o contará a todos los invitados lo ocurrido. (Por favor, que el padre de la novia se parezca a George Clooney, por favor...)
4. Otra posibilidad es que me haya pedido que vaya simplemente porque le ha sobrado una invitación
Claro, antes que desperdiciarla y ya que tiene pagado el cubierto... pero, leñe, que invite a la vecina del quinto. No a mí, que soy el que tontea con él en sus ratos de escaqueo. Esta opción es muy aburrida. Pero para aderezarla, como sospechamos que se trata de una de esas bodas de pitiminí, llenas de pingüinos y fulares variopintos y en las que no comes ni aunque te metas en la cocina y arrases con lo que haya en la despensa, hemos decidido que iremos en vaqueros. A mitad de la noche me sentaré en el borde de la piscina con los pantalones levantados hasta la rodilla, la camisa abierta y un cubata en la mano (el móvil me lo dejaré en casa, por si las moscas), porque pensamos emborracharnos de lo lindo y dar el espectáculo de todas maneras imaginables.
5. Voy a la boda. Entonces conozco un chico guapísimo que está muy triste (se le ve en la cara que está enamorado del novio).
Resulta que es un amigo de toda la vida con el que tuvo un escarceo hace bien poco pero al que abandonó por su supuesta vida heterosexual y su novia. La despedida debió ser algo así:
- Jorge Luis Alberto Alfonso, ¿cómo puedes dejarme?
- Pedro Roberto Cristobal Mario, tengo que casarme con Lucía Antonia Coral Topacio de los Mares, mis padres validaron esta alianza cuando yo tenía cuatro años para heredar toda la hacienda... pero siempre seguiré amándote con todo mi corazón.
Entonces voy yo, le quito todo el encanto al culebrón, le demuestro que el tío es un imbécil, se enamora de mí, nos lo hacemos en la habitación del hotel (así, por decir, vamos a poner cuatro veces, ¿por qué no?) y en la siguiente escena lo que se ve es nuestra boda. Porque además resulta que el chico es encantador, gana un millón de euros al mes (no sé en qué trabaja, con esos ingresos no hace falta preguntar) y me mantiene para el resto de mi vida sin trabajar. Mi única labor consistiría en inventarme historias imposibles y absurdas en un blog de esos de internet...
Aún no he dado mi respuesta sobre si iré o no al gran evento. Eso de ir, poner a caldo a la novia mientras digo una y otra vez "menuda vida sexual más triste que te espera, cariño" por lo bajini en la Iglesia... me tira mucho. Pero, por otro lado, mi vida tiene un nivel suficientemente alto de surrealismo ya. ¡No pienso ser partícipe de una unión tremendamente falsa! Aunque, teniendo en cuenta que una vez ya estuve en una boda en la que la novia me confesó claramente que se casaba por dinero... (lo feliz que debe ser ahora la jodía, ¿eh? Nadando en billetes de quinientos euros en una piscina climatizada... ¡eso sí que son principios, coñe!)
Además... en estos instantes, existe otra persona en esa misma oficina con la que los ojos me hacen chiribitas y no es él. Pero eso será algo que contaré en mi siguiente post, que si no me voy a alargar mucho y con imaginarme a mí deteniendo una boda y achuchándome con el novio y con el padre de la novia (George, George, que sea George) en los servicios... creo que ya tenéis suficiente.
Nota Mental: No sorprenderme si después de este post nadie me invita a su boda. Nene, ¿qué esperabas? Estás hablando de parar una boda por orgullo propio... la gente suele hacer esas cosas por amor...
Pero si la otra se casó por dinero, ¿por qué narices no voy a poder parar yo una boda por orgullo, que es mucho más relevante?
Y parecía que había feeling. De alguna manera había pequeños acercamientos, miraditas, comentarios (no, no puedo tener una imaginación tan poderosa, así que tengo que suponer que seguro que los había, que no me lo he inventado). Pero entonces llega la bomba: en lugar de decirme de quedar para una cervecita el viernes al salir... me dice que se va a casar. Imagináos mi cara: un poema de Becquer.
Pero lo mejor... lo mejor estaba por llegar. El otro día, sin venir a qué, porque tampoco somos tan amigos (aunque podríamos haber sido más que eso...) ni hemos hablado tantas veces (nuestra relación se reducía en el 50% de las ocasiones a un tonteillo oficinero y en el otro 50% era trabajo y más trabajo) va y me invita a la boda. ¿Os lo podéis creer? ¡¡¡¡¡Sí, sí, me invitó a su boda!!!!!! Dios, ¿pero qué he hecho yo para merecer esto? ¿Por qué la gente se empeña en hacer que mi vida parezca el Diario de Bridget Jones?
Bien, pasando la fase de interpretar este momento como uno más de los surrealismos de mi vida y esquivando el tópico de recordar la peli "La Boda de mi Mejor Amigo"... podemos desvariar aún más. Y es que Mic y yo nos pusimos a hacer todo tipo de conjeturas acerca de como sería el momento boda si nos decidiéramos a ir. Y, claro, pues surgen diversas posibilidades:
1. La que a todos se os está pasando por la cabeza ahora mismo. (Que os conozco, diablillos)
Paper va a la boda y en mitad de la ceremonia, cuando digan aquello de "si hay alguien que esté en contra de esta unión, que hable ahora o calle para siempre"... hace su actuación estrella. Todos os hacéis una idea de que callar para siempre no es lo mío, así que inevitablemente me pondría en pie, diría que tiene un lío conmigo aunque fuera mentira y me quedaría tan a gusto siendo observados por todos los invitados como "la guarra aquella que detuvo la boda de nuestro chico". Me encanta. La gente dice que antes de cumplir los 40 tienen que plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Yo antes de esa edad tengo que demostrar que soy capaz de detener una boda. ¿Y qué mejor ocasión que esta? Para este mágico momento, podría hacer buen uso de las lágrimas, encerrarme en el baño, decir que estoy embarazado... en fin, un sinfín de sinsentidos que harían que nos riéramos un buen rato y que fuera una experiencia inolvidable para todos (muhahahahaa... risa maléfica).
Qué conste que no lo haría por mí ni por mi afán de protagonismo, sino que se trataría pura y llanamente de altruismo: esa muchacha no va a disfrutar del sexo en la vida con este chico. ¡Qué es gay! (Bueno, no hay pruebas irrefutables, pero mi radar gay me dice que lo es y que no es normal cierto tipo de comentarios entre dos chicos en una oficina). Mic está encantada con esta opción, pero ella quiere que espere al convite: porque aunque es menos peliculero, al causar el escándalo ella podría comerse todo lo que le apeteciera, incluído el pastel de boda. Según sus palabras textuales:
- Yo me siento al lado de los padres y cuando decidas hacer tu intervención sigo comiendo y le digo aquello a la madre, que estará llorando desconsoladamente, de: "perdone, ¿se va a terminar usted eso?".
Y el pastel de boda de diez pisos, para ella, claro. Cucharilla en mano y sustituyendo el muñeco del novio en la tarta por otra novia que llevará en el bolsillo. Está todo pensado.
2. Que me haya invitado únicamente para que sabotee su boda.
Y la noche antes se reúna conmigo en algún pasillo del hotel para confesarme lo mal que está porque en realidad le van los hombres, está enamorado de mí y es conmigo con quien desea casarse. Veámos, he exagerado un pelín. Tal vez sólo me diga que está enamorado de mí, lo de la boda lo dejaremos para más adelante. Aunque ya que está todo planteado... yo me haría el sorprendido y de repente aparecería toda mi familia con sus maletas echando a los invitados de la novia. Porque si alguien aquí debe casarse con él tengo que ser yo. ¡No la furcia esa! (Esto... lo siento, angelito, el cabrón es él. Ella no tiene la culpa de nada).
3. Que me haga superamigo de la novia
Y al final ésta me acabe contando que en realidad se casa por dinero, porque el niño está montado en el dólar, que es lesbiana y que se trata de un matrimonio de conveniencia para dejar contentos a familiares y amigos. En ese caso, el siguiente paso sería hacerme el encontradizo con el novio en los servicios, de modo que cuando se esté subiendo la bragueta simule resbalarme y le coma la boca sin piedad. Con la suerte que tengo seguro que en esos instantes entra el padre de la novia y, lejos de quedarse sorprendido por la escena, nos propone un trío o contará a todos los invitados lo ocurrido. (Por favor, que el padre de la novia se parezca a George Clooney, por favor...)
4. Otra posibilidad es que me haya pedido que vaya simplemente porque le ha sobrado una invitación
Claro, antes que desperdiciarla y ya que tiene pagado el cubierto... pero, leñe, que invite a la vecina del quinto. No a mí, que soy el que tontea con él en sus ratos de escaqueo. Esta opción es muy aburrida. Pero para aderezarla, como sospechamos que se trata de una de esas bodas de pitiminí, llenas de pingüinos y fulares variopintos y en las que no comes ni aunque te metas en la cocina y arrases con lo que haya en la despensa, hemos decidido que iremos en vaqueros. A mitad de la noche me sentaré en el borde de la piscina con los pantalones levantados hasta la rodilla, la camisa abierta y un cubata en la mano (el móvil me lo dejaré en casa, por si las moscas), porque pensamos emborracharnos de lo lindo y dar el espectáculo de todas maneras imaginables.
5. Voy a la boda. Entonces conozco un chico guapísimo que está muy triste (se le ve en la cara que está enamorado del novio).
Resulta que es un amigo de toda la vida con el que tuvo un escarceo hace bien poco pero al que abandonó por su supuesta vida heterosexual y su novia. La despedida debió ser algo así:
- Jorge Luis Alberto Alfonso, ¿cómo puedes dejarme?
- Pedro Roberto Cristobal Mario, tengo que casarme con Lucía Antonia Coral Topacio de los Mares, mis padres validaron esta alianza cuando yo tenía cuatro años para heredar toda la hacienda... pero siempre seguiré amándote con todo mi corazón.
Entonces voy yo, le quito todo el encanto al culebrón, le demuestro que el tío es un imbécil, se enamora de mí, nos lo hacemos en la habitación del hotel (así, por decir, vamos a poner cuatro veces, ¿por qué no?) y en la siguiente escena lo que se ve es nuestra boda. Porque además resulta que el chico es encantador, gana un millón de euros al mes (no sé en qué trabaja, con esos ingresos no hace falta preguntar) y me mantiene para el resto de mi vida sin trabajar. Mi única labor consistiría en inventarme historias imposibles y absurdas en un blog de esos de internet...
Aún no he dado mi respuesta sobre si iré o no al gran evento. Eso de ir, poner a caldo a la novia mientras digo una y otra vez "menuda vida sexual más triste que te espera, cariño" por lo bajini en la Iglesia... me tira mucho. Pero, por otro lado, mi vida tiene un nivel suficientemente alto de surrealismo ya. ¡No pienso ser partícipe de una unión tremendamente falsa! Aunque, teniendo en cuenta que una vez ya estuve en una boda en la que la novia me confesó claramente que se casaba por dinero... (lo feliz que debe ser ahora la jodía, ¿eh? Nadando en billetes de quinientos euros en una piscina climatizada... ¡eso sí que son principios, coñe!)
Además... en estos instantes, existe otra persona en esa misma oficina con la que los ojos me hacen chiribitas y no es él. Pero eso será algo que contaré en mi siguiente post, que si no me voy a alargar mucho y con imaginarme a mí deteniendo una boda y achuchándome con el novio y con el padre de la novia (George, George, que sea George) en los servicios... creo que ya tenéis suficiente.
Nota Mental: No sorprenderme si después de este post nadie me invita a su boda. Nene, ¿qué esperabas? Estás hablando de parar una boda por orgullo propio... la gente suele hacer esas cosas por amor...
Pero si la otra se casó por dinero, ¿por qué narices no voy a poder parar yo una boda por orgullo, que es mucho más relevante?
7 Días a la Semana, Sueño
Sueño. Muchísimo. Y no me refiero precisamente a las películas que vivimos cuando nos dejamos atrapar por los brazos de Morfeo. Sólo sueño. Cuando ando por la calle completamente solo, a mi aire, con gotas de sudor surcándome la frente o sintiendo el viento cortante del invierno en mi rostro. Cuando viajo en tren replegado en cada una de las notas de la canción que suena a través de unos auriculares que se empeñan en componer la banda sonora de mi vida y refrescar cualquier recuerdo o momento vivido, contado, oído o soñado. Cuando me quedo solo en mi habitación y me sitúo frente al ordenador, frente a un libro o frente a un weblog. Sueño. No puedo remediarlo.
Lunes
Sueño con ser alguien. Alguien especial. Sueño con no ser como los demás, con no quedarme en el tintero, con no caer en las mismas banalidades y absurdeces en las que caen muchas de las personas a las que conozco. Las que no conozco también. Sueño con que no me absorba la monotonía, la ansiedad, la desgana y la apatía. Sueño con no abandonarme a la resignación, a la trivialidad, a la mala suerte. Al discurrir de una vida que viaja en un tren que no lleva conductor porque se ha bajado en la cuarta parada alegando que no podía más. Sueño con ser fuerte. Sueño con ser diferente.
Martes
Sueño con sacar lo mejor de mí en todas y cada una de las cosas que hago. Sueño con que no me consuma el espíritu de los malhechos. Con que la desidia no venga y me envuelva en un manto oscuro como la más tenebrosa noche. Con que la desmotivación no me sobrevevenga por sorpresa y me inunde en un remolino del que temo no salir. Con que no llegue un instante en mi vida en el que se me escapen de los labios las temidas palabras: "Me da lo mismo". Sueño que la indiferencia no me acecha.
Miércoles
Sueño con hacer felices a todos los que me rodean. Sueño con ser mejor persona, con no decepcionar jamás a los que pusieron, ponen o pondrán su confianza en mí. Sueño que sonrío e ilumino el mundo, que hago la vida de otros más fácil. Que cuando la gente me mira lo hace de buena gana y esperando encontrar tantas cosas anheladas o descubiertas de repente. Sueño con no dejar que mis problemas me afecten en mi relación con otros, cuando me torno serio o apático. Sueño que no tengo problemas que contar porque cuando veo que las personas son felices a mi lado no tengo ganas de estropear el momento y esos problemas solamente desaparecen y se olvidan en un mar de recuerdos. Sueño con que mis amigos y mi familia se enorgullecen de tenerme en su vida. Que no soy una pesada carga para todos ellos. Que no tienen que aguantarme sino disfrutarme.
Jueves
Sueño con que los demás me hagan feliz. Con que la simpatía, la comprensión y el afecto que trato de ofrecer me venga de vuelta según la teoría del karma. Sueño con que mis ojos se iluminen porque exista una conexión perfecta entre mi mundo y el que los demás llevan dentro. Sueño que puedo ser yo, que puedo comportarme tal y como soy y que a todos gusta. Sueño que puedo decir exactamente lo que pienso y siento en cada momento y que nada malo va a pasar. Sueño que estoy a gusto. Que todos me dan permiso para estarlo y que nadie puede hacerme daño porque nadie puede penetrar en la profundidad de mi ser y quebrantar mis sueños.
Viernes
Sueño con que haya una persona que reconforte mi soledad. Sueño con que esa persona seas tú y no equivocarme como tantas veces antaño. Sueño que, de hecho, eres tú y que vienes y me sorprendes con un beso en los labios tan dulce que me conviertes en un cursi repentinamente y sin poder remediarlo. Que te envío un mensaje a las tantas de la madrugada cubata en mano y me contestas que me adoras. Que echas por tierra todas mis teorías acerca de los hombres, mis generalizaciones absurdas en un intento de parecer más fuerte de lo que en realidad soy. Sueño que te encuentro, que miro a la cara oculta de la luna invitado por las estrellas e imagino sin ningún tipo de temor al futuro mientras me abrazas desde atrás y me rozas la nuca con tu respiración. Sueño que, incluso cuando estoy soñando, sigues estando ahí y no me abandonas. Por muy extraños que te parezcan mis sueños o el brillo de mis ojos cuando navego deliciosamente a la deriva...
Sábado
Sueño que todo puede ser perfecto. Que puedo conseguir todo aquello que me proponga. Que se me escapa el derrotismo del que Pablito me habló una vez con toda la razón del mundo. Que me quiero tal y como soy. Que creo en mí mismo y en que mis posibilidades son infinitas. Que no necesito soñarte porque puedo tenerte. Que si te sueño es porque me apetece, no porque necesite un mero sucedáneo de la realidad. Que puedo cambiar el mundo, todo lo que no me gusta. Que puedo acabar con las injusticias, las desigualdades, las lágrimas de muchos y las desgracias de otros. Con mucho trabajo, pero sueño que lo hago y que construyo castillos en el aire. Los más auténticos e impresionantes que nunca nadie se haya atrevido a imaginar jamás.
Domingo
Sueño que no tengo miedo. Que no me desmorono. Que tengo las fuerzas suficientes para ser un soñador y comenzar otra semana alimentando las mismas esperanzas e ilusiones. Sueño que, aunque nunca ocurra nada positivo, éstas no me abandonarán. Que la melancolía y la tristeza no me absorberán. Nunca.
Sueño que puedo seguir soñando, que debo seguir soñando. Que aunque avance mojado viento en popa a toda vela, nunca me hundiré. Que aunque se empeñen en ponerme los pies en la tierra nunca dejaré de soñar. Porque forma parte de mí.
Porque aunque los sueños, sueños son, estos son los míos y tengo todo el derecho del mundo a saborear una bocanada de aire fresco cuando siento que me asfixio.
Inspirado por "Dreamer" de Karen Bernod y por las sonrisas de unos cuantos.
"Grandes o pequeños. No importa. Los sueños pueden hacerse realidad. Díselo a todos."
Lunes
Sueño con ser alguien. Alguien especial. Sueño con no ser como los demás, con no quedarme en el tintero, con no caer en las mismas banalidades y absurdeces en las que caen muchas de las personas a las que conozco. Las que no conozco también. Sueño con que no me absorba la monotonía, la ansiedad, la desgana y la apatía. Sueño con no abandonarme a la resignación, a la trivialidad, a la mala suerte. Al discurrir de una vida que viaja en un tren que no lleva conductor porque se ha bajado en la cuarta parada alegando que no podía más. Sueño con ser fuerte. Sueño con ser diferente.
Martes
Sueño con sacar lo mejor de mí en todas y cada una de las cosas que hago. Sueño con que no me consuma el espíritu de los malhechos. Con que la desidia no venga y me envuelva en un manto oscuro como la más tenebrosa noche. Con que la desmotivación no me sobrevevenga por sorpresa y me inunde en un remolino del que temo no salir. Con que no llegue un instante en mi vida en el que se me escapen de los labios las temidas palabras: "Me da lo mismo". Sueño que la indiferencia no me acecha.
Miércoles
Sueño con hacer felices a todos los que me rodean. Sueño con ser mejor persona, con no decepcionar jamás a los que pusieron, ponen o pondrán su confianza en mí. Sueño que sonrío e ilumino el mundo, que hago la vida de otros más fácil. Que cuando la gente me mira lo hace de buena gana y esperando encontrar tantas cosas anheladas o descubiertas de repente. Sueño con no dejar que mis problemas me afecten en mi relación con otros, cuando me torno serio o apático. Sueño que no tengo problemas que contar porque cuando veo que las personas son felices a mi lado no tengo ganas de estropear el momento y esos problemas solamente desaparecen y se olvidan en un mar de recuerdos. Sueño con que mis amigos y mi familia se enorgullecen de tenerme en su vida. Que no soy una pesada carga para todos ellos. Que no tienen que aguantarme sino disfrutarme.
Jueves
Sueño con que los demás me hagan feliz. Con que la simpatía, la comprensión y el afecto que trato de ofrecer me venga de vuelta según la teoría del karma. Sueño con que mis ojos se iluminen porque exista una conexión perfecta entre mi mundo y el que los demás llevan dentro. Sueño que puedo ser yo, que puedo comportarme tal y como soy y que a todos gusta. Sueño que puedo decir exactamente lo que pienso y siento en cada momento y que nada malo va a pasar. Sueño que estoy a gusto. Que todos me dan permiso para estarlo y que nadie puede hacerme daño porque nadie puede penetrar en la profundidad de mi ser y quebrantar mis sueños.
Viernes
Sueño con que haya una persona que reconforte mi soledad. Sueño con que esa persona seas tú y no equivocarme como tantas veces antaño. Sueño que, de hecho, eres tú y que vienes y me sorprendes con un beso en los labios tan dulce que me conviertes en un cursi repentinamente y sin poder remediarlo. Que te envío un mensaje a las tantas de la madrugada cubata en mano y me contestas que me adoras. Que echas por tierra todas mis teorías acerca de los hombres, mis generalizaciones absurdas en un intento de parecer más fuerte de lo que en realidad soy. Sueño que te encuentro, que miro a la cara oculta de la luna invitado por las estrellas e imagino sin ningún tipo de temor al futuro mientras me abrazas desde atrás y me rozas la nuca con tu respiración. Sueño que, incluso cuando estoy soñando, sigues estando ahí y no me abandonas. Por muy extraños que te parezcan mis sueños o el brillo de mis ojos cuando navego deliciosamente a la deriva...
Sábado
Sueño que todo puede ser perfecto. Que puedo conseguir todo aquello que me proponga. Que se me escapa el derrotismo del que Pablito me habló una vez con toda la razón del mundo. Que me quiero tal y como soy. Que creo en mí mismo y en que mis posibilidades son infinitas. Que no necesito soñarte porque puedo tenerte. Que si te sueño es porque me apetece, no porque necesite un mero sucedáneo de la realidad. Que puedo cambiar el mundo, todo lo que no me gusta. Que puedo acabar con las injusticias, las desigualdades, las lágrimas de muchos y las desgracias de otros. Con mucho trabajo, pero sueño que lo hago y que construyo castillos en el aire. Los más auténticos e impresionantes que nunca nadie se haya atrevido a imaginar jamás.
Domingo
Sueño que no tengo miedo. Que no me desmorono. Que tengo las fuerzas suficientes para ser un soñador y comenzar otra semana alimentando las mismas esperanzas e ilusiones. Sueño que, aunque nunca ocurra nada positivo, éstas no me abandonarán. Que la melancolía y la tristeza no me absorberán. Nunca.
Sueño que puedo seguir soñando, que debo seguir soñando. Que aunque avance mojado viento en popa a toda vela, nunca me hundiré. Que aunque se empeñen en ponerme los pies en la tierra nunca dejaré de soñar. Porque forma parte de mí.
Porque aunque los sueños, sueños son, estos son los míos y tengo todo el derecho del mundo a saborear una bocanada de aire fresco cuando siento que me asfixio.
Inspirado por "Dreamer" de Karen Bernod y por las sonrisas de unos cuantos.
"Grandes o pequeños. No importa. Los sueños pueden hacerse realidad. Díselo a todos."
Móvil + Borrachera = Cataclismo Emocional
Resulta que, el otro día, mientras me peinaba el flequillo antes de irme de marcha (ya se sabe, que uno tiene que ponerse mono por aquello de si suena la flauta) me llegó un mensaje al móvil que me desconcentró por completo de mi ardua tarea. Y pensé yo... ¿y si fuera algún antiguo amor que me envía un mensaje en plan de "te echo de menos, no puedo vivir sin ti, los días se me hacen eternos ¿por qué te quedaste con mi CD preferido de las Destiny's Child?" Fue una suposición como cualquier otra, pero me dio qué pensar.
Porque, si no teníamos bastante con hacer el ridículo cuerpo a cuerpo, ahora tenemos también el recurso móvil. Resulta que cuando sales a tomar café o a pegarte cuatro bailes, si te encuentras con el ti@ que hace que los ojos se te vuelvan tienes la oportunidad de hacer el más completo de los ridículos en su presencia. Pero... ¿qué pasa si el susodicho no ha aparecido, no ha venido a la amena reunión y tú te has puesto hecho un pincel? Muy fácil. Porque desde hace algunos años unos desaprensivos inventaron los móviles y con ellos el sobrecito que te aparece en la pantalla junto a un pitido (o la canción de Shakira, según lo moderno que sea el móvil). O lo que es lo mismo: el eseemeese.
Puede parecer una completa idiotez, pero resulta que si llevas toda la noche esperando que el sujeto en cuestión por el que estás colado aparezca en escena y te has puesto a beber como un cosaco (algo de lo más normal), llega ese mágico momento de inconsciencia en el que no distingues entre lo real (el antro en el que estás metido en el que apenas te puedes mover y donde la de al lado que, por cierto, va vestida como una pilingui, no deja de darte codazos porque ve menos que un gato de escayola a esas alturas de la noche) y la ficción (que unos duendecillos de colores te dicen que le envíes un mensajito de texto a esa persona en la que llevas pensando toda la noche. Es más, te lo ordenan, que los duendes pueden llegar a tener mucha mala leche). Vale. Dado tu grado de alcoholismo, te parece la idea más cojonuda del mundo. Muy por encima de la de buscarte a un maromo buenorro y mandar al cuerno al otro en el que estás pensando ¿¿¿¿???? (no se sabe por qué, no hay explicación lógica).
Entonces sacas el móvil del bolsillo y empiezas a teclear como puedes sin apenas ver la pantalla (miento, no es que no veas la pantalla, es que ésta se mueve y además parece que, de repente, no tienes un móvil, sino cuatro). Cubata en mano, por supuesto, porque es un instante sumamente difícil y no te puedes separar de tu fiel amigo. No falla. Si estáis en cualquier discoteca y en mitad de la oscuridad divisáis a una persona tras de su móvil, con la mirada fija, cara de agilipollamiento mental absoluta y una copa en la mano... está mandando el mensaje de la vergüenza.
Es muy útil que la que te estaba dando codazos te dé uno más fuerte de lo normal, porque puede que te cabrees y salgas de tu semi inconsciencia y te mires a ti mismo pensando ¿Qué narices estoy haciendo?. Se aconseja no tirar el móvil al suelo en un acto reflejo (que cuestan muy caros, leñe). De todas formas, esto no suele pasar porque la que tiene todo el tipo de una chica de alterne suele aprovechar esos momentos para ir al servicio (puñeteras casualidades de la vida, oye. Qué maja, la jodía).
Terminas el mensaje. A duras penas buscas el nombre en la agenda y mientras le das al botón de enviar suena la musiquilla de psicosis y las décimas de segundo se ralentizan al tiempo que tu dedo se acerca a la tecla. Y lo envías. Y te quedas tan a gusto. Y bailas al ritmo de "A quién le importa lo que yo haga" y te olvidas de todo.
A la mañana siguiente (o a la tarde, más bien, porque la resaca no ha dejado que te despegues de la cama hasta bien pasadas las cuatro de la tarde), enciendes el móvil. Y descubres que en elementos enviados tienes cosas como esta:
- Dónde coñio te hs metidr. Mielda. Llevo toa lanoch emirando a la puerta del bar ste dmierda dnd me dijiste qestaríars... (momento enfado y rabia contenida. Lo descuartizarías y lo venderías a veinte céntimos el kilo en la puerta del bar). Las faltas de ortografía y la confusión de letras (no atinas a darle tres veces al 7, nadie sabe el motivo exacto) no hacen más que agravar el patetismo.
- Aggggggghhh. Te odio (mensaje claro y sencillo. Momento la ira me puede. Si te tuviera delante te estamparía en la cara el codo de la que me lleva dando por culo toda la noche y te lo restregaría hasta descuajeringárselo y hasta que tú fueras menos atractivo que la vecina del quinto, que sale todas las mañanas con los rulos a pasear el perro).
- Quien fuera cabra pa comerte to lo verde (momento si estuvieras aquí con el morreo que te daría te haría la limpieza bucal más completa de toda tu vida).
- Estárs tan weno qcuandro pienzo en ti se me levantan hasta los pelo del flequillo, y sin gomina. (momento patetismo absoluto. Si descubrís un mensaje así en vuestro móvil se acepta la opción tirarlo al suelo, por muy de última generación que sea, frotarse las mejillas hasta que estén moradas y llorar desconsoladamente como si estuvierais visualizando el final de Titanic).
- Hola. Jajajaja. Qué tal. Jajajaja. Yo? pufff Jajajaja. Enga, nos vemos. Ajajajajajá (momento absurdo total. ¿Qué narices pretendías decir entre carcajada y carcajada? ¿Que eres/estabas la mar de cachondo? ¿O que te habías transformado en el "saco de la risa"?).
Lo más lógico es que después de algo así no vuelvas a mirar a esa persona directamente a los ojos y te hagas el loco de lo lindo cuando la veas en el súper, mientras tocas tu móvil metido en el bolsillo con la punta de los dedos con cara de haber perdido la virginidad en un campo de heno la noche anterior. Porque, damas y caballeros, la excusa "es que me equivoqué de número, el mensajito no era para ti" NO cuela. Tampoco intentes enviarle un segundo mensaje dándole una explicación: no te molestes, probablemente ya se haya descojonado a tu costa y le haya reenviado el mensajito en cuestión a todos sus amigos, al charcutero, a la que vende los huevos de casa en casa y a la mitad de la población mundial. Te gastarás veinte céntimos para nada, porque por mucho que le envíes un mensajito triple dándole todo tipo de explicaciones (como que el mensaje no lo enviaste tú, sino tu amiga borracha que te birló el móvil en un momento de distracción cuando estabas bailando la conga) la tierra no te va absorber para no escupirte jamás. Y, esta última, es la única solución medianamente aceptable en uno de estos casos.
Tampoco llames para hablarlo, porque el sujeto implicado seguramente estará pelín cabreado porque la hora de envío del mensaje es las cuatro de la mañana y es más que probable que por mero azar del destino estuviera durmiendo porque al día siguiente tenía una importante entrevista de trabajo y lo despertaras (pues que hubiera apagado el teléfono, ¿no te fastidia?) Y te culpará por haber quedado como el culo en la entrevista por sus ojeras de órdago, ya que no pudo volver a conciliar el sueño gracias al descojone que le provocaste. Siempre puedes mirar esto como una virtud: haces reír a los demás. NO. Que se rían de ti no es una cualidad, nene...
No obstante, esto es fácilmente superable: borras el número de la agenda, lloras ante tu psiquiatra, lo superas y eliges otra víctima. Lo peor es que puede darse el caso de que el mensaje no haya sido enviado a la persona adecuada. Quiero decir, en ese mágico instante puede ser que en vez de enviarle el mensaje a Paquito se lo hayas enviado a tu amigo Pancracio, al cual le confesaste que eras gay hace cinco años y, además, le dijiste que estabas perdidamente enamorado de él desde que te pegó un balonazo en la cara durante vuestra tierna infancia (curiosa manera de pillarse por alguien, pero estas cosas pasan). O que se lo quisieras enviar a Antoñito y se lo mandaras a Anacleta, una prima hermana tuya que se te declaró hace cosa de año y medio y a la que le dijiste que lo vuestro no podía ser. La siguiente ocasión en la que te encuentres con Pancracio, estará abrazando tan fuerte a su novia que ésta tendrá los ojos más saltones de lo habitual. O puede que se te insinúe en los servicios de cualquier bar, lo cual no deja de resultar patético porque hace años que te estás preguntando "¿Cómo, por todos los dioses de la mitología griega, me podía gustar el Pancracio? ¡Si es horrible!". Y si te liases con él para superar algún trauma de tu infancia a ver cómo le explicas a tus amigos que te acabas de enrollar con el que fue tu mejor amigo, supuestamente hetero, mientras su novia se pedía un San Francisco en la barra. Y a ver cómo les explicas que a su madre le pareció una idea estupenda lo de llamarlo Pancracio. Mira, debió de ser en uno de esos mágicos momentos... supongo que lo decidió cubata en mano.
Para evitar este tipo de situaciones existen tres alternativas (para que no digáis que no miro por vuestra integridad mental - y física, porque también puede ser que os llevéis una hostia según el contenido del mensaje):
1. Apunta los teléfonos de los chicos que te gustan (si es que alguno te lo llega a dar ante tu fama de mensajitos extravagantes a las tantas de la madrugada) en una agenda de papel que dejarás en casa, pegada con superglue al escritorio o a la mesilla de noche.
2. Deja de beber. Ya sabes que todo esto no es más que producto del grado de alcoholismo con el que te anestesias. Pero eso sería dejar de ver a los duendecillos de colores y... ya que medio medio te habías ligado al duende morado (el más guapo de todos) pues tampoco es plan.
3. Como no vas a dejar de beber y vas a seguir apuntando los números en la agenda del móvil por pura pereza, deja el teléfono en casa cuando vayas a salir. No, no lo cojas con la excusa de que tu amiga Rigoberta puede llamarte porque te ha dicho que estará por ahí y que puede que te envíe un mensaje para que le digas donde estás y pasarse a verte. Vamos, por favor, esas cosas se dicen para quedar bien pero nunca se hacen y la Rigo no te cae ni bien desde que le comentaste que te gustaba el Pancracio y no paró hasta que se enrolló con él y terminó siendo su novia...
La cuarta alternativa es la del autocontrol, pero me pareció tan poco realista que decidí no incluírla.
Total, que cuando terminé de peinarme (dos horas más tarde) me acerqué al móvil y en el mensaje...
- "Vodafone informa que su saldo de puntos es de tropecientos millones tras la última recarga".
¿Por qué tú nunca recibes mensajes como los que acabamos de describir? ¿Por qué siempre los tienes en elementos enviados? ¿Eh? ¿Eh?
Interesados en recibir mensajes que suban su autoestima, dejen número aquí debajo.
Porque, si no teníamos bastante con hacer el ridículo cuerpo a cuerpo, ahora tenemos también el recurso móvil. Resulta que cuando sales a tomar café o a pegarte cuatro bailes, si te encuentras con el ti@ que hace que los ojos se te vuelvan tienes la oportunidad de hacer el más completo de los ridículos en su presencia. Pero... ¿qué pasa si el susodicho no ha aparecido, no ha venido a la amena reunión y tú te has puesto hecho un pincel? Muy fácil. Porque desde hace algunos años unos desaprensivos inventaron los móviles y con ellos el sobrecito que te aparece en la pantalla junto a un pitido (o la canción de Shakira, según lo moderno que sea el móvil). O lo que es lo mismo: el eseemeese.
Puede parecer una completa idiotez, pero resulta que si llevas toda la noche esperando que el sujeto en cuestión por el que estás colado aparezca en escena y te has puesto a beber como un cosaco (algo de lo más normal), llega ese mágico momento de inconsciencia en el que no distingues entre lo real (el antro en el que estás metido en el que apenas te puedes mover y donde la de al lado que, por cierto, va vestida como una pilingui, no deja de darte codazos porque ve menos que un gato de escayola a esas alturas de la noche) y la ficción (que unos duendecillos de colores te dicen que le envíes un mensajito de texto a esa persona en la que llevas pensando toda la noche. Es más, te lo ordenan, que los duendes pueden llegar a tener mucha mala leche). Vale. Dado tu grado de alcoholismo, te parece la idea más cojonuda del mundo. Muy por encima de la de buscarte a un maromo buenorro y mandar al cuerno al otro en el que estás pensando ¿¿¿¿???? (no se sabe por qué, no hay explicación lógica).
Entonces sacas el móvil del bolsillo y empiezas a teclear como puedes sin apenas ver la pantalla (miento, no es que no veas la pantalla, es que ésta se mueve y además parece que, de repente, no tienes un móvil, sino cuatro). Cubata en mano, por supuesto, porque es un instante sumamente difícil y no te puedes separar de tu fiel amigo. No falla. Si estáis en cualquier discoteca y en mitad de la oscuridad divisáis a una persona tras de su móvil, con la mirada fija, cara de agilipollamiento mental absoluta y una copa en la mano... está mandando el mensaje de la vergüenza.
Es muy útil que la que te estaba dando codazos te dé uno más fuerte de lo normal, porque puede que te cabrees y salgas de tu semi inconsciencia y te mires a ti mismo pensando ¿Qué narices estoy haciendo?. Se aconseja no tirar el móvil al suelo en un acto reflejo (que cuestan muy caros, leñe). De todas formas, esto no suele pasar porque la que tiene todo el tipo de una chica de alterne suele aprovechar esos momentos para ir al servicio (puñeteras casualidades de la vida, oye. Qué maja, la jodía).
Terminas el mensaje. A duras penas buscas el nombre en la agenda y mientras le das al botón de enviar suena la musiquilla de psicosis y las décimas de segundo se ralentizan al tiempo que tu dedo se acerca a la tecla. Y lo envías. Y te quedas tan a gusto. Y bailas al ritmo de "A quién le importa lo que yo haga" y te olvidas de todo.
A la mañana siguiente (o a la tarde, más bien, porque la resaca no ha dejado que te despegues de la cama hasta bien pasadas las cuatro de la tarde), enciendes el móvil. Y descubres que en elementos enviados tienes cosas como esta:
- Dónde coñio te hs metidr. Mielda. Llevo toa lanoch emirando a la puerta del bar ste dmierda dnd me dijiste qestaríars... (momento enfado y rabia contenida. Lo descuartizarías y lo venderías a veinte céntimos el kilo en la puerta del bar). Las faltas de ortografía y la confusión de letras (no atinas a darle tres veces al 7, nadie sabe el motivo exacto) no hacen más que agravar el patetismo.
- Aggggggghhh. Te odio (mensaje claro y sencillo. Momento la ira me puede. Si te tuviera delante te estamparía en la cara el codo de la que me lleva dando por culo toda la noche y te lo restregaría hasta descuajeringárselo y hasta que tú fueras menos atractivo que la vecina del quinto, que sale todas las mañanas con los rulos a pasear el perro).
- Quien fuera cabra pa comerte to lo verde (momento si estuvieras aquí con el morreo que te daría te haría la limpieza bucal más completa de toda tu vida).
- Estárs tan weno qcuandro pienzo en ti se me levantan hasta los pelo del flequillo, y sin gomina. (momento patetismo absoluto. Si descubrís un mensaje así en vuestro móvil se acepta la opción tirarlo al suelo, por muy de última generación que sea, frotarse las mejillas hasta que estén moradas y llorar desconsoladamente como si estuvierais visualizando el final de Titanic).
- Hola. Jajajaja. Qué tal. Jajajaja. Yo? pufff Jajajaja. Enga, nos vemos. Ajajajajajá (momento absurdo total. ¿Qué narices pretendías decir entre carcajada y carcajada? ¿Que eres/estabas la mar de cachondo? ¿O que te habías transformado en el "saco de la risa"?).
Lo más lógico es que después de algo así no vuelvas a mirar a esa persona directamente a los ojos y te hagas el loco de lo lindo cuando la veas en el súper, mientras tocas tu móvil metido en el bolsillo con la punta de los dedos con cara de haber perdido la virginidad en un campo de heno la noche anterior. Porque, damas y caballeros, la excusa "es que me equivoqué de número, el mensajito no era para ti" NO cuela. Tampoco intentes enviarle un segundo mensaje dándole una explicación: no te molestes, probablemente ya se haya descojonado a tu costa y le haya reenviado el mensajito en cuestión a todos sus amigos, al charcutero, a la que vende los huevos de casa en casa y a la mitad de la población mundial. Te gastarás veinte céntimos para nada, porque por mucho que le envíes un mensajito triple dándole todo tipo de explicaciones (como que el mensaje no lo enviaste tú, sino tu amiga borracha que te birló el móvil en un momento de distracción cuando estabas bailando la conga) la tierra no te va absorber para no escupirte jamás. Y, esta última, es la única solución medianamente aceptable en uno de estos casos.
Tampoco llames para hablarlo, porque el sujeto implicado seguramente estará pelín cabreado porque la hora de envío del mensaje es las cuatro de la mañana y es más que probable que por mero azar del destino estuviera durmiendo porque al día siguiente tenía una importante entrevista de trabajo y lo despertaras (pues que hubiera apagado el teléfono, ¿no te fastidia?) Y te culpará por haber quedado como el culo en la entrevista por sus ojeras de órdago, ya que no pudo volver a conciliar el sueño gracias al descojone que le provocaste. Siempre puedes mirar esto como una virtud: haces reír a los demás. NO. Que se rían de ti no es una cualidad, nene...
No obstante, esto es fácilmente superable: borras el número de la agenda, lloras ante tu psiquiatra, lo superas y eliges otra víctima. Lo peor es que puede darse el caso de que el mensaje no haya sido enviado a la persona adecuada. Quiero decir, en ese mágico instante puede ser que en vez de enviarle el mensaje a Paquito se lo hayas enviado a tu amigo Pancracio, al cual le confesaste que eras gay hace cinco años y, además, le dijiste que estabas perdidamente enamorado de él desde que te pegó un balonazo en la cara durante vuestra tierna infancia (curiosa manera de pillarse por alguien, pero estas cosas pasan). O que se lo quisieras enviar a Antoñito y se lo mandaras a Anacleta, una prima hermana tuya que se te declaró hace cosa de año y medio y a la que le dijiste que lo vuestro no podía ser. La siguiente ocasión en la que te encuentres con Pancracio, estará abrazando tan fuerte a su novia que ésta tendrá los ojos más saltones de lo habitual. O puede que se te insinúe en los servicios de cualquier bar, lo cual no deja de resultar patético porque hace años que te estás preguntando "¿Cómo, por todos los dioses de la mitología griega, me podía gustar el Pancracio? ¡Si es horrible!". Y si te liases con él para superar algún trauma de tu infancia a ver cómo le explicas a tus amigos que te acabas de enrollar con el que fue tu mejor amigo, supuestamente hetero, mientras su novia se pedía un San Francisco en la barra. Y a ver cómo les explicas que a su madre le pareció una idea estupenda lo de llamarlo Pancracio. Mira, debió de ser en uno de esos mágicos momentos... supongo que lo decidió cubata en mano.
Para evitar este tipo de situaciones existen tres alternativas (para que no digáis que no miro por vuestra integridad mental - y física, porque también puede ser que os llevéis una hostia según el contenido del mensaje):
1. Apunta los teléfonos de los chicos que te gustan (si es que alguno te lo llega a dar ante tu fama de mensajitos extravagantes a las tantas de la madrugada) en una agenda de papel que dejarás en casa, pegada con superglue al escritorio o a la mesilla de noche.
2. Deja de beber. Ya sabes que todo esto no es más que producto del grado de alcoholismo con el que te anestesias. Pero eso sería dejar de ver a los duendecillos de colores y... ya que medio medio te habías ligado al duende morado (el más guapo de todos) pues tampoco es plan.
3. Como no vas a dejar de beber y vas a seguir apuntando los números en la agenda del móvil por pura pereza, deja el teléfono en casa cuando vayas a salir. No, no lo cojas con la excusa de que tu amiga Rigoberta puede llamarte porque te ha dicho que estará por ahí y que puede que te envíe un mensaje para que le digas donde estás y pasarse a verte. Vamos, por favor, esas cosas se dicen para quedar bien pero nunca se hacen y la Rigo no te cae ni bien desde que le comentaste que te gustaba el Pancracio y no paró hasta que se enrolló con él y terminó siendo su novia...
La cuarta alternativa es la del autocontrol, pero me pareció tan poco realista que decidí no incluírla.
Total, que cuando terminé de peinarme (dos horas más tarde) me acerqué al móvil y en el mensaje...
- "Vodafone informa que su saldo de puntos es de tropecientos millones tras la última recarga".
¿Por qué tú nunca recibes mensajes como los que acabamos de describir? ¿Por qué siempre los tienes en elementos enviados? ¿Eh? ¿Eh?
Interesados en recibir mensajes que suban su autoestima, dejen número aquí debajo.
Tres Tristes Tigres... se lo Montaban en un Trigal
Bueno, niños, hoy vamos a hablar sobre un tema bastante interesante (salió mi vena supercoco de Barrio Sésamo). Tenía mis dudas sobre lo que escribir, pero ante la oferta de temas propuestos en los que se anunciaba envía un eseemeese con "Paper espacio y el tema sobre el que quieres que hable" tengo que anunciar que ha sido el tema de los tríos el ganador. Pero por poco, ha sido solo un mensaje de ventaja (los demás temas no han recibido ningún voto, ejem... sí, habéis leído bien, sólo ha votado una persona!!! Y por messenger, así que beneficios obtenidos con el weblog: 0. Con esto no me gano la vida, seguro).
El tema trío se me ha venido a la cabeza no porque esté como el palo de un churrero y el otro día viera en la playa a dos chulazos de escándalo tomando el sol. Que los vi, esto es cierto, pero de ahí a que me plantee la remota posibilidad de hacer un trío con ellos... va un trecho. Si ya me resultaría difícil (por no decir imposible y empezar a llorar ya desde este preciso instante) ligarme a uno de ellos, imagináos a los dos. Y, además, ¿eso como se hace? ¿Se acerca uno en bañador y con las gafas de sol, se sienta en medio de los dos y les dice...?
- ¡A las buenas tardes! ¿Cómo están mis niños? Estaba yo pensando que hay que ver el día tan bueno de playa que hace hoy... por cierto ¿os apetece que nos lo montemos los tres?
Fijo que los dos se miran, se hacen señas y uno de ellos se levanta, se acerca al chiringuito y me compra un cucurucho de chocolate mientras el otro me da una palmadita en el culete y me dice:
- Ea, y ahora pa casa ¿eh?
Después de esta trágica escena, como iba diciendo, se me ocurrió hablar sobre los tríos porque el otro día estaba en un bar bailando con mi amiga Mic y su novia y tuve que hacerme el machote. No, no os riáis, leñe, que de vez en cuando eso se me da muy bien (ya vale, que oígo las risas desde mi habitación). Resulta que mis dos amigas estaban tan tranquilas, dándose algún que otro besito y cariñito en la pista. Evidentemente, no hay que decir que aquello llamó la atención más de lo habitual. Sobre todo porque se trataba de un bar hetero (o para gente normal. En estos momentos se me viene a la memoria una ocasión en la que una supuesta relaciones públicas me dio una invitación para un bar que antes era gay con una genial frase: "Antes era para gays y eso, pero ahora lo hemos transformado en normal". Y, hago un pequeño inciso para preguntarme: ¿Cómo se transforma uno en normal? ¿Y cómo se transforma un bar en normal? ¿No será que hay mucho subnormal suelto? Detengo el inciso, que esto da para otro post).
Ante las muestras de afecto de dos mujeres en un bar no denominado de ambiente, unos cuantos tipos (popularmente denominados idiotas o tontos del culo, según la región) empezaron a darse codazos y a lanzar miraditas. Los muy patéticos creyeron por el efecto del alcohol, del humo y del aletargamiento de la única neurona sana que les quedaba en el cerebro que sus fantasías sexuales iban a hacerse realidad. Y el más feo de todos se decidió a acercarse peligrosamente por la banda derecha mientras ellas, enamoradas y ajenas a todo, continuaban coqueteando. Pero yo, que soy muy largo, no le quitaba ojo. Y cuando el feo estuvo a punto de arrimarse para refregar lo que pudiera, allí aparecí yo: Superpaper, enfundado en un traje rosa fabricado de mallas (y no era Madonna, era yo) y unos slip celestes por encima (vuelvo a repetir: no era Madonna, era yo). Me metí en medio y me puse a bailar con ellas, pegadito, mirando al feo con cara de:
- Imbécil, son lesbianas. ¿Qué parte de la palabra lesbiana no acabas de entender? Les gustan las mujeres. Y, si en algún momento de sus vidas deciden liarse con un tío no iba a ser precisamente contigo, que entre tu cara y mi culo hacemos una película de susto (qué ordinario, pero es que cuando me tocan las narices sacan lo peor - y lo mejor, por qué no decirlo- de mí).
Lo que a mí me daría tanta vergüenza hacer o pedir para muchos es lo más normal del mundo. Y no lo entiendo, ¿vivimos en el mismo mundo? Cuando estaba con mi ex bailando en cualquier discoteca o pub siempre se nos acercaba el chulito de turno para proponer:
- Hola. Sois pareja ¿verdad? Me preguntaba si... si no os molaría la idea de ampliar vuestros horizontes...
Ante lo de ampliar los horizontes esperas que saque una biblia judeocristiana o bien unas pastillitas de colores parecidas a los lacasitos (pero no son lacasitos, no os vayáis a confundir). Pero entonces, añade:
- Vamos, que si queréis que nos lo montemos los tres... en mi casa... tengo una cama de matrimonio estupenda que se siente muy sola...
Claro. Y si quieres ponemos unas cámaras ocultas, lo grabamos y luego vendemos la cinta a veinte euros la copia en el quiosco de la Puri. ¿No te fastidia?
Pones la cara más educada que te sale ante algo así, porque además el individuo se ha puesto a bailar y a intentar rozarse lo más que puede contigo (y con tu novio, lo cual es peor). Percibes que en lugar de dos manos tiene tientá-culos (perdón, quería decir tentáculos, que el subconsciente me traiciona). Le contestas que no estás interesado en la oferta, como si fuera un operador de Movistar que te quiere convencer para que te cambies de compañía. Entonces te mira como si acabaras de rechazar un Ferrari mientras se palpa los abdominales y los pectorales (quien sabe si no le has creado una crisis de autoestima y se va a casa a llorar) o como si te acabaras de escapar de una nave espacial que viajaba hacia Putón (el subconsciente me vuelve a traicionar, quise decir Saturno).
La indignación te enciende el rostro y te dispones a bailar con tu amorcito, y hasta mearle encima si es necesario, porque descubres que el de la proposión indecente lo mira mientras se aleja con cara de pena. Lo mejor de todo, el colmo de los colmos, es que tu amorcito, lejos de compartir tu indignación, te mira con cara de "Pobrecito, pues si tampoco era para tanto... y mira lo bueno que está... ¿Y si le damos una oportunidad? Podríamos...."
Antes de que al "podríamos" le continúen otras palabras te vas hacia la barra y te pides un whisky bien cargadito (el seven up se te olvida pedirlo, pero el camarero te lo pone porque te conoce, porque le gustas y porque, además, te va a invitar a la copa porque te ve con cara de bueno y de triste. Para que luego digan que tener cara de niño bueno no sirve para nada, jijiji). Tu novio se te acerca y te dice:
- ¿Y si hacemos un trío con el camarero?
- Mira, vamos a hacer una cosa: ¿ves aquella pared del fondo? Vas y te restriegas contra ella cien veces. Cuando tengas la cara y otras partes sobresalientes solladas vienes a buscarme aquí, a la barra. Probablemente ya no esté porque me habré ido con el camarero y estaremos visualizando un arco iris con osos amorosos incluídos, pero encontrarás la tarjeta de un psicólogo muy bueno que te ayudará con la cuarta parte de tus problemas mentales. Mira, la voy dejando junto al cubata, para que veas que no te miento...
La otra opción es que estés solo en la discoteca (me refiero sin tu pareja, con amig@s) y se te acerquen dos a conocerte. No te extrañes si, de repente, comienzas a oler a chamusquina. No se está quemando nada, salvo la bragueta de alguien... los dos sujetos en cuestión harán lo posible por rodearte, bailar contigo tratando de hacer un sandwich recién salido de la tostadora y pegarte la boca al cuello/oído/labios y otras partes imaginables del cuerpo humano. Te sonreirán mucho y hasta pondrán cara de querer ponerte una casa mata en Sitges. Aunque intentes escapar de donde te han metido, te lo pondrán difícil. Es útil que haya alguien que aparezca con un corcel blanco y la caballería a rescatarte. Pero si tus amigos están borrachos perdidos mirando al infinito y rogándole al DJ que pinche la última de Camilo Sesto... siempre te queda la opción: "¿Me invitas a una copa".
Tendrán tantas ganas de emborracharte para que caígas que dirán que sí, te llevarán a la barra y cuando vayan a pagar y estén pelín desprevenidos sales corriendo. Copa en mano, claro, que para eso te han hecho pasar un mal rato. Entonces te abrazas al mejor de tus amigos (también vale la alternativa "me abrazo al que esté más bueno") y le sueltas un besito. Puede que tu amigo te pegue, se quede mirándote diciéndote que eres el amor de su vida y se acaba de dar cuenta o que su novi@ venga y te insulte a grito pelao. De cualquier forma habrás cumplido con tu cometido y, eso son otros problemas menores de los que te preocuparás más adelante. Habrás escapado de las garras de los buitres, que estarán tan asombrados por los ojos de pasión de tu amigo, por sus puñetazos o por los insultos de su novio que elegirán a otra víctima en 0'2 (¿Qué te creías? ¿Que te habían elegido a ti por ser especial?) Y, entre amigos, siempre es más fácil solucionar los altercados (esto me lo acabo de inventar, pero ¿a que queda bien?).
Por supuesto, también cabe la posibilidad de que te mole y quieras hacerlo. Eso depende de cada uno, de la noche, de su estado de ánimo y de las ganas. ¡¡¡Pero no os olvidéis de que hay que cumplir con los dos!!! Hay que ponerle ganas, que te puede pasar que los otros dos te den de lado y te quedes allí, más aislado que los de Gran Hermano cuando acudían al confesionario a llorar sus penas. Aunque, aquí, no habrá Súper que escuche tus incoherencias. Sólo dos tí@s buen@s montándoselo sin ti y haciéndote ver que no te necesitan para nada. Y, ay de vosotros si uno de ellos es vuestro novio...
Por si os lo estábais preguntando: no, nunca he hecho un trío. Eso debe ser un lío. Imagináos: Uy, pero este brazo de quien es? Y esta pierna? Y esta.......? Ejem, creo que me habéis entendido... Y si uno se lía en un trío con las partes del cuerpo, pensad en cómo sería una orgía. Bueno, no lo penséis demasiado, que bastante calor hace ya y las noches de verano se hacen muuuuy largas, jijiji.
Besitos triples para todos.
El tema trío se me ha venido a la cabeza no porque esté como el palo de un churrero y el otro día viera en la playa a dos chulazos de escándalo tomando el sol. Que los vi, esto es cierto, pero de ahí a que me plantee la remota posibilidad de hacer un trío con ellos... va un trecho. Si ya me resultaría difícil (por no decir imposible y empezar a llorar ya desde este preciso instante) ligarme a uno de ellos, imagináos a los dos. Y, además, ¿eso como se hace? ¿Se acerca uno en bañador y con las gafas de sol, se sienta en medio de los dos y les dice...?
- ¡A las buenas tardes! ¿Cómo están mis niños? Estaba yo pensando que hay que ver el día tan bueno de playa que hace hoy... por cierto ¿os apetece que nos lo montemos los tres?
Fijo que los dos se miran, se hacen señas y uno de ellos se levanta, se acerca al chiringuito y me compra un cucurucho de chocolate mientras el otro me da una palmadita en el culete y me dice:
- Ea, y ahora pa casa ¿eh?
Después de esta trágica escena, como iba diciendo, se me ocurrió hablar sobre los tríos porque el otro día estaba en un bar bailando con mi amiga Mic y su novia y tuve que hacerme el machote. No, no os riáis, leñe, que de vez en cuando eso se me da muy bien (ya vale, que oígo las risas desde mi habitación). Resulta que mis dos amigas estaban tan tranquilas, dándose algún que otro besito y cariñito en la pista. Evidentemente, no hay que decir que aquello llamó la atención más de lo habitual. Sobre todo porque se trataba de un bar hetero (o para gente normal. En estos momentos se me viene a la memoria una ocasión en la que una supuesta relaciones públicas me dio una invitación para un bar que antes era gay con una genial frase: "Antes era para gays y eso, pero ahora lo hemos transformado en normal". Y, hago un pequeño inciso para preguntarme: ¿Cómo se transforma uno en normal? ¿Y cómo se transforma un bar en normal? ¿No será que hay mucho subnormal suelto? Detengo el inciso, que esto da para otro post).
Ante las muestras de afecto de dos mujeres en un bar no denominado de ambiente, unos cuantos tipos (popularmente denominados idiotas o tontos del culo, según la región) empezaron a darse codazos y a lanzar miraditas. Los muy patéticos creyeron por el efecto del alcohol, del humo y del aletargamiento de la única neurona sana que les quedaba en el cerebro que sus fantasías sexuales iban a hacerse realidad. Y el más feo de todos se decidió a acercarse peligrosamente por la banda derecha mientras ellas, enamoradas y ajenas a todo, continuaban coqueteando. Pero yo, que soy muy largo, no le quitaba ojo. Y cuando el feo estuvo a punto de arrimarse para refregar lo que pudiera, allí aparecí yo: Superpaper, enfundado en un traje rosa fabricado de mallas (y no era Madonna, era yo) y unos slip celestes por encima (vuelvo a repetir: no era Madonna, era yo). Me metí en medio y me puse a bailar con ellas, pegadito, mirando al feo con cara de:
- Imbécil, son lesbianas. ¿Qué parte de la palabra lesbiana no acabas de entender? Les gustan las mujeres. Y, si en algún momento de sus vidas deciden liarse con un tío no iba a ser precisamente contigo, que entre tu cara y mi culo hacemos una película de susto (qué ordinario, pero es que cuando me tocan las narices sacan lo peor - y lo mejor, por qué no decirlo- de mí).
Lo que a mí me daría tanta vergüenza hacer o pedir para muchos es lo más normal del mundo. Y no lo entiendo, ¿vivimos en el mismo mundo? Cuando estaba con mi ex bailando en cualquier discoteca o pub siempre se nos acercaba el chulito de turno para proponer:
- Hola. Sois pareja ¿verdad? Me preguntaba si... si no os molaría la idea de ampliar vuestros horizontes...
Ante lo de ampliar los horizontes esperas que saque una biblia judeocristiana o bien unas pastillitas de colores parecidas a los lacasitos (pero no son lacasitos, no os vayáis a confundir). Pero entonces, añade:
- Vamos, que si queréis que nos lo montemos los tres... en mi casa... tengo una cama de matrimonio estupenda que se siente muy sola...
Claro. Y si quieres ponemos unas cámaras ocultas, lo grabamos y luego vendemos la cinta a veinte euros la copia en el quiosco de la Puri. ¿No te fastidia?
Pones la cara más educada que te sale ante algo así, porque además el individuo se ha puesto a bailar y a intentar rozarse lo más que puede contigo (y con tu novio, lo cual es peor). Percibes que en lugar de dos manos tiene tientá-culos (perdón, quería decir tentáculos, que el subconsciente me traiciona). Le contestas que no estás interesado en la oferta, como si fuera un operador de Movistar que te quiere convencer para que te cambies de compañía. Entonces te mira como si acabaras de rechazar un Ferrari mientras se palpa los abdominales y los pectorales (quien sabe si no le has creado una crisis de autoestima y se va a casa a llorar) o como si te acabaras de escapar de una nave espacial que viajaba hacia Putón (el subconsciente me vuelve a traicionar, quise decir Saturno).
La indignación te enciende el rostro y te dispones a bailar con tu amorcito, y hasta mearle encima si es necesario, porque descubres que el de la proposión indecente lo mira mientras se aleja con cara de pena. Lo mejor de todo, el colmo de los colmos, es que tu amorcito, lejos de compartir tu indignación, te mira con cara de "Pobrecito, pues si tampoco era para tanto... y mira lo bueno que está... ¿Y si le damos una oportunidad? Podríamos...."
Antes de que al "podríamos" le continúen otras palabras te vas hacia la barra y te pides un whisky bien cargadito (el seven up se te olvida pedirlo, pero el camarero te lo pone porque te conoce, porque le gustas y porque, además, te va a invitar a la copa porque te ve con cara de bueno y de triste. Para que luego digan que tener cara de niño bueno no sirve para nada, jijiji). Tu novio se te acerca y te dice:
- ¿Y si hacemos un trío con el camarero?
- Mira, vamos a hacer una cosa: ¿ves aquella pared del fondo? Vas y te restriegas contra ella cien veces. Cuando tengas la cara y otras partes sobresalientes solladas vienes a buscarme aquí, a la barra. Probablemente ya no esté porque me habré ido con el camarero y estaremos visualizando un arco iris con osos amorosos incluídos, pero encontrarás la tarjeta de un psicólogo muy bueno que te ayudará con la cuarta parte de tus problemas mentales. Mira, la voy dejando junto al cubata, para que veas que no te miento...
La otra opción es que estés solo en la discoteca (me refiero sin tu pareja, con amig@s) y se te acerquen dos a conocerte. No te extrañes si, de repente, comienzas a oler a chamusquina. No se está quemando nada, salvo la bragueta de alguien... los dos sujetos en cuestión harán lo posible por rodearte, bailar contigo tratando de hacer un sandwich recién salido de la tostadora y pegarte la boca al cuello/oído/labios y otras partes imaginables del cuerpo humano. Te sonreirán mucho y hasta pondrán cara de querer ponerte una casa mata en Sitges. Aunque intentes escapar de donde te han metido, te lo pondrán difícil. Es útil que haya alguien que aparezca con un corcel blanco y la caballería a rescatarte. Pero si tus amigos están borrachos perdidos mirando al infinito y rogándole al DJ que pinche la última de Camilo Sesto... siempre te queda la opción: "¿Me invitas a una copa".
Tendrán tantas ganas de emborracharte para que caígas que dirán que sí, te llevarán a la barra y cuando vayan a pagar y estén pelín desprevenidos sales corriendo. Copa en mano, claro, que para eso te han hecho pasar un mal rato. Entonces te abrazas al mejor de tus amigos (también vale la alternativa "me abrazo al que esté más bueno") y le sueltas un besito. Puede que tu amigo te pegue, se quede mirándote diciéndote que eres el amor de su vida y se acaba de dar cuenta o que su novi@ venga y te insulte a grito pelao. De cualquier forma habrás cumplido con tu cometido y, eso son otros problemas menores de los que te preocuparás más adelante. Habrás escapado de las garras de los buitres, que estarán tan asombrados por los ojos de pasión de tu amigo, por sus puñetazos o por los insultos de su novio que elegirán a otra víctima en 0'2 (¿Qué te creías? ¿Que te habían elegido a ti por ser especial?) Y, entre amigos, siempre es más fácil solucionar los altercados (esto me lo acabo de inventar, pero ¿a que queda bien?).
Por supuesto, también cabe la posibilidad de que te mole y quieras hacerlo. Eso depende de cada uno, de la noche, de su estado de ánimo y de las ganas. ¡¡¡Pero no os olvidéis de que hay que cumplir con los dos!!! Hay que ponerle ganas, que te puede pasar que los otros dos te den de lado y te quedes allí, más aislado que los de Gran Hermano cuando acudían al confesionario a llorar sus penas. Aunque, aquí, no habrá Súper que escuche tus incoherencias. Sólo dos tí@s buen@s montándoselo sin ti y haciéndote ver que no te necesitan para nada. Y, ay de vosotros si uno de ellos es vuestro novio...
Por si os lo estábais preguntando: no, nunca he hecho un trío. Eso debe ser un lío. Imagináos: Uy, pero este brazo de quien es? Y esta pierna? Y esta.......? Ejem, creo que me habéis entendido... Y si uno se lía en un trío con las partes del cuerpo, pensad en cómo sería una orgía. Bueno, no lo penséis demasiado, que bastante calor hace ya y las noches de verano se hacen muuuuy largas, jijiji.
Besitos triples para todos.
Hoy quiero confesar que estoy emblogado
Esta semana estoy de liberado. No, no voy andando semidesnudo por la calle quemando sujetadores (por diosa, si lo hiciera los fans no me dejarían en paz y ya se sabe, que uno tiene que preservar su integridad física). Con lo de liberado quiero decir que me está dando un poco igual todo y que, al final, estoy diciendo a algunos de mis amigos más íntimos que tengo un blog. Sí por mucho que me lo proponga, digo las cosas tal y como son y las siento. Virtud o defecto por el que nos sentimos orgullosos en ocasiones y por el que lloramos en otras.
La razón: estoy pillado por la blogsfera. Sí, damas y caballeros, me habéis enganchado. No dejo de leer vuestros blogs y de escribir en el mío. Y creo que ha llegado un punto en el que tengo una vida bloguera bastante importante, por lo que aquello de tener dos mundos completamente separados me ha llegado a parecer incluso peligroso.
Así que, el otro día, sin más dilación le dije a mi amiga Mic que tenía un blog. Algunos ya conocéis a Mic por anteriores posts: ella es la que estaba presente cuando me pasó lo del beso, que tan traumatizado me ha dejado (por cierto, si os preguntáis si he vuelto a probar para desmentir mi teoría... no, no lo he hecho, sigo yendo de mariquita resentida con el mundo y con los hombres). Ella es la que se empeña en presentarme hombres, la que me saca de casa, la que impide que tenga una vida de ermitaño total, la que me saca de quicio también... (ains, esto no lo debería haber puesto, ¡que me va a leer! jijijiji)
La cosa no pudo ser más traumática. Parecía que iba a salir del armario por segunda vez. Fue la sensación de que tenía algo que contar que llevaba ocultando desde hacía tiempo.
YO: - Mic, ¿sabes una cosa? (con voz melosa y cara de no haber roto un plato en toda mi vida).
MIC: - El queeee... (con cara de "a ver que me va a contar el colega", que me conoce muy bien y sabe perfectamente que cuando me pongo tonto es por algo... y ese algo no suele ser muy bueno)
YO: - Pues es que... verás... es difícil de decir... esto... yo... tengo un blog (la última frase la digo más bajito y mirando al suelo, como si le acabara de hacer la confesión más grande del mundo).
MIC: - ¿Quéééé? ¿Cómo? ¿Que tu qué...? (su expresión era como de "Ay que disgusto, ay. Un blog, esto no puede ser verdad. Que el niño nos ha salido bloguero... eso se tiene que curar o algo. Mañana mismo al psicólogo infantil").
YO: - Pues eso, que tengo un blog en Internet y que estoy conociendo mucha gente...
MIC: - Pero ¿qué dices? ¿Desde cuándo? (por dios, ¿cuándo te diste cuenta de que eras un ser depravado y que necesitabas navegar por la blogsfera entre tanta gentuza?)
YO: - Pues desde hace tres meses... es que... he estado muchas veces por decírtelo, pero... (tenía miedo de tu reacción, de que no me aceptaras, de que miraras diferente...).
Y Mic me estuvo reprochando con la mirada durante el resto del día que no se lo hubiera contado antes. Justo lo que hicieron la mitad de mis amigos cuando les dije que me gustaban los hombres. Es como "oye, ¿es que no confías en mí? ¿Por qué narices no me dijiste que eras maricón antes? Yo creía que éramos amigos..." Cómo si todo fuera tan fácil o se tratara de simple confianza en los demás.
MIC: - Hombre, yo había notado algo raro.
Anda coño, pues si es que es lo mismo. Jijiji, y me pregunto yo ¿por qué de repente cuándo dices que eres gay casi todos te dicen que ya lo sabían, que lo sospechaban, que veían cosas que le llamaban la atención...? Leñe, pues si tan claro estaba, habérmelo puesto un poco más fácil. Hay que joderse, y uno buscando el momento más oportuno para soltarlo.
MIC: - ¿Y... has hablado de mí en tu blog?
YO: - Esto... hay que ver el nublado que hace hoy ¿eh? Va a hacer un calor plastoso de narices. ¡Oye! ¿Has visto el lunar que tengo en el dedo índice?
Mic se pasó media mañana buscándose en mis posts para ver si la había puteado. Y ahora entra la frase aquella de "¿Tan poca confianza tienes en mí?" :p Como todo en esta vida, la tortilla se da la vuelta (lo de la tortilla no va con doble sentido, Mic, que nos conocemos...).
Después del primer día en el que seguía mirándome como si hubiera robado un banco, violado a un perro y vendido a mi madre por un móvil de última generación y con eseemeeses multimedia, todo ha sido exactamente igual. Salvo por comentarios tales como...
YO: - Venga, va, pues si me vas a leer déjame un post.
MIC: - No sé, quizás dentro de tres meses te deje uno. (Con cara de vengativa total. Casi que te la imaginas vestida con una armadura y una espada y los ojos llenos de ira mientras recita aquello de "Tú mancillaste el honor de mi hámster. Y ahora, lo vas a pagar con tu propia vida".
Se ha reído de mí por lo de la confesión de Mimosín (ahora me llama Mimosín a todas horas delante de todo el mundo mientras se descojona, la muy put... ejem, la muy simpática). Ha dicho que para que se quede tranquila, el día en que conozca a alguien que merezca la pena me tengo que ir al lugar donde se hacen los botellones y ponerme en medio de todo el mundo a hacer el pino con un bollicao en la boca cantando el "Tú te has burlado de mí" de Camela doscientas veces. Que le da lo mismo, que lo prometí en el blog y que ella me lo va a hacer cumplir. (Nunca he deseado tanto no conocer a alguien que merezca la pena).
Y, entonces, te planteas si no hubiera sido mejor quedarse calladito (que uno está más guapo, que cuando habla siempre acaba metiendo la pata y arrepintiéndose después).
Con mi amiga SanPu fue más fácil. Estábamos tan borrachos que ni siquiera le dio importancia (será la típica reacción de efecto tardío, dentro de dos días me llamará superseria llorando esperando que le desmienta que pertenezco a este mundillo). Aunque ahora que miro, veo que ya ha dejado un comentario. Muy bien, nena, has hecho tus deberes.
De todas formas, a lo hecho pecho y no pienso contarlo a nadie más porque espero seguir preservando mi intimidad y todas esas cosas que tan cool quedan (por un momento me siento como si las cámaras del tomate me estuvieran esperando en el portal para hacerme veinte preguntas absurdas mientras yo miro hacia delante con unas gafas de sol que me tapan media cara y mi sobrina de tres años escupe y mete patadas en las espinillas a los cámaras).
No, hablando en serio, me alegro de habérselo contado. Sobre todo porque ahora se meten en mi blog y dicen cosas tan fantásticas y estupendas sobre mí... vamos, que me hacen campaña para que veáis lo maravilloso que soy. He desatado un monstruo: si ya lo hacen en la vida real... ahora también lo harán por el blog. No os sorprendáis si mañana os encontráis comentarios en vuestros blogs de dos completas desconocidas que solo saben hablar de puta madre de Paper... no os dejéis embaucar (que éstas dos son unas buenas liantas, de verdad, que hay que verlas andando por el centro a las cinco de la mañana cuando volvemos de fiesta. ¿Dar la nota? Se queda corto), que luego os arrepentiréis (muhahahaaaaa... risa malévola).
Y, además, dos de mis hermanos se están enganchando. La cosa promete. Espero que no se corra la voz. Ciento y la madre aquí leyendo mis intimidades... hummmm, miedo. ¡¡Que luego aprovechan cualquier cosa para hacerme chantajes!!
En fin, solo puedo añadir que supongo que si lo he contado es porque considero que esta parte de mí merece la pena. (Autoestima: 10. Muy bien, Paper, buen chico -palmadita en la cabeza mientras abro la boca y saco la lengua. No, no meneo el rabo, que sois lo peor de mal pensados).
Y vosotros, que me leéis y que os leo, espero que me sigáis enganchando tanto o más.
La razón: estoy pillado por la blogsfera. Sí, damas y caballeros, me habéis enganchado. No dejo de leer vuestros blogs y de escribir en el mío. Y creo que ha llegado un punto en el que tengo una vida bloguera bastante importante, por lo que aquello de tener dos mundos completamente separados me ha llegado a parecer incluso peligroso.
Así que, el otro día, sin más dilación le dije a mi amiga Mic que tenía un blog. Algunos ya conocéis a Mic por anteriores posts: ella es la que estaba presente cuando me pasó lo del beso, que tan traumatizado me ha dejado (por cierto, si os preguntáis si he vuelto a probar para desmentir mi teoría... no, no lo he hecho, sigo yendo de mariquita resentida con el mundo y con los hombres). Ella es la que se empeña en presentarme hombres, la que me saca de casa, la que impide que tenga una vida de ermitaño total, la que me saca de quicio también... (ains, esto no lo debería haber puesto, ¡que me va a leer! jijijiji)
La cosa no pudo ser más traumática. Parecía que iba a salir del armario por segunda vez. Fue la sensación de que tenía algo que contar que llevaba ocultando desde hacía tiempo.
YO: - Mic, ¿sabes una cosa? (con voz melosa y cara de no haber roto un plato en toda mi vida).
MIC: - El queeee... (con cara de "a ver que me va a contar el colega", que me conoce muy bien y sabe perfectamente que cuando me pongo tonto es por algo... y ese algo no suele ser muy bueno)
YO: - Pues es que... verás... es difícil de decir... esto... yo... tengo un blog (la última frase la digo más bajito y mirando al suelo, como si le acabara de hacer la confesión más grande del mundo).
MIC: - ¿Quéééé? ¿Cómo? ¿Que tu qué...? (su expresión era como de "Ay que disgusto, ay. Un blog, esto no puede ser verdad. Que el niño nos ha salido bloguero... eso se tiene que curar o algo. Mañana mismo al psicólogo infantil").
YO: - Pues eso, que tengo un blog en Internet y que estoy conociendo mucha gente...
MIC: - Pero ¿qué dices? ¿Desde cuándo? (por dios, ¿cuándo te diste cuenta de que eras un ser depravado y que necesitabas navegar por la blogsfera entre tanta gentuza?)
YO: - Pues desde hace tres meses... es que... he estado muchas veces por decírtelo, pero... (tenía miedo de tu reacción, de que no me aceptaras, de que miraras diferente...).
Y Mic me estuvo reprochando con la mirada durante el resto del día que no se lo hubiera contado antes. Justo lo que hicieron la mitad de mis amigos cuando les dije que me gustaban los hombres. Es como "oye, ¿es que no confías en mí? ¿Por qué narices no me dijiste que eras maricón antes? Yo creía que éramos amigos..." Cómo si todo fuera tan fácil o se tratara de simple confianza en los demás.
MIC: - Hombre, yo había notado algo raro.
Anda coño, pues si es que es lo mismo. Jijiji, y me pregunto yo ¿por qué de repente cuándo dices que eres gay casi todos te dicen que ya lo sabían, que lo sospechaban, que veían cosas que le llamaban la atención...? Leñe, pues si tan claro estaba, habérmelo puesto un poco más fácil. Hay que joderse, y uno buscando el momento más oportuno para soltarlo.
MIC: - ¿Y... has hablado de mí en tu blog?
YO: - Esto... hay que ver el nublado que hace hoy ¿eh? Va a hacer un calor plastoso de narices. ¡Oye! ¿Has visto el lunar que tengo en el dedo índice?
Mic se pasó media mañana buscándose en mis posts para ver si la había puteado. Y ahora entra la frase aquella de "¿Tan poca confianza tienes en mí?" :p Como todo en esta vida, la tortilla se da la vuelta (lo de la tortilla no va con doble sentido, Mic, que nos conocemos...).
Después del primer día en el que seguía mirándome como si hubiera robado un banco, violado a un perro y vendido a mi madre por un móvil de última generación y con eseemeeses multimedia, todo ha sido exactamente igual. Salvo por comentarios tales como...
YO: - Venga, va, pues si me vas a leer déjame un post.
MIC: - No sé, quizás dentro de tres meses te deje uno. (Con cara de vengativa total. Casi que te la imaginas vestida con una armadura y una espada y los ojos llenos de ira mientras recita aquello de "Tú mancillaste el honor de mi hámster. Y ahora, lo vas a pagar con tu propia vida".
Se ha reído de mí por lo de la confesión de Mimosín (ahora me llama Mimosín a todas horas delante de todo el mundo mientras se descojona, la muy put... ejem, la muy simpática). Ha dicho que para que se quede tranquila, el día en que conozca a alguien que merezca la pena me tengo que ir al lugar donde se hacen los botellones y ponerme en medio de todo el mundo a hacer el pino con un bollicao en la boca cantando el "Tú te has burlado de mí" de Camela doscientas veces. Que le da lo mismo, que lo prometí en el blog y que ella me lo va a hacer cumplir. (Nunca he deseado tanto no conocer a alguien que merezca la pena).
Y, entonces, te planteas si no hubiera sido mejor quedarse calladito (que uno está más guapo, que cuando habla siempre acaba metiendo la pata y arrepintiéndose después).
Con mi amiga SanPu fue más fácil. Estábamos tan borrachos que ni siquiera le dio importancia (será la típica reacción de efecto tardío, dentro de dos días me llamará superseria llorando esperando que le desmienta que pertenezco a este mundillo). Aunque ahora que miro, veo que ya ha dejado un comentario. Muy bien, nena, has hecho tus deberes.
De todas formas, a lo hecho pecho y no pienso contarlo a nadie más porque espero seguir preservando mi intimidad y todas esas cosas que tan cool quedan (por un momento me siento como si las cámaras del tomate me estuvieran esperando en el portal para hacerme veinte preguntas absurdas mientras yo miro hacia delante con unas gafas de sol que me tapan media cara y mi sobrina de tres años escupe y mete patadas en las espinillas a los cámaras).
No, hablando en serio, me alegro de habérselo contado. Sobre todo porque ahora se meten en mi blog y dicen cosas tan fantásticas y estupendas sobre mí... vamos, que me hacen campaña para que veáis lo maravilloso que soy. He desatado un monstruo: si ya lo hacen en la vida real... ahora también lo harán por el blog. No os sorprendáis si mañana os encontráis comentarios en vuestros blogs de dos completas desconocidas que solo saben hablar de puta madre de Paper... no os dejéis embaucar (que éstas dos son unas buenas liantas, de verdad, que hay que verlas andando por el centro a las cinco de la mañana cuando volvemos de fiesta. ¿Dar la nota? Se queda corto), que luego os arrepentiréis (muhahahaaaaa... risa malévola).
Y, además, dos de mis hermanos se están enganchando. La cosa promete. Espero que no se corra la voz. Ciento y la madre aquí leyendo mis intimidades... hummmm, miedo. ¡¡Que luego aprovechan cualquier cosa para hacerme chantajes!!
En fin, solo puedo añadir que supongo que si lo he contado es porque considero que esta parte de mí merece la pena. (Autoestima: 10. Muy bien, Paper, buen chico -palmadita en la cabeza mientras abro la boca y saco la lengua. No, no meneo el rabo, que sois lo peor de mal pensados).
Y vosotros, que me leéis y que os leo, espero que me sigáis enganchando tanto o más.
Negar el Afecto Atrae
El mes de Agosto promete. No he pasado más calor en todos los días de mi vida. Estoy asfixiado (y no porque los fans me asedien) y, en cuanto he llegado a casa, me he encerrado en mi habitación enfrente del ventilador. ¿Una buena forma de superar el calor y el trauma de que cuando se te pegue la camisa no se te marquen unos abdominales como a la mitad de los tíos con los que te cruzas? Ver una serie de esas que tienes bajadas del Emule, ya que es imposible seguirla por televisión por culpa de tus fantásticos horarios. Hoy ha tocado Tan Muertos Como Yo.
Resulta que, no sé si será porque el calor ha acabado con la mitad de mis neuronas o porque estoy en momentos de pensar demasiado, que he experimentado una especie de catarsis reflexiva (el caso es que uno tiene neuronas, y eso ya es mucho decir, que me hace sentir por encima de la media). El capítulo giraba en torno a negar el afecto. O, dicho de otra forma, ser un puto borde de mierda.
Ya sabéis que digo muchas veces que soy un borde, que me he convertido en alguien cínico y sarcástico a través de los años y todas esas cosas. Bien. Pues me he dado cuenta de que no es así. Porque si yo fuera como me empeño en creer, mi vida sería completamente diferente. Porque ser un borde sin escrúpulos tiene unos efectos que yo no vivo en absoluto. La rubia de la serie proclama que en los tiempos en los que vivimos los bordes se llevan a todo el mundo de calle. Que negar el afecto proporciona una relación de poder sobre la/s otra/s personas de modo que éstas, a pesar de que se encuentran ante un imbécil, se sienten irremediablemente atraídas por él. Cuanto menos le dan más se aferran a esa persona.
Me preguntaba yo post atrás qué hacía a los chulos mierda tan atractivos... y yo pensando que era la pose, el coche, la ropa... y no, cariños, lo que hace que se encuentren rodeados de lapas todo el día no es otra cosa que su actitud: negar a toda costa cualquier sentimiento bueno hacia los demás. E inventarse todos los malos posibles para que esas buenas personas caígan rendidas a sus pies.
¿Nos hemos vuelto locos ya?
Porque digo yo que estamos casi a punto. ¿En qué clase de mundo vivimos? ¿Aquellos que menos nos dan y más lejanos parecen más nos atraen? ¿Cuánto más pasan de nosotros más insistimos? ¿Aquellos que menos lo merecen más reconocimiento obtienen?
¡¡¡¡¡¿Nos hemos vuelto locos ya?!!!!!
La prota de la serie dice, en voz en off (que siempre queda de lo más profundo), algo así como: en un mundo justo la gente amable sería apreciada y la gente mala sería rechazada. En un mundo justo, comportarte como un auténtico cretino te haría de lo más impopular. Pero este mundo no es justo, y los cretinos tienen seguidores, discípulos y ayudantes. Son tratados como los reyes del mambo.
Aaaaaaaaaamén (a santigüarse todo dios ante la gran verdad absoluta. Y eso que uno se pone las series para evadirse de su vida cotidiana, descansar y entretenerse. Y mirad como acaba. Nada, mañana me veo uno de Ana y Los Siete, que así no se puede y la Ana Obregón, otra cosa no, pero absurda es un rato).
Esto, bien mirado, no hace más que explicar el 99% de las relaciones de pareja existentes en la realidad. Y dar respuesta a preguntas como:
- ¿Por qué Pepito sigue con Antoñito cuando éste lo trata como una mierda, lo humilla, le pone los cuernos, le canta canciones de Pimpinela a la hora de la siesta y le da bocata de morcilla todos los días para cenar?
- ¿Por qué Paperb... que digaaa... Menganito estaba con un gilipollas que se creía superior y cuya única preocupación en la vida era mirarse al espejo y hablar consigo mismo de lo guapísimo que era y lo por encima que estaba del resto de los mortales?
- ¿Por qué narices Paquito se pasa toda la noche en vela esperando a que Putón Verbenero vuelva a casa cuando sabe perfectamente que se la está pegando con su mejor amigo, con el butanero, con el vecino del segundo, con el bibliotecario y hasta con el viejo verde que se sienta todas las mañanas en el bar de la esquina a ver como marcan paquete los vaqueros de la nueva temporada otoño-primavera del Corte Inglés?
- ¿Nos hemos vuelto locos ya? Uy, no, para ésta aún no he encontrado respuesta. Próximamente en el Paperblog.. no se lo pierdan.
Aceptémoslo. Ser borde y malo es lo mejor que te puede pasar en la vida. Es guay. Los niños buenos y con cara de ser más buenos todavía (servidor, presente, aquí estoy, me refiero a mí, quiero decir que soy yo...) no consiguen lo que quieren y, mucho menos, a quien quieren. Los nenes buenos no alcanzan el éxito, sino que, por regla general quedan en la última posición de la carrera. Por decirlo de otro modo, sería más fácil que Ana Botella participara en una película de Almodóvar a que un niño bueno tuviera una cola de tíos en condiciones que lo adoraran, que es exactamente lo que debería pasar. Si este mundo fuera justo, claro (aunque si este mundo fuera justo la Esteban no estaría ganando lo que gana por aparecer cada dos por tres en la parrilla con cara de haberse metido un chute).
Los chicos malos siempre han tenido éxito: en el colegio eran los que más amigos tenían. En el instituto eran los capitanes del equipo de rugby o las jefas de animadoras. Y ahora siguen siendo los que cuando salen a pasear el perro en chándal y con una bolsa de Zara debajo de cada ojo ligan más que yo en todos los días de mi vida. Pero solo por eso, porque niegan el afecto. Son un atajo de gilipollas que miran por encima del hombro a los demás y que te escupen como oses preguntarles qué hora es (y no lo haces para ligar con ellos sino porque a las nueve y media empieza "La Banda del Sur" y no te lo quieres superperder).
Está claro, mi problema es que no soy lo suficiente borde, que digo las cosas cuando las siento pero siempre pensando en los demás y demostrando que hay otros que me importan aparte de mí y que soy dulce, tierno y maravilloso (y esto no lo digo yo, lo dice el estudio avalado por la Universidad de Orsford que tengo en mis manos, hecho a través de las opiniones de todos los hombres que me han rechazado y los taitantos post sobre mi blog que hay en la actualización anterior que tanto me enrojecieron). Porque, en el fondo, todos prefieren a uno que les de caña y al final los buenos acaban en el cajón de los idilios nunca vividos acompañados de frases tan estupendas como las que siguen:
- Eres muy majo, pero no eres mi tipo. (Quieren decir que prefieren a alguien no tan majo, o majo en otros sentidos, y que les haga sufrir)
- Ojalá pudiera sentir algo por ti, porque eres el mejor tío que he conocido. (Quieren decir que no se sienten dignos de estar con alguien tan estupendo y que consideran más acorde con ellos, con su personalidad y con lo que esperan de la vida a un ser pelín más despreciable).
- Es que yo te veo más como un amigo. (Significa que no te quieren como pareja ni como rollete pero esperan sacar todo lo que puedan y más de ti porque se creen que como eres bueno eres idiota. Y, además, esperan obtenerlo a cambio de nada, ni siquiera de sexo. Pero qué cara más dura...)
Si fuera un inútil, un estúpido y un soplapollas las cosas me irían bastante mejor y no repelería a los hombres en general (merezcan la pena o no, porque hay cada uno suelto...que hay días en los que te alegras de repeler porque para tener al lado semejantes especímenes casi mejor es no ligar ni p'atrás). Y no me miréis con esa cara: ¿a qué vosotr@s os habéis fijado alguna vez en el tí@ que parecía más inaccesible? Venga, va, decidme que no os habéis pillado alguna vez por la chica superguapa que iba por encima de todo y todos vestida con los conjuntitos más monos ( y más caros) o por el tío bueno (que proclama que solo se lía con tíos heteros, verdad Pau?) que cuando hace su aparición en cualquier antro de mala muerte lleva una panda de moscones a sus espaldas...
No. La vida no es justa. Pero siempre me he negado a apoyar las injusticias o a aceptarlas sin más mirando para otro lado.
Y la rubiasca de la serie, que me ha dado el día, continúa: "Ser malo es guay. Y yo nunca he sido muy guay".
Por cierto, ¿nunca os he contado que mi ex iba de guay y que era el más querido, admirado y adorado por todos los hombres? Esto mejor para otro post.... ejem (no he querido decir nada, solo se me acaba de ocurrir...)
La cuestión es que hay cosas que no se pueden evitar. Ser bueno es una de ellas. Y escribir posts largos, por lo que parece, también. Por mucho que lo intentes, por mucho que trates de ser malo o de escribir menos... resulta que, al final, si das rienda suelta a tu persona, a quien eres, no lo consigues. Y, como todo en esta vida, siempre hay quienes lo valoran positivamente y quienes no.
Practicaré. Lo prometo. Para ser malo no. Para ser más escueto, quizás.
Resulta que, no sé si será porque el calor ha acabado con la mitad de mis neuronas o porque estoy en momentos de pensar demasiado, que he experimentado una especie de catarsis reflexiva (el caso es que uno tiene neuronas, y eso ya es mucho decir, que me hace sentir por encima de la media). El capítulo giraba en torno a negar el afecto. O, dicho de otra forma, ser un puto borde de mierda.
Ya sabéis que digo muchas veces que soy un borde, que me he convertido en alguien cínico y sarcástico a través de los años y todas esas cosas. Bien. Pues me he dado cuenta de que no es así. Porque si yo fuera como me empeño en creer, mi vida sería completamente diferente. Porque ser un borde sin escrúpulos tiene unos efectos que yo no vivo en absoluto. La rubia de la serie proclama que en los tiempos en los que vivimos los bordes se llevan a todo el mundo de calle. Que negar el afecto proporciona una relación de poder sobre la/s otra/s personas de modo que éstas, a pesar de que se encuentran ante un imbécil, se sienten irremediablemente atraídas por él. Cuanto menos le dan más se aferran a esa persona.
Me preguntaba yo post atrás qué hacía a los chulos mierda tan atractivos... y yo pensando que era la pose, el coche, la ropa... y no, cariños, lo que hace que se encuentren rodeados de lapas todo el día no es otra cosa que su actitud: negar a toda costa cualquier sentimiento bueno hacia los demás. E inventarse todos los malos posibles para que esas buenas personas caígan rendidas a sus pies.
¿Nos hemos vuelto locos ya?
Porque digo yo que estamos casi a punto. ¿En qué clase de mundo vivimos? ¿Aquellos que menos nos dan y más lejanos parecen más nos atraen? ¿Cuánto más pasan de nosotros más insistimos? ¿Aquellos que menos lo merecen más reconocimiento obtienen?
¡¡¡¡¡¿Nos hemos vuelto locos ya?!!!!!
La prota de la serie dice, en voz en off (que siempre queda de lo más profundo), algo así como: en un mundo justo la gente amable sería apreciada y la gente mala sería rechazada. En un mundo justo, comportarte como un auténtico cretino te haría de lo más impopular. Pero este mundo no es justo, y los cretinos tienen seguidores, discípulos y ayudantes. Son tratados como los reyes del mambo.
Aaaaaaaaaamén (a santigüarse todo dios ante la gran verdad absoluta. Y eso que uno se pone las series para evadirse de su vida cotidiana, descansar y entretenerse. Y mirad como acaba. Nada, mañana me veo uno de Ana y Los Siete, que así no se puede y la Ana Obregón, otra cosa no, pero absurda es un rato).
Esto, bien mirado, no hace más que explicar el 99% de las relaciones de pareja existentes en la realidad. Y dar respuesta a preguntas como:
- ¿Por qué Pepito sigue con Antoñito cuando éste lo trata como una mierda, lo humilla, le pone los cuernos, le canta canciones de Pimpinela a la hora de la siesta y le da bocata de morcilla todos los días para cenar?
- ¿Por qué Paperb... que digaaa... Menganito estaba con un gilipollas que se creía superior y cuya única preocupación en la vida era mirarse al espejo y hablar consigo mismo de lo guapísimo que era y lo por encima que estaba del resto de los mortales?
- ¿Por qué narices Paquito se pasa toda la noche en vela esperando a que Putón Verbenero vuelva a casa cuando sabe perfectamente que se la está pegando con su mejor amigo, con el butanero, con el vecino del segundo, con el bibliotecario y hasta con el viejo verde que se sienta todas las mañanas en el bar de la esquina a ver como marcan paquete los vaqueros de la nueva temporada otoño-primavera del Corte Inglés?
- ¿Nos hemos vuelto locos ya? Uy, no, para ésta aún no he encontrado respuesta. Próximamente en el Paperblog.. no se lo pierdan.
Aceptémoslo. Ser borde y malo es lo mejor que te puede pasar en la vida. Es guay. Los niños buenos y con cara de ser más buenos todavía (servidor, presente, aquí estoy, me refiero a mí, quiero decir que soy yo...) no consiguen lo que quieren y, mucho menos, a quien quieren. Los nenes buenos no alcanzan el éxito, sino que, por regla general quedan en la última posición de la carrera. Por decirlo de otro modo, sería más fácil que Ana Botella participara en una película de Almodóvar a que un niño bueno tuviera una cola de tíos en condiciones que lo adoraran, que es exactamente lo que debería pasar. Si este mundo fuera justo, claro (aunque si este mundo fuera justo la Esteban no estaría ganando lo que gana por aparecer cada dos por tres en la parrilla con cara de haberse metido un chute).
Los chicos malos siempre han tenido éxito: en el colegio eran los que más amigos tenían. En el instituto eran los capitanes del equipo de rugby o las jefas de animadoras. Y ahora siguen siendo los que cuando salen a pasear el perro en chándal y con una bolsa de Zara debajo de cada ojo ligan más que yo en todos los días de mi vida. Pero solo por eso, porque niegan el afecto. Son un atajo de gilipollas que miran por encima del hombro a los demás y que te escupen como oses preguntarles qué hora es (y no lo haces para ligar con ellos sino porque a las nueve y media empieza "La Banda del Sur" y no te lo quieres superperder).
Está claro, mi problema es que no soy lo suficiente borde, que digo las cosas cuando las siento pero siempre pensando en los demás y demostrando que hay otros que me importan aparte de mí y que soy dulce, tierno y maravilloso (y esto no lo digo yo, lo dice el estudio avalado por la Universidad de Orsford que tengo en mis manos, hecho a través de las opiniones de todos los hombres que me han rechazado y los taitantos post sobre mi blog que hay en la actualización anterior que tanto me enrojecieron). Porque, en el fondo, todos prefieren a uno que les de caña y al final los buenos acaban en el cajón de los idilios nunca vividos acompañados de frases tan estupendas como las que siguen:
- Eres muy majo, pero no eres mi tipo. (Quieren decir que prefieren a alguien no tan majo, o majo en otros sentidos, y que les haga sufrir)
- Ojalá pudiera sentir algo por ti, porque eres el mejor tío que he conocido. (Quieren decir que no se sienten dignos de estar con alguien tan estupendo y que consideran más acorde con ellos, con su personalidad y con lo que esperan de la vida a un ser pelín más despreciable).
- Es que yo te veo más como un amigo. (Significa que no te quieren como pareja ni como rollete pero esperan sacar todo lo que puedan y más de ti porque se creen que como eres bueno eres idiota. Y, además, esperan obtenerlo a cambio de nada, ni siquiera de sexo. Pero qué cara más dura...)
Si fuera un inútil, un estúpido y un soplapollas las cosas me irían bastante mejor y no repelería a los hombres en general (merezcan la pena o no, porque hay cada uno suelto...que hay días en los que te alegras de repeler porque para tener al lado semejantes especímenes casi mejor es no ligar ni p'atrás). Y no me miréis con esa cara: ¿a qué vosotr@s os habéis fijado alguna vez en el tí@ que parecía más inaccesible? Venga, va, decidme que no os habéis pillado alguna vez por la chica superguapa que iba por encima de todo y todos vestida con los conjuntitos más monos ( y más caros) o por el tío bueno (que proclama que solo se lía con tíos heteros, verdad Pau?) que cuando hace su aparición en cualquier antro de mala muerte lleva una panda de moscones a sus espaldas...
No. La vida no es justa. Pero siempre me he negado a apoyar las injusticias o a aceptarlas sin más mirando para otro lado.
Y la rubiasca de la serie, que me ha dado el día, continúa: "Ser malo es guay. Y yo nunca he sido muy guay".
Por cierto, ¿nunca os he contado que mi ex iba de guay y que era el más querido, admirado y adorado por todos los hombres? Esto mejor para otro post.... ejem (no he querido decir nada, solo se me acaba de ocurrir...)
La cuestión es que hay cosas que no se pueden evitar. Ser bueno es una de ellas. Y escribir posts largos, por lo que parece, también. Por mucho que lo intentes, por mucho que trates de ser malo o de escribir menos... resulta que, al final, si das rienda suelta a tu persona, a quien eres, no lo consigues. Y, como todo en esta vida, siempre hay quienes lo valoran positivamente y quienes no.
Practicaré. Lo prometo. Para ser malo no. Para ser más escueto, quizás.