Cazador de Utopías
Hay una película, mi favorita sin lugar a dudas, que siempre me acompaña en los momentos más duros. Con el tiempo he venido desarrollando una capacidad inexpresiva que sólo entienden y reconocen aquellos que tienen una buena relación conmigo desde los tiempos en los que soñaba como un quinceañero ser periodista y escritor (y hay cosas que nunca cambian). Este silencio intrínseco que siempre he tratado de explicar a todo el mundo para justificar mis aislamientos cuando estoy mal, y que pocos parecen comprender, no es más que mi defensa ante esas putadas a las que me he enfrentado con mayor o menor éxito y a las que temo enfrentarme de nuevo. Como ya dije una vez, todo nos afecta, aunque no lo creamos, y tiene consecuencias.
Mi hermetismo surgió como un método de supervivencia más. Por eso insisto tanto en la frialdad de las personas como resultado de sus malas experiencias, una insensibilidad aparente y estúpida. Si bien yo no he dejado de expresar mi sensibilidad (puesto que los bichos no cambiamos y menos por un puñado de experiencias desafortunadas) sí he dejado de expresar directamente lo que siento. Un miedo atroz e indescriptible, completamente irracional, a dejar ver lo que verdaderamente circula por los vericuetos del corazón.
Con el tiempo me doy cuenta de lo desarrollada que tengo esta extraña habilidad de ocultarme sin más. Porque a veces lo hago incluso conmigo mismo. Mic me contaba en una ocasión que ella, tras una bofetada de esas que asesta la vida irremediablemente y que duele más en proporción a lo desarrollado que tengas el lado soñador, ha dejado de experimentar la intensidad de los sentimientos. Lo malo parece ser menos malo y lo bueno menos bueno. Su mente lo traduce todo en una linealidad homogénea. A mí me pasa un poco lo mismo.
Pero entonces llega Piedras, como ese príncipe azul asquerosamente perfecto que nos venden los cuentos de Disney para que las mujeres y los maricas como yo nos sintamos completos al más puro estilo Bridget Jones (algo totalmente falso), y me rescata de la insensibilidad y la inexpresividad, la inercia de los sentidos.
Piedras es una de esas películas que hacen que te abras las venas y expreses todo lo que guardas dentro. La habré visto una decena de veces y en todas he terminado derramando un torrente de lágrimas presa de mi propio dramaqueenismo. Porque todas esas historias que se cruzan y se entrelazan, cargadas de simbolismos que ponen la piel de gallina, provocan que mi sensibilidad se coloque a flor de piel, ese lugar del que se olvida paulatinamente a medida que cumplo años.
Piedras habla de la vida (como no, siendo mi favorita), de los sueños, de las ilusiones que se escapan al alcance de los personajes, de líos, endogamia, cruces y encrucijadas, malos entendidos, miedos, incapacidad, desesperación, desolación, hastío, pérdida y esperanza. Esperanza a raudales. Puede que sea muy triste para algunos que hayan tenido la oportunidad de visualizarla, pero a mí se me hace enormemente esperanzadora, pues aunque las historias sean muy dramáticas (y es cierto que lo son) al final queda esa sensación que tanto me gusta de esperanza, de que, al fin y al cabo, la vida no es más que un complejo camino que hay que aceptar sin renuncias. Un camino que no es fácil para nadie, en el que todos nos vemos inmerso y en el que estamos obligados a sacar el máximo provecho. Piedras nos enseña que todas las vidas son desastrosas y, al mismo tiempo, que todas las vidas pueden ser igualmente felices y desgraciadas dependiendo del instante. Piedras nos enseña la realidad, en estado puro, lo que puede suceder, la importancia de vencer tus miedos y ser valiente, tanto como para atreverte a dar sentido a los pequeños detalles del cosmos.
Piedras me enseña a mirar hacia delante. Si hay algo que recuerdo cada vez que me siento en mi habitación a verla, dispuesto a abrirme las venas y dar paso a todas mis emociones, es que todo puede ser diferente, que un día estamos arriba y otro abajo, que hay que aceptar, llorar y reír a partes iguales, sacar lo mejor de nosotros mismos, reordenarnos, saber lo que queremos, luchar por ello cuando sea posible y ser conscientes de que no siempre hay sueños cumplidos, sino miradas nostálgicas de lo que nunca fuimos. Pero eso no quiere decir que el mundo se detenga. Muy al contrario, la vida sigue.
Esta noche, en un email, un buen amigo me decía en respuesta a mi anterior post que no reniegue de mí mismo, que soy un cazador de utopías. Puede que tenga razón. Puede que, en verdad, ya no sepa vivir de otro modo distinto al de nadar a contracorriente y conseguir lo imposible simplemente deseándolo. Tal vez, como cazador de utopías, nunca dejaré de creer que puedo ser feliz al nivel que exijo, que no tengo por qué bajar el listón y conformarme con una felicidad de goma. Quizás pedir una felicidad de carne y hueso sea demasiado presuntuoso o pretencioso por mi parte, pero una vez ya expresé que mis exigencias son las que me mueven a vivir bien y a quererme y no pienso rebajarlas porque creo que merezco todo lo que pido.
Piedras me recuerda, al igual que mi amigo en forma de mail, al igual que mi amiga la caótica con la que estuve tomando café el otro día mientras hablábamos sobre lo divino y lo humano, que soy un cazador de utopías, alguien que lucha por sus sueños. Tanto como para decepcionarse muy a menudo. Pero es lo que tenemos los idealistas natos: nos cuesta más que al resto sobrevivir.
Después de todo la vida no es más que un camino lleno de piedras. Éstas pueden hacerte daño, obstaculizar tu ruta e incluso metérsete en los zapatos incomodando los pasos. Pero no son más que eso, piedras que tarde o temprano saltarán de nuevo hacia otro lado del sendero, quedándose atrás, o que extraerás de tu zapato con más o menos facilidad. Y aunque hayan dejado una herida en el pie, para algo se inventaron las tiritas. Y las plaquetas que va acomodando el tiempo junto a otras vivencias que nos ayudan a mirar hacia delante.
Como dijera Leire en su famoso monólogo, “... deseo, deseo, deseo... quiero con todas mis fuerzas ser feliz. Y así hacer un poco más felices a los que me rodean.”
Ésa puede ser mi mayor utopía. Y, aunque a veces lo dude, la conseguiré.
Nunca dejaré de pintar.
Ni de tener dulces sueños.
Beso.
Mi hermetismo surgió como un método de supervivencia más. Por eso insisto tanto en la frialdad de las personas como resultado de sus malas experiencias, una insensibilidad aparente y estúpida. Si bien yo no he dejado de expresar mi sensibilidad (puesto que los bichos no cambiamos y menos por un puñado de experiencias desafortunadas) sí he dejado de expresar directamente lo que siento. Un miedo atroz e indescriptible, completamente irracional, a dejar ver lo que verdaderamente circula por los vericuetos del corazón.
Con el tiempo me doy cuenta de lo desarrollada que tengo esta extraña habilidad de ocultarme sin más. Porque a veces lo hago incluso conmigo mismo. Mic me contaba en una ocasión que ella, tras una bofetada de esas que asesta la vida irremediablemente y que duele más en proporción a lo desarrollado que tengas el lado soñador, ha dejado de experimentar la intensidad de los sentimientos. Lo malo parece ser menos malo y lo bueno menos bueno. Su mente lo traduce todo en una linealidad homogénea. A mí me pasa un poco lo mismo.
Pero entonces llega Piedras, como ese príncipe azul asquerosamente perfecto que nos venden los cuentos de Disney para que las mujeres y los maricas como yo nos sintamos completos al más puro estilo Bridget Jones (algo totalmente falso), y me rescata de la insensibilidad y la inexpresividad, la inercia de los sentidos.
Piedras es una de esas películas que hacen que te abras las venas y expreses todo lo que guardas dentro. La habré visto una decena de veces y en todas he terminado derramando un torrente de lágrimas presa de mi propio dramaqueenismo. Porque todas esas historias que se cruzan y se entrelazan, cargadas de simbolismos que ponen la piel de gallina, provocan que mi sensibilidad se coloque a flor de piel, ese lugar del que se olvida paulatinamente a medida que cumplo años.
Piedras habla de la vida (como no, siendo mi favorita), de los sueños, de las ilusiones que se escapan al alcance de los personajes, de líos, endogamia, cruces y encrucijadas, malos entendidos, miedos, incapacidad, desesperación, desolación, hastío, pérdida y esperanza. Esperanza a raudales. Puede que sea muy triste para algunos que hayan tenido la oportunidad de visualizarla, pero a mí se me hace enormemente esperanzadora, pues aunque las historias sean muy dramáticas (y es cierto que lo son) al final queda esa sensación que tanto me gusta de esperanza, de que, al fin y al cabo, la vida no es más que un complejo camino que hay que aceptar sin renuncias. Un camino que no es fácil para nadie, en el que todos nos vemos inmerso y en el que estamos obligados a sacar el máximo provecho. Piedras nos enseña que todas las vidas son desastrosas y, al mismo tiempo, que todas las vidas pueden ser igualmente felices y desgraciadas dependiendo del instante. Piedras nos enseña la realidad, en estado puro, lo que puede suceder, la importancia de vencer tus miedos y ser valiente, tanto como para atreverte a dar sentido a los pequeños detalles del cosmos.
Piedras me enseña a mirar hacia delante. Si hay algo que recuerdo cada vez que me siento en mi habitación a verla, dispuesto a abrirme las venas y dar paso a todas mis emociones, es que todo puede ser diferente, que un día estamos arriba y otro abajo, que hay que aceptar, llorar y reír a partes iguales, sacar lo mejor de nosotros mismos, reordenarnos, saber lo que queremos, luchar por ello cuando sea posible y ser conscientes de que no siempre hay sueños cumplidos, sino miradas nostálgicas de lo que nunca fuimos. Pero eso no quiere decir que el mundo se detenga. Muy al contrario, la vida sigue.
Esta noche, en un email, un buen amigo me decía en respuesta a mi anterior post que no reniegue de mí mismo, que soy un cazador de utopías. Puede que tenga razón. Puede que, en verdad, ya no sepa vivir de otro modo distinto al de nadar a contracorriente y conseguir lo imposible simplemente deseándolo. Tal vez, como cazador de utopías, nunca dejaré de creer que puedo ser feliz al nivel que exijo, que no tengo por qué bajar el listón y conformarme con una felicidad de goma. Quizás pedir una felicidad de carne y hueso sea demasiado presuntuoso o pretencioso por mi parte, pero una vez ya expresé que mis exigencias son las que me mueven a vivir bien y a quererme y no pienso rebajarlas porque creo que merezco todo lo que pido.
Piedras me recuerda, al igual que mi amigo en forma de mail, al igual que mi amiga la caótica con la que estuve tomando café el otro día mientras hablábamos sobre lo divino y lo humano, que soy un cazador de utopías, alguien que lucha por sus sueños. Tanto como para decepcionarse muy a menudo. Pero es lo que tenemos los idealistas natos: nos cuesta más que al resto sobrevivir.
Después de todo la vida no es más que un camino lleno de piedras. Éstas pueden hacerte daño, obstaculizar tu ruta e incluso metérsete en los zapatos incomodando los pasos. Pero no son más que eso, piedras que tarde o temprano saltarán de nuevo hacia otro lado del sendero, quedándose atrás, o que extraerás de tu zapato con más o menos facilidad. Y aunque hayan dejado una herida en el pie, para algo se inventaron las tiritas. Y las plaquetas que va acomodando el tiempo junto a otras vivencias que nos ayudan a mirar hacia delante.
Como dijera Leire en su famoso monólogo, “... deseo, deseo, deseo... quiero con todas mis fuerzas ser feliz. Y así hacer un poco más felices a los que me rodean.”
Ésa puede ser mi mayor utopía. Y, aunque a veces lo dude, la conseguiré.
Nunca dejaré de pintar.
Ni de tener dulces sueños.
Beso.
Comentario:
No he visto la peli, pero seguro que no tardare en verla despues de leerte jajajajajaja.
Tengo algo para ti en mi blog, asi que si lo quieres... ¡¡Ya sabes!!
Besos wapo.
Tengo algo para ti en mi blog, asi que si lo quieres... ¡¡Ya sabes!!
Besos wapo.
Comentario:
Sencillamente brillante.
Comentario:
pues ya tengo una peli mas qbajarme. no la he visto, xo si qhe oido hablar de ella. como ya sabes la mia es "lost in translation" jeje
si por mucho qte lo propusieras dudo qconsiguieras cambiar :P la gente qes asi, es asi siempre. pero todos nos merecemos un tiempo de recuperacion xq las heridas no se curan de hoy para mañana
me ha gustado eso de: "Pero es lo que tenemos los idealistas natos: nos cuesta más que al resto sobrevivir". igual tienes razon... es mas, estoy convencido
bye soñador! ;)
si por mucho qte lo propusieras dudo qconsiguieras cambiar :P la gente qes asi, es asi siempre. pero todos nos merecemos un tiempo de recuperacion xq las heridas no se curan de hoy para mañana
me ha gustado eso de: "Pero es lo que tenemos los idealistas natos: nos cuesta más que al resto sobrevivir". igual tienes razon... es mas, estoy convencido
bye soñador! ;)
Comentario:
"¿Cuántas veces has limpiado el cuarto de baño en estos cinco años?" No recuerdo si era exactamente así. Sácame del error Paper.
Comentario:
despues de mucho tiempo mi reencuentro con tu blog no podia haber sido mejor. PIEDRAS es mi pelicula. tienes razon puede parecer triste pero es muy esperanzadora.
solo decirte una cosa estoy aki.
un besazo
solo decirte una cosa estoy aki.
un besazo
Comentario:
A mi Piedras también me gustó mucho, encima era la primera película del director, con todo lo que eso implica de años intentando llevar adelante ese proyecto. Y se nota esa sensibilidad, se nota que el director nos dice esto es todo lo que llevo dentro y lo quiero transmitir al mundo. ánimo y adelante.
Comentario:
La verdad es que no he visto la peli Piedras y es más, reconozco mi ignorancia, ni siquiera había oído hablar de ella. Pero con tu post la he visualizado tanto que no me hace falta ya verla.
Haces real lo utópico y utópico lo real, sin rebajar ni un ápice la tensión de la vida... La vida es un camino, pero parece que no hay más, que es el camino la propia vida. Y hoy me ha dado por los juegos de palabras... En fin, que haces bien en no rebajar tu nivel de aspiraciones respecto a la felicidad. Hacer felices a los demás es una buena manera de ser feliz uno mismo, lo malo es que a veces los demás no se dejan...
Bezos, Paper.
Haces real lo utópico y utópico lo real, sin rebajar ni un ápice la tensión de la vida... La vida es un camino, pero parece que no hay más, que es el camino la propia vida. Y hoy me ha dado por los juegos de palabras... En fin, que haces bien en no rebajar tu nivel de aspiraciones respecto a la felicidad. Hacer felices a los demás es una buena manera de ser feliz uno mismo, lo malo es que a veces los demás no se dejan...
Bezos, Paper.
Comentario:
Es casualidad que hayas escrito sobre el tema que lleva toda la tarde de este domingo de mierda en mi cabeza. Eso de ser feliz es para casi todos una especie de obsesión, pero creo que las personas más valiosas de este mundo se cuentan entre las que han tenido lejos la felicidad y han optado por buscarla en la creación de un mundo más lindo. No sé si tenemos derecho a ser felices, sólo que seremos capaces de serlo cuando nos hayamos vencido a nosotros mismos.
Vaya, que me coges con la depre en pie de guerra.
Vaya, que me coges con la depre en pie de guerra.
Comentario:
a por piedras voy, ya te contare;)
los miedos son muy malos
los miedos son muy malos
Comentario:
Ni puedo comentarte nada, me has dejado "de piedra" xdd, tienes toda la razón del mundo, la felicidad o la infelicidad de una persona depende de un momento, un día estás arriba, otro abajo y pasas de una fase a otra sin casi darte cuenta; y si te lo paras a pensar da todo vértigo.
Yo me densengaño con mucha felicidad pero al mismo tiempo si algo me ilusiono lo siento con mucha intensidad
no he perdido esa capacidad
no he llegado a la linealidad emocional ¡por suerte! prefiero sentir las cosass con intensidad antes que relativizarlas.
Un beso guapo!
Yo me densengaño con mucha felicidad pero al mismo tiempo si algo me ilusiono lo siento con mucha intensidad
no he perdido esa capacidad
no he llegado a la linealidad emocional ¡por suerte! prefiero sentir las cosass con intensidad antes que relativizarlas.
Un beso guapo!





