Extraordinarios
Debido a muchos de mis posts en los que despotrico contra todo bicho viviente y en los que me quejo sin cesar de todo lo que me parece que está mal (y a mí me parece que muchas cosas están mal, ergo me quejo un huevo) puede que haya quienes me lean y piensen que he desarrollado un asco prácticamente diario hacia la vida en sí misma. Y no es verdad. Puede que a veces parezca un amargado (aunque, a fin de cuentas, a muchos en cuanto pones cuatro palabras que suenan a reflexión les pareces un triste personajillo amargado y resentido con la vida, como si el hecho de ser felices estuviera reñido con pensar o reflexionar, con sacar conclusiones, o como si una cosa, el pensar, llevara aparejada por ciencia infusa la otra, el estar tristes) y puede que muchos hayan obtenido la falsa conclusión de que todo me parece una mierda porque no voy por ahí repartiendo chicles de fresa ácida con chiribitas en los ojos.
Sin embargo, sí es cierto que las cosas, la vida en sí misma, no me parecen fáciles. No sé si se trata de que la mía, la que me ha tocado vivir, es bastante complicada (este pensamiento es muy propio de mi dramaqueenismo, en plan “oh, dios mío, porque me pasa todo a mí”) o si es un sentimiento generalizado. El hecho de que a medida que crezco me dé cuenta de que todas y cada una de las historias en las que me veo inserto por arte de magia -llámese a la magia comunicación- son cada vez más enrevesadas y complicadas y que los problemas sean más y más abstractos me da que pensar. Recuerdo cuando en el colegio o en el instituto el mayor problema era que el de séptimo curso no le hacía caso a Fulanita, que lloraba en mi hombro desconsoladamente asegurando que se trataba del amor de su vida, o que los padres de Zutanito, que se quejaba y quejaba hasta la saciedad, no le permitían estar hasta las doce en el parque comiendo pipas con nosotros. Fíjate tú qué clase de problemas se tenían por aquel entonces, cuando yo, como ahora, ni más ni menos, me dedicaba a escuchar con atención los sinsabores de las bocas que se abrían y entrecerraban y expresaban los sentimientos de manera más o menos elaborada (según la edad y la capacidad cerebral del sujeto. Insisto, estos dos elementos no van siempre unidos). Luego nos hacemos mayores y esos problemas son sustituidos por otros más y más grandes, y así sucesivamente.
A veces me pregunto si no tendremos cierta tendencia a complicarnos la vida más de lo necesario, dejándome llevar por todos aquellos que promulgan que el darle demasiadas vueltas a la cabeza es malo y que deberíamos ser todos unos malditos superficiales. De hecho, Inf me decía hace unos días que si ella pudiera haber elegido un grupo social al que pertenecer, habría elegido los merdellones (o canis, o chusmas, o kinkis, como se llamen según la región española desde la que se esté leyendo). Yo le preguntaba por qué con los ojos muy abiertos en medio de mi estado etílico (¿yo? ¿Beber? Qué raro), que cualquier otro grupo social o tribu urbana tenía una filosofía más o menos elaborada, pero que los merdellones no tenían ni eso. Inf me respondía que precisamente por eso, porque en la ignorancia está la felicidad. Por supuesto, me opuse a esta concepción tan triste del mundo, porque la ignorancia será la felicidad, sí, pero vamos, que a mi entender es una felicidad muy triste.
Luego, tras preguntarme si nos complicamos demasiado la vida me respondo que eso que se llama “simplificar” no tiene nada que ver con ser unos cenutrios irresponsables unicelulares que no saben ni donde tienen la cara, sino que consiste en saber entender que la vida es complicada, mucho, que hay demasiados nudos imposibles de deshacer de buenas a primeras y que necesitan la paciencia y el entrenamiento de un marinero. Que lo mejor es tomarse las cosas con cierta filosofía. Entender que el complicado amasijo de elementos y circunstancias a las que hemos de enfrentarnos no deben dominar nuestros actos ni mermar nuestra autoestima o nuestra capacidad para sentir o soñar. Que lo complicado y lo duro que es todo a veces no puede desembocar en un estado de desidia y aburrimiento, en un conformismo implacable o en una superficialidad extrema para evitar enfrentarnos a lo que ocurre. El verdadero sentido que para mí tiene la palabra simplificar reside en saber encajar lo que sucede, aceptar que hay cosas que no podremos cambiar por mucho que queramos, aprender a vivir con que la vida no es de color de rosa y sacar el máximo partido de todo eso, de ese monstruo de fauces negras que a veces no es más que nuestra propia vida corriendo tras de nosotros. Puede que si te detienes a acariciarle detrás de las orejas, descubrirás que el león nunca fue tan fiero como lo pintaron.
Es justo aquí, en el saber aceptarnos a nosotros y a los demás tal y como son, aceptar los problemas y tratar de solucionarlos y no tomárnoslo todo a la tremenda (tanto en lo que se refiere a dramatizar como en lo que respecta a omitir conscientemente el problema y sustituirlo por un pirulí de fresa imaginario) donde reside el verdadero acto de simplificar. Hay que ser conscientes de que las cosas son como son, no como queremos que sean y que para que sean como queremos es necesario tiempo y esfuerzo a partes iguales, sumando dosis de realismo y neutralidad necesaria para no desfallecer en el camino y que se nos quede todo en un intento malsano.
Simplificar también consiste en saber ver que el hecho de no haber conseguido ciertas cosas todavía o que el camino se nos esté haciendo demasiado duro y necesitemos descansar no es un fracaso irreversible. Tenemos que ser más justos con nosotros y valorar que el esfuerzo que hemos realizado hasta el momento es importante, por mucho que hayamos descubierto que las cuestas del camino son más pronunciadas de lo que pensábamos.
Todo lo expuesto hasta ahora da a entender que la vida es difícil, no que sea una mierda.
Hay que aceptar que es difícil. Hay que aceptar que no siempre seremos lo que queremos ni tendremos lo que deseamos. Hay que aceptar que es complicado, que debemos esforzarnos. Pero también hay que aceptar que podemos ser grandes personas, que tenemos sentimientos, que hacemos grandes cosas cuando nos lo proponemos, que en nuestro poder se encuentra hacer que alguien se sienta bien o aliviar su pequeña oleada de sufrimiento propia. Que somos capaces de amar, de querer, de confraternizar, de llorar al emocionarnos, de ayudar a otros a ver las cosas desde otra perspectiva, de llenar la vida de detalles que la hagan más fácil. Hay que aceptar que podemos ser magníficos, que podemos romper los esquemas establecidos, que podemos demostrar que somos diferentes a toda esa vorágine de tristeza. Podemos sorprender, podemos hacer pensar, podemos comprender, podemos sonreír, podemos conectar. Podemos. Tantas cosas podemos hacer que me da por pensar que eso que reza esa campaña publicitaria actual de “el ser humano es extraordinario” es verdad. Puede serlo.
Porque podemos hacer que nuestra vida sea satisfactoria a pesar de todo. Porque podemos hacer que la de los demás sea menos dura.
Porque tenemos la capacidad de sentirnos fuertes para lidiar con la adversidad, hacer veinte carreras de obstáculos diarias y sujetar el universo en las palmas de las manos para contemplarlo durante unos segundos todos los domingos.
Y eso es, realmente, lo que hace que merezca la pena y lo que nos convierte en seres extraordinarios.
[SHUARMA – El Universo]
Sin embargo, sí es cierto que las cosas, la vida en sí misma, no me parecen fáciles. No sé si se trata de que la mía, la que me ha tocado vivir, es bastante complicada (este pensamiento es muy propio de mi dramaqueenismo, en plan “oh, dios mío, porque me pasa todo a mí”) o si es un sentimiento generalizado. El hecho de que a medida que crezco me dé cuenta de que todas y cada una de las historias en las que me veo inserto por arte de magia -llámese a la magia comunicación- son cada vez más enrevesadas y complicadas y que los problemas sean más y más abstractos me da que pensar. Recuerdo cuando en el colegio o en el instituto el mayor problema era que el de séptimo curso no le hacía caso a Fulanita, que lloraba en mi hombro desconsoladamente asegurando que se trataba del amor de su vida, o que los padres de Zutanito, que se quejaba y quejaba hasta la saciedad, no le permitían estar hasta las doce en el parque comiendo pipas con nosotros. Fíjate tú qué clase de problemas se tenían por aquel entonces, cuando yo, como ahora, ni más ni menos, me dedicaba a escuchar con atención los sinsabores de las bocas que se abrían y entrecerraban y expresaban los sentimientos de manera más o menos elaborada (según la edad y la capacidad cerebral del sujeto. Insisto, estos dos elementos no van siempre unidos). Luego nos hacemos mayores y esos problemas son sustituidos por otros más y más grandes, y así sucesivamente.
A veces me pregunto si no tendremos cierta tendencia a complicarnos la vida más de lo necesario, dejándome llevar por todos aquellos que promulgan que el darle demasiadas vueltas a la cabeza es malo y que deberíamos ser todos unos malditos superficiales. De hecho, Inf me decía hace unos días que si ella pudiera haber elegido un grupo social al que pertenecer, habría elegido los merdellones (o canis, o chusmas, o kinkis, como se llamen según la región española desde la que se esté leyendo). Yo le preguntaba por qué con los ojos muy abiertos en medio de mi estado etílico (¿yo? ¿Beber? Qué raro), que cualquier otro grupo social o tribu urbana tenía una filosofía más o menos elaborada, pero que los merdellones no tenían ni eso. Inf me respondía que precisamente por eso, porque en la ignorancia está la felicidad. Por supuesto, me opuse a esta concepción tan triste del mundo, porque la ignorancia será la felicidad, sí, pero vamos, que a mi entender es una felicidad muy triste.
Luego, tras preguntarme si nos complicamos demasiado la vida me respondo que eso que se llama “simplificar” no tiene nada que ver con ser unos cenutrios irresponsables unicelulares que no saben ni donde tienen la cara, sino que consiste en saber entender que la vida es complicada, mucho, que hay demasiados nudos imposibles de deshacer de buenas a primeras y que necesitan la paciencia y el entrenamiento de un marinero. Que lo mejor es tomarse las cosas con cierta filosofía. Entender que el complicado amasijo de elementos y circunstancias a las que hemos de enfrentarnos no deben dominar nuestros actos ni mermar nuestra autoestima o nuestra capacidad para sentir o soñar. Que lo complicado y lo duro que es todo a veces no puede desembocar en un estado de desidia y aburrimiento, en un conformismo implacable o en una superficialidad extrema para evitar enfrentarnos a lo que ocurre. El verdadero sentido que para mí tiene la palabra simplificar reside en saber encajar lo que sucede, aceptar que hay cosas que no podremos cambiar por mucho que queramos, aprender a vivir con que la vida no es de color de rosa y sacar el máximo partido de todo eso, de ese monstruo de fauces negras que a veces no es más que nuestra propia vida corriendo tras de nosotros. Puede que si te detienes a acariciarle detrás de las orejas, descubrirás que el león nunca fue tan fiero como lo pintaron.
Es justo aquí, en el saber aceptarnos a nosotros y a los demás tal y como son, aceptar los problemas y tratar de solucionarlos y no tomárnoslo todo a la tremenda (tanto en lo que se refiere a dramatizar como en lo que respecta a omitir conscientemente el problema y sustituirlo por un pirulí de fresa imaginario) donde reside el verdadero acto de simplificar. Hay que ser conscientes de que las cosas son como son, no como queremos que sean y que para que sean como queremos es necesario tiempo y esfuerzo a partes iguales, sumando dosis de realismo y neutralidad necesaria para no desfallecer en el camino y que se nos quede todo en un intento malsano.
Simplificar también consiste en saber ver que el hecho de no haber conseguido ciertas cosas todavía o que el camino se nos esté haciendo demasiado duro y necesitemos descansar no es un fracaso irreversible. Tenemos que ser más justos con nosotros y valorar que el esfuerzo que hemos realizado hasta el momento es importante, por mucho que hayamos descubierto que las cuestas del camino son más pronunciadas de lo que pensábamos.
Todo lo expuesto hasta ahora da a entender que la vida es difícil, no que sea una mierda.
Hay que aceptar que es difícil. Hay que aceptar que no siempre seremos lo que queremos ni tendremos lo que deseamos. Hay que aceptar que es complicado, que debemos esforzarnos. Pero también hay que aceptar que podemos ser grandes personas, que tenemos sentimientos, que hacemos grandes cosas cuando nos lo proponemos, que en nuestro poder se encuentra hacer que alguien se sienta bien o aliviar su pequeña oleada de sufrimiento propia. Que somos capaces de amar, de querer, de confraternizar, de llorar al emocionarnos, de ayudar a otros a ver las cosas desde otra perspectiva, de llenar la vida de detalles que la hagan más fácil. Hay que aceptar que podemos ser magníficos, que podemos romper los esquemas establecidos, que podemos demostrar que somos diferentes a toda esa vorágine de tristeza. Podemos sorprender, podemos hacer pensar, podemos comprender, podemos sonreír, podemos conectar. Podemos. Tantas cosas podemos hacer que me da por pensar que eso que reza esa campaña publicitaria actual de “el ser humano es extraordinario” es verdad. Puede serlo.
Porque podemos hacer que nuestra vida sea satisfactoria a pesar de todo. Porque podemos hacer que la de los demás sea menos dura.
Porque tenemos la capacidad de sentirnos fuertes para lidiar con la adversidad, hacer veinte carreras de obstáculos diarias y sujetar el universo en las palmas de las manos para contemplarlo durante unos segundos todos los domingos.
Y eso es, realmente, lo que hace que merezca la pena y lo que nos convierte en seres extraordinarios.
[SHUARMA – El Universo]
Comentario:
como siempre me ha gustado mucho la reflexión del post..
pero me has entristecido.....me he acordado de Elefantes..
hala, un beso, ya ves que me has vuelto un poco ñoño
pero me has entristecido.....me he acordado de Elefantes..
hala, un beso, ya ves que me has vuelto un poco ñoño
Comentario:
Nos encanta complicarnos la vida. Pero son precisamente esos ingredientes los que la sazonan. Yo intento buscarle la gracia hasta a los atascos de tráfico, que aprovecho para repasar verbos irregulares en inglés. Ya ves, la vida misma. Que no es poco. Saluditos
Comentario:
Paciencia...
Paciencia...
Paciencia...
Debo repetir, debes repetir, debemos repetir...
paciencia...
paciencia...
paciencia...
Más fuerte...
Paciencia...
paciencia...
paciencia...
paciencia...
¡¡No se oye!!
Paciencia...
¡Paciencia!
PACIENCIA
¡PACIENCIA!
¡¡¡PACIENCIA!!!!
Y fuerza.
¿Qué es la fuerza?
¿Se vende en Hipercor?
Ains.
Besos.
Muchos.
Envueltos.
Paciencia...
Paciencia...
Debo repetir, debes repetir, debemos repetir...
paciencia...
paciencia...
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Más fuerte...
Paciencia...
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¡¡No se oye!!
Paciencia...
¡Paciencia!
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¡PACIENCIA!
¡¡¡PACIENCIA!!!!
Y fuerza.
¿Qué es la fuerza?
¿Se vende en Hipercor?
Ains.
Besos.
Muchos.
Envueltos.
Comentario:
En fin que tienes más razón que un santo.Abalotutamente en todo.
La vida te reparte una cartas y te gusten o no tienes que jugar con lo que tienesA veces seran mejor que otras y a veces te dara ganas de cojer una rabiera en plan Yo ya no juego pero al final acabamos volviendo a la mesa.
Y estoy de acuerdo digan lo que digan la ignprancia no da la felicidad aunque a veces la idea de practicarnos una lobotomia con el lapiz que tenemos al lado sea tentadora
En cuanto lo de sostener el mundo con las manos y eos ains que bonito te ha quedado jajajaj En fin que me ha gustado mucho el post
La vida te reparte una cartas y te gusten o no tienes que jugar con lo que tienesA veces seran mejor que otras y a veces te dara ganas de cojer una rabiera en plan Yo ya no juego pero al final acabamos volviendo a la mesa.
Y estoy de acuerdo digan lo que digan la ignprancia no da la felicidad aunque a veces la idea de practicarnos una lobotomia con el lapiz que tenemos al lado sea tentadora
En cuanto lo de sostener el mundo con las manos y eos ains que bonito te ha quedado jajajaj En fin que me ha gustado mucho el post
Comentario:
Cuando estaba leyendo el primer párrafo pensaba, no es que por pensar te vayan a considerar más amargado, pero realmente, cuando más pienses según que cosas más te vas a amargar tú sólo... Que es mejor, pensar que el 90% de tus amigos ya tiene pareja y que tú aún no? o pensar en lo que tu te diviertes todavia cuando sales y en la camisetita que te has comprado para salir esta noche y que te vea todo el mundo lo estupendo que estas?? jejeje, ves el que no se contenta es porque no quiere...
No ahora en serio, no hay que ser un descerebrado para ser feliz pero hay cosas que es mejor no estar dando vueltas continuamente y centrarse en lo que a uno le motiva-ilusiona en la vida...
y con este comentario cumplo por 3... jeje 1 saludo!
No ahora en serio, no hay que ser un descerebrado para ser feliz pero hay cosas que es mejor no estar dando vueltas continuamente y centrarse en lo que a uno le motiva-ilusiona en la vida...
y con este comentario cumplo por 3... jeje 1 saludo!
Comentario:
¿Por qué seremos tan complicados algunos humanos?
no sé, hoy estoy raro. llevo un día de darle a la olla... pero que sepas que al leerte has hecho que mi ñoñilunes no lo sea tanto. Gracias.
no sé, hoy estoy raro. llevo un día de darle a la olla... pero que sepas que al leerte has hecho que mi ñoñilunes no lo sea tanto. Gracias.
Comentario:
A mí me encanta esa frase, estoy harta de esccuchar que el ser humano es una mierda y que este mundo es una basura, etc., etc. Sí, sí, hay mucha basura en este mundo y mucho ser humano que no vale nada pero, así y todo, yo creo que el ser humano es extraordinario y que el mundo y la vida también lo son.
Besos
Besos
Comentario:
YA.COM ES UNA MIERDA! (que me censuren el comentario si tienen huevos ¬¬)
Bueno, como te decia en el comentario que ESTA MIERDA DE WEB ME BORRÓ es que no se puede dejar que el miedo a lo que venga guie nuestras decisiones. Pero que no todo el mundo está preparado para aprender a aprender.
Perdemos muchas cosas porque no es nuestro momento por no estar preparados.
Pero siempre las perderemos hasta que no nos preparemos a tenerlas...
:*********
Besos, "campeon" :P
Bueno, como te decia en el comentario que ESTA MIERDA DE WEB ME BORRÓ es que no se puede dejar que el miedo a lo que venga guie nuestras decisiones. Pero que no todo el mundo está preparado para aprender a aprender.
Perdemos muchas cosas porque no es nuestro momento por no estar preparados.
Pero siempre las perderemos hasta que no nos preparemos a tenerlas...
:*********
Besos, "campeon" :P
Comentario:
Muy bonito y acertado, Paper.
Hay mucha verdad en lo que dices.
A ver si nos vemos por fin esta semanita.
Un beso!
Hay mucha verdad en lo que dices.
A ver si nos vemos por fin esta semanita.
Un beso!





