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Paraperiodismo
No todo lo irreal es incierto ni todo lo real es verdadero
Acerca de
Rafael Grillo (La Habana, 1970). Licenciado en Psicología y Diplomado en Periodismo. Jefe de redacción de la revista El Caimán Barbudo. Redactor de noticias de Cuban Contemporary Art.com. Poeta, narrador y crítico de arte. Autor de los libros Ecos en el Laberinto y La revancha de Sísifo (ensayos), y 3D3 (cuentos). Premio Jorge Ricardo Massetti de Periodismo 2006 y 2007, además de otros premios en poesía, cuento y ensayo.
Sindicación
 
Breve historia de los palitos chinos
TAO-HOANG-SHE-KIANG-TÉ

Los palitos chinos o hoang-she-kiang parecen un caos, pero no: son como una gran familia o una pequeña nación. Para los peritos (sean naturales de China o de un barrio chino en el exterior), en cada pieza se encarna un nombre, una jerarquía, un estilo de uso, un tono, y hasta ciertas simbólicas maneras de función y representación. Es fácil: sería como un teatro doble de operaciones noh-noh.
Así, los palitos chinos o hoang-she-kiang constituyen una ubicua escritura pan-nacional, y lo mismo pueden ser usados como cubiertos (por la ex-monarquía neo-aburguesada), que como objeto galante presexual (entre las juventudes de vanguardia), que como arma muy artera (por lo general, femenina), que como insignia partidista y/o burocrática y/o militar (masculina, específicamente), que como juego didáctico preescolar (entre los 3 y 5 años, según el Ministerio de la Preeducación Popular), que como sistema portátil de adivinación (en realidad, según las reglas de su lectura, serían dos sistemas de augurio en simultáneo: las llamadas líneas de autoayuda o xiao-tungs).
Así, más que una escritura de azar o de ocasión, originalmente los palitos chinos o hoang-she-kiang son como un mensaje directo al ciudadano (sea perito o no) de parte del mismísimo Emperador (Kai-Fú). O, en su defecto, de parte del mismísimo Estado (Fú-Kai), en tanto pálido paliativo ante la carencia contemporánea de imperios. Al respecto, el sistema ha funcionado como los ladrillos de una muralla micro que nadie verá nunca desde el espacio exterior (aún siendo muy física y ubicua), pues se trata de un efecto lingüístico donde cada varilla es a la vez carácter y cárcel. En gramática, a esta paradoja se le llama trans-semiosis o tian-am. En política, es sencillamente gobernabilidad o kong.
Así, los palitos chinos o hoang-she-kiang son la génesis tanto de un vocabulario hiper-nacional, como de su incorruptible homogeneidad en el seno del pueblo y su liderato natural en cada contexto histórico. Nada de caos, como en un principio el extranjero o el ignorante podrían pensar. Al contrario, cada vez que los ciudadanos de la actual república (sean del interior o de algún barrio chino en el extranjero) usan los palitos para formar incluso un solo fonema o mao, ya están convocando, de hecho, siglos y milenios de una exquisitamente exhaustiva tradición pautada. Al leer, quien vibra entre sus cuerdas vocales no será nunca su propia voz, sino cierto aire de pequeña familia o de gran nación. Resuenan, a través de sus gargantas, las notas corales de una traqueotomía cuya melodía fue diseñada para que cualquier chinito del universo la consiga entonar. Y esa cosmovisión gloriosa está en el eje mismo de lo que los antropólogos llaman ahora la chinanidad.

Por Orlando Luis Pardo Lazo
 
Comentario:
Gracias, Alfonso, por ingresar al blog y tus elogios. Te agradecería si pudieras entrar al manifiesto del paraperiodismo y echarle una ojeada. Además, desde ya te invito a sumarte con tus textos a esta cruzada por superar los límites de la realidad y la ficción
 
Comentario:
Los palitos chinos como mensaje al ciudadano... del mismisimo emperador... lo resume todo en un instante de genialidad.
Me encanto el articulo. Burla seria, permanente y posmoderna, repleta de poesia
No