Los amores cobardes
"Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan ahí..."(Silvio).
Ordenando hoy unos papeles me encontré con el sobre amarillo de kodak, donde guardo y conservo algunas fotografías. Respiré ondo. Hay que coger aliento cuando uno habla del pasado... En una de las fotografías soy yo la que se transforma en fotógrafa ocasional y plasmo todas vuestras sonrisas con la facultad al fondo. Me gustaba esa fotografía porque durante mucho tiempo creía que me mirabas a mí, no a la cámara, y me sonreias. Tu sonrisa amplia y tu mirada siempre brillante y alegre. Eras mi luz. Y mi corazón latía con fuerza sólo con notar que estabas cerca, y casi siempre lo estabas. Por lo menos lo estuviste durante aquel tiempo.
Me reservo las sonrisas, las palabras, las miradas, las largas conversaciones, me reservo tu voz, el tierno mote, algunas comidas y algunas tardes sentados en la hierba entre apuntes. Me hubiera gustado decirte que te quería. Pero no lo hice, aunque tú ya lo sabías. Yo también sabía que me querías, aunque no dijeras nada. Leíamos entre líneas, simplemente. Dios sabe que tardé años en olvidarte, en arrancarte, digamos, del alma, aunque de vez en cuando vienes y te quedas en mi pensamiento un ratito. Y me pregunto qué haces, dónde estás y si piensas en mí alguna vez... No llegaste en el momento adecuado. No. Y yo fui la cobarde. Y los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan ahí...
No era nuestro el momento...
A tí, Ángel, me gustaría dedicarte hoy el "Más que a nadie" de Serrat. Donde quiera que estés... un beso tibio...
Ordenando hoy unos papeles me encontré con el sobre amarillo de kodak, donde guardo y conservo algunas fotografías. Respiré ondo. Hay que coger aliento cuando uno habla del pasado... En una de las fotografías soy yo la que se transforma en fotógrafa ocasional y plasmo todas vuestras sonrisas con la facultad al fondo. Me gustaba esa fotografía porque durante mucho tiempo creía que me mirabas a mí, no a la cámara, y me sonreias. Tu sonrisa amplia y tu mirada siempre brillante y alegre. Eras mi luz. Y mi corazón latía con fuerza sólo con notar que estabas cerca, y casi siempre lo estabas. Por lo menos lo estuviste durante aquel tiempo.
Me reservo las sonrisas, las palabras, las miradas, las largas conversaciones, me reservo tu voz, el tierno mote, algunas comidas y algunas tardes sentados en la hierba entre apuntes. Me hubiera gustado decirte que te quería. Pero no lo hice, aunque tú ya lo sabías. Yo también sabía que me querías, aunque no dijeras nada. Leíamos entre líneas, simplemente. Dios sabe que tardé años en olvidarte, en arrancarte, digamos, del alma, aunque de vez en cuando vienes y te quedas en mi pensamiento un ratito. Y me pregunto qué haces, dónde estás y si piensas en mí alguna vez... No llegaste en el momento adecuado. No. Y yo fui la cobarde. Y los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan ahí...
No era nuestro el momento...
A tí, Ángel, me gustaría dedicarte hoy el "Más que a nadie" de Serrat. Donde quiera que estés... un beso tibio...
Katherine Mansfield
Dicen que la primera impresión es la que cuenta y yo sé que hay gente con un ojo clínico envidiable. No es este mi caso. Para todo en la vida acabo dándome cuenta de que mi ojo clínico padece de una ceguera irreversible. Así que no es de extrañar que el Diario de Katherine Mansfield, que empezó siendo un libro para mí insoportable, es ahora tiempo después cuando consigue conquistarme. He de admitir que conseguí leerlo al cuarto o al quinto intento y ni siquiera en esa primera-completa lectura lo consideré un libro para mis numerosas y futuras relecturas (a pesar de que algún texto hacia el final del libro consiguió emocionarme). Hace unos días cayó otra vez en mis manos y lo hojeé con una cierta, digamos, aspereza. Todavía no sé la razón ni el motivo que hizo que me saltara el escueto prologo - lo siento, Virginia Woolf - y que me fuera directamente al inicio, a un día cualquiera de Junio de 1910: "Por fin ha terminado este fastidioso día y la oscuridad empieza a filtrarse entre las ramas húmedas del castaño..." y allí me quedé, en el sofá, leyendo página tras página y sintiéndome como si saboreara el inesperado caramelo que uno encuentra de repente en un bolsillo. Y es que quizás había llegado el momento.
de un tiempo a esta parte....
No sé si te habrás dado cuenta de que me has fallado. Ya sabes que no es necesario poner las maletas en la puerta para darse cuenta de que uno sobra. Así que cada vez se me hace más dificil decidir cúando iré a daros una visita, por más que mamá o papá me insistan por teléfono. Ayer me fui echa polvo pero a ti eso no te preocupa. Por qué iba a preocuparte. Lo único que quieres es que yo tenga claro que ya el territorio está marcado. Ayer, viendo con nostalgia mi antiguo cuarto - ocupado ahora con una bandera invisible de conquista - pensé que no me sentiría más extraña en un hotel, motel o compartiendo una caja de cartón en la calle. No quieres que duerma en mi ex-habitación, ni tampoco en la tuya. Y me lo dices con tu frase de siempre "que no te moleste pero preferiría que...". En cada puerta parece que te ha faltado tiempo para escribir bien clarito "privado" y me has arrinconado hasta un lado del sofá donde allí me dejas estar sentadita sin moverme, perdonándome la vida.
será
será porque me dueles
será porque te quiero
será que estoy segura que puedes
llenarme de palomas el cielo
será porque quisiera que vueles
que sigue siendo tuyo mi vuelo
[...]
quizás en apariencia
te alejas o me alejo
el caso es que sufrimos de ausencia
con un dolor ambiguo y parejo.
Amor no significa querencia
también se puede amar desde lejos.
------------------
Solía pasarme días enteros oyendo esta canción. Continuamente. Como tantas otras. Y un día te pedí a tí que la escucharas...
será porque te quiero
será que estoy segura que puedes
llenarme de palomas el cielo
será porque quisiera que vueles
que sigue siendo tuyo mi vuelo
[...]
quizás en apariencia
te alejas o me alejo
el caso es que sufrimos de ausencia
con un dolor ambiguo y parejo.
Amor no significa querencia
también se puede amar desde lejos.
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Solía pasarme días enteros oyendo esta canción. Continuamente. Como tantas otras. Y un día te pedí a tí que la escucharas...
Yo te invito a caminar conmigo (Silvio Rodríguez)...
para que veamos juntos el mar. ¿Sabías que echo de menos el mar? ¿Sabías que pienso en él casi a diario? No, no lo sabía. Lo sé, no hablo contigo de estas cosas normalmente. Me dirías que las playas están llenas de gente, de niños corriendo y salpicando de arena tu toalla, me hablarías de colillas y de basureros repletos, de quemaduras de 3º grado, de helados derretidos.... y un largo e interminable etc. Ayer estuve pensando en el mar y en los paseos que hacía frecuentemente a la playa. ¿Sabías que cuando era niña la playa olía a salitre y a sol y a luz? Todo mezclado en un olor especial ¿Sabías que desde entonces ya no ha vuelto a oler igual? Nunca creí que acabaría viviendo en un lugar lejos de allí. Y me he traído un frasco lleno de arena para que en ocasiones pueda tocarla con mis dedos. Y tengo una caracola que me ayuda a recordar. Eso tengo.
Hoy, revisando algunas fotografías, encontré las que sacamos en Luarca. Un bello paisaje. Subimos hasta lo alto, donde está el cementerio, tan hermoso. ¿Te acuerdas? Y es que algunos muertos descansan en lugares privilegiados. ¿No te parece?
Hoy te invito a caminar conmigo para que veamos juntos el mar...
Hoy, revisando algunas fotografías, encontré las que sacamos en Luarca. Un bello paisaje. Subimos hasta lo alto, donde está el cementerio, tan hermoso. ¿Te acuerdas? Y es que algunos muertos descansan en lugares privilegiados. ¿No te parece?
Hoy te invito a caminar conmigo para que veamos juntos el mar...
Ironía
No me gusta nada esa cierta tendencia que tengo de creer que la felicidad está en otro lugar. No me gusta nada. La odio. Siempre la misma venda que ciega e impide un ápice de felicidad. Yo quiero ser feliz hoy, sin pensar en que ayer lo fui, porque no es cierto. Ayer tampoco era feliz porque echaba en falta un anteayer lejano. Ahora que vivo lejos de mi familia, amigos, del mar, de la playa, de la arena, de las olas... ahora no pasa un día en que algún recuerdo venga y se quede, sin mi permiso, en mi cabeza, girando y girando. No sé hasta qué punto es saludable recrearse en el pasado. Pienso en pequeños detalles tan aburridos por ser cotidianos, pero que ahora viviría con los ojos bien abiertos para no perder detalle... Mi cabeza apoyada en la ventana del autobus cuando iba al centro, viendo cómo suben y bajan desconocidos y encontrándome de vez en cuando con alguna cara conocida. Intento hacer ese recorrido con mi mente, pero me temo que cada día olvido alguna calle, alguna ventana, alguna de esas caras... lo irónico es pararse a pensar en que quizás, en ese mismo asiento del autobús, mientras veía cómo subían y bajaban desconocidos, con mi cabeza apoyada contra el cristal, yo creía que la felicidad, mi felicidad, estaba en otro lugar.
Esa es la ironía.
Esa es la ironía.
Pasaba por aquí
Pasaba por aquí y sin pararme mucho a pensar - como me he acostumbrado a hacer últimamente - he querido ponerme manos a la obra en esta especie de viaje iniciático. Un poco como si uno coge un tren - por favor, no un coche - y llega a una estación cualquiera para desde allí volver a coger otro tren con otro destino. Sabiendo cual es mi puerto de salida espero poder llegar sana y salva a mi destino :-). Bienvenidos a bordo. Bienvenidos a mi estación.