Nancho Novo - El Solateras (1.0)
Ha pasado Sant Jordi y el otro dia acabé el libro que me regalaron. El Solateras de Nancho Novo. Empieza aquí, por tanto, una recogida de las cosas que me han llamado la atención del libro, ya sea por irónicas, por reflexionantes (existe esta palabra?) o simplemente, por absurdas.
Por cierto, el libro me ha encantado.
"Llego a la gasolinera de Alberto Aguilera (maldito ripio), al fin puedo comprar tabaco. Y cervezas.
Ah, ¿cerveza no? ¿Por qué? Pero si aún no son las diez. Oiga, que son menos cinco. No me joda, hombre. Es que son ganas de joder. No, no me estoy poniendo agresivo, es que hablo en verso. No, no tengo ganas de bronca, pero es que aún no son las diez, cojones. Oiga, que yo a usted no le he faltado.
El tipo de la gasolinera no da su brazo a torcer; un brazo, por cierto, que es de ancho como mi pierna, a las malas me puedo llevar una ensalada de hostias. No le gusta mi pinta y punto: sin afeitar, despeinado, chupa viejo cuero, vaqueros sucios y medio caídos y los ojos como dos semáforos en rojo. Seguro que a un pijo engominado y bien vestido le vende una botella de güisqui aunque sean las diez y diez. No voy a insistir, sé que es un riesgo. Así que opto por una salida elegante.
- Botellas de agua, ¿tiene?
El sujeto calibra la situación por un instante, no sabe si negarme hasta el agua o, por el contrario, hacer más patente su victoria siendo magnánimo con el enemigo. Hay un par de clientes haciendo cola en la caja, más expectantes del final de nuestra contienda de que les cobren.
Obviamente, él ha ganado, así que decide levantar el pulgar, mostrando al pueblo su benevolencia.
- ¿Cómo la quiere, grande o pequeña? - dice, mirando al tendido.
- Grande, grande, la más grande que tenga.... Si es para que se la meta usted por el culo"
Bye
Por cierto, el libro me ha encantado.
Agua
"Llego a la gasolinera de Alberto Aguilera (maldito ripio), al fin puedo comprar tabaco. Y cervezas.
Ah, ¿cerveza no? ¿Por qué? Pero si aún no son las diez. Oiga, que son menos cinco. No me joda, hombre. Es que son ganas de joder. No, no me estoy poniendo agresivo, es que hablo en verso. No, no tengo ganas de bronca, pero es que aún no son las diez, cojones. Oiga, que yo a usted no le he faltado.
El tipo de la gasolinera no da su brazo a torcer; un brazo, por cierto, que es de ancho como mi pierna, a las malas me puedo llevar una ensalada de hostias. No le gusta mi pinta y punto: sin afeitar, despeinado, chupa viejo cuero, vaqueros sucios y medio caídos y los ojos como dos semáforos en rojo. Seguro que a un pijo engominado y bien vestido le vende una botella de güisqui aunque sean las diez y diez. No voy a insistir, sé que es un riesgo. Así que opto por una salida elegante.
- Botellas de agua, ¿tiene?
El sujeto calibra la situación por un instante, no sabe si negarme hasta el agua o, por el contrario, hacer más patente su victoria siendo magnánimo con el enemigo. Hay un par de clientes haciendo cola en la caja, más expectantes del final de nuestra contienda de que les cobren.
Obviamente, él ha ganado, así que decide levantar el pulgar, mostrando al pueblo su benevolencia.
- ¿Cómo la quiere, grande o pequeña? - dice, mirando al tendido.
- Grande, grande, la más grande que tenga.... Si es para que se la meta usted por el culo"
Bye





