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Si me buscas .... no me encuentras
el mundo de un hombre escurridizo
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Sus reglas del juego (I)
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Alicia es así, segura de sí misma, triunfadora, con una mirada capaz de derretirte con un simple pestañeo, unas piernas capaces de hacer enloquecer a un hombre, una piel suave... y unas ideas muy claras.

La conocí hace dos años, en un Seminario. Estaba sentada junto a mí, y al contrario que otras chicas, vestidas con prendas de sport, Alicia dejaba asomar su liguero al sentarse. Cruzaba las piernas y me dejaba recorrer con mi mirada, casi tímida, desde su liguero hasta su tacón de aguja, haciendo que mi imaginación volara. Lo que creí fruto de la casualidad, después confesó, que lo tenía todo ideado.
Quería seducirme y lo consiguió.
Tras la conferencia, la cena y tras ella una copa. Alicia se acercó a mí, mientras me pedía un Southern Confort con hielo.

- Creo que te ha parecido interesante la conferencia - me dijo sonriendo.

No supe que decir, su mirada pícara dejaba al descubierto aquellas miradas que les había dedicado a sus piernas durante la conferencia.

- Tengo algo que te parecerá más interesante - continuó - en una hora te espero en la 344.

Y se marchó.
Pedí dos copas más, sin creerme lo que me estaba pasando. Alicia estaba llevando la iniciativa de forma totalmente novedosa para mí, mi opinión no contaba, ella sabía lo que quería e iba a por ello.
A la hora subí hasta su habitación y me encontré la puerta abierta. Entré despacio.

- Entra - dijo al oir mis pasos.

Alicia estaba tumbada de espaldas en la cama, sin ropa de cintura para abajo.
Me quedé parado, sin saber que hacer.

- ¿No te gusta lo que ves?

- Mucho

- ¿Pues a que esperas?

Me quité los pantalones torpemente, la seguridad de esa mujer me ponía nervioso a la vez que me excitaba demasiado.

Me eché sobre ella, y sin una caricia, sin una palabra, la penetré.
Cuando ambos terminamos, se dió la vuelta y me dijo:

- Ha estado bien, me llamo Alicia

- Yo Gonzalo.

Esa noche poco más hablamos, estabamos ocupados en darnos placer el uno al otro hasta quedar extenuados.

A la mañana siguiente, me pidió mi número de teléfono.

- Te llamaré - me dijo.

Hasta dos meses después no supe nada de ella.
 
Loba
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Me acorralas, me buscas, desnudas tu corazón en mi presencia, buscando algo más de lo que puedo darte.
Lo sabes, te lo he dicho mil veces. Tú no serás en mi vida mas que una más. Una de otras que comparten mi cama. No puedo quererte, no quiero quererte, sólo puedo darte un placer y unas caricias moméntaneas.
Reconozco que me gusta acariciarte, el tacto de tu piel, tu olor, tenerte en mi boca, sumergirme dentro de tí. Pero no puedo pasar de ahí.
Sólo tendrás un corazón furtivo que no te ama porque pertenece a otra persona
Lo sabes, sabes qué es lo que puedo darte y qué es lo único que estoy dispuesto a darte, puedes enredarte entre mis sábanas, puedes enredarme entre tus piernas, pero sólo hoy, mañana será otro día, y quizás haya otra enredada en mis sábanas, otra igual a tí, con tus mismas condiciones.
No quiero reproches.
 
Tus sueños
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Me contabas tus sueños estando entre mis brazos.
Aquella cárcel en la que estabas presa se desvanecía con tus palabras, mientras yo te oía, imaginando nuevos horizontes hechos de papel.
Horizontes de papel que sólo yo rompí huyendo de tus caricias. Y aquella cárcel se convirtió en mi cárcel, donde me encontré sólo y sin mis horizontes.
 
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Hoy he soñado contigo, entre temblores y lágrimas veía tu sonrisa otra vez.
Eras prisionera de mi sueño.

He querido llamarte, he deseado llamarte, he anhelado oir tu voz.

No he sido capaz.

¡Maldito cobarde!


 
Se busca secretaria
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Mi secretaria habitual está de baja desde hace quince días. Su baja durará como poco nueve meses, embarazo de riesgo.

Hace diez días llegó la secretaria nueva. Tiene unos 29 años, y se la veía despierta. Hoy creo que demasiado.
La llegada de la nueva secretaria produjo comentarios en el sector masculino de la empresa, no tanto por lo guapa que es, que lo es, sino por su vestimenta: escotes profundos y minifaldas cortísimas.

He de reconocer que esa vestimenta no me desagrada en una mujer, pero si esa mujer es quién se encarga de recibir a clientes importantes y pasarlos a mi despacho, prefiero una vestimenta mas recatada. Pensé decírselo cuando hubiese superado el periodo de prueba.

Al segundo día de su contrato, noté en Rocío ciertas miradas y ciertos acercamientos no habituales en una relación de jefe y subordinada.

Normalmente los viernes no voy a la oficina, pero éste, había trabajo pendiente y tuve que ir.
Rocío llegó después que yo, y me miró sorprendida. Me fijé que en la primera entrada que hizo al despacho, con una excusa nimia, se había desabrochado un botón de su blusa. La calefacción - pensé.

A las dos de la tarde todos los empleados se habían marchado ya, y Rocío continuaba allí. Puedes irte ya - le dije. Tengo algunas cosas que archivar - me comentó.

Diez minutos después entraba en mi despacho, con otra excusa tonta. Bordeó mi mesa y se puso a mi lado, inclinándose para darme unos documentos para firmar. Tenía su escote a la altura de mis ojos, si hubiese doblado la cara, me hubiese sumergido entre sus pechos.
Me pareció que Rocío no conocía el significado de una mesa de despacho. Ese lugar que hace guardar las distancias entre tú y yo. Ese lugar que pone en su sitio a cada uno de los que comparten la mesa. Ese lugar que es irrebasable. Si eso lo hubiese hecho un hombre probablemente tendría una denuncia por acoso laboral.

Ya está - dije tras firmar los documentos, sin atreverme a girar la cabeza.

Rocío permaneció quieta, sin ponerse derecha. ¿No te gusta lo que ves? - me dijo. E inmediatamente empezó a acariciarme el cuello, haciendome girar, apretando mi cabeza contra su escote, y bajando su mano por mi camisa.

Puse mi mano en su pierna, fui subiendo, acaricié sus medias, su liguero y su piel. Ella abrió sus piernas para facilitarme el camino.

Me puse de pie; ella se agachó y me desabrochó el pantalón, rebuscó hasta encontrar mi polla y sin darme tregua se la metió en la boca. Estuvo jugando con ella unos minutos, chupandola, mordisqueandola.

Le subí la falda, y la senté en la mesa. Mis manos apartaron su tanga, y empecé a pellizcarle el clítoris; tuve una novia que se volvia loca cuando le hacía eso. Empezó a gemir. Con la otra mano, le desabroché más aun la blusa, le bajé los tirantes del sujetador, dejando sus pezones erguidos al descubierto, los fui chupando lentamente primero, y mordisqueandolos después.

Bajé hasta su coñito con mi boca, lamiendolo, follándola con mi lengua hasta que se corrió.

Lo demás os lo podeís imaginar.

Fue un buen polvo. Pero me he quedado sin secretaria: el lunes tendrá una carta de despido sobre su mesa.


 
Un poco de mí: lo único que sabrás
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Soy un tío normal, dicen que tirando a guapo, y con éxito entre las mujeres, a veces más del que me gustaría.
No creais que soy demasiado presuntuoso, simplemente es la realidad.
Tengo un trabajo que me da para vivir y para "algo" más.
Me gusta esconderme tras mi ventana y no dejar que me caces, mientras veo tus intentos absurdos, yo sonrío con una copa de vino en la mano.