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el mundo de un hombre escurridizo
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Sus reglas del juego (II)
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A los dos meses de aquella convención recibí una llamada.
Para entonces, y tras muchas noches pensando en aquella extraña mujer, todo aquello había pasado a engrosar lo que por mí puedo denominar como grato recuerdo.
Descolgué el teléfono, y ahí estaba ella, como resurgida de lo mas hondo de mi memoria y de mis fantasías.
Me dijo que estaba en mi ciudad y que le apetecía verme.
De nuevo ella ponía las reglas y yo me limitaba a asentir. Pero había demasiadas cosas que no conocía de Alicia, y quería conocerlas.
- Te invito a cenar- le dije apresuradamente, antes de que ella me diese de nuevo el nombre y el numero de su habitación de hotel.
Reservé mesa en Polenta.
Durante la cena, la conversación fue interesante, hablamos de nosotros, de nuestras vidas, de sexo, de relaciones.
Alicia estaba casada, pero según ella su relación era una relación liberal, consentida por ambos.
Le gustaba tener sexo salvaje, pero no se acostaba con cualquiera, el hombre elegido debía tener ciertas caracteristicas: moreno, atractivo, alto y vestir bien.
Sus relaciones sexuales, fuera de su matrimonio, además de ser sin compromiso, eran innovadoras, según sus propias palabras, le gustaba experimentar.
Tiempo después me dí cuenta hasta qué punto.

Tras la cena, fuimos a un bar con música en vivo, tomamos un par de copas, bailamos muy juntos, rozandonos, palpandonos, comiéndonos con nuestro aliento; cuando nuestro corazón estaba demasiado acelerado y nuestras hormonas tan revolucionadas como las de dos quinceañeros nos fuimos a su Hotel.

Continuará..........