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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
Albero en los zapatos I
Buscando en el baúl de los recuerdos, en un sentido casi literal, he encontrado varias revistas de las que se editan en mi pueblo anualmente con motivo de la Feria y fiestas populares. En la del año 1990 publiqué un cuentecito (el tema, obviamente era la Feria), que plasmaba la visión de un niño de aquellas fechas. Esa visión no era otra que la mía propia años atrás.

Evitando la tentación de corregir lo más mínimo, transcribo el cuento, que se titula Albero en los zapatos y lleva como subtítulo: “Retales de cuatro días de mi infancia”).

“¿Dónde están mis zapatos?
Dónde van a estar, en su sitio.
Mamá, ¿cuándo nos vamos a ir?

El niño seguía la mirada de su madre, directamente sobre sus pantalones nuevos. El padre, mientras, seguía sin encontrar sus zapatos. La madre abría un cajón y allí estaban, como siempre.

Dame la mano.

Las calles estaban alumbradas y miles de voces alegraban lo que dentro de pocos días volvería a aparecer tan normal, tan vacío y tan triste como todo el año. La madre discutía sobre hay que ver que esa camisa no te pega con esos pantalones, seguido del déjame del padre, y el me voy a montar en los cacharritos del niño a su vecino que saludaba al cruzarse.

Mamá, yo quiero un caramelo como ése.

Entraban en el recinto ferial devorando con alegría el festival de colores, sonidos y aromas, que también era el mismo de todos los años. El hombre de la tómbola ofrecía una calabaza Ruperta a cambio de un regalo sin mucho valor. Algunos adolescentes tiraban con escopetillas trucadas intentando conseguir una botella de vino malo. Los que ya la tenían se la pasaban desgarrando sus gargantas con el líquido caliente. Los que la habían tenido cantaban y se balanceaban riendo sin cesar, algunos de ellos se echaban sobre una pared a vomitar, otros se sentaban en el suelo jurando no beber nunca más. Las niñas estrenaban su traje de gitana. Los volantes de aquél son más bonitos que los del mío, qué traje más feo. El novio martilleaba con fuerza para hacer sonar la campana, su pandilla lo admiraba y la novia le daba un beso en la mejilla. El amigo lo intentaba, no consiguiendo llegar más allá del cincuenta. Todos reían y él se disculpaba sin saber muy bien de qué. Pasaba un niño con algodón de caramelo y alguien, sin querer, se lo tiraba. El niño lloraba y conseguía otro nuevo".

El cuento continúa...
No