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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
Albero en los zapatos III
Aquí termina el cuentecillo Albero en los zapatos:

"Buscaban un sitio y se encontraban con unos amigo. Venid con nosotros. Se sentaban con ellos y la niña repipi le enseñaba el traje que él llamaba feo hasta hacerla llorar.

Niño...
Déjalos, son cosas de chiquillos.

Sonaban las sevillanas y unos jóvenes muy arreglados sacaban a bailar a unas jóvenes muy arregladas. Un vendedor pasaba por la mesa ofreciendo patatas fritas. Llegaba el camarero con los refrescos, el vino y las tapas y cobraba en el acto. Un vendedor de globos se desprendía de dos. Al poco, el niño lo dejaba volar hasta que chocaba con la lona de la caseta.

Un hombre que había bebido demasiado se encaraba con otro que siempre bebía demasiado y estaban a punto de llegar a las manos. Alguien quería evitar la pelea y se llevaba algún golpe.

Un joven tímido aprovechaba la música y el vino para declarar su amor. Ella se sonrojaba y le basaba en los labios.

El niño empezaba a aburrirse y bostezaba descaradamente. Niño, ¿quieres otra Coca-cola? Pero ahora sólo le apetecía dormir. La madre proponía volver a casa y el padre opinaba que era muy temprano. Pero mira el niño. Apuraban la última copa de fino y se despedían. No, nosotros os acompañamos. Por el camino el niño escuchaba a los hombres comentar los resultados de la liga y añadía una puntualización que no sabía por qué hacía reír a todos. La niña repipi dormía entre los brazos de su madre, que hablaba con la madre de él sobre la comida del día siguiente. Pues yo la hago triturando primero los tomates.

Se cruzaban con unos jóvenes que tocaban las palmas desacompasadamente y no sabían muy bien dónde poner los pies. Buenas nos dé Dios.

Ea, hasta mañana. Abría la puerta, encendía la luz y mientras el padre se iba desnudando, ella llevaba al niño al cuarto de baño. Después le ponía el pijama y lo acostaba.

Sueña con los angelitos.
Mamá...
Sí.
¿Cuándo acaba la feria?"
No