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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
El túnel del terror
En la Feria de mi pueblo viví una experiencia aterradora, y no es ningún cuento.

Aún no había la proliferación de Casas del Terror que existe hoy en día. Lo que se estilaba más era el tren de la bruja, o el túnel del terror en el que tu asistías a la aparición de espectros desde la comodidad de tu cochecito, pero no había (o al meno yo no conocía) la modalidad en la que tú entrabas por tu propio pie en un mundo de terror.

Yo tendría como mucho ocho o nueve años. Fui con unos amigos de mi calle a la feria y todos entramos en aquel terrible castillo. En la puerta, nos recibía una figura fantasmagórica que nos advertía. Si sufríamos del corazón, mejor que no siguiéramos. Mis amigos y yo entramos. Nos dieron un pequeño susto, subimos unas escalera, y aparecimos en un pasillo que daba al exterior, una especie de balconcito con una puerta al final. Esa puerta daba paso al verdadero mundo del terror. Mis amigos entraron. Yo me quedé el último. Cuando entré, un horrible monstruo me agarró del pie. Conseguí soltarme, pero estaba muy asustado. El pánico se había apoderado de mí. Intenté entrar varias veces, pero no me atrevía. Me asomaba a aquel túnel oscuro y no conseguía reunir el valor suficiente para volver a entrar. ¿Y mis amigos? Ni idea, probablemente habían sido devorados por fieras infernales.

No venía ningún motivo para seguir adelante y correr su misma suerte. Con más miedo que otra cosa, volví atrás y le pedí al hombre de la puerta, con lágrimas en los ojos, que me dejara salir por allí. Me puso alguna pega, pero me dejó.

Verme en la calle sano y salvo, fue una de las grandes alegrías de aquella feria. Mis amigos salieron al rato diciendo que se lo habían pasado bien. No les creí.
No