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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
Diecisiete pesetas
No estoy totalmente seguro de que fueran diecisiete pesetas, pero esa es la cantidad que se me viene a la cabeza cuando recuerdo aquello.

Por aquella época triunfaba en la tele la serie Pippi Calzaslargas, que a mí me tenía totalmente subyugado.

"La Pelá" vendía unos paquetes de pipas, en bolsa de plástico amarilla, en las que venían cromos de la serie. Como todo niño que se precie, yo hacía la colección.

Hasta ahí, todo correcto. Pero un día mi madre me mandó a comprar una botella de Coca-cola, o de Casera-cola o de la cola que se comprara en aquel entonces. Y me dio diecisiete pesetas.

Yo fui a la casa de "La Pelá", entré y le pedí el refresco, pero me dijo que se le habían acabado. Vi el cielo abierto. Tenía en mi poder diecisiete estupendas pesetas con las que poder hacer lo que me viniera en gana. Diecisiete pesetas a una peseta por bolsa de pipas eran diecisiete bolsas, lo que equivalía a ¡¡diecisiete nuevos cromos!!

Casi no me cabían en las manos. Llegué a mi casa contentísimo con mi cargamento de pipas, pero, al contrario de lo que esperaba, mi madre se enfadó muchísimo. ¿Qué había hecho con la Coca-cola?

-Es que no había.

Ese razonamiento no parecía valerle. A fuerza de suplicar, me dejó quedarme con dos o tres bolsas, pero tenía que ir a descambiar el resto.

Allí iba yo, otra vez calle abajo camino de la casa de "La Pelá" con mis catorce o quince paquetes de pipas. Cuando le dije que quería que me devolviera el dinero equivalente a aquellas bolsas, ella lo hizo, pero también se enfadó conmigo y también me cayó una tremenda bronca.

Creo que en ese momento deseé con todas mis fuerzas ser adulto, algo que seguí deseando siempre que me caía una bronca.
No