Donde la memoria no llega
Hasta ahora, todo lo que he contado lo he sacado de mis propios recuerdos, pero desde que conté lo del mulo de mi padre, me quedaron dos dudas: ¿cómo se llamaba? y ¿qué pasó con él?
Como la memoria no llegaba ahí, he recurrido al servicio de documentación, vamos, que he llamado a mis padres. Y ya tengo esa información.
El mulo se llamaba Morito. Al parecer, cierto día mi padre lo dejó en el campo, literalmente entre algodones, y cuando volvió, se lo habían robado. Nunca más supo de él. Por suerte, lo tenía asegurado. La compañía de seguro pagó a mi padre doce mil pesetas (que para los que ya no saben manejar esa moneda equivalen a los actuales setenta y dos euros).
Pero ya nunca más hubo ningún mulo en mi casa.
Como la memoria no llegaba ahí, he recurrido al servicio de documentación, vamos, que he llamado a mis padres. Y ya tengo esa información.
El mulo se llamaba Morito. Al parecer, cierto día mi padre lo dejó en el campo, literalmente entre algodones, y cuando volvió, se lo habían robado. Nunca más supo de él. Por suerte, lo tenía asegurado. La compañía de seguro pagó a mi padre doce mil pesetas (que para los que ya no saben manejar esa moneda equivalen a los actuales setenta y dos euros).
Pero ya nunca más hubo ningún mulo en mi casa.





