La cizaña
Me encantaban los tebeos. Y a mi hermano también. De muy pequeño, ya quedé atrapado por Mortadelo y Filemón, las hermanas Gilda, Rompetechos, la familia Trapisonda, Gú-gú, todos y cada uno de los personajes del T.B.O...
Aún tengo en la memoria la imagen de mi hermano mayor muriéndose de risa leyendo un tebeo de Rompetechos, porque alguien lo llamaba "Enano cabezón". Hoy día esto no sería posible, porque es políticamente incorrecto, pero no creo que leer aquellas cosas nos hiciera peores.

También me sentí atrapado incondicionalmente en cuanto descubrí los superhéroes. Spiderman era mi favorito, pero devoraba todo lo que llegaba a mis manos. Desde el mago Mandrake hasta el Hombre Araña, que no era Spiderman, sino un tipo con un traje negro y una bombona llena de telas de araña a la espalda.
Pero en mi casa apenas comprábamos un solo tebeo. Existía en esa época la costumbre de cambiar. Si uno tenía un tebeo, iba al quiosco y por una cantidad mínima (una peseta, creo), te lo cambiaban por otro, también usado. Así podías leer muchos sin apenas gastarte un duro.
Y además, tenía amigos que nos prestaban tebeos. Bueno, aunque no siempre las intenciones eran buenas.
Cuando más tarde leí "La Cizaña" de Asterix y Obelix, rápidamente relacioné esa actitud cizañera con lo que una vez hizo uno de estos amigos prestamistas.
Yo estaba en su casa y me dijo: "He dejado un tebeo en tu casa, léelo tú, pero no se lo dejes a tu hermano, o no te dejaré más".
Cuando llegué a mi casa, encontré el tebeo, pero allí estaba mi hermano, leyéndolo. Rápidamente, iniciamos una pelea, porque ninguno se lo quería dejar al otro. Yo entonces salté y le dije lo que me había dicho el dueño del tebeo. Pero para nuestra sorpresa, mi hermano me confesó que a él le había dicho exactamente lo mismo.
Dejamos de pelearnos y los dos leímos el tebeo, pero yo me enfadé mucho con mi amigo. Creo que fue la primera vez que le retiré la palabra a alguien, aunque el enfado no me duró más de dos días.
Aún tengo en la memoria la imagen de mi hermano mayor muriéndose de risa leyendo un tebeo de Rompetechos, porque alguien lo llamaba "Enano cabezón". Hoy día esto no sería posible, porque es políticamente incorrecto, pero no creo que leer aquellas cosas nos hiciera peores.

También me sentí atrapado incondicionalmente en cuanto descubrí los superhéroes. Spiderman era mi favorito, pero devoraba todo lo que llegaba a mis manos. Desde el mago Mandrake hasta el Hombre Araña, que no era Spiderman, sino un tipo con un traje negro y una bombona llena de telas de araña a la espalda.
Pero en mi casa apenas comprábamos un solo tebeo. Existía en esa época la costumbre de cambiar. Si uno tenía un tebeo, iba al quiosco y por una cantidad mínima (una peseta, creo), te lo cambiaban por otro, también usado. Así podías leer muchos sin apenas gastarte un duro.
Y además, tenía amigos que nos prestaban tebeos. Bueno, aunque no siempre las intenciones eran buenas.
Cuando más tarde leí "La Cizaña" de Asterix y Obelix, rápidamente relacioné esa actitud cizañera con lo que una vez hizo uno de estos amigos prestamistas.
Yo estaba en su casa y me dijo: "He dejado un tebeo en tu casa, léelo tú, pero no se lo dejes a tu hermano, o no te dejaré más".
Cuando llegué a mi casa, encontré el tebeo, pero allí estaba mi hermano, leyéndolo. Rápidamente, iniciamos una pelea, porque ninguno se lo quería dejar al otro. Yo entonces salté y le dije lo que me había dicho el dueño del tebeo. Pero para nuestra sorpresa, mi hermano me confesó que a él le había dicho exactamente lo mismo.
Dejamos de pelearnos y los dos leímos el tebeo, pero yo me enfadé mucho con mi amigo. Creo que fue la primera vez que le retiré la palabra a alguien, aunque el enfado no me duró más de dos días.





