JUEGOS III
Llegó el momento de hablar de los juguetes de mi infancia. No tuve muchos, la verdad, pero cada uno lo disfrutaba al máximo.
Desde el incidente con la caja mágica y la peseta, quedé atrapado por el mundo de la magia, así que el Magia Borrás era uno de los regalos que siempre pedía a los Reyes Magos. Un día, llegó a mi poder. Creo recordar que no fue un regalo, sino un trueque con alguien que lo había tenido y a quien no le había gustado, pero eso da igual.
El caso es que cuando lo tuve en mis manos, la impaciencia me venció y salí a la calle a hacer trucos a mis amigos. Pero si algo tiene que tener claro un mago es que hay que ensayar mucho antes de actuar en público. Yo no lo hice. Tanto es así, que iba leyendo el librito de las instrucciones a la vez que realizaba los trucos. Obviamente, me pillaron todos. Y aquella caja perdió su interés. Estoy pensando que tal vez no obtuve el Magia Borrás por trueque, sino que al dejar de tener utilidad, lo cambié por algo. Tal vez unos Juegos Reunidos Geyper.
Mi vecino de enfrente (el de Mammy Blue) tenía un Exin Castillos. Me encantaba. A veces llegaba con su caja llena de piezas a mi casa a la hora de la siesta. Volcábamos todo en la entrada con un estruendo que más de una vez despertó a mi padre. Después construiamos el castillo y poníamos el fantasma en la zona de arriba. Allí me inventaba historietas, era la parte más divertida, más que construirlo.

Los pistoleros e indios de plástico también me divertían mucho, sobre todo cuando me regalaron un fuerte. Ahí montaba auténticas películas de vaqueros.
Pero si hay algo que recuerdo con nostalgia son algunas tardes de verano en la mesa de la cocina. Cuando todos dormían, yo ponía sobre la mesa de la cocina un montón de objetos: reglas, latas, tijeras, etc, simulando un panel de mandos de un barco. Yo me sentaba frente a todo ello, y allí estaba yo, como capitán de un barco en una tormenta. Y eso que todavía no había visto el mar.
Ah, y todavía no he hablado del juguete que rompí antes de que me lo regalaran.
Desde el incidente con la caja mágica y la peseta, quedé atrapado por el mundo de la magia, así que el Magia Borrás era uno de los regalos que siempre pedía a los Reyes Magos. Un día, llegó a mi poder. Creo recordar que no fue un regalo, sino un trueque con alguien que lo había tenido y a quien no le había gustado, pero eso da igual.
El caso es que cuando lo tuve en mis manos, la impaciencia me venció y salí a la calle a hacer trucos a mis amigos. Pero si algo tiene que tener claro un mago es que hay que ensayar mucho antes de actuar en público. Yo no lo hice. Tanto es así, que iba leyendo el librito de las instrucciones a la vez que realizaba los trucos. Obviamente, me pillaron todos. Y aquella caja perdió su interés. Estoy pensando que tal vez no obtuve el Magia Borrás por trueque, sino que al dejar de tener utilidad, lo cambié por algo. Tal vez unos Juegos Reunidos Geyper.
Mi vecino de enfrente (el de Mammy Blue) tenía un Exin Castillos. Me encantaba. A veces llegaba con su caja llena de piezas a mi casa a la hora de la siesta. Volcábamos todo en la entrada con un estruendo que más de una vez despertó a mi padre. Después construiamos el castillo y poníamos el fantasma en la zona de arriba. Allí me inventaba historietas, era la parte más divertida, más que construirlo.

Los pistoleros e indios de plástico también me divertían mucho, sobre todo cuando me regalaron un fuerte. Ahí montaba auténticas películas de vaqueros.
Pero si hay algo que recuerdo con nostalgia son algunas tardes de verano en la mesa de la cocina. Cuando todos dormían, yo ponía sobre la mesa de la cocina un montón de objetos: reglas, latas, tijeras, etc, simulando un panel de mandos de un barco. Yo me sentaba frente a todo ello, y allí estaba yo, como capitán de un barco en una tormenta. Y eso que todavía no había visto el mar.
Ah, y todavía no he hablado del juguete que rompí antes de que me lo regalaran.





