El "maestroscuela"
Con seis años entré en un colegio público a hacer la E.G.B. No sé cómo funciona el sistema educativo en la actualidad, pero en aquel entonces (hablo del año 75 en adelante), teníamos el mismo maestro desde 1º hasta 5º de E.G.B y después, entre 6º y 8º, ya tenías varios, divididos por asignaturas.
El colegio era mixto, pero, no sé por qué, mi clase no. Todos éramos niños. En mi pueblo había bastantes niños que tenían que ayudar a sus familias en las tareas del campo, así que faltaban a clase en la época de la aceituna, en la época del algodón, en la época de la naranja...
No sé cómo sería tomado aquel sistema ahora, pero entonces, nuestro maestro dividía la clase. Había dos filas a la que daba el programa que tuviera previsto, y una tercera con una pizarra independiente para esos chavales temporeros, era la que llamábamos (con permiso) "la fila de los tontos".
Nuestro maestro tenía alma de showman, así que no era raro que un día apareciera con una nariz de payaso, o cogiera un tambor de hojalata y se fuera por todo el colegio tocándolo,... Y además, le encantaba tomarnos el pelo.
Recuerdo que una vez que hice muy bien los deberes o respondí muy bien a sus preguntas, me felicitó, se acercó a mí, me pintó la punta de la nariz con un rotulador y me dijo:
- Esto es para que tus padres sepan que lo has hecho muy bien.
Así que allí iba yo, tan contento por la calle on mi nariz pintada, pensando que era un premio y sin que se me pasara ni por un segundo por la cabeza la idea de que sólo era una broma. Bendita ingenuidad.
El colegio era mixto, pero, no sé por qué, mi clase no. Todos éramos niños. En mi pueblo había bastantes niños que tenían que ayudar a sus familias en las tareas del campo, así que faltaban a clase en la época de la aceituna, en la época del algodón, en la época de la naranja...
No sé cómo sería tomado aquel sistema ahora, pero entonces, nuestro maestro dividía la clase. Había dos filas a la que daba el programa que tuviera previsto, y una tercera con una pizarra independiente para esos chavales temporeros, era la que llamábamos (con permiso) "la fila de los tontos".
Nuestro maestro tenía alma de showman, así que no era raro que un día apareciera con una nariz de payaso, o cogiera un tambor de hojalata y se fuera por todo el colegio tocándolo,... Y además, le encantaba tomarnos el pelo.
Recuerdo que una vez que hice muy bien los deberes o respondí muy bien a sus preguntas, me felicitó, se acercó a mí, me pintó la punta de la nariz con un rotulador y me dijo:
- Esto es para que tus padres sepan que lo has hecho muy bien.
Así que allí iba yo, tan contento por la calle on mi nariz pintada, pensando que era un premio y sin que se me pasara ni por un segundo por la cabeza la idea de que sólo era una broma. Bendita ingenuidad.





