Candela, candela
El fuego tiene gran presencia en mi infancia como elemento familiar. En los días despejados de invierno, mi familia materna solía reunirse tras la casa de mis abuelos, y con maderas, papeles y demás prendían una candela alrededor de la que mis tías se sentaban a cotillear. En los ratos que los niños no estábamos correteando por ahí, nos entreteníamos echando cosas al fuego. No es que recuerde ninguna anécdota en concreto con esas candelas, pero sí recuerdo que era una situación muy placentera. Y no soy pirómano.





