Sensatez infantil
El cine de nuevo.
Mi hermano y yo fuimos a ver Tiburón al cine de mi pueblo. Yo debía tener unos siete u ocho años, mi hermano, unos nueve o diez. La película nos impactó y pasamos mucho miedo.
Esa noche, cuando apagamos la luz y la oscuridad se hizo en nuestra habitación, mi hermano no podía conciliar el sueño. Tenía miedo, le venían a la cabeza imágenes de aquellas terribles mandíbulas. No quería que ningún tiburón se lo comiera mientras dormía.
Pero yo, haciendo gala de una increible sensatez infantil, no entendía cómo mi hermano podía tener miedo. El tiburón vivía en medio del océano, y allí, en la habitación, lo más parecido al mar que había era un orinal de plástico. En aquel momento, aún a tan corta edad, no comprendía que el miedo puede ser algo totalmente irracional.
Mi hermano y yo fuimos a ver Tiburón al cine de mi pueblo. Yo debía tener unos siete u ocho años, mi hermano, unos nueve o diez. La película nos impactó y pasamos mucho miedo.
Esa noche, cuando apagamos la luz y la oscuridad se hizo en nuestra habitación, mi hermano no podía conciliar el sueño. Tenía miedo, le venían a la cabeza imágenes de aquellas terribles mandíbulas. No quería que ningún tiburón se lo comiera mientras dormía.
Pero yo, haciendo gala de una increible sensatez infantil, no entendía cómo mi hermano podía tener miedo. El tiburón vivía en medio del océano, y allí, en la habitación, lo más parecido al mar que había era un orinal de plástico. En aquel momento, aún a tan corta edad, no comprendía que el miedo puede ser algo totalmente irracional.





