Como la seda
Nunca tuve mascotas. Bueno, sí, pero bastante efímeras. Como muchos niños en aquella época, criaba gusanos de seda.
No sé cómo llegaban a mi poder las crías de gusano, pero durante varios años guardé esos gusanos pequeñitos en una caja de zapatos.Para cuidarlos, iba a diario a buscar hojas de morera y las echaba a la caja. Era muy relajante quedarse mirando cómo los gusanos iban comiéndose las hojas poco a poco, dejando los nervios a un lado. Los gusanos iban creciendo, haciéndose cada vez más gordos. Y mientras más crecían, más rápidamente devoraban las hojas de morera.
A la calle salíamos los niños, cada uno con su caja de gusanos, a ver quién los tenía más gordos. Parece que en eso el tamaño también importaba.
Y de pronto, un día, el gusano empezaba a fabricar su capullo. Aquel momento era mágico. En poco tiempo quedaba encerrado en esa caja de seda, y cada día abría la caja esperando que el gusano ya se hubiese convertido en mariposa. Eso sucedía el día menos pensado. Según recuerdo, nunca llegué a ver la mariposa volando, porque su vida era bastante efímera, lo suficiente para llenar la caja de huevos y morir. En fin, tal vez de aquellos huevos nacieran los gusanos para la temporada siguiente.

No sé cómo llegaban a mi poder las crías de gusano, pero durante varios años guardé esos gusanos pequeñitos en una caja de zapatos.Para cuidarlos, iba a diario a buscar hojas de morera y las echaba a la caja. Era muy relajante quedarse mirando cómo los gusanos iban comiéndose las hojas poco a poco, dejando los nervios a un lado. Los gusanos iban creciendo, haciéndose cada vez más gordos. Y mientras más crecían, más rápidamente devoraban las hojas de morera.
A la calle salíamos los niños, cada uno con su caja de gusanos, a ver quién los tenía más gordos. Parece que en eso el tamaño también importaba.
Y de pronto, un día, el gusano empezaba a fabricar su capullo. Aquel momento era mágico. En poco tiempo quedaba encerrado en esa caja de seda, y cada día abría la caja esperando que el gusano ya se hubiese convertido en mariposa. Eso sucedía el día menos pensado. Según recuerdo, nunca llegué a ver la mariposa volando, porque su vida era bastante efímera, lo suficiente para llenar la caja de huevos y morir. En fin, tal vez de aquellos huevos nacieran los gusanos para la temporada siguiente.






