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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
En defensa propia
Me ocurrió otra cosa con otra vecina, pero esta vez fue ella la que salió perdiendo.

La madre de un amigo del colegio, que vivía muy cerca, ponía inyecciones. No sé si tenía titulación, pero lo dudo. Lo importante es que yo, como casi todos los niños, odiaba que me pincharan.

Mi madre me llevó a su casa, pero yo no sabía a lo que iba. Cuando llego, me encuentro con la vecina sacando una enorme jeringuilla y preparándola en esa especie de lata de sardinas en que se ponía a hervir. Era pequeño, pero no tonto, así que ví la que se avecinaba.

Empecé a gritar que no quería que me pincharan. Mi madre me cogió y me puso en sus rodillas con el culo en pompa. La vecina se acercaba amenazante con la jeringuilla en la mano.

Antes de que mi madre pudiera bajarme el pantalón, yo me zafé, le di una tremenda patada en la espinilla a la vecina y huí corriendo del lugar del crimen.

Hasta ahí recuerdo. No sé si me castigaron, si la vecina tuvo problemas en su pierna a consecuencia de mi patada, si llegaron a ponerme esa inyección más tarde... Pero si no lo recuerdo tal vez sea porque he querido olvidarlo, así que mejor no pregunto.
No