No llegué a los Andes
La Primera Comunión se hacía en Tercero de E.G.B, es decir, con ocho años. En mi época había que estar un año entero yendo a catequesis todos los sábados por la tarde.
¡¡Sábados por la tarde!! El día de Sesión de tarde, de los dibujos animados, de Marco, de los Apeninos a los Andes, ¿es que Dios no veía la tele?
Yo había seguido toda la serie de Marco. Me preocupaba mucho lo que le pasara a aquel niño en su viaje y estaba deseando que por fin encontrara a su madre. Y entonces, empezó la catequesis. Al principio el horario me permitía ver los dibujos y salir pitando para llegar a tiempo de empezar las clases en las que me enseñaban que Dios es uno y Trino y esas cosas. Me perdía la película de Sesión de Tarde, pero me acostumbré y pude soportarlo.
Pero de pronto ocurrió la hecatombe: cambiaron el horario. ¿Cuando? Justo el día del último capítulo. Una parte de mí se negaba a asistir aquel sábado a cataquesis, pero otra parte de mí sentía un temor reverencial hacia Dios, que podía castigarme terriblemente si no iba. Así que venció el miedo, fui, y me perdí el último capítulo de una serie que había seguido en reclinatorio. Nunca olvidaré lo mal que me sentí.
Para que después digan que la Iglesia está al tanto de sus feligreses. ¡Ja!

¡¡Sábados por la tarde!! El día de Sesión de tarde, de los dibujos animados, de Marco, de los Apeninos a los Andes, ¿es que Dios no veía la tele?
Yo había seguido toda la serie de Marco. Me preocupaba mucho lo que le pasara a aquel niño en su viaje y estaba deseando que por fin encontrara a su madre. Y entonces, empezó la catequesis. Al principio el horario me permitía ver los dibujos y salir pitando para llegar a tiempo de empezar las clases en las que me enseñaban que Dios es uno y Trino y esas cosas. Me perdía la película de Sesión de Tarde, pero me acostumbré y pude soportarlo.
Pero de pronto ocurrió la hecatombe: cambiaron el horario. ¿Cuando? Justo el día del último capítulo. Una parte de mí se negaba a asistir aquel sábado a cataquesis, pero otra parte de mí sentía un temor reverencial hacia Dios, que podía castigarme terriblemente si no iba. Así que venció el miedo, fui, y me perdí el último capítulo de una serie que había seguido en reclinatorio. Nunca olvidaré lo mal que me sentí.
Para que después digan que la Iglesia está al tanto de sus feligreses. ¡Ja!

Comentario:
me pasó exactamente lo mismo que a tí, pero como soy un año más pequeño que tú me perdí el último capítulo de "orzowey" (¿se escribirá así?)





