logotipo

img_google
Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
Mágica gastronomía
Como en una buena comedia italiana, la vida de mi familia transcurría mucho tiempo en la cocina. En el centro había una gran mesa alrededor de la que giraban muchos momentos del día. Incluso los baños en el barreño de hojalata tenían lugar en aquel recinto.

Comer yogur en aquella época no era algo normal. Es más, recuerdo que en mi casa se compraba yogur de limón como algo excepcional cuando alguien estaba enfermo del estómago. Sí, ante una enfermedad estomacal, había tres remedios infalibles: yogur de limón, tónica y jamón serrano (el delicioso jamón serrano). Por eso no era raro que empezar a tener un dolor de tripa no fuera algo tan nefasto.

Un día, mi madre decidió fabricar yogur ella misma. Compró un yogur de fresa. Llenó varios vasos de leche a los que añadió un poco de yogur en cada uno. Puso al fuego una enorme olla llena de agua, y cuando el agua hirvió, la retiró del fuego y la puso en el centro de la mesa. Era de noche.

Entonces, rodeó la olla con los vasos de leche y yogur, pegándolos a ella. Cogió una manta, la dobló y lo cubrió todo con ella: olla y vasos. Y así lo dejó toda la noche.

A la mañana siguiente, los vasos de leche se habían transformado en yogur.

A mí me daba igual lo que dijeran. Aquello había sido magia.
 
Comentario:
Hola, he pasado a saludarte y decirte que poco a poco te iré leyendo.

Muakis ; )
No