El fin del cine sin fin
Mi hermano y yo, como es normal entre hermanos, nos peleábamos mucho. En nuestras luchas vencía el que conseguía que el otro dijera "me rindo". Pero a veces también nos enfadábamos de verdad.
Cuando esos enfados surgían, la venganza no consistía en una pelea, que al fin y al cabo es una manera rápida de solucionar problemas, sino en algo más frío, más meditado.
Una venganza recurrente era arrancar y destrozar un cromo del álbum. Aunque, sinceramente, ahora no recuerdo si ese castigo me lo hacía mi hermano a mí o yo a mi hermano. El caso es que el álbum de Don Quijote fue poco a poco perdiendo sus cromos hasta quedar inservible.
Es igual, el caso era que cuando las batallas se iban sucediendo, la guerra cobraba crudeza y la venganza podía ser mucho más cruenta.
Y así llegamos al momento que nos ocupa. En un enfado, un gran enfado, mi hermano agarró el objetivo del Cinexin (que era de plástico) y lo arrojó al brasero. Intenté rescatarlo, pero fue demasiado tarde. El objetivo quedó totalmente inservible.
A partir de entonces, sólo podía ver las películas acercando el Cinexin a escasos milímetros de la pared y viendo la proyección casi al mismo tamaño que los fotogramas.
Cosas de niños.
Cuando esos enfados surgían, la venganza no consistía en una pelea, que al fin y al cabo es una manera rápida de solucionar problemas, sino en algo más frío, más meditado.
Una venganza recurrente era arrancar y destrozar un cromo del álbum. Aunque, sinceramente, ahora no recuerdo si ese castigo me lo hacía mi hermano a mí o yo a mi hermano. El caso es que el álbum de Don Quijote fue poco a poco perdiendo sus cromos hasta quedar inservible.
Es igual, el caso era que cuando las batallas se iban sucediendo, la guerra cobraba crudeza y la venganza podía ser mucho más cruenta.
Y así llegamos al momento que nos ocupa. En un enfado, un gran enfado, mi hermano agarró el objetivo del Cinexin (que era de plástico) y lo arrojó al brasero. Intenté rescatarlo, pero fue demasiado tarde. El objetivo quedó totalmente inservible.
A partir de entonces, sólo podía ver las películas acercando el Cinexin a escasos milímetros de la pared y viendo la proyección casi al mismo tamaño que los fotogramas.
Cosas de niños.





