logotipo

img_google
Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
Una vida nada bucólica
Ya lo he dicho. Mi padre trabajaba en el campo. Por eso mismo, para mí el campo nunca tuvo ese significado de vida tranquila que a veces se le da en la ciudad. Desde pequeño sabía que el campo eran madrugones, horarios de sol a sol, frío en invierno y un calor agobiante en verano, inseguridad (cualquier helada lo envía todo al garete)...

En mi casa siempre nos inculcaron la idea de que teníamos que estudiar para alejarnos del campo. Además, cuando mi hermano y yo nos peleábamos, uno de los castigos más habituales consistía en separarnos llevándose a uno de nosotros a que acompañara a mi padre. Normalmente, tengo que reconcerlo, el que salía perdiendo era mi hermano mayor. Cuando preguntaba por qué se lo llevaba a él, la respuesta era: "porque eres el mayor". Él se quejaba porque eso era algo de lo que él no tenía la culpa, siempre iba a ser el mayor.

Esos castigos no consistían en trabajar la tierra, sino en estar allí, sin nada en particular que hacer, mientras mi padre realizaba sus faenas. Al menos, cuando íbamos los dos, podíamos jugar, tirarnos piedras, correr, esas cosas.

Aunque también tengo que reconocer que me encantaba pasar un día en el campo cuando íbamos con la familia a comer allí. Pero eso era otra historia.

Mi hermano y yo, lejos del campo
No