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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
Vender y llorar
En aquella decisión de cambiar de casa entraba en juego un factor emocional que a mí apenas me afectó. Mis padres llevaban viviendo allí muchos años, creo que incluso había sido la casa de mis abuelos paternos. Muchas vivencias, muchos recuerdos.

Yo tenía entre diez y once años. A veces acompañaba a mis padres para ver las casas en venta. Me gustaba imaginar que mis comentarios podían inclinar la balanza en una u otra dirección. No sé si fue así, pero la verdad es que acabaron comprando la casa a la que le di mi bendición.

Ya estaba, era un hecho que nos íbamos a mudar. En ese momento fui consciente de que no me aferraba mucho a los objetos. Nunca lo he hecho. Si pierdo algo, si se me rompe algo, me molesta por el hecho de quedarme sin ese algo, pero no le añado ningún componente sentimental.

Mis hermanos pequeños eran aún muy pequeños, pero mi hermano mayor y mi madre lloraban a lágrima viva durante los largos días de adios a lo que había sido nuestro hogar. No vi llorar a mi padre, pero también parecía triste. Sin embargo, yo me sentía bien. Nos mudábamos a una casa mejor. ¿Qué había de triste en aquello?

Pero surgió un problema, nos compraron la casa antes de que pudiéramos ir a vivir a la nueva. ¿Qué íbamos a hacer?
No