ANCÁ LA ABUELA
Cuando parecía que íbamos a tener que vivir debajo de un puente, la solución al problema fue muy sencilla: mudarnos temporalmente a la casa de mi abuela. Bueno, de mis abuelos, pero la vida en los pueblos andaluces es matriarcal en lo que a eso se refiere. Yo nunca dije "me voy ancá los abuelos", siempre era "me voy ancá la abuela".
Su casa era muy grande. Allí habían vivido ellos con sus siete hijos (seis hijas y un hijo), por lo que había espacio de sobra para acojernos.
Mientras los obreros ponían patas arriba la nueva vivienda, yo viví un paréntesis que convertía en mi cabeza en una especie de aventura.
Dormía en uno de esos colchones de lana en los que te hundes completamente cuando te acuestas, presidido por un cuadro del Ángel de la Guarda o Ángel Custodio (no sé si son el mismo) que éra un cuadro que debía estar en la mayoría de las casas de España de aquella época.
Aquello sí que era una comedia italiana: la abuela, el abuelo, los padres, los cuatro hermanos, y encima unos tíos míos con sus dos hijos (mi famosa prima de la que, la verdad, apenas he hablado) y un primo que muchos años después acabó compartiendo piso conmigo en Madrid.
Por mí, hubiera seguido viviendo allí mucho tiempo. Pero no podía ser.
Su casa era muy grande. Allí habían vivido ellos con sus siete hijos (seis hijas y un hijo), por lo que había espacio de sobra para acojernos.
Mientras los obreros ponían patas arriba la nueva vivienda, yo viví un paréntesis que convertía en mi cabeza en una especie de aventura.
Dormía en uno de esos colchones de lana en los que te hundes completamente cuando te acuestas, presidido por un cuadro del Ángel de la Guarda o Ángel Custodio (no sé si son el mismo) que éra un cuadro que debía estar en la mayoría de las casas de España de aquella época.
Aquello sí que era una comedia italiana: la abuela, el abuelo, los padres, los cuatro hermanos, y encima unos tíos míos con sus dos hijos (mi famosa prima de la que, la verdad, apenas he hablado) y un primo que muchos años después acabó compartiendo piso conmigo en Madrid.
Por mí, hubiera seguido viviendo allí mucho tiempo. Pero no podía ser.





