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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
Una pedalada más
Hay un hecho significativo en la vida de cualquier niño que me he saltado sin darme cuenta: el momento en que aprendes a montar en bicicleta.

Ya conté el miedo que pasaba a veces en el trasportín de la bici de mi hermano. Así que había que vencer ese miedo montando en la bicicleta por mis propios medios. Este suceso aconteció cuando aún vivía en la casa de Las Morerías. La calle tenía una buena pendiente, y ahí empecé a dar mis primeras pedaladas, con los patines puestos en las ruedas traseras.

Recuerdo con claridad el día en que por fin me monté en la bicicleta sin patines. Mi hermano agarraba la bici para que mantuviera el equilibrio, y en un momento dado, me soltó. Yo avancé, muy ufano de no caer al suelo a las primeras de cambio. Pero pronto perdí el control, me asusté y acabé frenando de una manera muy radical: chocando contra un coche aparcado en la calle.

Poco a poco aprendí a montar en bici, aunque siempre me daba miedo coger demasiada velocidad en las cuestas abajo. El freno (que consistía en poner el zapato bajo la horquilla de la rueda delantera) era el elemento de la bicicleta que más usaba. Cierto día, bajaba por un terraplén y frené con tanto ímpetu que acabé volando por los aires y cayendo entre tierra y arbustos.

Pero, ¿qué niño no se hace magulladuras cuando monta en bici?
No