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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
Se sienten, coño
Me faltaban aún más de tres meses para cumplir los doce años. Estaba en sexto de E.G.B. El día era 23 de Febrero de 1981.

No recuerdo exactamente cómo comenzó todo. Creo que estábamos en clase y uno de los profesores (precisamente el profesor duro del que hablé antes) llegó muy acelerado y nos dijo que no nos preocupáramos, que no iba a pasar nada, que todo se arreglaría. Nosotros, niños sin ninguna implicación política, no estábamos en absoluto preocupados. El caso es que, por si la cosa se complicaba, nos mandaron a casa.

Lora del Río está a unos 520 kilómetros de Madrid. Y eso, en 1981 era más distancia que ahora. Así que en mi casa no había ningún tipo de temor. La idea que flotaba era que lo que tuviera que pasar, pasaría.

En casa, conectamos la tele (no la radio) y allí estaba, en emisión ininterrumpida. Por aquel entonces sólo existían la primera y la segunda (o UHF), y la emisión se interrumpía a la hora de la comida y se volvía a reanudar por la tarde. Pero aquel día no, aquel día la tele estuvo veinticuatro horas emitiendo.

Así que para mí, el recuerdo del 23 F es el de unas minivacaciones en las que pude tragarme sin cesar películas, dibujos animados, más dibujos animados, más películas. Aquella noche me acosté tarde, muy tarde. De hecho, de vuelta al colegio, los niños no hablábamos del tipo con bigote, sino de lo divertida que había sido esa película de boxeo en la que un boxeador combatía al ritmo de música clásica. Y todos imitábamos la escena en cuestión (no estoy seguro, pero la película puede que fuera El asombro de Brooklyn, protagonizada por Danny Kaye).

Menos mal que el golpe no triunfó y ahora puedo contar aquello como una anécdota, pero lo que está claro es que cada uno vive la historia según le pilla.
No