Terror nocturno
Como ya he contado, cuando llegaba el verano, llegaba mi primo. En la nueva casa se quedaba a dormir con nosotros. Mi habitación era enorme. En ella dormíamos mi hermano mayor y yo en dos camas, y en otra, colocada transversalmente, mi hermano, el tercero. El pequeño dormía en la habitación de mis padres.
Pero cuando venía mi primo, no había más camas, así que tirábamos un colchón al suelo, junto a la ventana, y allí dormíamos los dos, con medio cuerpo fuera para aprovechar el fresco del suelo, y medio cuerpo dentro del colchón de espuma.
Bueno, lo de dormir es mucho decir, porque nuestra afición favorita era contarnos películas. Podíamos tirarnos hasta las tantas de la noche contándonos las películas que habíamos visto desde la última vez. Y no hacíamos un resumen del argumento, sino que empezábamos por el principio e intentábamos ir contándola paso a paso, detalle a detalle. Si contábamos una de aventuras, poníamos emoción, si era comedia, humor, y si era miedo, intentábamos crear la atmósfera de terror.
Y en una de esa estábamos, contando una película de miedo (creo que yo le contaba Phantasma a él, pero puede que la memoria me falle), cuando en lo más terrorífico del relato, algo ocurrió.
En medio de la tensión creciente, una sombra apareció por el pasillo, tras la sombra, como en la escena más terrorífica de una película de serie B, una mujer en camisón movido por la brisa nocturna. Nuestro grito tuvo que oírse en kilómetros a la redonda. Toda la familia se despertó.
Pero, bueno, tampoco era para tanto. Al fin y al cabo, sólo se trataba de mi madre. Tener sed en mitad de la noche puede tener estas consecuencias...

Pero cuando venía mi primo, no había más camas, así que tirábamos un colchón al suelo, junto a la ventana, y allí dormíamos los dos, con medio cuerpo fuera para aprovechar el fresco del suelo, y medio cuerpo dentro del colchón de espuma.
Bueno, lo de dormir es mucho decir, porque nuestra afición favorita era contarnos películas. Podíamos tirarnos hasta las tantas de la noche contándonos las películas que habíamos visto desde la última vez. Y no hacíamos un resumen del argumento, sino que empezábamos por el principio e intentábamos ir contándola paso a paso, detalle a detalle. Si contábamos una de aventuras, poníamos emoción, si era comedia, humor, y si era miedo, intentábamos crear la atmósfera de terror.
Y en una de esa estábamos, contando una película de miedo (creo que yo le contaba Phantasma a él, pero puede que la memoria me falle), cuando en lo más terrorífico del relato, algo ocurrió.
En medio de la tensión creciente, una sombra apareció por el pasillo, tras la sombra, como en la escena más terrorífica de una película de serie B, una mujer en camisón movido por la brisa nocturna. Nuestro grito tuvo que oírse en kilómetros a la redonda. Toda la familia se despertó.
Pero, bueno, tampoco era para tanto. Al fin y al cabo, sólo se trataba de mi madre. Tener sed en mitad de la noche puede tener estas consecuencias...






