El mulo de mi padre (con perdón)
La cosa es muy simple. Mi padre tenía un mulo para las faenas del campo.

Como ya he dicho mi casa tenía un pasillo enorme. Se entraba y no había puertas. Se pasaba por el pasillo dejando al lado una especie de hall, una despensa, la puerta que daba a las escaleras del soberao, el salón, y allí el pasillo se encontraba con la primera puerta, que daba a un patio alargado (tipo pasillo). El patio daba a la cocina y en la cocina había otra puerta que daba al corral (en el que estaba el bidón de lavar). Al final del corral, te encontrabas con la cuadra.
Pues bien, cada vez que mi padre volvía del campo con el mulo, tenía que pasar por toda la casa hasta llegar a la cuadra. No era raro que al mulo le diera por cagar por el camino.
Recuerdo que una vez me desperté en mi cuna (dormí en cuna hasta bastante mayor, por lo menos hasta los cinco años). Había tenido un sueño terible. El mulo se había soltado y corría encabritado por toda la casa. Me desperté angustiado, pensando que iba a entrar en cualquier momento al dormitorio, pero no ocurrió nada. Es curioso que ese sueño no se me haya olvidado nunca. Y más curioso es que un día, leyendo una novela de García Márquez (creo que El general en su laberinto) encontré un pasaje que relataba algo muy parecido.
En fin, ahora que he presentado al mulo de mi padre y al bidón donde lavaba mi madre, puedo contar cómo gracias a ellos probé por primera vez un manjar muy español.

Como ya he dicho mi casa tenía un pasillo enorme. Se entraba y no había puertas. Se pasaba por el pasillo dejando al lado una especie de hall, una despensa, la puerta que daba a las escaleras del soberao, el salón, y allí el pasillo se encontraba con la primera puerta, que daba a un patio alargado (tipo pasillo). El patio daba a la cocina y en la cocina había otra puerta que daba al corral (en el que estaba el bidón de lavar). Al final del corral, te encontrabas con la cuadra.
Pues bien, cada vez que mi padre volvía del campo con el mulo, tenía que pasar por toda la casa hasta llegar a la cuadra. No era raro que al mulo le diera por cagar por el camino.
Recuerdo que una vez me desperté en mi cuna (dormí en cuna hasta bastante mayor, por lo menos hasta los cinco años). Había tenido un sueño terible. El mulo se había soltado y corría encabritado por toda la casa. Me desperté angustiado, pensando que iba a entrar en cualquier momento al dormitorio, pero no ocurrió nada. Es curioso que ese sueño no se me haya olvidado nunca. Y más curioso es que un día, leyendo una novela de García Márquez (creo que El general en su laberinto) encontré un pasaje que relataba algo muy parecido.
En fin, ahora que he presentado al mulo de mi padre y al bidón donde lavaba mi madre, puedo contar cómo gracias a ellos probé por primera vez un manjar muy español.
Comentario:
Es cierto. Tu blog enseña.
Comentario:
Estoy descubriendo cosas que no sabia. Sigue asi.
Luna
Luna





