Introducción al erotismo
Vuelvo un poco atrás para lanzar una mirada a las primeras revistas pornográficas que pude contemplar. Aún vivía en Las Morerías, y, como ya he dicho, mis amigos eran todos mayores que yo. Estoy hablando de finales de los setenta, pero ya había revistas completamente pornográficas. Aquellas fotos en papel brillante de mujeres totalmente desnudas practicando todo tipo de sexo me fascinaron. Cada vez que mis vecinos, ya adolescentes, se hacían con uno de aquellos ejemplares, yo me unía a la contemplación.
Además de lo puramente pornográfico, una revista que hacía furor era el LIB, que además de fotografías eróticas incluía relatos, consultorios, chistes... Algunos de aquellos números llegaban a nuestras manos con algunas páginas pegadas entre sí. Poco después supe por qué.
Una imagen que se me viene a la mente es la de varios amigos de la calle paseando en bicicleta por las afueras del pueblo y parando a recoger revistas porno-eróticas viejas tiradas en el arcén de la carretera. No tengo ni idea de quién las tiraba allí ni de por qué sabíamos dónde estaban, pero aún puedo verme allí, bajo el sol abrazador del verano, recogiendo las revistas del suelo y pasando sus páginas acartonadas a la vez que hacíamos comentarios.
Es que no había internet.
Además de lo puramente pornográfico, una revista que hacía furor era el LIB, que además de fotografías eróticas incluía relatos, consultorios, chistes... Algunos de aquellos números llegaban a nuestras manos con algunas páginas pegadas entre sí. Poco después supe por qué.
Una imagen que se me viene a la mente es la de varios amigos de la calle paseando en bicicleta por las afueras del pueblo y parando a recoger revistas porno-eróticas viejas tiradas en el arcén de la carretera. No tengo ni idea de quién las tiraba allí ni de por qué sabíamos dónde estaban, pero aún puedo verme allí, bajo el sol abrazador del verano, recogiendo las revistas del suelo y pasando sus páginas acartonadas a la vez que hacíamos comentarios.
Es que no había internet.





