El monstruo de Guatemala
Puestos a hablar de la Feria de Lora, he recordado un momento significativo, algo que parece sacado de una película de David Linch pero que ocurrió en mi pueblo y supongo que en muchos más pueblos.
En la feria, además de las típicas casetas de baile, farolillos y sevillanas, de las casetas de tiro y de las atracciones mecánicas, había otro tipo de atracción: la exhibición de seres peligrosos y sobrenaturales. Una variante muy repetida eran los terrarios de serpientes, en los que un camino circundaba el hábitat de unos enormes reptiles que apenas se movían, pero que daban mucho miedo.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención en mi infancia fue el año que apareció El Monstruo de Guatemala. Cuando paseabas por el real de la feria, oías una megafonía que aseguraba que tras el terremoto de Guatemala (hubo uno terrible en el año 76) había aparecido un monstruo entre los escombros. Nosotros teníamos suerte porque alguien había conseguido atraparlo y estaba allí, dentro de aquella barraca. Luces parpadeantes llamaban la atención para que no pasaras de largo por la puerta. Y la voz del charlatán repetía una y otra vez: "El monstruo de Guatemala, el monstruo de Guatemala..."
A mí me daba mucho miedo entrar. ¿Qué podía encontrarme allí dentro? ¿Rompería su jaula y nos atacaría? Pero me armé de valor, pagué la entrada y me decidí a arriesgar mi vida.
La escenografía estaba muy bien dispuesta. Pasabas por un pasillo estrecho, apartabas una cortina, y accedías a una especie de estrado desde el que ver un pequeño escenario a oscuras. Cuando todo el mundo había entrado. Se encendían unas luces y allí estaba: el mismísimo monstruo mirándote cara a cara. El monstruo no estaba en ninguna jaula, sino que estaba de pie, abierto en aspa y con las extremidades atadas a unos postes laterales. Ante el brillo de las luces, rugía e intentaba desatarse.
Yo era pequeño (tendría siete u ocho años), pero incluso así me di cuenta del engaño. El monstruo no era otra cosa que un enano (encima era un monstruo pequeño) absurdamente disfrazado (creo que con una careta de cuero tipo Anibal Lecter) y poco más.
Aún así, sabiendo que todo era un engaño, la imagen de aquella barraca me impactó. Tal vez por lo sórdido del asunto.
En la feria, además de las típicas casetas de baile, farolillos y sevillanas, de las casetas de tiro y de las atracciones mecánicas, había otro tipo de atracción: la exhibición de seres peligrosos y sobrenaturales. Una variante muy repetida eran los terrarios de serpientes, en los que un camino circundaba el hábitat de unos enormes reptiles que apenas se movían, pero que daban mucho miedo.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención en mi infancia fue el año que apareció El Monstruo de Guatemala. Cuando paseabas por el real de la feria, oías una megafonía que aseguraba que tras el terremoto de Guatemala (hubo uno terrible en el año 76) había aparecido un monstruo entre los escombros. Nosotros teníamos suerte porque alguien había conseguido atraparlo y estaba allí, dentro de aquella barraca. Luces parpadeantes llamaban la atención para que no pasaras de largo por la puerta. Y la voz del charlatán repetía una y otra vez: "El monstruo de Guatemala, el monstruo de Guatemala..."
A mí me daba mucho miedo entrar. ¿Qué podía encontrarme allí dentro? ¿Rompería su jaula y nos atacaría? Pero me armé de valor, pagué la entrada y me decidí a arriesgar mi vida.
La escenografía estaba muy bien dispuesta. Pasabas por un pasillo estrecho, apartabas una cortina, y accedías a una especie de estrado desde el que ver un pequeño escenario a oscuras. Cuando todo el mundo había entrado. Se encendían unas luces y allí estaba: el mismísimo monstruo mirándote cara a cara. El monstruo no estaba en ninguna jaula, sino que estaba de pie, abierto en aspa y con las extremidades atadas a unos postes laterales. Ante el brillo de las luces, rugía e intentaba desatarse.
Yo era pequeño (tendría siete u ocho años), pero incluso así me di cuenta del engaño. El monstruo no era otra cosa que un enano (encima era un monstruo pequeño) absurdamente disfrazado (creo que con una careta de cuero tipo Anibal Lecter) y poco más.
Aún así, sabiendo que todo era un engaño, la imagen de aquella barraca me impactó. Tal vez por lo sórdido del asunto.





