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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
El arte de copiar
Siempre se me dieron bien los estudios, ¿qué voy a hacerle? Aprobaba todos los exámenes e incluso a veces me gustaba hacer los deberes, pero no me recuerdo como un niño repelente. Aunque tuviera dos pies izquierdos para el fútbol, me defendía en el baloncesto, me gustaba estar en la calle y tenía bastantes amiguetes.

Pero nunca había usado una chuleta, nunca había copiado, y sentía que eso era algo que había que hacer para ser un niño "normal". Por eso, en séptimo u octavo (no importa) decidí que había llegado el momento de dar ese paso. Aún así, estudié para el examen de Historia o Ciencias Sociales (no importa).

Llegado el momento de la prueba, leí las preguntas. Más o menos sabía qué tenía que responder, pero había una fecha que no tenía muy clara. Ahí estaba mi oportunidad, por fin un motivo real para copiar. Tenía el libro tirado a un lado del pupitre, con disimulo (ja) lo abrí, buscando la página de la lección pertinente. No pude llegar. Al momento apareció el profesor, me cerró el libro y sólo me dijo: "Cuevas, no te hace falta".

Ni me echó de clase, ni me quitó el examen, ni nada. Sentí una mezcla de alivio y decepción.

Eso sí, aprobé.
No