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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
No hay mal que por bien no venga
Gracias a que mi padre tenía un mulo, teníamos una cuadra en casa. Y gracias a la cuadra y al famoso bidón-lavadora, probé por primera vez el jamón.

Bueno, en verdad fue gracias a una desgracia.

Los días de lluvia, mi madre desplazaba el bidón al interior de la cuadra y allí calentaba el agua. Siempre se preocupaba de apagar muy bien las brasas, porque en la cuadra había paja. Pero un día, algún ascua debió quedar prendida y la cuadra salió ardiendo. Por suerte ese día mi padre había dejado al mulo en el campo.

No recuerdo absolutamente nada de ese incendio, que no afectó más que a la cuadra. Sólo recuerdo el paisaje posterior, paredes ennegrecidas, madera quemada, una cuadra inservible...

Y entonces llegaron los albañiles.

Supongo que aún era pequeño para ir al colegio, así que mi hermano mayor estaba en clase. Mi madre se fue a hacer la compra y le pidió a los albañiles que cuidaran de mí hasta que ella volviera. Yo me entretuve con el espectáculo favorito de los jubilados: ver albañiles trabajando. A todo esto, llegó la hora del bocadillo. Los albañiles se sentaron en el suelo y sacaron su comida. Yo seguía allí, hablando no sé de qué.

De pronto, uno de ellos me dio un trozo de su bocadillo. Lo probé y no podía creérmelo. ¡Aquello era lo más delicioso que había probado en mi vida! Quise saber inmediatamente qué era aquello que tanto me había gustado y el albañil me contestó riendo:

-Se llama "ja-món", dile a tu madre que te compre.

Y así fue como, gracias a una desgracia, el jamón entró en mi vida.
No