Mal de muchos...
Siguiendo con los estudios, también en esto, como en todo, hubo una primera vez. Me refiero a un suspenso.
Alguien descubrió que la profesora de Inglés guardaba los exámenes en un cajón de un aula colindante a la nuestra. El cajón estaba bajo llave, pero no sé quién ni cómo, consiguió sacar un examen, lo fotocopió y acabó distribuido entre todos y cada uno de nosotros. No había ni un sólo alumno que no tuviera todas las preguntas al menos una semana antes del examen. A esa edad (recuerdo que hablo de los trece o catorce años más o menos), no teníamos las luces para imaginar que una elevación tan repentina del nivel hubiera levantado las sospechas inmediatamente.
Pero no hizo falta llegar hasta eso. El gran fiasco llegó durante el propio examen. A uno de los estudiantes con menos luces se le ocurrió la feliz idea de llevar las respuestas copiadas en una enorme chuleta. Todas.
El problema no fue que las llevara, sino que la profesora lo pilló. Al ver ahí plasmadas las respuestas a las preguntas que tan celosamente había guardado bajo llave, su mundo de seguridad se vino abajo y montó una especie de consejo de guerra. No recuerdo si linchamos a aquel alumno, ni si alguien confesó (aunque creo que el "chivato" acabó siendo el Americano). El caso es que la profesora nos premió con un suspenso general.
Al menos me quedó el consuelo de que mi primer suspenso lo compartía con toda la clase. Ya se sabe, mal de muchos...
Alguien descubrió que la profesora de Inglés guardaba los exámenes en un cajón de un aula colindante a la nuestra. El cajón estaba bajo llave, pero no sé quién ni cómo, consiguió sacar un examen, lo fotocopió y acabó distribuido entre todos y cada uno de nosotros. No había ni un sólo alumno que no tuviera todas las preguntas al menos una semana antes del examen. A esa edad (recuerdo que hablo de los trece o catorce años más o menos), no teníamos las luces para imaginar que una elevación tan repentina del nivel hubiera levantado las sospechas inmediatamente.
Pero no hizo falta llegar hasta eso. El gran fiasco llegó durante el propio examen. A uno de los estudiantes con menos luces se le ocurrió la feliz idea de llevar las respuestas copiadas en una enorme chuleta. Todas.
El problema no fue que las llevara, sino que la profesora lo pilló. Al ver ahí plasmadas las respuestas a las preguntas que tan celosamente había guardado bajo llave, su mundo de seguridad se vino abajo y montó una especie de consejo de guerra. No recuerdo si linchamos a aquel alumno, ni si alguien confesó (aunque creo que el "chivato" acabó siendo el Americano). El caso es que la profesora nos premió con un suspenso general.
Al menos me quedó el consuelo de que mi primer suspenso lo compartía con toda la clase. Ya se sabe, mal de muchos...





