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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
Encuentros en alguna fase
En aquellos años me encantaba todo lo que diera miedo. Los sábados por la noche me acostaba escuchando en la cadena SER un programa que presentaba Antonio José Alex y que comenzaba creando ambiente con el O Fortuna del Carmina Burana. Ya desde ese punto yo estaba acurrucado en las sábanas esperando sufrir con las historias, las psicofonías, las invasiones alienígenas, los misterios sin resolver.

Y teniendo tanto interés en aquellos temas, un día ocurrió algo que le hizo dar un vuelco a mi corazón.

Eran vacaciones de Navidad y mi famoso primo se quedaba a dormir en mi casa. Nos fuimos a la cama y pusimos la radio mientras nosotros charlábamos de nuestras cosas. De pronto, en la radio, interrumpen la programación habitual para dar una noticia de alcance. En Madrid ha ocurrido algo sorprendente. Se han avistado unas extrañas naves tomando tierra en algún lugar. Todo el interés de la emisora se centró en aquel evento. Pronto descubrieron que se trataba de unas naves que habían aterrizado en la Casa de Campo de Madrid. Yo escuchaba aquello con una emoción nada contenida. ¡Los extraterrestres se querían comunicar con nosotros! ¡Existían!

La Cadena SER desplazó rápidamente una unidad móvil a la Casa de Campo. Allí había ya un cordón creado por los militares para que nadie se acercara. No recuerdo la descripción de las naves, pero eran tal y como yo me las imaginaba. Circulares, con luces que salían del interior. El ejército estaba alerta, intentando comunicarse con los tripulantes de aquel artefacto y en espera de cualquier cosa.

Por la radio podíamos oir claramente el ambiente tenso, los vehículos pasando de un sitio a otro, la gente arremolinada alrededor del cordón, algún militar que no quería dar testimonios...

Tras un buen rato así, desconectaron para dar paso a otro programa. Nos mantendrían informados. Era tarde y no aguantamos. Nos quedamos dormidos.

Al día siguiente, nada más despertar, volvimos a poner la radio. Nada, ni una mención. Paseamos por todas las emisoras del dial y nada. Pusimos la tele. Nada.

Seguramente en el Telediario aclararían algo. Nada, ni una triste nota.

La invasión había comenzado a las doce de la noche anterior. En puridad, ya era 28 de Diciembre.
No