Canción número nueve
Debido a asuntos personales ( entre ellos que he formado parte de las listas electorales en estas pasadas elecciones) no he podido dedicar tiempo a los archivos. Vuelvo ahora con este poema.
Sin mi no hay tiempo ni destino
No fluirán los días ni el pasado
Soñará con traerte los fugaces oasis.
Soy la impertinencia de las horas
Las mañanas repletas de resaca
El último brindis de tu esfuerzo.
Amparo las tormentas que deshace la vida
Convoco tus temores y tus risas
Y voy dejando rastro de tus muertos.
Soy mirada y destino de todos tus deseos
Cárcava insondable que amenaza tus noches
Soy rumor y escenario de emociones perdidas.
Cargo sobre mis hombros el caos de los impulsos,
La sima de tus luces se enrosca en mis abrazos;
Cuando hablas me nombras sin ser nunca consciente.
Soy la extraña manera que tienes de mirarme,
La caricia del pubis, la piel que te recubre.
Soy el humo que exhalas, el mar de tus sargazos.
Soy el tiempo que olvidas en todos tus recuerdos,
La imagen que atenaza tus pronósticos,
el hueco de miserias que engendra los presentes.
Abandono a tu suerte mis cuidados,
Imposible acurruco mi nombre en tus caricias,
Me duermo, así olvidado, como un dios inservible,
y espero.
Yo sé que lo que espero es un milagro.
Sin mi no hay tiempo ni destino
No fluirán los días ni el pasado
Soñará con traerte los fugaces oasis.
Soy la impertinencia de las horas
Las mañanas repletas de resaca
El último brindis de tu esfuerzo.
Amparo las tormentas que deshace la vida
Convoco tus temores y tus risas
Y voy dejando rastro de tus muertos.
Soy mirada y destino de todos tus deseos
Cárcava insondable que amenaza tus noches
Soy rumor y escenario de emociones perdidas.
Cargo sobre mis hombros el caos de los impulsos,
La sima de tus luces se enrosca en mis abrazos;
Cuando hablas me nombras sin ser nunca consciente.
Soy la extraña manera que tienes de mirarme,
La caricia del pubis, la piel que te recubre.
Soy el humo que exhalas, el mar de tus sargazos.
Soy el tiempo que olvidas en todos tus recuerdos,
La imagen que atenaza tus pronósticos,
el hueco de miserias que engendra los presentes.
Abandono a tu suerte mis cuidados,
Imposible acurruco mi nombre en tus caricias,
Me duermo, así olvidado, como un dios inservible,
y espero.
Yo sé que lo que espero es un milagro.
Profecía testamento
Profecía testamento. Con este título figura en la última de las carpetas que he revisado.
"Cuando caigan esferas
y mis manos
inútiles se extiendan
y se nuble la vista de pretéritos.
Cuando todo me falte
porque la vida huya magnánima a otros cuerpos
y el horizonte sea la pared de mi cuarto.
Yo también me habré ido.
Migajas de mi sombra pelusarán los tibios
rincones
que barrerán los tiempos."
Ha reventado el alba su líquido amarillo
¿Podemos llamar a esto noche de pasión? bueno, que lo digo irónicamente.
"Ha reventado el alba su líquido amarillo.
En mitad de tus labios se derrama
y la otra mitad, desentendida y hosca,
sus suavidad esconde entre las sábanas.
Si eternizar pudiera esa insabida imagen
tu abandono desnudo, tu insolencia,
moriría fascinado. No temo la pasión
que negaré suscitas. Confieso no saber qué es lo que temo.
Pero el vértigo acecha en los jardines
y su asedio se mide en mis audacias.
No nos aguardan más amaneceres
y contemplo cohibido tu inocencia.
Los límites exactos de tu espalda
los sigo con los dedos. Desearía robarte
la ternura. Huir, como he de huir,
desenlazando hiedras de tu infancia.
Abrazando a tu noble indiferencia
mis odios conocidos. Pero no,
aunque hubieras exigido fieramente quedarte,
negándome por ello tu recuerdo,
aunque serenamente hubieras seducido
la pasión que me resta,
no haré ruido al vestirme,
y cerraré las puertas quedamente
y ojalá que mi olvido
cuando llegue el abismo
desesperadamente
no te busque."
"Ha reventado el alba su líquido amarillo.
En mitad de tus labios se derrama
y la otra mitad, desentendida y hosca,
sus suavidad esconde entre las sábanas.
Si eternizar pudiera esa insabida imagen
tu abandono desnudo, tu insolencia,
moriría fascinado. No temo la pasión
que negaré suscitas. Confieso no saber qué es lo que temo.
Pero el vértigo acecha en los jardines
y su asedio se mide en mis audacias.
No nos aguardan más amaneceres
y contemplo cohibido tu inocencia.
Los límites exactos de tu espalda
los sigo con los dedos. Desearía robarte
la ternura. Huir, como he de huir,
desenlazando hiedras de tu infancia.
Abrazando a tu noble indiferencia
mis odios conocidos. Pero no,
aunque hubieras exigido fieramente quedarte,
negándome por ello tu recuerdo,
aunque serenamente hubieras seducido
la pasión que me resta,
no haré ruido al vestirme,
y cerraré las puertas quedamente
y ojalá que mi olvido
cuando llegue el abismo
desesperadamente
no te busque."
Sugiere su presencia
Otro que pertenece al grupo de poemas dedicados al príncipe de la luz ¿?¡!.
" Sugiere su presencia
la hermosura
con que tu sombra leve
nos convoca
al secreto aquelarre de tu nombre.
No es un misterio todo lo que anuncias
mas tu voz
cristalina
imán del fuego
carne viva
alaridos de luz es de tu nombre.
Presagios de universo nos anuncia
contamina
el rumor de las presencias
agita las simientes
y las vierte
cual demiurgo
un gesto insinuado por tu sombra
lentamente acercándose
seductora
al tembloroso altar de los milagros.
Ni un sonido proclama tu inminencia
sino el eco
de ofrendas inmortales
silbo de los pretéritos huidos
exiliados conjuros
que regresan
al hálito sonoro de tu nombre.
Apaciguado el cuerpo
la cordura
con que tu tibia luz
nos ilumina
frontera de la muerte nos parece."
" Sugiere su presencia
la hermosura
con que tu sombra leve
nos convoca
al secreto aquelarre de tu nombre.
No es un misterio todo lo que anuncias
mas tu voz
cristalina
imán del fuego
carne viva
alaridos de luz es de tu nombre.
Presagios de universo nos anuncia
contamina
el rumor de las presencias
agita las simientes
y las vierte
cual demiurgo
un gesto insinuado por tu sombra
lentamente acercándose
seductora
al tembloroso altar de los milagros.
Ni un sonido proclama tu inminencia
sino el eco
de ofrendas inmortales
silbo de los pretéritos huidos
exiliados conjuros
que regresan
al hálito sonoro de tu nombre.
Apaciguado el cuerpo
la cordura
con que tu tibia luz
nos ilumina
frontera de la muerte nos parece."
Continuación II y III
De aquel primer poema que publicó Pedro en Noviembre he descubierto dos partes más. Me imagino que él quiso dar una visión general de todos los escritos y que estaba más preocupado por analizar los cuentos, y por ello no publicó estas partes. Yo he dejado por ahora la lectura e interpretación de aquellos puesto que es una tarea demasiado ardua. No os imagináis el caos de estos archivos.
Así que opto por incluir las dos partes siguientes de aquel primer poema.
II
"No habrá, frenéticas las manos,
vestal a quien no acuda. Sibila que me llame
que no mire. En los atardeceres
la efigie insinuante
praxíteles de mármol
del ceñido vaquero, acosaré sin tregua.
Y en los nocturnos templos
bajo la luz menguante de las formas
invocaré a Atenea cazadora
sus remedios, y al inefable Apolo
ofrendaré la suerte. Seguro que el destino
aun siendo doloroso
es menos humillante."
III
"Me es inevitable no seguirte
a las prohibidas cuevas en que oficias
continuamente
el mismo sacrificio.
Yo ya no sé que buscas
dejándome desnudo sobre la dura piedra
aterido de frío y de vergüenza.
No sé porqué motivo
con tanta saña elevas el cuchillo
y te quedas mirándome
con tu expresión malvada que me asusta.
Y de pronto la hoja se me hunde en el pecho
y me quiebra los huesos
y te miro como queriendo verte
como queriendo disculparte o acusarme.
Pero yo ya no sé porqué tus manos
me separan salvajemente las costillas
ni qué motivos tienes para arrancarme el corazón
con tanta furia.
Y tampoco puedo explicar porqué siempre
sin siquiera limpiarlo
chorreando mi sangre entre tus labios
tú, Deseo,
te me quedas mirando y sonriendo."
Así que opto por incluir las dos partes siguientes de aquel primer poema.
II
"No habrá, frenéticas las manos,
vestal a quien no acuda. Sibila que me llame
que no mire. En los atardeceres
la efigie insinuante
praxíteles de mármol
del ceñido vaquero, acosaré sin tregua.
Y en los nocturnos templos
bajo la luz menguante de las formas
invocaré a Atenea cazadora
sus remedios, y al inefable Apolo
ofrendaré la suerte. Seguro que el destino
aun siendo doloroso
es menos humillante."
III
"Me es inevitable no seguirte
a las prohibidas cuevas en que oficias
continuamente
el mismo sacrificio.
Yo ya no sé que buscas
dejándome desnudo sobre la dura piedra
aterido de frío y de vergüenza.
No sé porqué motivo
con tanta saña elevas el cuchillo
y te quedas mirándome
con tu expresión malvada que me asusta.
Y de pronto la hoja se me hunde en el pecho
y me quiebra los huesos
y te miro como queriendo verte
como queriendo disculparte o acusarme.
Pero yo ya no sé porqué tus manos
me separan salvajemente las costillas
ni qué motivos tienes para arrancarme el corazón
con tanta furia.
Y tampoco puedo explicar porqué siempre
sin siquiera limpiarlo
chorreando mi sangre entre tus labios
tú, Deseo,
te me quedas mirando y sonriendo."
Tú esperabas debajo del almendro
De la carpeta DESEOS he rescatado este cuarteto. Parece el segundo cuarteto de un soneto; pero, por mucho que he buscado, no he logrado encontrarlo. Da idea de las obsesiones generales del autor.
También incluyo, de la misma carpeta, un poema que vuelve a regodearse en el deseo y la imposibilidad del mismo.
"¿Dónde vas a evitar que nos huyamos?
¿Cómo vas a impedir nuestros exilios?
¿Quién te mencionará nuestros delirios?
¿Cómo vas a evitar que nos amemos?"
"Tú esperabas debajo del almendro
del almendro rosadas entreabiertas
esperabas las flores
que las constelaciones emergieran
del pétalo sedoso y te atrapara
la osadía del pistilo. Su marfílea violencia
deshacer en los dedos.
Tú esperabas que el mundo detuviera su ritmo
en el exacto acorde
de los pétalos. Y que el delirio eterno fuera
de tus gozosas manos.
Que no hubiera más música
que el fuego.
Que el laberinto oliera siempre
a laberinto.
Tú esperabas debajo del almendro
y el almendro esperaba otros inviernos
que no fueran tu invierno
ni tus ásperas manos, ni tu blanco cabello,
ni tus ajados labios,
ni tu lascivo ensueño.
Y sigues esperando
eterno es el deseo
y la belleza
tan sólo es un presagio."
También incluyo, de la misma carpeta, un poema que vuelve a regodearse en el deseo y la imposibilidad del mismo.
"¿Dónde vas a evitar que nos huyamos?
¿Cómo vas a impedir nuestros exilios?
¿Quién te mencionará nuestros delirios?
¿Cómo vas a evitar que nos amemos?"
"Tú esperabas debajo del almendro
del almendro rosadas entreabiertas
esperabas las flores
que las constelaciones emergieran
del pétalo sedoso y te atrapara
la osadía del pistilo. Su marfílea violencia
deshacer en los dedos.
Tú esperabas que el mundo detuviera su ritmo
en el exacto acorde
de los pétalos. Y que el delirio eterno fuera
de tus gozosas manos.
Que no hubiera más música
que el fuego.
Que el laberinto oliera siempre
a laberinto.
Tú esperabas debajo del almendro
y el almendro esperaba otros inviernos
que no fueran tu invierno
ni tus ásperas manos, ni tu blanco cabello,
ni tus ajados labios,
ni tu lascivo ensueño.
Y sigues esperando
eterno es el deseo
y la belleza
tan sólo es un presagio."
No me sorprende
De las últimas carpetas que he revisado he extraído esta canción como símbolo. Pertenece a un grupo de poemas dedicados al príncipe de la luz ( eso ponía, ¡eh!).
"No me sorprende que me duelas
Como no me sorprende amanecer descalzo
Sobre un charco de huesos,
casi acostumbrado a no olvidarte.
Debo contar la vida para borrar tu nombre
Debo darme las manos y exorcizar la noche
Y aventar con palabras el olvido.
Levanto con tus manos las mañanas
Con tus manos desnudo la pereza de hacerme
Y acostumbro a mi cuerpo a la costumbre.
Repito cada gesto y cada anuncio
Que el espejo devuelve de tu ausencia,
Y miento cada día a mi consciencia
Como miente la vida a que renuncio.
Estás en cada límite del tiempo
Asesinando larvas de la vida
Convocando puñales y destierros.
La soledad reclama tus arcángeles,
tus demonios florecen incendiados
y ya no encuentro calma ni refugio.
Regresas cada día a tus altares,
Príncipe destronado del futuro,
Y esparzo por el suelo las simientes
Púrpuras de tu cuerpo fantasma.
Y a mi viento perpetuo
Me enfrento cara a cara."
"No me sorprende que me duelas
Como no me sorprende amanecer descalzo
Sobre un charco de huesos,
casi acostumbrado a no olvidarte.
Debo contar la vida para borrar tu nombre
Debo darme las manos y exorcizar la noche
Y aventar con palabras el olvido.
Levanto con tus manos las mañanas
Con tus manos desnudo la pereza de hacerme
Y acostumbro a mi cuerpo a la costumbre.
Repito cada gesto y cada anuncio
Que el espejo devuelve de tu ausencia,
Y miento cada día a mi consciencia
Como miente la vida a que renuncio.
Estás en cada límite del tiempo
Asesinando larvas de la vida
Convocando puñales y destierros.
La soledad reclama tus arcángeles,
tus demonios florecen incendiados
y ya no encuentro calma ni refugio.
Regresas cada día a tus altares,
Príncipe destronado del futuro,
Y esparzo por el suelo las simientes
Púrpuras de tu cuerpo fantasma.
Y a mi viento perpetuo
Me enfrento cara a cara."
1
" A los ricos, el deber de lo bello. Si no, merecen morir."
Me cuesta imaginar
Final de un extensísimo poema:
"Pero el amor no existe, has confesado.
Ya no hay motivos
de no querer un muerto tibio
un casi recién muerto
un adorable muerto en el deseo."
Este poema ( cosa extraña) lleva por título canción de cuna.
" Me cuesta imaginar
que esta noche me buscas por las calles
como yo te buscaba por entre las palabras
y los versos de Mario Benedetti.
Subrayando
las pasiones caóticas y febriles
en las cuales me intuía y te observaba.
Me oías hablar de Schopenhauer,
de Fidel, de Blade Runner, de Fellini.
Con es misma cara me mirabas llegar
a conocer la razón o la causa de tus ríos de espuma
y el devenir de la conciencia.
Si te daba la espalda
me inventabas,
y yo no suponía que eso fuera
preludio del olvido.
Me cuesta imaginar que me creyeras
Como se cree a un niño o a la muerte
anunciándonos que es la hora de las revelaciones
y las despedidas.
Me cuesta imaginar que no quisieras
un puñado de palabras y explicaciones
o el contenido exacto de una mano abierta,
y fuera tu silencio
la única manera de decirme
que todo fue mentira.
Me cuesta imaginar que me persigues
por las choperas del río
cada tarde
con un montón de cosas en los bolsillos
que decirme
con tu franca sonrisa por la calle Mayor
sin detenerte a mirar una iglesia o un estudiante
cargada como vas de pensamientos
y rencores,
sin saber que yo la llamo de usted
y su fantasma ni siquiera se mueve
ni me grita
ni me pide un paseo o una lección de álgebra
para que yo me consuele
y no sienta
este unánime deseo
de músculos, huesos, labios y anocheceres
y salte de una vez por todas la ventana
y deje de ser usted lo único en que pienso."
"Pero el amor no existe, has confesado.
Ya no hay motivos
de no querer un muerto tibio
un casi recién muerto
un adorable muerto en el deseo."
Este poema ( cosa extraña) lleva por título canción de cuna.
" Me cuesta imaginar
que esta noche me buscas por las calles
como yo te buscaba por entre las palabras
y los versos de Mario Benedetti.
Subrayando
las pasiones caóticas y febriles
en las cuales me intuía y te observaba.
Me oías hablar de Schopenhauer,
de Fidel, de Blade Runner, de Fellini.
Con es misma cara me mirabas llegar
a conocer la razón o la causa de tus ríos de espuma
y el devenir de la conciencia.
Si te daba la espalda
me inventabas,
y yo no suponía que eso fuera
preludio del olvido.
Me cuesta imaginar que me creyeras
Como se cree a un niño o a la muerte
anunciándonos que es la hora de las revelaciones
y las despedidas.
Me cuesta imaginar que no quisieras
un puñado de palabras y explicaciones
o el contenido exacto de una mano abierta,
y fuera tu silencio
la única manera de decirme
que todo fue mentira.
Me cuesta imaginar que me persigues
por las choperas del río
cada tarde
con un montón de cosas en los bolsillos
que decirme
con tu franca sonrisa por la calle Mayor
sin detenerte a mirar una iglesia o un estudiante
cargada como vas de pensamientos
y rencores,
sin saber que yo la llamo de usted
y su fantasma ni siquiera se mueve
ni me grita
ni me pide un paseo o una lección de álgebra
para que yo me consuele
y no sienta
este unánime deseo
de músculos, huesos, labios y anocheceres
y salte de una vez por todas la ventana
y deje de ser usted lo único en que pienso."
Usted se ha conformado con mentirse
Para que tengáis más referencias de ese tipo de poemas "coloquiales" , publico este. En la carpeta donde estaban guardados aparecía justo detrás del publicado anteriormente.
"Usted se ha conformado con mentirse
tan serio en ese taxi que regresa
tan usted solo usted, tan usted mismo
que el cielo ha tenido que nublarse
y lo ha hecho
para darle razones objetivas
y la nostalgia, tan necesaria ahora.
Posiblemente no haya advertido que la ciudad seguía
pudriéndose caótica y arbolada
la gente a sus quehaceres y a sus cauces
el ruido a sus oídos
los vehículos al vals de los semáforos
los camellos al hampa
la señora de negro a misa de las ocho
tampoco habrá pensado que el mundo ignora
su tragedia
o que los estorninos son legión este verano
seguro que a usted eso ya no le importa.
Tampoco le importará saber
que el sol se está poniendo, coloradote, inmenso,
tras la sierra
y que hay una luz tan tierna
que los pinos no parecen pinos
ni el amarillo del trigo es amarillo.
Usted está tan serio yendo a ninguna parte
tan ciego y rencoroso, tan altivo,
tan triste
que es casi necesario no preguntarle nada
no dibujarle un mapa de retorno
y dejarle tranquilo
metido ahí en el taxi
usted tan solo
sin pensar que el mundo no ignora su tragedia
y se ha echado a llover desconsoladamente
por si usted no supiera
o no quisiera
aunque seguro que a usted eso ya no le importa."
"Usted se ha conformado con mentirse
tan serio en ese taxi que regresa
tan usted solo usted, tan usted mismo
que el cielo ha tenido que nublarse
y lo ha hecho
para darle razones objetivas
y la nostalgia, tan necesaria ahora.
Posiblemente no haya advertido que la ciudad seguía
pudriéndose caótica y arbolada
la gente a sus quehaceres y a sus cauces
el ruido a sus oídos
los vehículos al vals de los semáforos
los camellos al hampa
la señora de negro a misa de las ocho
tampoco habrá pensado que el mundo ignora
su tragedia
o que los estorninos son legión este verano
seguro que a usted eso ya no le importa.
Tampoco le importará saber
que el sol se está poniendo, coloradote, inmenso,
tras la sierra
y que hay una luz tan tierna
que los pinos no parecen pinos
ni el amarillo del trigo es amarillo.
Usted está tan serio yendo a ninguna parte
tan ciego y rencoroso, tan altivo,
tan triste
que es casi necesario no preguntarle nada
no dibujarle un mapa de retorno
y dejarle tranquilo
metido ahí en el taxi
usted tan solo
sin pensar que el mundo no ignora su tragedia
y se ha echado a llover desconsoladamente
por si usted no supiera
o no quisiera
aunque seguro que a usted eso ya no le importa."
Yo de usted no diría
Entre las últimas carpetas que he revisado he encontrado unas serie de poemas, de lenguaje sencillo y alejado de las rigideces poéticas tradicionales, que tienen como interlocutor un tú poético explícito. Me parecen más letras de canciones que poemas al uso, pero eso debéis juzgarlo vosotros. Os pongo uno de ellos.
" Yo de usted no diría
las cosas que me dice
cuando me abre la puerta y deja que me siente en su sillón.
Como si usted y yo
fuésemos algo más que dos extraños.
Yo de usted no diría esas cosas
tampoco es necesario que pregunte,
lo sabe ya de sobra,
el precio del amor.
Ni que se me abalanze de pronto hasta los labios
ya sabe usted que yo no escapo
es mi trabajo
en fin
y no soporto
que me pregunte usted con esa impertinencia
ni que arranque mis botones a la fuerza
ya sabe usted que luego he de coserlos
o subir el amor un porcentaje.
Yo de usted callaría
no fuera a ser que yo no fuera
quien siempre suelo ser
y que le mienta un beso entre las cejas
o al lado del oído
y le suceda
que me encuentre usted siempre en su oficina
cargado de problemas, sin testigos,
y se los ametralle
sin un beso,
usted y el paredón como enemigos.
Yo de usted no diría que volviera mañana
sucede que mañana es muy temprano
y hay veces que es mejor
no ilusionarse
ya sabe usted lo cara que es la vida."
borrador1
Este fragmento de un poema de su primera época, por lo que he podido averiguar, constata la asunción del deseo como motor de las relaciones personales o, por lo menos, de las relaciones físicas. Evita en todo momento la alusión a sentimientos amorosos. Algo extraño cuando sus poemas posteriores están plenos de ausencias y desamor.
Pienso que su obra poética está íntimamente unida a su vida personal y, si no es así, al menos a sus etapas vivenciales y a la formación de su personalidad. Es decir, que cada etapa de su vida persigue unas satisfacciones personales diferentes.
"(...)
El deseo se aprieta a las esquinas
se confunde
se enhebra en un vaquero,
desbocándose persigue el balanceo
lo acosa, lo rodea,
lo asedia
lo asume e incorpora,
lo desnuda.
A la insolencia el cuerpo se abandona
de la noche. Las promesas se olvidan
si la belleza
deja de ser presagio.
Si una blusa
humedece los contornos que ciñen el ombligo
y el rubor
desatándose
se amontona irreverente en las palabras.
Y ya no hay derrota que humille
ni moral que nos confunda o nos engañe."
Pienso que su obra poética está íntimamente unida a su vida personal y, si no es así, al menos a sus etapas vivenciales y a la formación de su personalidad. Es decir, que cada etapa de su vida persigue unas satisfacciones personales diferentes.
"(...)
El deseo se aprieta a las esquinas
se confunde
se enhebra en un vaquero,
desbocándose persigue el balanceo
lo acosa, lo rodea,
lo asedia
lo asume e incorpora,
lo desnuda.
A la insolencia el cuerpo se abandona
de la noche. Las promesas se olvidan
si la belleza
deja de ser presagio.
Si una blusa
humedece los contornos que ciñen el ombligo
y el rubor
desatándose
se amontona irreverente en las palabras.
Y ya no hay derrota que humille
ni moral que nos confunda o nos engañe."
otro nuevo poema sin título
Por extraño que pueda parecer, este poema mantiene un tono optimista que, pese a la constancia del miedo a lo desconocido, hacer ver que el autor no siempre estuvo rodeado de grises sombras y oscuras premoniciones y angustias.
"Sucede que, de pronto, lo impensable
se acurruca en mis hombros.
¿No habéis sentido nunca que habéis sido vencidos
por un terrible monstruo cariñoso?
¿No os ha aterrorizado el desconcierto?
¿Averiguar de golpe que ya nada será
como era antes?
Que la gloria es un caos
y un elefante de mirar cabizbajo
repasa con su lengua uno a uno tus dedos
y estás tan sorprendido que tus manos
desconcertadas buscan
la salida. Y entiendes que el remedio
es no cruzar jamás la puerta.
Ya sabes que el regreso
será un punzón amargo.
No puedes aguantar tanta locura
No logras dominar el desconsuelo
de repente te vence la ternura
y sólo hay ya silencio.
La calma que acostumbras disimula
que todo se cumplió según soñaste
pero jamás pensaste
que los sueños
fuesen dejar el alma a cada instante
rodeada de miedos.
En medio del andén hubieras muerto
de no haberse negado la tristeza
a desahuciar tu cuerpo. Las flores regresaron
a sus huertos y un ángel asesino involucrado
en no sé qué misterio
te acarició con saña el entusiasmo.
No sabes si has de ir o has de quedarte
admirando los trenes que te dejan
ya sabes dónde ir
pero no sabes
qué camino te lleva.
Y temes tanto al ángel de la duda
que sigues venerando su hermosura.
El futuro es un dios incandescente
una guerra anunciada
es besar a la muerte y al olvido
y estás tan temeroso que no puedes
dormir. Ni ya lo podrás nunca.
Ese monstruo amoroso te baja hasta el ombligo
y lo tirita."
"Sucede que, de pronto, lo impensable
se acurruca en mis hombros.
¿No habéis sentido nunca que habéis sido vencidos
por un terrible monstruo cariñoso?
¿No os ha aterrorizado el desconcierto?
¿Averiguar de golpe que ya nada será
como era antes?
Que la gloria es un caos
y un elefante de mirar cabizbajo
repasa con su lengua uno a uno tus dedos
y estás tan sorprendido que tus manos
desconcertadas buscan
la salida. Y entiendes que el remedio
es no cruzar jamás la puerta.
Ya sabes que el regreso
será un punzón amargo.
No puedes aguantar tanta locura
No logras dominar el desconsuelo
de repente te vence la ternura
y sólo hay ya silencio.
La calma que acostumbras disimula
que todo se cumplió según soñaste
pero jamás pensaste
que los sueños
fuesen dejar el alma a cada instante
rodeada de miedos.
En medio del andén hubieras muerto
de no haberse negado la tristeza
a desahuciar tu cuerpo. Las flores regresaron
a sus huertos y un ángel asesino involucrado
en no sé qué misterio
te acarició con saña el entusiasmo.
No sabes si has de ir o has de quedarte
admirando los trenes que te dejan
ya sabes dónde ir
pero no sabes
qué camino te lleva.
Y temes tanto al ángel de la duda
que sigues venerando su hermosura.
El futuro es un dios incandescente
una guerra anunciada
es besar a la muerte y al olvido
y estás tan temeroso que no puedes
dormir. Ni ya lo podrás nunca.
Ese monstruo amoroso te baja hasta el ombligo
y lo tirita."
Inventario II (título posible)
Vuelvo a ejercer de censora imprudente. Vuelvo a solicitar, otra vez, disculpas por lo que creo es una salvaje mutilación de textos que no me pertenecen. Pero me es imposible dedicar más tiempo a esta tarea. Y hay poemas de gran extensión que me gustaría daros a conocer. Por ello considero casi imprescindible rescatar sólo fragmentos.
Los poemas más largos que he encontrado en las carpetas parecen tener todos una misma temática, la de la decepción o insatifacción. Son poemas que, como el titulado Inventario, mantienen un tono casi coloquial que, al menos a mí me lo parece, los hacen más cercanos o más inteligibles. Aunque pueden llegar a resultar profundamente descorazonadores.
"Me parece vivir deshabitado
rodeado de augurios que no entiendo,
y me da la impresión de andar desnudo
y de buscar desnudo lo que jamás encuentro.
(...)
Ha llegado el momento, me digo
de saber quienes somos
y a qué triste destino hemos llegado.
Lo sé porque mi cuerpo está cansado
de buscarse otro cuerpo
y mis manos inútiles hastiadas
de anudarse
a otras manos semejantes.
(...)
Si yo hubiera sabido lo que cansa estar muerto
lo que cuesta callarse e irse olvidando
no habría aprendido nada. Me habría quedado mudo.
(...)
Si yo hubiera sabido que no compartiría
lo que siento, lo que pienso,
para qué tanta angustia.
Mejor no haber querido
no haber sabido nunca que la verdad es única e invencible,
no haber tenido piel, ni músculos, ni sangre,
es siempre innecesario lo que no se comparte.
(...)
He compuesto mi vida con retazos
que me han ido dejando los amigos.
A cada uno debo un sobresalto,
una lúcida imagen de mí mismo.
(...)
En fin, que siempre ocurre al fin,
te despiertas un día
y comprendes.
Y las cosas sencillas,
el vaso, desolado, encima de la tele,
el montón de periódicos,
la ropa amontonada en un rincón del alma,
nos susurran
que la verdad es simple y cotidiana,
que sigue goteando el grifo en el lavabo,
que el espejo está sucio,
y que tu cuerpo no sirve para nada.
Ha de ocurrir
es sólo
que no sabemos nunca
cuándo será el momento:"
Los poemas más largos que he encontrado en las carpetas parecen tener todos una misma temática, la de la decepción o insatifacción. Son poemas que, como el titulado Inventario, mantienen un tono casi coloquial que, al menos a mí me lo parece, los hacen más cercanos o más inteligibles. Aunque pueden llegar a resultar profundamente descorazonadores.
"Me parece vivir deshabitado
rodeado de augurios que no entiendo,
y me da la impresión de andar desnudo
y de buscar desnudo lo que jamás encuentro.
(...)
Ha llegado el momento, me digo
de saber quienes somos
y a qué triste destino hemos llegado.
Lo sé porque mi cuerpo está cansado
de buscarse otro cuerpo
y mis manos inútiles hastiadas
de anudarse
a otras manos semejantes.
(...)
Si yo hubiera sabido lo que cansa estar muerto
lo que cuesta callarse e irse olvidando
no habría aprendido nada. Me habría quedado mudo.
(...)
Si yo hubiera sabido que no compartiría
lo que siento, lo que pienso,
para qué tanta angustia.
Mejor no haber querido
no haber sabido nunca que la verdad es única e invencible,
no haber tenido piel, ni músculos, ni sangre,
es siempre innecesario lo que no se comparte.
(...)
He compuesto mi vida con retazos
que me han ido dejando los amigos.
A cada uno debo un sobresalto,
una lúcida imagen de mí mismo.
(...)
En fin, que siempre ocurre al fin,
te despiertas un día
y comprendes.
Y las cosas sencillas,
el vaso, desolado, encima de la tele,
el montón de periódicos,
la ropa amontonada en un rincón del alma,
nos susurran
que la verdad es simple y cotidiana,
que sigue goteando el grifo en el lavabo,
que el espejo está sucio,
y que tu cuerpo no sirve para nada.
Ha de ocurrir
es sólo
que no sabemos nunca
cuándo será el momento:"
No es posible vivir sin ser vivido
Este poema lo he rescatado de una de las múltiples carpetas que Pedro no llegó a revisar. Debe coincidir, por su temática, con el mismo periodo existencial que el anterior. Por otra parte vuelve a incidir en el aspecto del desamor o de la soledad; como ya apuntaba Pedro en su idea general sobre las motivaciones del autor.
De todas formas, quiero apuntar que existen textos y poemas optimistas e incluso festivos; algunos de ellos cargados de humor e ironía. El que no hayamos publicado ninguno de ellos se debe, sobre todo, a que parecen tener menos calidad literaria ( aunque quizá nos equivoquemos).
"No es posible vivir sin ser vivido.
Si cada noche cobijo una tortura
de silencios perpetuos y de sábanas frías
no ha servido de nada cada beso
negado a la hermosura.
Las noches son tan largas, dolorosa
me aprieta entre sus muslos la tristeza
una hiedra arrancada a dentelladas
como una mala hierba de mis muros.
Con salvaje inconsciencia nuevamente se enreda cada noche
cada insomnio se trepa a mi castillo
un aguacero verde se derrama
cada noche, sin fuego, como un grito.
Cerceno las raíces cada noche
cada noche convoco un sacrificio
una hecatombe de hojas, ramas y mentiras.
Pero es inútil
no es posible vivir sin ser vivido."
Inventario
De un extenso poema (cuyo título incluyo arriba) que se encontraba en la carpeta con el nombre de DESEOS he expurgado (perdonad de antemano mi atrevimiento) algunos pasajes que me han gustado. Ya sé que la intención del poema no quedará clara; pero posiblemente su extensión podría disuadiros de leerlo.
" (...)
Puede que la verdad nos haga libres
después de habernos hecho desdichados.
No siempre la mentira hace felices.
Prefiero la verdad
aunque no tenga
remedio contra ella.
(...)
No engaño, sólo excuso
quien soy a quien no he sido.
La vida es un milagro tan pequeño
que no es prudente darla en cualquier sitio.
(...)
Si he de decir quien soy
diré que he sido
sólo lo que quisisteis que yo fuera
todo lo que dolí y lo que espera
seguir siendo en vosotros.
(...)
No he sido fiel ni infiel
no es importante
definir un aspecto
si se olvida
que el alma de las cosas
se complica
con odios y deseos.
Al fin solo me tengo
si nada he compartido.
Es esta la verdad que más humana
nos duele de la vida.
No ser jamás quien soy
si nunca he sido."
" (...)
Puede que la verdad nos haga libres
después de habernos hecho desdichados.
No siempre la mentira hace felices.
Prefiero la verdad
aunque no tenga
remedio contra ella.
(...)
No engaño, sólo excuso
quien soy a quien no he sido.
La vida es un milagro tan pequeño
que no es prudente darla en cualquier sitio.
(...)
Si he de decir quien soy
diré que he sido
sólo lo que quisisteis que yo fuera
todo lo que dolí y lo que espera
seguir siendo en vosotros.
(...)
No he sido fiel ni infiel
no es importante
definir un aspecto
si se olvida
que el alma de las cosas
se complica
con odios y deseos.
Al fin solo me tengo
si nada he compartido.
Es esta la verdad que más humana
nos duele de la vida.
No ser jamás quien soy
si nunca he sido."
A pesar de todo Ángela estuvo tocando su violín.
Tenéis razón. No me he presentado. Me llamo Isabel, soy una vieja amiga de Pedro, el creador de este blog. Pedro falleció el 4 de enero, a las seis de la tarde. Su enfermedad y su muerte fue inesperada y fulminante. No os contaré el vacío ni la pena. No creo que sea un lugar adecuado. Prometí que seguiría la tarea que él había comenzado. Realmente no sé si sirve de algo, si esto que hago tiene algún valor. Pero prefiero este recuerdo; parece que seguir con esto hace que siga aquí. Y yo es lo único que quiero.
Así que he seleccionado otro nuevo poema de la antigua biblioteca.
" Te vi
estabas
suspendida
en el arco
del violín.
Las trenzas
de tu pelo
atardeceres
latían
tiernamente
sobre tu rostro
místico.
De tus manos
las ágiles
las tenues
doloridas
notas
de un adaggio
sobre mejillas tristes
evanescentes
lágrimas
secaban.
Ensimismada
absorta
iridescente
ingrávida
dulcísima
encarnada
mariposa
aleteaba.
El compás prometía
lo que tú presintieras.
Y en el lento
lentísimo
intervalo
que a Mozart regalabas
tu cabello
incendiado
tu blanquísimo rostro
desvanece
y tus manos
calladas
se detienen
o posan.
La mirada rendida
el cuerpo
abandonado.
Y hay tanto sentimiento
en tu silencio
que ni un sólo silbido
ni siquiera un aplauso
se atreve a interrumpir
tu desconcierto."
Así que he seleccionado otro nuevo poema de la antigua biblioteca.
" Te vi
estabas
suspendida
en el arco
del violín.
Las trenzas
de tu pelo
atardeceres
latían
tiernamente
sobre tu rostro
místico.
De tus manos
las ágiles
las tenues
doloridas
notas
de un adaggio
sobre mejillas tristes
evanescentes
lágrimas
secaban.
Ensimismada
absorta
iridescente
ingrávida
dulcísima
encarnada
mariposa
aleteaba.
El compás prometía
lo que tú presintieras.
Y en el lento
lentísimo
intervalo
que a Mozart regalabas
tu cabello
incendiado
tu blanquísimo rostro
desvanece
y tus manos
calladas
se detienen
o posan.
La mirada rendida
el cuerpo
abandonado.
Y hay tanto sentimiento
en tu silencio
que ni un sólo silbido
ni siquiera un aplauso
se atreve a interrumpir
tu desconcierto."
A pequeños rosales trepadores
Este poema es el primero de los que he seleccionado yo. Espero que mis gustos literarios, o al menos mi intuición, estén a la altura de los anteriores trabajos que se publicaron.
Como anticipo sobre la vida del autor de estos textos he de deciros que sigue vivo. No puedos deciros exactamente su edad; pero, por lo que sé hasta ahora, debe rondar los sesenta años. La venta de la biblioteca pudo deberse a una necesidad inminente de dinero. Por esas fechas descubrimos que cambió de ciudad. Debió irse a vivir a Barcelona alrededor de los cuarenta años. No hemos podido averiguar las razones de ese cambio de residencia, ni si fue este el motivo de los problemas económicos. Ya os informaré.
Aquí el poema:
"Nacisteis desde siempre.
Desde siempre conmigo, como un otro.
Os descubrí tan pronto que no os eché de menos.
Teníais tan suaves los rincones secretos.
No hube de buscar en los jardines
los encarnados pétalos, ni hube de espiar
las cambiantes edades de los cuerpos.
Os tuve desde siempre.
Desde siempre conmigo
ignorasteis que un desnudo fugaz
puede ser un milagro
pero también la causa más triste de un suicidio.
No os declaré, no dije jamás que os conociese.
Llegaban los inviernos y seguíais.
Y hubo primaveras que saltabais los muros
y os besabais, las rosas como labios,
en húmedas umbrías, con los ojos.
Os tuve desde siempre.
Ahora lo sé.
Cuando ya no florecen vuestras ramas
ni es vuestro el verde que indiferente os cerca
ni son vuestras las ansias ni los márgenes
lo sé.
... Ya no me asediarán vuestras espinas."
Como anticipo sobre la vida del autor de estos textos he de deciros que sigue vivo. No puedos deciros exactamente su edad; pero, por lo que sé hasta ahora, debe rondar los sesenta años. La venta de la biblioteca pudo deberse a una necesidad inminente de dinero. Por esas fechas descubrimos que cambió de ciudad. Debió irse a vivir a Barcelona alrededor de los cuarenta años. No hemos podido averiguar las razones de ese cambio de residencia, ni si fue este el motivo de los problemas económicos. Ya os informaré.
Aquí el poema:
"Nacisteis desde siempre.
Desde siempre conmigo, como un otro.
Os descubrí tan pronto que no os eché de menos.
Teníais tan suaves los rincones secretos.
No hube de buscar en los jardines
los encarnados pétalos, ni hube de espiar
las cambiantes edades de los cuerpos.
Os tuve desde siempre.
Desde siempre conmigo
ignorasteis que un desnudo fugaz
puede ser un milagro
pero también la causa más triste de un suicidio.
No os declaré, no dije jamás que os conociese.
Llegaban los inviernos y seguíais.
Y hubo primaveras que saltabais los muros
y os besabais, las rosas como labios,
en húmedas umbrías, con los ojos.
Os tuve desde siempre.
Ahora lo sé.
Cuando ya no florecen vuestras ramas
ni es vuestro el verde que indiferente os cerca
ni son vuestras las ansias ni los márgenes
lo sé.
... Ya no me asediarán vuestras espinas."
Pedro me encargó que continuará publicando
Pedro me encargó que continuará publicando en este blog los textos que ahora reviso yo. Nunca supuse que esa tarea podría llevarme el tiempo que me está llevando. Cuando me pidió que siguiera con la tarea que él había empezado no pude negarme; no hubiera podido negarme nunca en aquellos momentos. Pero no suponía la cantidad ingente de material que él había recuperado, conservado y había empezado a clasificar. Tengo la intención de seguir cueste lo que cueste con esto; de la misma manera que creo que, con el tiempo, deberéis conocer algo más del creador de este blog y del autor de los textos que se publican aquí. Es una promesa que hice y un compromiso que ahora mantengo con vosotros. De momento, y hasta muy pronto, este poema; el siguiente que él tenía intención de publicar. Pertenece a la carpeta LO PERDIDO.
" Todavía me acecha la sorpresa.
De los augurios me protejo
inventándolos. Con precisión clarísima
ajusto las palabras y como invocaciones
de su sonido nítido
el pretendido arco del futuro
tensándose la cuerda
tus esperados gestos abalanza.
Qué inmutable belleza pronostica el temor
de que, tan semejante a mí,
en palabras conviertas tus exilios
y, tensándose la cuerda,
dolorosas me hieran.
Sorprendiéndome."
" Todavía me acecha la sorpresa.
De los augurios me protejo
inventándolos. Con precisión clarísima
ajusto las palabras y como invocaciones
de su sonido nítido
el pretendido arco del futuro
tensándose la cuerda
tus esperados gestos abalanza.
Qué inmutable belleza pronostica el temor
de que, tan semejante a mí,
en palabras conviertas tus exilios
y, tensándose la cuerda,
dolorosas me hieran.
Sorprendiéndome."
Tres poemas finales hasta pronto
Por mi trabajo y otras ocupaciones he de dejar por unos días de incluir aquí los escritos que he encontrado en la biblioteca mencionada tantas veces. Incluyo hoy tres pequeños poemas descubiertos en una vieja carpeta cuyo título era ESQUEMAS VARIOS DE (lo siguiente es ilegible).
Deshago prudentemente uno a uno tus nudos
con calma de murciélagos dormidos los deshago.
Temo que la duda de la araña
misteriosa y secreta
se resuelva
devorándome.
--------------------------
Por eso no te encuentro
porque nunca estuviste
un reflejo de agua en la tormenta
inasible y fluido.
Un alboroto obsceno de músculos
un pálpito, un instante
una sombra de duda
un hormigueo de ángeles
donde nunca hubo nada.
------------------------------
Y a todos reconoces que no tienes
por qué sentir ternura
invisible armonía
o añoranza.
Y mientras, yo contesto a las preguntas
que tú jamás te harías.
Deshago prudentemente uno a uno tus nudos
con calma de murciélagos dormidos los deshago.
Temo que la duda de la araña
misteriosa y secreta
se resuelva
devorándome.
--------------------------
Por eso no te encuentro
porque nunca estuviste
un reflejo de agua en la tormenta
inasible y fluido.
Un alboroto obsceno de músculos
un pálpito, un instante
una sombra de duda
un hormigueo de ángeles
donde nunca hubo nada.
------------------------------
Y a todos reconoces que no tienes
por qué sentir ternura
invisible armonía
o añoranza.
Y mientras, yo contesto a las preguntas
que tú jamás te harías.
Extraído de la carpeta LO PERDIDO
Me prefieres rendido.
No has aprendido aún que el amor se extermina
e ignoras, por lo tanto, que jamás has vencido.
Si acaricié tu cuello no rendí pleitesía
si humedecí mi lengua con tu secreto aroma
no te pedí clemencia.
No humilla la pasión sino el decoro.
Y duele más el ansia contenida
que la ausencia.
No es necesario amar para ignorar.
Monstruo
Este extraño poema mantiene unas imágenes ý alegorías debido a las que me resulta imposible descubrir su sentido; si no es la predilección por el mundo de la noche y las sombras frente al mundo de la luz. Sí he de decir que el tono narrativo y las alusiones mitológicas hablan de un universo cargado de significados. Conservo el título que encontré en el manuscrito. ( aunque confieso que no me gusta en absoluto).
Monstruo
Yo amé las catacumbas porque nada
ni nadie a cielo abierto
quiso creer en mí.
Amé las oquedades de la noche
con pasión desbordada
con la renuncia consciente al sol del mediodía
desamado y amante,
animal como nunca pensé llegar a ser.
Yo conocí los duendes de los amores rotos
en los lagares sucios
donde bebían el mosto
amargo
del corazón herido.
Hablé con las cariátides egregias
de los antiguos sueños
de marinos y océanos prontos a navegarse;
con sus risas forzadas
las escuché paciente
y atravesé sin ellas mi orontes subterráneo.
Vi innumerables héroes
de la vida diaria
ulises incontables
sin deseos de Itaca.
Vi atlantes emergiendo del fondo de las lágrimas
bacos enternecidos
y faunos asustados.
Vi iluminarse el mundo fugaz
y lo vi arderse.
Vi en la noche la vida que no teme a la muerte.
Aprendí más aquí
que en mil años al cielo.
Yo amé las catacumbas
amé el reino de sombras
amé la valentía del vampiro
la entereza del ogro que lloraba
su soledad perpetua.
Amé tanto silencio
tanto dolor sufrido.
Amé lo que se nombra y no se nombra.
Amé, sin más,
amé,
porque aprendí a a hacerlo.
Monstruo
Yo amé las catacumbas porque nada
ni nadie a cielo abierto
quiso creer en mí.
Amé las oquedades de la noche
con pasión desbordada
con la renuncia consciente al sol del mediodía
desamado y amante,
animal como nunca pensé llegar a ser.
Yo conocí los duendes de los amores rotos
en los lagares sucios
donde bebían el mosto
amargo
del corazón herido.
Hablé con las cariátides egregias
de los antiguos sueños
de marinos y océanos prontos a navegarse;
con sus risas forzadas
las escuché paciente
y atravesé sin ellas mi orontes subterráneo.
Vi innumerables héroes
de la vida diaria
ulises incontables
sin deseos de Itaca.
Vi atlantes emergiendo del fondo de las lágrimas
bacos enternecidos
y faunos asustados.
Vi iluminarse el mundo fugaz
y lo vi arderse.
Vi en la noche la vida que no teme a la muerte.
Aprendí más aquí
que en mil años al cielo.
Yo amé las catacumbas
amé el reino de sombras
amé la valentía del vampiro
la entereza del ogro que lloraba
su soledad perpetua.
Amé tanto silencio
tanto dolor sufrido.
Amé lo que se nombra y no se nombra.
Amé, sin más,
amé,
porque aprendí a a hacerlo.
Tendríamos que hablar otros lenguajes
De la carpeta DESCENSOS incluyo este poema de connotaciones místicas ¿?.
Tendríamos que hablar otros lenguajes
y no desasirnos en las tormentas
del vuelo de tu ombligo. En la húmeda senda
deslizar el tacto que te sabe
la atrevida ascensión de tu sorpresa
que nos mira
la mano abierta acariciando el cénit
incrédula y discreta.
Desesperadamente detener
la delicada lengua
y, alzando hasta tus ojos sonrisas y luciérnagas,
sobre el pretil del pecho
enfebrecidos labios, hastiados de respuestas,
esparcir. A tu cadera inhóspita
turgente aproximar el imposible abrazo
que el delirio no ofrece
y en la noche cerrada de las columnas de Hércules
con suavidad de ala remotísima
desde el incendio azul de tu garganta
lentamente posar la ingravidez de un labio
y una lengua precoz
hacia el abismo incógnito
dejar que, adoradora, se diluya.
Abandonarse así y no desesperar de abandonarse.
Y en gozosa renuncia
hablar otros lenguajes y entregarse.
Y no desesperar, y abandonarse.
Y no desesperar.
Tendríamos que hablar otros lenguajes
y no desasirnos en las tormentas
del vuelo de tu ombligo. En la húmeda senda
deslizar el tacto que te sabe
la atrevida ascensión de tu sorpresa
que nos mira
la mano abierta acariciando el cénit
incrédula y discreta.
Desesperadamente detener
la delicada lengua
y, alzando hasta tus ojos sonrisas y luciérnagas,
sobre el pretil del pecho
enfebrecidos labios, hastiados de respuestas,
esparcir. A tu cadera inhóspita
turgente aproximar el imposible abrazo
que el delirio no ofrece
y en la noche cerrada de las columnas de Hércules
con suavidad de ala remotísima
desde el incendio azul de tu garganta
lentamente posar la ingravidez de un labio
y una lengua precoz
hacia el abismo incógnito
dejar que, adoradora, se diluya.
Abandonarse así y no desesperar de abandonarse.
Y en gozosa renuncia
hablar otros lenguajes y entregarse.
Y no desesperar, y abandonarse.
Y no desesperar.
Buscará
Entre los muchos poemas que encontré en la carpeta DESEOS incluyo el siguiente, del que todavía no puedo concretar si corresponde a alguna etapa sentimental de su vida o es, de nuevo, el tema constante del desamor que, como ya he dicho, impregna gran parte de su obra. Por lo que sé el autor de estos poemas no se suicidó; bien puede ser una imagen para reflejar el "quiero a quien no me quiere" o, dicho de otra forma, "no quiero a quien me quiere"; en fin, ahí está.
"... pero tal vez inquiera mi corazón de plomo
respuesta a sus respuestas."
Buscará en el suicidio
respuesta a sus angustias. Será la muerte
descuido inevitable.
Mas si alguien
de su prohibido infierno devastado
intuye los indicios
quizás haya remedio y recomponga,
dulcemente sus manos ofreciendo
la inocente memoria,
el puzle descompuesto de la vida.
Mirará entonces
apoyando su cuerpo sorprendido
en las enredaderas de la noche el cielo
ajeno que salvador le otorgas:
de su ensimismamiento habrás participado.
Y bajarás los ojos tan pudorosamente
igual a una doncella que en el vértigo
de su estupor delicia intuye
y se sabe perdida habiéndose encontrado
que buscarás respuesta a tus angustias
y, delicadamente,
tus manos resbalando
acariciando
del futuro la imagen
que silenciosamente te desnuda
pieza a pieza
irás desbaratándolo.
"... pero tal vez inquiera mi corazón de plomo
respuesta a sus respuestas."
Buscará en el suicidio
respuesta a sus angustias. Será la muerte
descuido inevitable.
Mas si alguien
de su prohibido infierno devastado
intuye los indicios
quizás haya remedio y recomponga,
dulcemente sus manos ofreciendo
la inocente memoria,
el puzle descompuesto de la vida.
Mirará entonces
apoyando su cuerpo sorprendido
en las enredaderas de la noche el cielo
ajeno que salvador le otorgas:
de su ensimismamiento habrás participado.
Y bajarás los ojos tan pudorosamente
igual a una doncella que en el vértigo
de su estupor delicia intuye
y se sabe perdida habiéndose encontrado
que buscarás respuesta a tus angustias
y, delicadamente,
tus manos resbalando
acariciando
del futuro la imagen
que silenciosamente te desnuda
pieza a pieza
irás desbaratándolo.
Ninfómanas abejas perseguían
Este poema que copio ahora aquí me resulta intrigante y extraño. No he logrado adivinar su significado exacto. Estaba en la carpeta llamada DESEOS. En un principio pensé que era un poema inacabado, pero no he conseguido resolver la duda. Tampoco el sentido de la ausencia de signos de puntuación en la cuarta estrofa.
Ninfómanas abejas perseguían
caléndulas salvajes.
Los pistilos de amor se derretían
si en la amarilla cúpula
la lengua
libaba contenida.
En el jardín, las rosas, los geranios,
adelfas, los claveles,
aguardaban,
derrochando colores,
los ansiados zumbidos.
Era el sonido de alas el anuncio
de agradables martirios.
Se alzaban las cabezas
y los pechos
marciales disponíanse.
Un rumor vegetal, un oleaje
de verde silencioso se extendía
y en gozosa impaciencia,
vigilantes,
atención requerían.
Asomaba la abeja su delirio,
por la enramada zarza de los muros
deleitábase ingrata
a la sombra del tilo demoraba
su elección.
Velocísimo vuelo se marcaba
de sombra a sombra escudriñando el huerto
y pálpitos de savia eyaculaban
capullos jovencísimos y viejos.
Ninfómanas abejas perseguían
caléndulas salvajes.
Los pistilos de amor se derretían
si en la amarilla cúpula
la lengua
libaba contenida.
En el jardín, las rosas, los geranios,
adelfas, los claveles,
aguardaban,
derrochando colores,
los ansiados zumbidos.
Era el sonido de alas el anuncio
de agradables martirios.
Se alzaban las cabezas
y los pechos
marciales disponíanse.
Un rumor vegetal, un oleaje
de verde silencioso se extendía
y en gozosa impaciencia,
vigilantes,
atención requerían.
Asomaba la abeja su delirio,
por la enramada zarza de los muros
deleitábase ingrata
a la sombra del tilo demoraba
su elección.
Velocísimo vuelo se marcaba
de sombra a sombra escudriñando el huerto
y pálpitos de savia eyaculaban
capullos jovencísimos y viejos.
Aquello que no fuimos
"Cuando yo no esté aquí se habrá acabado el mundo."
Iván Tubau
Aquello que no fuimos
y todo lo que fuimos
lo que mentimos ser
y lo que nunca pudimos disimular que éramos.
Las palabras robadas y la emoción fingida
la exacta curvatura que medimos
la emoción sobornada
las alas de los ángeles y la hendida pezuña
del infierno.
Las cosas que sentimos como si fueran nuestras
y eran sólo otros cuerpos que veneramos torpes
incrédulos y necios.
Las miradas que fueron buscando algún destino
un tierno roce abrazo que nos abriera al mundo.
Los recuerdos rondando las sombras desteñidas
de cualquier osadía, no heroísmo.
El cielo ensimismado, la arena de la playa,
el inmenso aguacero sobre la selva virgen,
los rincones secretos de cualquier avenida.
El cansancio de hacernos
la alegre sensatez de compartirnos
la luz de la alborada
la ilusión de buscarnos
la magia de encontrarse.
Todo lo que dijimos
lo que jamás dijimos
la tibia desazón de la melancolía
y el arrebato último de todos los finales.
El esplendor triunfal de lo que nunca fuimos.
Iván Tubau
Aquello que no fuimos
y todo lo que fuimos
lo que mentimos ser
y lo que nunca pudimos disimular que éramos.
Las palabras robadas y la emoción fingida
la exacta curvatura que medimos
la emoción sobornada
las alas de los ángeles y la hendida pezuña
del infierno.
Las cosas que sentimos como si fueran nuestras
y eran sólo otros cuerpos que veneramos torpes
incrédulos y necios.
Las miradas que fueron buscando algún destino
un tierno roce abrazo que nos abriera al mundo.
Los recuerdos rondando las sombras desteñidas
de cualquier osadía, no heroísmo.
El cielo ensimismado, la arena de la playa,
el inmenso aguacero sobre la selva virgen,
los rincones secretos de cualquier avenida.
El cansancio de hacernos
la alegre sensatez de compartirnos
la luz de la alborada
la ilusión de buscarnos
la magia de encontrarse.
Todo lo que dijimos
lo que jamás dijimos
la tibia desazón de la melancolía
y el arrebato último de todos los finales.
El esplendor triunfal de lo que nunca fuimos.
Iluminando códices miniados
Este es, para mí, una de las pequeñas joyas de todas las carpetas que he revisado hasta ahora. El marco general vuelve a ser la temática histórica; pero parece que, en este poema, ausente de cualquier interpretación cercana a su vivencia personal. Aunque, por supuesto, nunca es descartable. la carpeta que contenía este poema tenía por título DESCENSOS ( no me preguntéis el porqué).
Iluminando códices miniados
ángeles inocentes se condenan.
De sus manos celestes suaves líneas,
trazos de la belleza, cual espasmos
desde la nada, los delicados cuerpos dibujando,
invocan los deseos.
En enramadas vírgenes la carne
exacta proporción
cual escultura se solaza imperdonable
bajo el pincel sereno. Y en cada movimiento
los contornos de la belleza atrapa.
Subyugado, el ojo,
indecoroso inventa desnudeces impúdicas
que, desde detrás, lo mira.
Si hubiera perversión en cada curva
o sólo la hermosura de lo bello
manos que rasgan telas
y tentación evitan
no han dejado saberlo.
Iluminando códices miniados
ángeles inocentes se condenan.
De sus manos celestes suaves líneas,
trazos de la belleza, cual espasmos
desde la nada, los delicados cuerpos dibujando,
invocan los deseos.
En enramadas vírgenes la carne
exacta proporción
cual escultura se solaza imperdonable
bajo el pincel sereno. Y en cada movimiento
los contornos de la belleza atrapa.
Subyugado, el ojo,
indecoroso inventa desnudeces impúdicas
que, desde detrás, lo mira.
Si hubiera perversión en cada curva
o sólo la hermosura de lo bello
manos que rasgan telas
y tentación evitan
no han dejado saberlo.
Ya no sé imaginarte
Parece que el autor de todos estos textos no guardó, al parecer, ningún orden al archivarlos ( digo archivar por no utilizar amontonar u otra palabra similar). No parecen estar clasificados ni por fechas ni por temas; por lo que la lectura de los mismos se hace más dificil al no tener ninguna referencia textual que pueda servir para dotarles de un sentido más allá del propio texto. De ahí también mi interés por indagar en su vida. Ya os contaré, más adelante, el resultado de mis investigaciones en este asunto. De momento os incluyo un nuevo poema. El tema del mismo parece incluirse, cosa bastante corriente en sus escritos, en el tópico del desamor; aunque con algún matiz irónico o ,al menos, y esto es lo que me sorprende, con una ilusión de desapego estoico.
Ya no sé imaginarte;
no acierto con tu rostro
el rostro verdadero. Y tu imagen
ni me desconcierta ni intimida
el siempre inesperado bullicio de la sangre.
Sólo el espacio ocupas
de una certeza ajena: un poema,
un aroma, alguna frase, un libro.
Salvando las distancias tratas de inmiscuirte
y obligarme
a descolgar la máscara más tierna
o más amable.
Y es un intento vano enmascararte;
es, más que una osadía,
la evidencia
de que tu rostro es tiempo
humo
en la brisa suave de mi tiempo.
Ya no sé imaginarte;
no acierto con tu rostro
el rostro verdadero. Y tu imagen
ni me desconcierta ni intimida
el siempre inesperado bullicio de la sangre.
Sólo el espacio ocupas
de una certeza ajena: un poema,
un aroma, alguna frase, un libro.
Salvando las distancias tratas de inmiscuirte
y obligarme
a descolgar la máscara más tierna
o más amable.
Y es un intento vano enmascararte;
es, más que una osadía,
la evidencia
de que tu rostro es tiempo
humo
en la brisa suave de mi tiempo.
Alejandro ha muerto
Alejandro ha muerto
Las ciudades que he perdido
en las que nunca estuve.
Los valles, las montañas, las estepas,
las oscuras aldeas, los inviernos,
las lánguidas mujeres, las alegres
fiestas de la cosecha. El caudaloso río,
las arenas que dicen infinitas.
Campamentos, las torres de defensa,
la hoguera y la mirada del soldado.
La entrada en las ciudades conquistadas,
la arrogancia, el desprecio, la añoranza
de quienes nos esperan.
El orden sobre el caos nuevamente,
la paz sobre la muerte,
las banderas. Los templos suntuosos,
cien mil dioses de formas diferentes,
el paciente silencio,
la antorcha entre las sombras,
la suavidad del cuerpo que se ofrece
al dios conquistador.
El regreso. Los bosques, las mesetas,
las ciudades en las que nunca estuve.
Me mandan mensajeros, condolencias.
Pero yo no les creo, les envío
recado de que vuelvas. Las ciudades
por las que yo te busco ya no existen.
No me saben decir dónde te encuentras.
Las ciudades que he perdido
en las que nunca estuve.
Los valles, las montañas, las estepas,
las oscuras aldeas, los inviernos,
las lánguidas mujeres, las alegres
fiestas de la cosecha. El caudaloso río,
las arenas que dicen infinitas.
Campamentos, las torres de defensa,
la hoguera y la mirada del soldado.
La entrada en las ciudades conquistadas,
la arrogancia, el desprecio, la añoranza
de quienes nos esperan.
El orden sobre el caos nuevamente,
la paz sobre la muerte,
las banderas. Los templos suntuosos,
cien mil dioses de formas diferentes,
el paciente silencio,
la antorcha entre las sombras,
la suavidad del cuerpo que se ofrece
al dios conquistador.
El regreso. Los bosques, las mesetas,
las ciudades en las que nunca estuve.
Me mandan mensajeros, condolencias.
Pero yo no les creo, les envío
recado de que vuelvas. Las ciudades
por las que yo te busco ya no existen.
No me saben decir dónde te encuentras.
Adriano
Entre la enorme cantidad de carpetas que he revisado se encuentran muchos cuentos y alguna que otra novela corta, entre esbozos y proyectos que imagino inacabados. La publicación de los mismos puede llevarme un tiempo del que ahora mismo carezco. Es por ello que iré, mientras la paciencia me acompaña con los trabajos mayores, publicando alguno de los poemas que, a mi juicio, son más atractivos. Disculpad de antemano el gusto literario del que carezco.
En la carpeta con el título LO PERDIDO encontré este poema dedicado, creo, a Adriano (o tal vez a Alejandro).
Cuando cierre los ojos
y exhausto te abandone, y a tu lado me duerma
confiado; cuando tu mano vértigo,
sedienta, se deshaga en pétalos
y asedie los rendidos pezones y el seco manantial
que impetuosa busca y sea tu lengua
clepsidra que baje por mi cuello
y me rodee, humedeciendo mi estupor.
No te detengas.
No respetes el sueño que apacible se extiende
por las sábanas, desafiándote,
la entrañable expresión de mi reposo.
No temas que el luminoso día nos descubra.
Que no te asuste el ímpetu que tus aguas generan
ni que el ansia,
enredada en las espinas de tu inexperiencia,
te hiera enloquecida; que en tu mar no naufragues.
Serénate
es el tiempo lo único posible.
Y no temas
eternizar la dicha. Ni que,
al abrir los ojos, asustado y celoso,
olvide, por tu cuerpo,
tus placeres.
En la carpeta con el título LO PERDIDO encontré este poema dedicado, creo, a Adriano (o tal vez a Alejandro).
Cuando cierre los ojos
y exhausto te abandone, y a tu lado me duerma
confiado; cuando tu mano vértigo,
sedienta, se deshaga en pétalos
y asedie los rendidos pezones y el seco manantial
que impetuosa busca y sea tu lengua
clepsidra que baje por mi cuello
y me rodee, humedeciendo mi estupor.
No te detengas.
No respetes el sueño que apacible se extiende
por las sábanas, desafiándote,
la entrañable expresión de mi reposo.
No temas que el luminoso día nos descubra.
Que no te asuste el ímpetu que tus aguas generan
ni que el ansia,
enredada en las espinas de tu inexperiencia,
te hiera enloquecida; que en tu mar no naufragues.
Serénate
es el tiempo lo único posible.
Y no temas
eternizar la dicha. Ni que,
al abrir los ojos, asustado y celoso,
olvide, por tu cuerpo,
tus placeres.
¿es esto un haiku?
palabras de halcón
perdidas en los trenes
alma de sombra
¿es esto un haiku?
Poema recuperado
De entre los innumerables poemas rescatados, he seleccionado este; porque, de una manera particular, creo que aclara bastante la personalidad del autor y sus intenciones literarias. No pretendo juzgar su obra, ni puedo realizar análisis estilísticos; simplemente mostrar la personalidad de un escritor desconocido que, quizá ya por cuestiones personales, me parece interesante. Ya he dicho que merodear en los papeles que alguien iba a tirar sin escrúpulos y encontrarme con esto me ha implicado emocionalmente. El poema lo encontré sin título.
" Porque sólo hay palabras que me aseguran tu rostro
y rostros cuya identidad me desconcierta
nunca sabré cual de esos espejos
será el último espejo. La despiadada imagen
igual a mí. Adivinar será mi pasatiempo
será mi confusión y mi tortura.
Desgranaré tus tactos
tus silencios oráculos serán de sábanas
y prohibidos lunares.
Deshaciendo tu espera
el amasijo de blusas y zapatos
vísceras de los dioses
me anunciará la suerte o la desgracia.
Inhalaré vapores de las rosas
que a tu pecho se enredan y defienden
y en animal las selvas del futuro
invocaré.
No habrá lugar del cosmos que en tu cuerpo no busque
ni lugar que del cosmos no sea revelado.
Pero sé que el temor también acecha
que tus cuevas sagradas se amurallan
y que exiges, por cada vaticinio,
tiempo."
" Porque sólo hay palabras que me aseguran tu rostro
y rostros cuya identidad me desconcierta
nunca sabré cual de esos espejos
será el último espejo. La despiadada imagen
igual a mí. Adivinar será mi pasatiempo
será mi confusión y mi tortura.
Desgranaré tus tactos
tus silencios oráculos serán de sábanas
y prohibidos lunares.
Deshaciendo tu espera
el amasijo de blusas y zapatos
vísceras de los dioses
me anunciará la suerte o la desgracia.
Inhalaré vapores de las rosas
que a tu pecho se enredan y defienden
y en animal las selvas del futuro
invocaré.
No habrá lugar del cosmos que en tu cuerpo no busque
ni lugar que del cosmos no sea revelado.
Pero sé que el temor también acecha
que tus cuevas sagradas se amurallan
y que exiges, por cada vaticinio,
tiempo."
Versos aislados
"pretéritos futuros anheló de ojos verdes
su cálida añoranza de metal curvilinio
y alumbró una peonza de su remoto vientre
bajo un cielo incendiado del círculo infinito"
Este fragmento lo encontré entre los legajos de la biblioteca, estaba escrito en un pedazo de papel, arrancado de algún envoltorio de regalo. Ninguna descripción, ni motivo alguno hacían pensar que pudiera pertenecer a una obra mayor; tampoco he logrado dar, si no fue el titular de la biblioteca, con el autor de estos versos. Aún ayudándome de internet.
La verdad es que animan a un mundo extraño, pero su riqueza metafórica pueden hacerlo útil para situaciones variadas o sentimientos diversos. Queda aquí para comentario de todos aquellos que puedan sentirse interesados.
Poco a poco iré publicando el resto de los escritos personales encontrados.
su cálida añoranza de metal curvilinio
y alumbró una peonza de su remoto vientre
bajo un cielo incendiado del círculo infinito"
Este fragmento lo encontré entre los legajos de la biblioteca, estaba escrito en un pedazo de papel, arrancado de algún envoltorio de regalo. Ninguna descripción, ni motivo alguno hacían pensar que pudiera pertenecer a una obra mayor; tampoco he logrado dar, si no fue el titular de la biblioteca, con el autor de estos versos. Aún ayudándome de internet.
La verdad es que animan a un mundo extraño, pero su riqueza metafórica pueden hacerlo útil para situaciones variadas o sentimientos diversos. Queda aquí para comentario de todos aquellos que puedan sentirse interesados.
Poco a poco iré publicando el resto de los escritos personales encontrados.
¿?
A veces sucede lo inexplicable, a veces hemos de creer que los hechos no tienen una causa; que están regidos por la casualidad. Si no ¿Cómo entender que el destino nos brinde, de pronto, una nueva razón para ser felices? ¿Cómo entender los nuevos seres que nos rodean, la esperanza que nace como el único aliento y nos incendia?¿ Cómo entender, si no existe el azar, la nueva paz, la presencia inesperada, la ilusión recobrada?.
¿Donde nacen las fuerzas que animan nuestro mundo?¿Por qué un ser, del que nada sabíamos, acerca su calidez y nos inunda?¿Qué razones le mueven a deshacer la soledad, a compartir sus nostalgias, a creer en nosotros?. El cataclismo destruye nuestros muros, aniquila nuestros recelos, nos vence sabiéndonos de antemano vencidos. Y nos gusta la derrota. Porque ahora somos algo más, algo que habremos de preguntar a ese ser que nos mira en silencio, que nos intimida e ilumina, que nos reconforta.
Y, por fin, estamos ansiosos de respuestas.
¿Donde nacen las fuerzas que animan nuestro mundo?¿Por qué un ser, del que nada sabíamos, acerca su calidez y nos inunda?¿Qué razones le mueven a deshacer la soledad, a compartir sus nostalgias, a creer en nosotros?. El cataclismo destruye nuestros muros, aniquila nuestros recelos, nos vence sabiéndonos de antemano vencidos. Y nos gusta la derrota. Porque ahora somos algo más, algo que habremos de preguntar a ese ser que nos mira en silencio, que nos intimida e ilumina, que nos reconforta.
Y, por fin, estamos ansiosos de respuestas.
Una estupidez.
Y nace este dolor, o esta sensación de pérdida, cuando te dicen que hay otra persona ocupando el lugar que tú dejaste. Tristes somos los humanos, tristes e incomprensibles. No surgió el dolor con la pérdida, ni tiempo después, ni en los interminables silencios que acompañaron los adioses. Sólo al saber, al tener la certeza de nuestra sustitución, nos dolemos como si hubiera sido ayer el día en que dijimos adiós.
Será la soledad la causante de la tristeza, la enemiga de la razón. Bien dicen que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde definitivamente. O sí, y este dolor no es de pérdida, sino ególatra, egocéntrico, imberbe.
Puede ser que asumamos que seremos siempre insustituibles, también en el amor. Que el descubrir nuestra equivocación nos sume en la tristeza. Que era verdad que el mundo no giraba a nuestro alrededor.
Puede ser que necesitemos ese dolor para sentirnos vivos. Que el mundo seguirá girando pese a nosotros. Que debemos seguir hacia los destinos que nosotros mismos nos hemos ido marcando sin saberlo.
Puede ser.
Será la soledad la causante de la tristeza, la enemiga de la razón. Bien dicen que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde definitivamente. O sí, y este dolor no es de pérdida, sino ególatra, egocéntrico, imberbe.
Puede ser que asumamos que seremos siempre insustituibles, también en el amor. Que el descubrir nuestra equivocación nos sume en la tristeza. Que era verdad que el mundo no giraba a nuestro alrededor.
Puede ser que necesitemos ese dolor para sentirnos vivos. Que el mundo seguirá girando pese a nosotros. Que debemos seguir hacia los destinos que nosotros mismos nos hemos ido marcando sin saberlo.
Puede ser.
refexión con bradbury
"Así es la vida. Siempre alguien que espera a algún otro, que nunca vuelve. Siempre alguien que quiere a algún otro que no lo quiere. Y al fin uno busca destruir a ese otro, no importa quién sea, para que no nos lastime más."
¿Buscamos destruir u olvidar?¿Qué buscamos?¿Ser en otros o ser por medio de otros?¿anudarnos a otro ser o absorverlo por completo? y, al final, cuando llega el irremediable olvido, ¿quiénes somos?¿quiénes hemos sido?¿qué somos? si la soledad permite que razonemos, si el amor no es sólo una iluminación ni un abandono, ¿Dónde hemos llegado?¿más cerca o más lejos de nosotros? Tal vez, entonces comprenderemos que en este mundo no se puede amar demasiado. Porque quizá hayamos huido a los más abismales de los abismos, a esperar otro millón de años.
Aunque sería conveniente pensar que el amor es un genio que, a veces, nos habita. Una mancha de luz que nos despierta, una lámina de agua que nos sueña.
Sería conveniente no pensar en la devastación de quien ha dejado de ser amado u olvidó ser amante.
Porque el amor es un arte y su belleza es fugaz; y generosa. A veces, es posible que regrese. ¿No hemos de recibirle con los brazos abiertos?
¿Buscamos destruir u olvidar?¿Qué buscamos?¿Ser en otros o ser por medio de otros?¿anudarnos a otro ser o absorverlo por completo? y, al final, cuando llega el irremediable olvido, ¿quiénes somos?¿quiénes hemos sido?¿qué somos? si la soledad permite que razonemos, si el amor no es sólo una iluminación ni un abandono, ¿Dónde hemos llegado?¿más cerca o más lejos de nosotros? Tal vez, entonces comprenderemos que en este mundo no se puede amar demasiado. Porque quizá hayamos huido a los más abismales de los abismos, a esperar otro millón de años.
Aunque sería conveniente pensar que el amor es un genio que, a veces, nos habita. Una mancha de luz que nos despierta, una lámina de agua que nos sueña.
Sería conveniente no pensar en la devastación de quien ha dejado de ser amado u olvidó ser amante.
Porque el amor es un arte y su belleza es fugaz; y generosa. A veces, es posible que regrese. ¿No hemos de recibirle con los brazos abiertos?
Nuevo cuento encontrado entre los papeles de la biblioteca.
María no había vuelto a ocuparse de aquel niño desnudo que andaba todas las tardes de un lado a otro del desván, entremetiéndose entre los muebles allí olvidados al polvo y al paso de los años y las enormes cajas de cartón, de las que se podía hacer aparecer desde antiguas lámparas con los cristales rotos hasta pequeños libros de hojas amarillas y quebradizas.
Las primeras veces que oyó pasos arriba y ruido de objetos que caían se preocupó pensando en que las ratas habían anidado en los alares. Pero al subir y escuchar su risa apagada se tranquilizó y lo buscó con un enfado de voces y presuntos tormentos que el niño se asustó tanto que se dejó encontrar para evitar el castigo. Eso fueron las primeras veces, hasta que dejó de temer aquellas reprimendas que nunca se cumplían. Después, cuando María intentaba asustarlo sin meriendas o postres, o le insinuaba algún otro castigo más doloroso, no se dejaba encontrar. María se cansó de bajarlo todas las tardes cubierto de polvo y de sorpresa y lo dejó estar.
Con el tiempo, el niño aprendió a moverse despacio y sin hacer ruido en el desván y María pensaba que había encontrado otro lugar para sus juegos; pero, cuando, cansada de llamarlo por todas las habitaciones de la casa y de buscarlo por el jardín, volvía al desván, el niño bajaba sonriente para cenar, mirando de reojo el enfado siempre fingido de María.
- No sé cómo te gusta tanto estar ahí arriba, con la cantidad de mugre y polvo que hay, y esa penumbra, que de no darte el sol te vas a volver transparente.
Pero él volvía a su mundo todos los días, y sacaba aquellos viejos libros de sus cajas, ordenándolos de mayor a menor, o apilándolos en torres y parapetos para defenderse de los indios, que se escondían todos detrás de la gabardina colgada de la percha y del sillón. Encontraba viejas monedas, comidas por el orín, sellos de innumerables países amontonados en bolsas como confetti, antiguas cartas de amor escondidas en el fondo de los cajones, atadas con lazos rojos, que no sabía leer, pequeñas bolas de cristal, mapas del mundo con círculos verdes y líneas trazadas con cartabón, antiguos billetes que casi se rompían al cogerlos, cochecitos de madera a los que faltaba una rueda, muñecas de loza sin sus dedos, álbumes de fotografías amarillentas donde posaba gente a la que nunca conoció. Su escondite era un mundo perdido, como tantos otros que nunca se vuelven a recuperar, y él lo iba descubriendo poco a poco, con esa ingenuidad infantil por lo desconocido que hace maravilloso cada objeto encontrado.
María, como el niño se acostumbró a bajar a punto para la cena y, a fin de cuentas, era su niño y se le podía consentir cualquier cosa a su soledad de hijo único, no les fue con el chisme del desván a sus padres; porque, además, pensaba ella, qué les iba a importar si estaban siempre fuera y nunca se preocuparon por él. (María siempre lo decía, que no era de ley tener a un niño así de abandonado. Las demás contaban también hechos similares de las casas donde servían, siempre niños solos y padres ocupadísimos y serios, como si hubieran nacido con almas superiores).
María había llegado de muy joven a la capital, desde entonces se ocupó de aquella casa y cuidó a los abuelos hasta que la muerte se los llevó despacito y sin mucho alboroto. Se quedó con los padres por pura rutina y porque ya había hecho suya aquella casa y a sus habitantes; a pesar de que ella ya tenía sus hijos propios, y su marido propio, con el que podía refunfuñar a gusto; pero no quiso abandonar ese pedacito de mundo que era parte irrenunciable de su vida, y así siguió llegando cada mañana para despedir a los padres y dar de desayunar al niño y otras mil cosas que la ocupaban casi hasta el anochecer.
El niño la intuyó como madre y le llamaba tata, sus primeros pasos terminaron en sus brazos, y los buenos días eran un beso de ella en la frente. Crecía con dos madres, una para el día, que estaba siempre ahí, hasta cuando se quejó tanto que hubo que llevarle a toda prisa al hospital; la otra para las noches, al acostarse, que lo adormecía con su voz suave de cuentos.
Esta es la historia hasta que María se desplomó en medio de la cocina sin un grito, pesada como un armario y abierto de par en par el corazón. Cuando el niño bajó vio que dormía y su cena no estaba sobre la mesa, así que decidió subir y esperar que lo llamara, silencioso y pícaro para no despertarla, y jugar un rato más a descubrir tesoros.
Lo buscaron por toda la casa, en los armarios, debajo de las camas, entre las faldas de María, en el jardín. Lo buscaron en el funeral con los ojos encendidos en lágrimas, en toda la ciudad se repartieron carteles con su foto y su nombre, y se hicieron batidas por los campos cercanos. Los padres hicieron llamamientos por televisión, por radio, removieron cielo y tierra para encontrar lo que tanta falta les hacía, lo que tanto querían, conocían, amaban. Hablaron para los secuestradores con lágrimas inverosímiles de tristeza.
Todo fue inútil. Después de dos meses la atención y la búsqueda desistieron. Se pensó en lo peor. El niño se olvidó, como se olvidan los números de teléfono o las estafas de los políticos, y los padres se conformaron con el silencio y la ignorancia.
La casa se llenó de recuerdos y fantasmas del hijo, no sabían si vivos o muertos, y esa incertidumbre quebró la vida en común y la llenó de reproches y celos, de palabras agresivas y de amenazas. Abandonaron la casa en direcciones opuestas, para tratar de no encontrarse nunca más; y la casa quedó ahí, intacta, abandonándose a la decrepitud, la humedad y el silencio. El mundo fue creciendo a su alrededor.
Yo la había conocido hacía ya algunos años, cuando esperaba a María a la salida de la facultad y volvíamos juntos, ella preguntándome siempre por las clases y los amigos. Ahora estaba hecha una ruina, la reja se había vencido y las malas hierbas hacían de la entrada una selva de púas; aquí y allá los desconchados le daban la impresión de un hundimiento inminente, las tejas rotas se amontonaban alrededor. Aún así, decidí comprarla.
La puerta se abrió de un empujón. El interior no mejoraba la fachada, la luz se filtraba a través del polvo y las sombras de años; revisamos todas las habitaciones para anotar las reformas y los muebles aprovechables, todavía cubiertos de sábanas comidas por la polilla. Al abrir la puerta del desván lo vimos, un anciano de largas barbas blancas, con la piel amarillenta del papel viejo, al vernos sonrió, se levantó despacio de la silla y bajó las escaleras paso a paso; yo creo que pensó que ya estaba bien de esperar a María.
Las primeras veces que oyó pasos arriba y ruido de objetos que caían se preocupó pensando en que las ratas habían anidado en los alares. Pero al subir y escuchar su risa apagada se tranquilizó y lo buscó con un enfado de voces y presuntos tormentos que el niño se asustó tanto que se dejó encontrar para evitar el castigo. Eso fueron las primeras veces, hasta que dejó de temer aquellas reprimendas que nunca se cumplían. Después, cuando María intentaba asustarlo sin meriendas o postres, o le insinuaba algún otro castigo más doloroso, no se dejaba encontrar. María se cansó de bajarlo todas las tardes cubierto de polvo y de sorpresa y lo dejó estar.
Con el tiempo, el niño aprendió a moverse despacio y sin hacer ruido en el desván y María pensaba que había encontrado otro lugar para sus juegos; pero, cuando, cansada de llamarlo por todas las habitaciones de la casa y de buscarlo por el jardín, volvía al desván, el niño bajaba sonriente para cenar, mirando de reojo el enfado siempre fingido de María.
- No sé cómo te gusta tanto estar ahí arriba, con la cantidad de mugre y polvo que hay, y esa penumbra, que de no darte el sol te vas a volver transparente.
Pero él volvía a su mundo todos los días, y sacaba aquellos viejos libros de sus cajas, ordenándolos de mayor a menor, o apilándolos en torres y parapetos para defenderse de los indios, que se escondían todos detrás de la gabardina colgada de la percha y del sillón. Encontraba viejas monedas, comidas por el orín, sellos de innumerables países amontonados en bolsas como confetti, antiguas cartas de amor escondidas en el fondo de los cajones, atadas con lazos rojos, que no sabía leer, pequeñas bolas de cristal, mapas del mundo con círculos verdes y líneas trazadas con cartabón, antiguos billetes que casi se rompían al cogerlos, cochecitos de madera a los que faltaba una rueda, muñecas de loza sin sus dedos, álbumes de fotografías amarillentas donde posaba gente a la que nunca conoció. Su escondite era un mundo perdido, como tantos otros que nunca se vuelven a recuperar, y él lo iba descubriendo poco a poco, con esa ingenuidad infantil por lo desconocido que hace maravilloso cada objeto encontrado.
María, como el niño se acostumbró a bajar a punto para la cena y, a fin de cuentas, era su niño y se le podía consentir cualquier cosa a su soledad de hijo único, no les fue con el chisme del desván a sus padres; porque, además, pensaba ella, qué les iba a importar si estaban siempre fuera y nunca se preocuparon por él. (María siempre lo decía, que no era de ley tener a un niño así de abandonado. Las demás contaban también hechos similares de las casas donde servían, siempre niños solos y padres ocupadísimos y serios, como si hubieran nacido con almas superiores).
María había llegado de muy joven a la capital, desde entonces se ocupó de aquella casa y cuidó a los abuelos hasta que la muerte se los llevó despacito y sin mucho alboroto. Se quedó con los padres por pura rutina y porque ya había hecho suya aquella casa y a sus habitantes; a pesar de que ella ya tenía sus hijos propios, y su marido propio, con el que podía refunfuñar a gusto; pero no quiso abandonar ese pedacito de mundo que era parte irrenunciable de su vida, y así siguió llegando cada mañana para despedir a los padres y dar de desayunar al niño y otras mil cosas que la ocupaban casi hasta el anochecer.
El niño la intuyó como madre y le llamaba tata, sus primeros pasos terminaron en sus brazos, y los buenos días eran un beso de ella en la frente. Crecía con dos madres, una para el día, que estaba siempre ahí, hasta cuando se quejó tanto que hubo que llevarle a toda prisa al hospital; la otra para las noches, al acostarse, que lo adormecía con su voz suave de cuentos.
Esta es la historia hasta que María se desplomó en medio de la cocina sin un grito, pesada como un armario y abierto de par en par el corazón. Cuando el niño bajó vio que dormía y su cena no estaba sobre la mesa, así que decidió subir y esperar que lo llamara, silencioso y pícaro para no despertarla, y jugar un rato más a descubrir tesoros.
Lo buscaron por toda la casa, en los armarios, debajo de las camas, entre las faldas de María, en el jardín. Lo buscaron en el funeral con los ojos encendidos en lágrimas, en toda la ciudad se repartieron carteles con su foto y su nombre, y se hicieron batidas por los campos cercanos. Los padres hicieron llamamientos por televisión, por radio, removieron cielo y tierra para encontrar lo que tanta falta les hacía, lo que tanto querían, conocían, amaban. Hablaron para los secuestradores con lágrimas inverosímiles de tristeza.
Todo fue inútil. Después de dos meses la atención y la búsqueda desistieron. Se pensó en lo peor. El niño se olvidó, como se olvidan los números de teléfono o las estafas de los políticos, y los padres se conformaron con el silencio y la ignorancia.
La casa se llenó de recuerdos y fantasmas del hijo, no sabían si vivos o muertos, y esa incertidumbre quebró la vida en común y la llenó de reproches y celos, de palabras agresivas y de amenazas. Abandonaron la casa en direcciones opuestas, para tratar de no encontrarse nunca más; y la casa quedó ahí, intacta, abandonándose a la decrepitud, la humedad y el silencio. El mundo fue creciendo a su alrededor.
Yo la había conocido hacía ya algunos años, cuando esperaba a María a la salida de la facultad y volvíamos juntos, ella preguntándome siempre por las clases y los amigos. Ahora estaba hecha una ruina, la reja se había vencido y las malas hierbas hacían de la entrada una selva de púas; aquí y allá los desconchados le daban la impresión de un hundimiento inminente, las tejas rotas se amontonaban alrededor. Aún así, decidí comprarla.
La puerta se abrió de un empujón. El interior no mejoraba la fachada, la luz se filtraba a través del polvo y las sombras de años; revisamos todas las habitaciones para anotar las reformas y los muebles aprovechables, todavía cubiertos de sábanas comidas por la polilla. Al abrir la puerta del desván lo vimos, un anciano de largas barbas blancas, con la piel amarillenta del papel viejo, al vernos sonrió, se levantó despacio de la silla y bajó las escaleras paso a paso; yo creo que pensó que ya estaba bien de esperar a María.
Capítulo 15
Te esperaba. Escribía palabras tuyas y palabras mías que dialogaban y se amaban. Ejecutaba magistralmente saltos, curvas, dibujos que eran frases tuyas o frases mías y significaban pensamientos. Sensaciones de tinta para hablar del mundo y de nosotros jugando a decirnos la verdad y la mentira. Te sentabas a mi lado y el amor no era un arte; sin embargo, su placidez se iguala a la contemplación de la belleza, es por ello que tantos y tantos filósofos aunaron amor y belleza y que esta unión sea un tópico de la literatura y qué fascinación en tus ojos, tus labios sonrientes qué importa su definición, su arquitectura de cuerpo perfecto si no adviertes el lado oscuro, la sumisión y el dolor, la devastación de un ser que ha dejado de ser amado o que olvidó ser amante y esta espera que me obliga a buscarte sintiendo la cruel perfección del amor, sus arañazos celosos y cobardes que escribían frases que eran tuyas y frases que eran mías, y frases de Nico dormido, soñando sueños donde tú y yo éramos dioses inmortales que lo llevaban de la mano, y lo echaban al aire, y lo alimentaban, y lo vestían, y le enseñaban a andar y a decir papá y mamá y a preguntarme el significado de tus besos y tus adioses. El verdadero significado de las palabras que habían ido, pacientemente, creándonos.
Capítulo 14
Me habías abandonado. No lloré. No supliqué. Estabas muy bien con aquel traje gris y esa horrible flor de papel blanco en el ojal. Te dije siempre que había luz en tu rostro. Tenían tus ojos un no sé qué profundo y soñador que alegraba toda la fotografía. No la puse boca abajo. Me quedé mirándote sabiendo que no volveríamos a encontrarnos. Desde ese momento empecé a añorarte. Comprendí muchas cosas, hasta tus odiosos silencios, y esos ojos inquisitivos de los últimos meses, que me helaban el corazón y tenía que apartar la mirada para no echarme a llorar en tus brazos. Ya sé que esa debilidad no me la hubieras perdonado nunca. Hablabas tanto de la fortaleza moral, de no dejarse dominar por emociones pasajeras que me daba miedo demostrarte abiertamente mis estados de ánimo y mis sentimientos. Nunca aceptaste mi independencia. Te mostrabas indiferente, como queriendo decir que nada te extrañaba, que mi trabajo y mis constantes viajes eran algo de mi vida, en la que tú jamás estabas obligado a prohibir. Pero aquellas ausencias te herían, no sencillamente por la distancia, te indignaba saberme libre, sin que hubiera de rendirte cuentas de mis actos y de mis proyectos. No estabas ahí para empujarme, para ser tú quien me hiciera ir subiendo, ir conquistando terreno al mundo. A veces, cuando hablábamos del futuro, de mi futuro, de mi último ascenso, me animabas. Pero miraba a tus ojos y los veía sin ilusión, vacíos, casi tristes. ¿Tanto miedo te producía saberme libre? También he pensado que acaso temieras perderme. Llegaba siempre contándote anécdotas; mis salidas, te hablaba de ciudades, de costumbres, de personas, de un mundo que conocías a través de mí, de un mundo más ancho que el tuyo pero ¡qué más da! ¿Acaso importa ahora?
Te has ido y no voy a hacer nada. No correré tras ti. No suplicaré. Me sonríes y te devuelvo la sonrisa. No quemaré tus cartas. No romperé tus fotos. Me miras con tanta dulzura que no puedo acusarte.
Me levanté y miré en mi agenda. Llamé por teléfono y me arreglé para cenar fuera. Antes de salir recorrí todas las habitaciones y fui apagando una a una las luces. Bajando en el ascensor tuve que secarme los ojos con un pañuelo de papel.
La noche estaba fría. Le di al taxista la dirección y quedé mirando a la gente que iba de un lado a otro, indiferente, absorta en su mundo, como yo, perdida en un taxi en medio de la ciudad, preocupada por no haber cogido las pastillas contra este dolor de estómago que se estaba haciendo insoportable.
Capítulo 13
No me dejaron verte. Paseé por los pasillos asépticos oyendo gritos y gemidos. Me sentaba y volvía a levantarme al instante. Intentaba escuchar tu voz, o tu silencio, oír tus manos acariciando a Nico. Sentir cómo hablabas de sus ojos azules y de sus manos pequeñas y tiernas que tendrían que acariciar tu pelo y tus labios con inocencia y dulzura, que tendrían que aprender a escuchar y a decirte del dulce paso del tiempo y de las ansias de ser felices para no pensar en la vida y la muerte, para no desgarrarse obligándonos a esperar un mañana más limpio y más humano, unas noches sin insomnio y sin misterios descubiertos, sin enormes arañas tejiendo y destejiendo la soledad, que era una enorme red en la que forcejeábamos hasta quedar sin aliento y enredados como pequeños y horrorizados insectos.