Tres poemas finales hasta pronto
Por mi trabajo y otras ocupaciones he de dejar por unos días de incluir aquí los escritos que he encontrado en la biblioteca mencionada tantas veces. Incluyo hoy tres pequeños poemas descubiertos en una vieja carpeta cuyo título era ESQUEMAS VARIOS DE (lo siguiente es ilegible).
Deshago prudentemente uno a uno tus nudos
con calma de murciélagos dormidos los deshago.
Temo que la duda de la araña
misteriosa y secreta
se resuelva
devorándome.
--------------------------
Por eso no te encuentro
porque nunca estuviste
un reflejo de agua en la tormenta
inasible y fluido.
Un alboroto obsceno de músculos
un pálpito, un instante
una sombra de duda
un hormigueo de ángeles
donde nunca hubo nada.
------------------------------
Y a todos reconoces que no tienes
por qué sentir ternura
invisible armonía
o añoranza.
Y mientras, yo contesto a las preguntas
que tú jamás te harías.
Deshago prudentemente uno a uno tus nudos
con calma de murciélagos dormidos los deshago.
Temo que la duda de la araña
misteriosa y secreta
se resuelva
devorándome.
--------------------------
Por eso no te encuentro
porque nunca estuviste
un reflejo de agua en la tormenta
inasible y fluido.
Un alboroto obsceno de músculos
un pálpito, un instante
una sombra de duda
un hormigueo de ángeles
donde nunca hubo nada.
------------------------------
Y a todos reconoces que no tienes
por qué sentir ternura
invisible armonía
o añoranza.
Y mientras, yo contesto a las preguntas
que tú jamás te harías.
Extraído de la carpeta LO PERDIDO
Me prefieres rendido.
No has aprendido aún que el amor se extermina
e ignoras, por lo tanto, que jamás has vencido.
Si acaricié tu cuello no rendí pleitesía
si humedecí mi lengua con tu secreto aroma
no te pedí clemencia.
No humilla la pasión sino el decoro.
Y duele más el ansia contenida
que la ausencia.
No es necesario amar para ignorar.
Monstruo
Este extraño poema mantiene unas imágenes ý alegorías debido a las que me resulta imposible descubrir su sentido; si no es la predilección por el mundo de la noche y las sombras frente al mundo de la luz. Sí he de decir que el tono narrativo y las alusiones mitológicas hablan de un universo cargado de significados. Conservo el título que encontré en el manuscrito. ( aunque confieso que no me gusta en absoluto).
Monstruo
Yo amé las catacumbas porque nada
ni nadie a cielo abierto
quiso creer en mí.
Amé las oquedades de la noche
con pasión desbordada
con la renuncia consciente al sol del mediodía
desamado y amante,
animal como nunca pensé llegar a ser.
Yo conocí los duendes de los amores rotos
en los lagares sucios
donde bebían el mosto
amargo
del corazón herido.
Hablé con las cariátides egregias
de los antiguos sueños
de marinos y océanos prontos a navegarse;
con sus risas forzadas
las escuché paciente
y atravesé sin ellas mi orontes subterráneo.
Vi innumerables héroes
de la vida diaria
ulises incontables
sin deseos de Itaca.
Vi atlantes emergiendo del fondo de las lágrimas
bacos enternecidos
y faunos asustados.
Vi iluminarse el mundo fugaz
y lo vi arderse.
Vi en la noche la vida que no teme a la muerte.
Aprendí más aquí
que en mil años al cielo.
Yo amé las catacumbas
amé el reino de sombras
amé la valentía del vampiro
la entereza del ogro que lloraba
su soledad perpetua.
Amé tanto silencio
tanto dolor sufrido.
Amé lo que se nombra y no se nombra.
Amé, sin más,
amé,
porque aprendí a a hacerlo.
Monstruo
Yo amé las catacumbas porque nada
ni nadie a cielo abierto
quiso creer en mí.
Amé las oquedades de la noche
con pasión desbordada
con la renuncia consciente al sol del mediodía
desamado y amante,
animal como nunca pensé llegar a ser.
Yo conocí los duendes de los amores rotos
en los lagares sucios
donde bebían el mosto
amargo
del corazón herido.
Hablé con las cariátides egregias
de los antiguos sueños
de marinos y océanos prontos a navegarse;
con sus risas forzadas
las escuché paciente
y atravesé sin ellas mi orontes subterráneo.
Vi innumerables héroes
de la vida diaria
ulises incontables
sin deseos de Itaca.
Vi atlantes emergiendo del fondo de las lágrimas
bacos enternecidos
y faunos asustados.
Vi iluminarse el mundo fugaz
y lo vi arderse.
Vi en la noche la vida que no teme a la muerte.
Aprendí más aquí
que en mil años al cielo.
Yo amé las catacumbas
amé el reino de sombras
amé la valentía del vampiro
la entereza del ogro que lloraba
su soledad perpetua.
Amé tanto silencio
tanto dolor sufrido.
Amé lo que se nombra y no se nombra.
Amé, sin más,
amé,
porque aprendí a a hacerlo.
Tendríamos que hablar otros lenguajes
De la carpeta DESCENSOS incluyo este poema de connotaciones místicas ¿?.
Tendríamos que hablar otros lenguajes
y no desasirnos en las tormentas
del vuelo de tu ombligo. En la húmeda senda
deslizar el tacto que te sabe
la atrevida ascensión de tu sorpresa
que nos mira
la mano abierta acariciando el cénit
incrédula y discreta.
Desesperadamente detener
la delicada lengua
y, alzando hasta tus ojos sonrisas y luciérnagas,
sobre el pretil del pecho
enfebrecidos labios, hastiados de respuestas,
esparcir. A tu cadera inhóspita
turgente aproximar el imposible abrazo
que el delirio no ofrece
y en la noche cerrada de las columnas de Hércules
con suavidad de ala remotísima
desde el incendio azul de tu garganta
lentamente posar la ingravidez de un labio
y una lengua precoz
hacia el abismo incógnito
dejar que, adoradora, se diluya.
Abandonarse así y no desesperar de abandonarse.
Y en gozosa renuncia
hablar otros lenguajes y entregarse.
Y no desesperar, y abandonarse.
Y no desesperar.
Tendríamos que hablar otros lenguajes
y no desasirnos en las tormentas
del vuelo de tu ombligo. En la húmeda senda
deslizar el tacto que te sabe
la atrevida ascensión de tu sorpresa
que nos mira
la mano abierta acariciando el cénit
incrédula y discreta.
Desesperadamente detener
la delicada lengua
y, alzando hasta tus ojos sonrisas y luciérnagas,
sobre el pretil del pecho
enfebrecidos labios, hastiados de respuestas,
esparcir. A tu cadera inhóspita
turgente aproximar el imposible abrazo
que el delirio no ofrece
y en la noche cerrada de las columnas de Hércules
con suavidad de ala remotísima
desde el incendio azul de tu garganta
lentamente posar la ingravidez de un labio
y una lengua precoz
hacia el abismo incógnito
dejar que, adoradora, se diluya.
Abandonarse así y no desesperar de abandonarse.
Y en gozosa renuncia
hablar otros lenguajes y entregarse.
Y no desesperar, y abandonarse.
Y no desesperar.
Buscará
Entre los muchos poemas que encontré en la carpeta DESEOS incluyo el siguiente, del que todavía no puedo concretar si corresponde a alguna etapa sentimental de su vida o es, de nuevo, el tema constante del desamor que, como ya he dicho, impregna gran parte de su obra. Por lo que sé el autor de estos poemas no se suicidó; bien puede ser una imagen para reflejar el "quiero a quien no me quiere" o, dicho de otra forma, "no quiero a quien me quiere"; en fin, ahí está.
"... pero tal vez inquiera mi corazón de plomo
respuesta a sus respuestas."
Buscará en el suicidio
respuesta a sus angustias. Será la muerte
descuido inevitable.
Mas si alguien
de su prohibido infierno devastado
intuye los indicios
quizás haya remedio y recomponga,
dulcemente sus manos ofreciendo
la inocente memoria,
el puzle descompuesto de la vida.
Mirará entonces
apoyando su cuerpo sorprendido
en las enredaderas de la noche el cielo
ajeno que salvador le otorgas:
de su ensimismamiento habrás participado.
Y bajarás los ojos tan pudorosamente
igual a una doncella que en el vértigo
de su estupor delicia intuye
y se sabe perdida habiéndose encontrado
que buscarás respuesta a tus angustias
y, delicadamente,
tus manos resbalando
acariciando
del futuro la imagen
que silenciosamente te desnuda
pieza a pieza
irás desbaratándolo.
"... pero tal vez inquiera mi corazón de plomo
respuesta a sus respuestas."
Buscará en el suicidio
respuesta a sus angustias. Será la muerte
descuido inevitable.
Mas si alguien
de su prohibido infierno devastado
intuye los indicios
quizás haya remedio y recomponga,
dulcemente sus manos ofreciendo
la inocente memoria,
el puzle descompuesto de la vida.
Mirará entonces
apoyando su cuerpo sorprendido
en las enredaderas de la noche el cielo
ajeno que salvador le otorgas:
de su ensimismamiento habrás participado.
Y bajarás los ojos tan pudorosamente
igual a una doncella que en el vértigo
de su estupor delicia intuye
y se sabe perdida habiéndose encontrado
que buscarás respuesta a tus angustias
y, delicadamente,
tus manos resbalando
acariciando
del futuro la imagen
que silenciosamente te desnuda
pieza a pieza
irás desbaratándolo.
Ninfómanas abejas perseguían
Este poema que copio ahora aquí me resulta intrigante y extraño. No he logrado adivinar su significado exacto. Estaba en la carpeta llamada DESEOS. En un principio pensé que era un poema inacabado, pero no he conseguido resolver la duda. Tampoco el sentido de la ausencia de signos de puntuación en la cuarta estrofa.
Ninfómanas abejas perseguían
caléndulas salvajes.
Los pistilos de amor se derretían
si en la amarilla cúpula
la lengua
libaba contenida.
En el jardín, las rosas, los geranios,
adelfas, los claveles,
aguardaban,
derrochando colores,
los ansiados zumbidos.
Era el sonido de alas el anuncio
de agradables martirios.
Se alzaban las cabezas
y los pechos
marciales disponíanse.
Un rumor vegetal, un oleaje
de verde silencioso se extendía
y en gozosa impaciencia,
vigilantes,
atención requerían.
Asomaba la abeja su delirio,
por la enramada zarza de los muros
deleitábase ingrata
a la sombra del tilo demoraba
su elección.
Velocísimo vuelo se marcaba
de sombra a sombra escudriñando el huerto
y pálpitos de savia eyaculaban
capullos jovencísimos y viejos.
Ninfómanas abejas perseguían
caléndulas salvajes.
Los pistilos de amor se derretían
si en la amarilla cúpula
la lengua
libaba contenida.
En el jardín, las rosas, los geranios,
adelfas, los claveles,
aguardaban,
derrochando colores,
los ansiados zumbidos.
Era el sonido de alas el anuncio
de agradables martirios.
Se alzaban las cabezas
y los pechos
marciales disponíanse.
Un rumor vegetal, un oleaje
de verde silencioso se extendía
y en gozosa impaciencia,
vigilantes,
atención requerían.
Asomaba la abeja su delirio,
por la enramada zarza de los muros
deleitábase ingrata
a la sombra del tilo demoraba
su elección.
Velocísimo vuelo se marcaba
de sombra a sombra escudriñando el huerto
y pálpitos de savia eyaculaban
capullos jovencísimos y viejos.
Aquello que no fuimos
"Cuando yo no esté aquí se habrá acabado el mundo."
Iván Tubau
Aquello que no fuimos
y todo lo que fuimos
lo que mentimos ser
y lo que nunca pudimos disimular que éramos.
Las palabras robadas y la emoción fingida
la exacta curvatura que medimos
la emoción sobornada
las alas de los ángeles y la hendida pezuña
del infierno.
Las cosas que sentimos como si fueran nuestras
y eran sólo otros cuerpos que veneramos torpes
incrédulos y necios.
Las miradas que fueron buscando algún destino
un tierno roce abrazo que nos abriera al mundo.
Los recuerdos rondando las sombras desteñidas
de cualquier osadía, no heroísmo.
El cielo ensimismado, la arena de la playa,
el inmenso aguacero sobre la selva virgen,
los rincones secretos de cualquier avenida.
El cansancio de hacernos
la alegre sensatez de compartirnos
la luz de la alborada
la ilusión de buscarnos
la magia de encontrarse.
Todo lo que dijimos
lo que jamás dijimos
la tibia desazón de la melancolía
y el arrebato último de todos los finales.
El esplendor triunfal de lo que nunca fuimos.
Iván Tubau
Aquello que no fuimos
y todo lo que fuimos
lo que mentimos ser
y lo que nunca pudimos disimular que éramos.
Las palabras robadas y la emoción fingida
la exacta curvatura que medimos
la emoción sobornada
las alas de los ángeles y la hendida pezuña
del infierno.
Las cosas que sentimos como si fueran nuestras
y eran sólo otros cuerpos que veneramos torpes
incrédulos y necios.
Las miradas que fueron buscando algún destino
un tierno roce abrazo que nos abriera al mundo.
Los recuerdos rondando las sombras desteñidas
de cualquier osadía, no heroísmo.
El cielo ensimismado, la arena de la playa,
el inmenso aguacero sobre la selva virgen,
los rincones secretos de cualquier avenida.
El cansancio de hacernos
la alegre sensatez de compartirnos
la luz de la alborada
la ilusión de buscarnos
la magia de encontrarse.
Todo lo que dijimos
lo que jamás dijimos
la tibia desazón de la melancolía
y el arrebato último de todos los finales.
El esplendor triunfal de lo que nunca fuimos.





