Capítulo 13
No me dejaron verte. Paseé por los pasillos asépticos oyendo gritos y gemidos. Me sentaba y volvía a levantarme al instante. Intentaba escuchar tu voz, o tu silencio, oír tus manos acariciando a Nico. Sentir cómo hablabas de sus ojos azules y de sus manos pequeñas y tiernas que tendrían que acariciar tu pelo y tus labios con inocencia y dulzura, que tendrían que aprender a escuchar y a decirte del dulce paso del tiempo y de las ansias de ser felices para no pensar en la vida y la muerte, para no desgarrarse obligándonos a esperar un mañana más limpio y más humano, unas noches sin insomnio y sin misterios descubiertos, sin enormes arañas tejiendo y destejiendo la soledad, que era una enorme red en la que forcejeábamos hasta quedar sin aliento y enredados como pequeños y horrorizados insectos.





