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ADioses y mentiras
Manuscrito encontrado. Escritos recuperados en una biblioteca.
Sindicación
 
Una estupidez.
Y nace este dolor, o esta sensación de pérdida, cuando te dicen que hay otra persona ocupando el lugar que tú dejaste. Tristes somos los humanos, tristes e incomprensibles. No surgió el dolor con la pérdida, ni tiempo después, ni en los interminables silencios que acompañaron los adioses. Sólo al saber, al tener la certeza de nuestra sustitución, nos dolemos como si hubiera sido ayer el día en que dijimos adiós.

Será la soledad la causante de la tristeza, la enemiga de la razón. Bien dicen que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde definitivamente. O sí, y este dolor no es de pérdida, sino ególatra, egocéntrico, imberbe.

Puede ser que asumamos que seremos siempre insustituibles, también en el amor. Que el descubrir nuestra equivocación nos sume en la tristeza. Que era verdad que el mundo no giraba a nuestro alrededor.

Puede ser que necesitemos ese dolor para sentirnos vivos. Que el mundo seguirá girando pese a nosotros. Que debemos seguir hacia los destinos que nosotros mismos nos hemos ido marcando sin saberlo.

Puede ser.
No