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ADioses y mentiras
Manuscrito encontrado. Escritos recuperados en una biblioteca.
Sindicación
 
capítulo 4
Cómo sonreías ( yo adoraba ese continuo estado tuyo de felicidad; a veces temía romper la delgada tela que habíamos tejido con olvidos y cariño, amaneceres esperados desde el balcón, detrás de los cristales, tu cuerpo tembloroso, cercano, húmedo, saliendo por fin de la angustia -preparado para el nuevo día, para recaer otra vez hundiéndose en el espeso aliento de la noche- los dos despiertos intentando aliviar la amargura que ascendía por las piernas como un escalofrío y reposaba en el estómago y en el corazón. Cuántas noches después alerta, velando tu sueño, temiendo que de un momento a otro se fuera a romper aquel silencio que era como la paz reencontrada, y tus ojos miraran espantados, y te levantaras de nuevo; tu cuerpo desnudo en la oscuridad, recortado en las sombras por un tenue y mágico halo de luminosidad y de angustia ).
No