La Ternura

No es ternura el fuego de una pasión...
sino la suavidad de una caricia.
No es ternura el oleaje que se desborda...
sino el beso del cielo con el mar.
No es ternura la montaña que nos sobrecoge...
sino la macetita de violeta perfumando en la ventana.
No es ternura lo grandioso...
sino la delicadeza, la insignificancia, el detalle.
No es ternura lo que se da...
sino lo que se refleja y se deja traslucir.
No es ternura el sol que calcina...
sino la luna que embruja...
El fuego que abraza... sino el leño que se consume.
No es ternura lo que sobresale y resalta...
sino el escondite...el beso... la insinuación...
la luz y la rosa.
La ternura es eso que...
vitaliza al viejo...
duerme al niño...
¡y desarma al hombre!
texto: Zenaida Bacardí
Puntos de referencia...

He acumulado días y noches con amor, con paciencia
-ah, con ira también, un resplandor de tigres en la oscura
desdicha-;
los he petrificado alrededor del sitio donde habito,
que no es más que una pálida espesura en medio de la
enrarecida vastedad,
una exigua sustancia expuesta a los pillajes y a la furia
desatada
del tiempo.
He juntado vestigios, testimonios que acreditan quién soy,
credenciales irrefutables como un juego de espejos en torno
de un fulgor,
certezas como cifras esculpidas en humo.
Puedo afirmar que no hay bajo este cielo nada que no perdure
por mis ojos
y que un ínfimo insecto conserva su lugar de honor en mi
muestrario.
No soy menos que un topo; algo más que una hierba.
Sin embargo no encuentro mi verdadera forma ni aun a
plena luz,
por más que me recuente, me recorra y persiga por fuera y por
debajo de la piel.
Siempre hay alguien en mí que dice que no estoy cuando me
asomo,
alguien que se desliza paso a paso a medida que avanzo
hasta dejarme a ciegas, asida solamente a un nombre, a la
ignorancia.
Porque hay prolongaciones inasibles que llegan más allá,
zonas inalcanzables donde tal vez se impriman las pisadas de
Dios,
subsuelos transparentes que se internan a veces en los
jardines
de otro mundo
y al regresar expanden un perfume semejante al del alba.
¿Y esos bloques errantes, continentes en fuga como ballenas
blancas
que rozan las fronteras propagando el pavor y no regresan
nunca?
¿Y qué fronteras rozan, si he forzado hasta el máximo la vista
y el insomnio
y donde me aventuro no hago pie, me pierdo en los abismos?
¿No he arrojado preguntas como piedras y amores como
escombros
que están cayendo aún, que no han tocado fondo todavía?
Inmenso mi animal desconocido, mi armazón insondable,
mi esfinge nebulosa.
Y ningún emisario, ningún eco, que no sea este cuerpo
inacabado.
Toda una confabulación de lo invisible para indicar apenas
que no soy de este mundo,
sino tan sólo un testimonio adverso contra la proclamada
realidad,
una marca de exilio adherida a las grandes cerrazones donde
comienza el alma,
acaso con un himno, quizás con un sollozo.
Pero dime, Señor:
¿mi cara te dibuja?
Olga Orozco
SÉPTIMA POESÍA VERTICAL

2
No se trata de hablar,
ni tampoco de callar:
se trata de abrir algo
entre la palabra y el silencio.
Quizá cuando transcurra todo,
también la palabra y el silencio,
quede esa zona abierta
como una esperanza hacia atrás.
Y tal vez ese signo invertido
constituya un toque de atención
para este mutismo ilimitado
donde palpablemente nos hundimos.
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Decimos lo que decimos
para que la muerte no tenga
la última palabra.
¿Pero tendrá la muerte
el último silencio?
Hay que decir también el silencio.
Roberto Juarroz en Poesía vertical 1983/1993, Emecé, 1993.
Anillos de ceniza...

Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos del pájaro desolado en la lluvia.
Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una participación del sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta,
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.
Alejandra Pizarnik
Poema 55, Quinta Poesía Vertical

Un amor más allá del amor,
Por encima del rito del vínculo,
Más allá del juego siniestro
De la soledad y la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
Pero tampoco partida.
Un amor no sometido
A los fogonazos de ir y de volver,
De estar despiertos o dormidos,
De llamar o callar.
Un amor para estar juntos
O para no estarlo
Pero también para todas las posiciones
Intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizá también como cerrarlos.
Roberto Juarroz
Me visitó una nube...
Me visitó una nube.
y me dejó al marcharse
su contorno de viento.
Me visitó una sombra.
Y me dejó al marcharse
el peso de otro cuerpo.
Me visitó una ráfaga de imágenes.
Y me dejó al marcharse
la irreligión del sueño.
Me visitó una ausencia.
Y me dejó al marcharse
mi imagen en el tiempo.
Yo visito la vida.
Le dejaré al marcharme
la gracia de estos restos.
Roberto Juarroz
Mujer irredenta...

M e instalo hoy a escribir
para los Sumos Sacerdotes de la decencia
para los que, agotados los sucesivos argumentos,
nos recetan a las mujeres la vejez prematura
la solitaria tristeza
el espanto precoz a las arrugas.
¡Ah! Señores; no saben ustedes
cuánta delicia esconden los cuerpos otoñales
cuánta humedad, cuánto humus
cuánto fulgor de oro oculta el follaje del bosque
donde la tierra fértil
se ha nutrido de tiempo.
H ay quienes piensan
que he celebrado en exceso
los misterios del cuerpo
la piel y su aroma de fruta.
¡Calla, mujer! –me ordenan–
No nos aburras más con tu lujuria
Vete a la habitación
Desnúdate
Haz lo que quieras
Pero calla
No lo pregones a los cuatro vientos.
Una mujer es frágil, leve, maternal;
en sus ojos los velos del pudor
la erigen en eterna vestal de todas las virtudes.
Una mujer que goza es un mar agitado
donde sólo es posible el naufragio.
Cállate. No hables más de vientres y humedades.
Era quizás aceptable que lo hicieras en la juventud.
Después de todo, en esa época, siempre hay lugar para el desenfreno.
Pero ahora, cállate.
Ya pronto tendrás nietos. Ya no te sientan las pasiones.
No bien pierde la carne su solidez
debes doblar el alma
ir a la Iglesia
tejer escarpines
y apagar la mirada con el forzado decoro de la menopausia.
Gioconda Belli
Lo que quisiste ser...

¿Qué necesita un ser humano para no apartarse de sí?
¿A qué distancia está mi mano de la gente que conocí?
¿Qué le ha faltado a la verdad para quererla disfrazar?
¿Por qué un bufón llena el lugar donde hubo un sitio para amar?
¿Por qué fingimos confusión hasta acabar con la razón?
En fin, no sé como decir que todo ha vuelto a ser normal,
sólo si sé que no eres ya lo que quisiste ser.
Cuando mis ojos se hacen aire con tristeza pienso en el mar,
porque mi tiempo es la distancia recorrida para olvidar.
Y veo un dibujo del amor saltando a un cielo sin color,
buscando un mundo por rastrear y una ansiedad y otra ansiedad.
Río del mar, hecho creyón por quien aprende a dibujar.
En fin, no sé como decir que se ha arruinado la canción,
sólo sí sé que no eres ya lo que quisiste ser.
Veo tus brazos, que han llevado mil adornos sobre su piel
y han olvidado hasta que fueron una historia de amanecer.
Y tú, en función de relucir,dejas la magia humana y vas
a interpretar otro papel, fingiendo para diferir.
No sé si es desesperación o humilde ya resignación,
en fin, no sé cómo llamar a esa versión de un pavorreal,
sólo si sé que no eres ya lo que quisiste ser.
Silvio Rodríguez
La soledad es...

Mirar al teléfono, ansioso por una
llamada y, que permanezca silencioso.
Escuchar una canción y no
tener a nadie con quién asociarla.
Querer dormir mucho, para no
tener conciencia de que se está solo.
No tener a nadie con quién
brindar en un acontecimiento.
Sentir frio y no tener unos brazos para calentarse.
Hablar alto en casa, para tener la sensación
de estar escuchando a un ser humano
Tener solamente un plato en la mesa,
durante las comidas.
No tener a nadie para abotonarte
el vestido o arreglarte la corbata.
Salir de madrugada, intentando encontrar
algun conocido para poder desahogarte.
Darte cuenta de que no tienes
un hombro donde llorar.
Leer el periódico, durante las comidas
por no tener con quien conversar.
Verificar que la correspondencia se
resume a estados de cuenta bancarios.
Nunca tener a quién decirle
buenos días, al despertar.
No tener quien te haga un té,
cuando estás indispuesto.
No tener posibilidades de dividir el mismo
desodorante o la misma pasta de dientes.
.
Y Tú?
¿Cuándo te sientes realmente solo?
El aislamiento es diferente de la soledad.
El aislamiento es el momento que se escoge
para estar con nosotros mismos.
En Paz y Armonía.
Es una búsqueda interior, un movimiento
voluntario, una virtud desarrollada.
La soledad comienza cuando
nos cerramos para el Amor.
Anónimo.





