HERENCIA

alguien me ha preguntado
sobre la herencia para mis hijos
yo solamente sé que ellos me han dado
como cada mañana, su mirada
sus bracitos colgados de mi cuello
sus gritos y sus risas
sus pasos
sus preguntas que no buscan respuesta
las que sí
se preocupan si lloro
ríen si río
rebotan cuando llego
y sus corazones obligan a cantar al mío
y aunque no me pregunten yo les digo:
les dejo la sonrisa cotidiana
las palabras sinceras
mi manía de hacer cosas porque no están hechas
mi no preocupación por lo que brilla
mi instinto de una cueva diferente a las otras
mis juguetes pequeños
mi espejo y mi guitarra
esa vieja manía de acariricar las manos
la costumbre de oir música
la de abrazar el día
la de mirar la luna que nos mira
-la que sigue los pasos
la que expía-
les dejo también mis ganas de entender
mi olvido del reloj
mis besos a la tierra y a la lluvia
mi afán de no ser otro pero tampoco el mismo
mi conviccion de arena, de rama, de planeta
mi búsqueda de baúles de sueños y de historias
mis cuentos
las aceras que me vieron comer en sus orillas
las que me vieron amar o contar gatos
mi ansiedad de saber que si saco la mano encuentro al
mundo
con su sol y su vida
sus lamentos y ábacos
sus heridas sin lenguas
sus oros y sus rancios
les dejo mi costumbre de utilizar las manos
mi música de silvio
mis libros
mis poemas
mis antiguos amores secretos con el caos
y todas mis verdades
y todas mis mentiras
Fernando Rojas
diciembre-enero, 2004-2005
Los Cuerpos...

Amo mis huesos
su costumbre de andar rectos
de levantar un semicírculo
para abarcar el cielo
de encadenarse en filigranas diminutas
para favorecer el movimiento;
amo mis huesos con sus curvas
sus salientes
y sus cuevas profundas.
Si hubiera sido insecto,
también hubiera amado mis antenas
como amo ahora mis ojos con sus cuencas
y mis manos inquietas
y toda esta estructura
en la cual vivo
en la cual soy completa.
Y le doy gracias al discutido Dios
de creación perfecta o imperfecta
de existencia absoluta
o no existencia,
le doy gracias
en uso
de mi cuerpo y su esencia.
Al menos, comprendo su intención:
sé que era buena.
Matilde Casazola (1942 - )
Para que lo entiendas de una vez

Porque escribir es también estar contigo
y con la patria
junto a los monumentos
y las urgencias de pan y de amor
escribir no es irse caminando
es salvarse y salvarte
llevarte conmigo a la patria que cierras los ojos
y porque escribir es eso
es duro todo lo demás;
que se cierren puertas
y se nieguen manos
para forjar de otro modo este hierro
Porque la patria no está solo en casa
porque tú la buscas donde sabes
que no verás su cuerpo sangrado
Porque escribir no es salir volando
ni apagar las luces
es amar y perdonar redimir y condenar
buscar en todas las partes
romperse el corazón contra el tuyo
y así roto no esperar tranquilamente el futuro
sino irse a encender nuevos fuegos
Porque escribir es amarte y hacer con todos la guerra.
Miguel Huezo Mixco (El Salvador, 1950)
Apagón...

La oscuridad no me preocupa. Me preocupa la luz. La oscuridad es solamente
ausencia de luz. Pero la ausencia sí me preocupa. La preocupación no. Me es
indiferente. Sin embargo, la indiferencia me preocupa muchísimo. La
considera una actitud vergonzosa. Aunque la vergüenza no me preocupa. Antes
si, me preocupaba. Pero a mi me da lo mismo el antes y el después; mi vida
no es un desarrollo tendiente a nada. Por eso la nada no me quita el sueño.
El sueño, en cambio, es algo que si me interesa. A veces me quedo toda la
noche despierto, pensando en eso. No llego a ninguna conclusión, pero las
conclusiones me exasperan. Prefiero los puntos de partida. No por las
partidas; por los puntos. Siempre trato de acumular puntos. No por los
puntos en sí; es por la acumulación. La acumulación entendida por una cosa
sola, no como un cúmulo de otras. Los cúmulos, yo, si pudiera, los
disgregaría. Las cosas tienen que ir separadas; no juntas. Juntas forman
otras cosas, y eso trae complicaciones. Aunque yo a las complicaciones no
les tengo miedo. Lo que me asusta es lo simple. Lo simple no se sabe de
donde sale; ahí es donde está el misterio. Aunque los misterios, por suerte,
no me interesan. Me interesa la suerte. Que desgracia. Porque la suerte
siempre es escasa. Y si dijera que no me preocupa la escasez, mentiría. Pero
mentir no me preocupa. A mi me preocupa la verdad. Cuando miento no tengo
problema; puedo decir cualquier cosa. Aunque sea verdad, no importa, porque
la digo de mentira. Pero cuando hablo con la verdad, tengo que andar con más
cuidado. Por las dudas, en esos casos digo lo menos posible. Y después me
desdigo, así cubro dos posibilidades. Pero no es que me quiera cubrir. Yo
hago todo a la intemperie. Y si no hay luna, mejor. A mi me gusta la
oscuridad. La oscuridad no me preocupa. Me preocupa la luz. La oscuridad es
solamente ausencia de luz. Pero la ausencia sí me preocupa. La preocupación
no. Me es indiferente.
Leo Masliah





