VENTANA DE PALRAS: va de cuentos
Hace un tiempo escuche un cuento que he adaptado un poco, no se su autor, ni recuerdo su origen… pero no lo olvido por todo lo que me dijo esta pequeña historia, sobre la infancia olvidada.
“Cuando cae la tarde, al llegar la noche el mar huye hacia el horizonte… baja la marea y cientos de estrellas, de estrellas de mar, se quedan rezagadas en la orilla, olvidadas por las olas.
Una de estas noches estrelladas, un hombre sentado en la arena observaba como un chico se dedicaba a recoger las estrellas varadas. A lo largo de la orilla avanzaba tomando entre sus manos las pequeñas estrellas, las acariciaba y las devolvía al agua.
Aquel que observaba no dejaba de asombrarse, miraba y miraba pensando en que hacía aquel chico recogiendo estrellas, si no iba a conseguir salvar a todas, muchas se quedaban abandonadas, que la solución no era salvar unas pocas sino evitar que cuando bajara la marea las estrellas no naufragaran.
Convencido de que esa no era la solución al problema, se levanto y se dirigió al chico agachado en la orilla. Le pregunto: ¿Chico, por qué pierdes el tiempo recogiendo estrellas si no vas a conseguir devolver todas? Este le miro con calma termino de ayudar a la estrella que tenía entre sus manos y le contesto: Pregúntaselo a la estrella que acabo de salvar.”
Los educadores somos caminantes en la orilla que recogen a personas varadas, olvidadas por el olvido, estancadas en la tierra sin nadie de la sociedad… no podemos controlar las olas, pero la mar furiosa desprecia bellas estrellas que sin una mano de ayuda se echan a perder.





