Nos vamos de feria
Es un decir, ya estuvimos ayer por la noche, después de un día de duro trabajo y con la vista quemada de maquetar, editar, etcétera, etcétera.
En fin, me llaman la atención los precios de la feria. Seis euros por dos pinchos morunos y una lata de cerveza es más que suficiente para que os hagáis una idea de que, un año más, el sufrido fiestero es carne de cañón para los feriantes, ávidos de hacer el agosto a costa del hambre, la sed, o las ganas de divertirse del personal. Pero bueno, cada cual se busca la vida como puede, y teniendo en cuenta que pertenezco a un mundillo, el editorial, en el que libros que cuestan menos de un euro/ejemplar llegan a las librerías a veinticinco... mejor es callarse.
Otra cosa que no entiendo: los vasos "de litro" (para cerveza, kalimotxo o cuba-litro) no son de litro, son de 3/4 (en el mejor de los casos). Incluso los de la caseta de CNT los llaman "vasos de litro" en vez de lo que sería más honesto, "vasos grandes".
En definitiva, que me lo pasé muy bien pero mi bolsillo se resintió. Qué remedio, es una vez al año.
En fin, me llaman la atención los precios de la feria. Seis euros por dos pinchos morunos y una lata de cerveza es más que suficiente para que os hagáis una idea de que, un año más, el sufrido fiestero es carne de cañón para los feriantes, ávidos de hacer el agosto a costa del hambre, la sed, o las ganas de divertirse del personal. Pero bueno, cada cual se busca la vida como puede, y teniendo en cuenta que pertenezco a un mundillo, el editorial, en el que libros que cuestan menos de un euro/ejemplar llegan a las librerías a veinticinco... mejor es callarse.
Otra cosa que no entiendo: los vasos "de litro" (para cerveza, kalimotxo o cuba-litro) no son de litro, son de 3/4 (en el mejor de los casos). Incluso los de la caseta de CNT los llaman "vasos de litro" en vez de lo que sería más honesto, "vasos grandes".
En definitiva, que me lo pasé muy bien pero mi bolsillo se resintió. Qué remedio, es una vez al año.
Fragmentos de nube (yo también sé dar regalos)
"Antes, cuando sólo trabajaba de lunes a jueves, los viernes por la mañana eran el día más especial para mí. De forma religiosa, cada uno de esos días iba al Mercado de Abastos para curiosear en los diferentes puestos. Me gustaban especialmente las pescaderías, con sus inmensos atunes, las tajadas de pez espada o los alevines que se venden a escondidas. Me entusiasmaban las mujeres que trabajaban allí, entre olorosos boquerones y cangrejos. El olor del pescado me excita, y si está pegado a la piel de una mujer, tanto mejor. No he tenido muchas amigas en mi vida. No me suelo relacionar con mujeres, incluso rehuyo a las que trabajan conmigo. Una que huela a pescado me facilita mucho las cosas: puedo aspirar su aroma, incluso aunque sepa que es falso, sin tener que acercarme mucho a ella. Es delicioso y a la vez perturbador. ¿Debería ser consciente de que estoy enfermo? Aquellos viernes de mercado me lo planteaba a cada paso sobre los pasillos encharcados. Había un par de pescaderas que me gustaban especialmente, ese tipo de mujeres a las que dedicas tus últimos pensamientos cada noche, mientras te masturbas casi con desgana bajo las sábanas, presa de una costumbre que empezó a los doce años y que ahora, rondando los treinta, no tiene visos de acabar. Me sentía mal pero, a la vez, me sentía vivo entre los peces muertos y los trozos de carne colgados de pinchos. Cuando el hacha del carnicero caía sobre las costillas de cerdo que reclamaba cualquier viejecita yo sonreía, feliz de contarme entre los que empuñan hachas."
(...)
"En mi apartamento tengo un ordenador perennemente conectado a la red, descargando películas. No sólo films de hace medio siglo; también novedades, rarezas, anime japonés y porno sueco. De todo un poco. Aparte del viernes por la tarde, mi otro momento favorito de la semana es el sábado por la noche. La gente soltera de mi edad que conozco suelen salir a tomar unas copas, o hacen fiestas minúsculas en casa que apenas les hacen olvidar lo solos que están, lo reducido de su círculo de amistades. Van a comer comida india muy picante, van al cine-club a ver la última y soporífera cinta independiente (mejor si es iraní) o van, directamente, a un club de intercambio del brazo de un amigo o amiga igualmente soltero. A mí me parece patético. Reconozco que no me gustan las relaciones sociales, que soy feliz en mi pequeño mundo estático de ginebra, tónica y pantalla plana dolby sorround. También reconozco que me gustaría tener sexo con una desconocida: tal vez debería salir a ligar alguna noche, pienso a veces. Tengo una chaqueta con cuello mao que me hace parecer interesante. Podría dejarme caer con alguien de la editorial por alguno de los lugares de moda y ejercer, por una vez en la vida, de buitre ansioso por no pasar la noche solo.
El problema es que es obvio, al menos para mí, de qué se alimentan los buitres. Y dudo mucho que alguien en sus cabales quiera despertarse al lado de un trozo de carne que lleva años siendo desechado por los auténticos depredadores, aún cuando he llegado a un punto de hastío vital en el que incluso me reconforta pensar que esto mismo también es aplicable a mí. "
(...)
"La última chica con la que tuve sexo se llamaba Miriam, el típico especimen virginal de treinta años que se ha tirado toda la ciudad, cosa que no entiendo habida cuenta de su poca habilidad en la cama. De cualquier manera no tiene escrupulos, lo cual le honra: cayó fácilmente en cuanto le dije que trabajaba en una editorial. Ella, que como buena estudiante de letras tenía algunos poemarios inéditos guardados en el disco duro de su ordenador personal creyó ver en mí a su salvador, a la persona que le daría un poco de mordiente a su vacua vida de azafata de congresos. Cuando descubrió que yo era un simple maquetador, un técnico de diseño gráfico de poca monta, ya era demasiado tarde: hacía un par de horas que había llenado su garganta con mi semen."
(...)
"Como se intuye, tuve pocos amigos, pero al menos me gustaban. La mayor parte chicos, claro, aunque siempre estuvo Aránzazu, una pervertida un año mayor que yo, repetidora, con la que mi pequeño (¿tal vez selecto?) grupo de apestados sociales congenió muy bien desde el principio. Era lo suficientemente fea, vestía admirablemente mal y, pese a gustarle la poesía, se encontraba todavía en la fase, quién no la ha tenido, Bécquer y similares. Era inteligente, pero sin aspavientos, lo suficientemente mujer como para que permitiéramos que nos la meneara algunas noches de borrachera, y lo bastante consciente de su falta de atractivo como para no reclamar nunca un segundo beso."
(Del proyecto de novela sin título [aún])
(Es obvio que hay que pulir millones de cosas, claro)
(...)
"En mi apartamento tengo un ordenador perennemente conectado a la red, descargando películas. No sólo films de hace medio siglo; también novedades, rarezas, anime japonés y porno sueco. De todo un poco. Aparte del viernes por la tarde, mi otro momento favorito de la semana es el sábado por la noche. La gente soltera de mi edad que conozco suelen salir a tomar unas copas, o hacen fiestas minúsculas en casa que apenas les hacen olvidar lo solos que están, lo reducido de su círculo de amistades. Van a comer comida india muy picante, van al cine-club a ver la última y soporífera cinta independiente (mejor si es iraní) o van, directamente, a un club de intercambio del brazo de un amigo o amiga igualmente soltero. A mí me parece patético. Reconozco que no me gustan las relaciones sociales, que soy feliz en mi pequeño mundo estático de ginebra, tónica y pantalla plana dolby sorround. También reconozco que me gustaría tener sexo con una desconocida: tal vez debería salir a ligar alguna noche, pienso a veces. Tengo una chaqueta con cuello mao que me hace parecer interesante. Podría dejarme caer con alguien de la editorial por alguno de los lugares de moda y ejercer, por una vez en la vida, de buitre ansioso por no pasar la noche solo.
El problema es que es obvio, al menos para mí, de qué se alimentan los buitres. Y dudo mucho que alguien en sus cabales quiera despertarse al lado de un trozo de carne que lleva años siendo desechado por los auténticos depredadores, aún cuando he llegado a un punto de hastío vital en el que incluso me reconforta pensar que esto mismo también es aplicable a mí. "
(...)
"La última chica con la que tuve sexo se llamaba Miriam, el típico especimen virginal de treinta años que se ha tirado toda la ciudad, cosa que no entiendo habida cuenta de su poca habilidad en la cama. De cualquier manera no tiene escrupulos, lo cual le honra: cayó fácilmente en cuanto le dije que trabajaba en una editorial. Ella, que como buena estudiante de letras tenía algunos poemarios inéditos guardados en el disco duro de su ordenador personal creyó ver en mí a su salvador, a la persona que le daría un poco de mordiente a su vacua vida de azafata de congresos. Cuando descubrió que yo era un simple maquetador, un técnico de diseño gráfico de poca monta, ya era demasiado tarde: hacía un par de horas que había llenado su garganta con mi semen."
(...)
"Como se intuye, tuve pocos amigos, pero al menos me gustaban. La mayor parte chicos, claro, aunque siempre estuvo Aránzazu, una pervertida un año mayor que yo, repetidora, con la que mi pequeño (¿tal vez selecto?) grupo de apestados sociales congenió muy bien desde el principio. Era lo suficientemente fea, vestía admirablemente mal y, pese a gustarle la poesía, se encontraba todavía en la fase, quién no la ha tenido, Bécquer y similares. Era inteligente, pero sin aspavientos, lo suficientemente mujer como para que permitiéramos que nos la meneara algunas noches de borrachera, y lo bastante consciente de su falta de atractivo como para no reclamar nunca un segundo beso."
(Del proyecto de novela sin título [aún])
(Es obvio que hay que pulir millones de cosas, claro)
Un regalo sin envolver
Me lo dio ayer, en horas de trabajo, como si nada: toma, nene, disfrútalo, pareció decir con su sempiterna sonrisa de extranjero en su propia ciudad. Se llama Francisco, es informático, ha estado nominado al premio ignotus (más información en AEFCFT) y lo conocimos por casualidad hace ya un par de años.
Es un cd. El regalo, digo. Un Tdk, uno de esos que ha pagado canon (por supuesto). Un cd con la discografía casi completa de Lagartija Nick (excepto "Omega") y varios discos de Los Planetas y 091, ambos de sus respectivas primeras épocas. Son canciones que siempre quise tener en cd, y que por casualidad (las casualidades no existen, Victorcico, tontorrón) de repente llegan a mis manos. Hace dos meses mi minicadena trituró "Una semana en el motor de un autobús", de Jota y compañía, a modo de canto de cisne (de hecho ya hace una semana que ni siquiera sirve para escuchar el Carrusel Deportivo, snif). Ayer mi disco favorito de este grupo llegó de nuevo a mis manos, esta vez en un formato mucho más perdurable. Amén.
Son cosas que pasan, y deberían pasar más a menudo. Pequeños detalles que te alegran el día, la semana, el mes entero, yo qué sé. Otro informático, también llamado Francisco (aunque lo conocemos por "Fran"), me regaló hace unos cinco o seis años un libro de Philip K. Dick (creo recordar que "Valis"), precisamente un 14 de febrero. Estábamos sentados en una cafetería y, al confesarle que jamás había tenido un regalo "de san Valentín", el chaval se levantó, cruzó la calle y me compró el libro. Me quedé con un palmo de narices, emocionado (claro). Fue mi primer regalo 14-F y desde entonces Fran fue aún más hermano mayor para mí (desde entonces han pasado muchas cosas... incluso lloré en su boda).
También recuerdo un último hito, aún más absurdo. En julio de 2002, durante la quedada de cierta página web "de cuyo nombre no quiero... etcétera, etcétera", le comenté a un chico (Pablo, de A Coruña) que acababa de conocer que mis cómics favoritos habían sido, desde siempre, los de Mortadelo y Filemón. Allí estaba presente también Dani, mi amigo más antiguo (ya va para veinte años, que se dice pronto), y recordé que éste me había perdido un ejemplar de "Gatolandia 76" cuando éramos unos críos, dejándoselo en el mostrador de un bar del barrio. Un año y medio después Pablo volvió por Granada y me tendió un paquete: era un ejemplar del cómic que perdió Dani. Lo había visto a la venta en una tienda de segunda mano y se acordó de la anécdota, comprándolo en el acto.
La verdad es que no me merezco a algunos de mis amigos. Yo no soy lo que se dice muy detallista (de hecho soy todo lo contrario, bastante "dejado"). Pero muchos de ellos son maravillosos. Algún día os hablaré de Raquel, por cierto (no sé ni por donde empezar, la verdad).
Salud
Es un cd. El regalo, digo. Un Tdk, uno de esos que ha pagado canon (por supuesto). Un cd con la discografía casi completa de Lagartija Nick (excepto "Omega") y varios discos de Los Planetas y 091, ambos de sus respectivas primeras épocas. Son canciones que siempre quise tener en cd, y que por casualidad (las casualidades no existen, Victorcico, tontorrón) de repente llegan a mis manos. Hace dos meses mi minicadena trituró "Una semana en el motor de un autobús", de Jota y compañía, a modo de canto de cisne (de hecho ya hace una semana que ni siquiera sirve para escuchar el Carrusel Deportivo, snif). Ayer mi disco favorito de este grupo llegó de nuevo a mis manos, esta vez en un formato mucho más perdurable. Amén.
Son cosas que pasan, y deberían pasar más a menudo. Pequeños detalles que te alegran el día, la semana, el mes entero, yo qué sé. Otro informático, también llamado Francisco (aunque lo conocemos por "Fran"), me regaló hace unos cinco o seis años un libro de Philip K. Dick (creo recordar que "Valis"), precisamente un 14 de febrero. Estábamos sentados en una cafetería y, al confesarle que jamás había tenido un regalo "de san Valentín", el chaval se levantó, cruzó la calle y me compró el libro. Me quedé con un palmo de narices, emocionado (claro). Fue mi primer regalo 14-F y desde entonces Fran fue aún más hermano mayor para mí (desde entonces han pasado muchas cosas... incluso lloré en su boda).
También recuerdo un último hito, aún más absurdo. En julio de 2002, durante la quedada de cierta página web "de cuyo nombre no quiero... etcétera, etcétera", le comenté a un chico (Pablo, de A Coruña) que acababa de conocer que mis cómics favoritos habían sido, desde siempre, los de Mortadelo y Filemón. Allí estaba presente también Dani, mi amigo más antiguo (ya va para veinte años, que se dice pronto), y recordé que éste me había perdido un ejemplar de "Gatolandia 76" cuando éramos unos críos, dejándoselo en el mostrador de un bar del barrio. Un año y medio después Pablo volvió por Granada y me tendió un paquete: era un ejemplar del cómic que perdió Dani. Lo había visto a la venta en una tienda de segunda mano y se acordó de la anécdota, comprándolo en el acto.
La verdad es que no me merezco a algunos de mis amigos. Yo no soy lo que se dice muy detallista (de hecho soy todo lo contrario, bastante "dejado"). Pero muchos de ellos son maravillosos. Algún día os hablaré de Raquel, por cierto (no sé ni por donde empezar, la verdad).
Salud
"Dijiste que eran molinos, pero eran gigantes..."
(José Ignacio García Lapido dixit)
Me pregunto si llegarán a buen término todos esos relatos (y una novela corta, y un poemario conjunto) que tengo aún a medias. Para la novela, en la que tengo mucha ilusión, no tengo ni siquiera título. El protagonista, de origen francés, criado en Barcelona y que es maquetador de una editorial especializada en libros de cocina y literatura erótica, es un patán de mucho cuidado, el tipo de protagonistas que tanto le gustan a Houllebecq (confrontar "Ampliación del campo de batalla" o "Plataforma"). Está secretamente ¿enamorado? (más bien "empajillado", y perdón por la expresión) de su compañera de despacho, aunque el novio de la misma se lo quiere tirar a él (o eso parece); la secretaria de la editorial, una chica con nulo sentido estético (ni ético) quiere seducirlo (y él se deja... a medias); el jefe es un torpe al que ningunean tanto su mujer como su suegro (el que realmente pone la pasta para eso de los libros); su mejor amigo, a quinientos kilómetros de distancia, acaba de tener un accidente (más bien los va encadenando)...
Necesito un título. Ay.
Aparte, estoy preparando un relato para la convocatoria del "Últimas fronteras" del Club Star Trek de Madrid, en plan cómico. Lo malo es que mi conocimiento del universo trekkie es más que limitado (casi nulo), y me está costando horrores no mezclar a los personajes clásicos con los de las nuevas generaciones (no confundir con los de NNGG del PP).
Aunque sí tengo título: "El octavo pasajero", que pasó la criba y se impuso a muchos otros títulos provisionales.
Y me pregunto: novela - 60 páginas escritas - 0 títulos; relato - 0 páginas escritas - tropecientos mil títulos. ¿Me estaré volviendo loco?
Salud.
Me pregunto si llegarán a buen término todos esos relatos (y una novela corta, y un poemario conjunto) que tengo aún a medias. Para la novela, en la que tengo mucha ilusión, no tengo ni siquiera título. El protagonista, de origen francés, criado en Barcelona y que es maquetador de una editorial especializada en libros de cocina y literatura erótica, es un patán de mucho cuidado, el tipo de protagonistas que tanto le gustan a Houllebecq (confrontar "Ampliación del campo de batalla" o "Plataforma"). Está secretamente ¿enamorado? (más bien "empajillado", y perdón por la expresión) de su compañera de despacho, aunque el novio de la misma se lo quiere tirar a él (o eso parece); la secretaria de la editorial, una chica con nulo sentido estético (ni ético) quiere seducirlo (y él se deja... a medias); el jefe es un torpe al que ningunean tanto su mujer como su suegro (el que realmente pone la pasta para eso de los libros); su mejor amigo, a quinientos kilómetros de distancia, acaba de tener un accidente (más bien los va encadenando)...
Necesito un título. Ay.
Aparte, estoy preparando un relato para la convocatoria del "Últimas fronteras" del Club Star Trek de Madrid, en plan cómico. Lo malo es que mi conocimiento del universo trekkie es más que limitado (casi nulo), y me está costando horrores no mezclar a los personajes clásicos con los de las nuevas generaciones (no confundir con los de NNGG del PP).
Aunque sí tengo título: "El octavo pasajero", que pasó la criba y se impuso a muchos otros títulos provisionales.
Y me pregunto: novela - 60 páginas escritas - 0 títulos; relato - 0 páginas escritas - tropecientos mil títulos. ¿Me estaré volviendo loco?
Salud.
Putos turnos
Pues eso, estoy puteado con los turnos de trabajo. Ahora voy a descansar dos días a la semana (lunes y martes, precisamente los dos días en los que más cosas se pueden hacer... :-P). El resto de los días trabajo de tres y media de la tarde a una menos diez de la mañana... Una putada, vamos. En todo caso, podría ser peor, y estoy contento trabajando allí (comparándolo con el resto de trabajos que he tenido no es muy difícil). Cada vez que me entran ganas de salir corriendo me acuerdo de mis paseos interminables con la cartera de polipiel de CdL bajo el brazo... ¡satisfacción garantizada!
En otro orden de cosas, los últimos resultados de ventas de Parnaso han sido magníficos: "Forastero en cuerpo extraño" ha pulverizado muchos récords, y mira que "Umma" se lo había puesto difícil. En junio sacaremos dos nuevos libros: "La ciudad de los muertos y otros relatos" (número 4 de Vórtice) y "Sol de otro mundo" (número 3 de Hipocampo). Aparte de la revista volumen 4, claro. Ya estoy deseando tenerlos en mis manos (son mis hijitos, cualquiera que haya editado alguna vez comprenderá a qué me refiero).
Y hablando de hijitos, el bicho que da nombre al blog, el precioso gato Pentecostés (Pente para los amigos), es una maravilla con bigotes. Me siento bastante (demasiado) padre con él, aunque sea bastante miedica y me muerda los cables de la Play Station 2 (tm). Luego lo compensa todo cuando se queda dormido a tus pies, o cuando te mira con cara de sorpresa cada vez que te enciendes un cigarrillo...
Por ejemplo lo que pasó anoche: a eso de las dos, y viendo Buenafuente (me gusta, ¿pasa algo?), me entró el gusanillo, así que me fui derecho a la nevera y vi que había un paquete de salchichas frankfurt a medias. Cogí un par de ellas y me volví al sofá. Me gustan las salchichas crudas, sí, conozco a mucha gente que le pasa igual. Me terminé de comer la primera y, de repente, Pente (que estaba dormido) se despertó bastante nervioso, trepó por mi pecho y cuello y empezó a olisquearme la boca (no lo había hecho nunca). Vio entonces en mi mano la otra salchicha y... voló hacia ella, empezando a darle lametones tal y como recorría Maradona la línea de banda en sus buenos tiempos, es decir, con entusiasmo poco disimulado.
:-( La salchicha fue para él, claro. La madre que...
En fin, poco más que contar, me temo. No me encuentro demasiado bien, para qué nos vamos a engañar.
En otro orden de cosas, los últimos resultados de ventas de Parnaso han sido magníficos: "Forastero en cuerpo extraño" ha pulverizado muchos récords, y mira que "Umma" se lo había puesto difícil. En junio sacaremos dos nuevos libros: "La ciudad de los muertos y otros relatos" (número 4 de Vórtice) y "Sol de otro mundo" (número 3 de Hipocampo). Aparte de la revista volumen 4, claro. Ya estoy deseando tenerlos en mis manos (son mis hijitos, cualquiera que haya editado alguna vez comprenderá a qué me refiero).
Y hablando de hijitos, el bicho que da nombre al blog, el precioso gato Pentecostés (Pente para los amigos), es una maravilla con bigotes. Me siento bastante (demasiado) padre con él, aunque sea bastante miedica y me muerda los cables de la Play Station 2 (tm). Luego lo compensa todo cuando se queda dormido a tus pies, o cuando te mira con cara de sorpresa cada vez que te enciendes un cigarrillo...
Por ejemplo lo que pasó anoche: a eso de las dos, y viendo Buenafuente (me gusta, ¿pasa algo?), me entró el gusanillo, así que me fui derecho a la nevera y vi que había un paquete de salchichas frankfurt a medias. Cogí un par de ellas y me volví al sofá. Me gustan las salchichas crudas, sí, conozco a mucha gente que le pasa igual. Me terminé de comer la primera y, de repente, Pente (que estaba dormido) se despertó bastante nervioso, trepó por mi pecho y cuello y empezó a olisquearme la boca (no lo había hecho nunca). Vio entonces en mi mano la otra salchicha y... voló hacia ella, empezando a darle lametones tal y como recorría Maradona la línea de banda en sus buenos tiempos, es decir, con entusiasmo poco disimulado.
:-( La salchicha fue para él, claro. La madre que...
En fin, poco más que contar, me temo. No me encuentro demasiado bien, para qué nos vamos a engañar.
Si sólo ligas con gays, cambia de perfume
Corto y pego de ideal.es
Los gays pueden identificar por el olor a otros homosexuales
J. M. NIEVES/MADRID
¿Nacen o se hacen? ¿Es la homosexualidad una elección libre del individuo, una opción de cada uno, o por el contrario se trata de algo congénito, de una característica biológica que la hace inevitable desde el momento mismo del nacimiento? La polémica sigue abierta, sin resultados concluyentes en ninguno de los dos sentidos, pero dos estudios independientes aparecidos estos días, y realizados por investigadores norteamericanos y suecos, parecen dejar claro que el ser humano responde de forma diferente, según su condición sexual, al 'rastro natural' de las feromonas que emiten nuestros cuerpos, señales químicas que resultan determinantes a la hora de hacernos, o no, atractivos para los demás.
Los varones homosexuales han resultado, según los datos recopilados por los científicos, especialmente 'dotados' para detectar esas señales invisibles en otros varones homosexuales y reaccionar a ellas. Esas feromonas, presentes en el sudor de los varones, provocan la misma reacción en hombres homosexuales que en mujeres heterosexuales. En varones heterosexuales, sin embargo, las feromonas no provocaron efecto alguno.
El primer estudio, dirigido por Ivanka Savic, del Instituto Karolinska de Estocolmo y publicado por la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences', demuestra que tanto los varones homosexuales como las mujeres heterosexuales activan, en presencia de testosterona (la hormona sexual masculina), las zonas del cerebro involucradas en la actividad sexual. Sin embargo, cuando los sujetos estudiados fueron expuestos a olores 'corrientes', como lavanda o cedro, todos reaccionaron de forma idéntica, sin distinción de sexos, activando sólo las zonas del cerebro relacionadas con la percepción olfativa.
Por su parte, los neurocientíficos Charles Wysocki y Yolanda Martins, del Centro Monell de Sentidos en Filadelfia, usaron para su experimento muestras de sudor tomadas de axilas de 24 donantes de diferente género y orientación sexual. El estudio, que se publicará en septiembre por la revista 'Psychological Science', pone de manifiesto sutiles diferencias entre los olores que prefieren los hombres y las mujeres homosexuales y los que más gustan a los hombres y mujeres heterosexuales. Los varones homosexuales manifestaron una clara preferencia por el olor de otros gaysy también por el de las mujeres heterosexuales.
Los gays pueden identificar por el olor a otros homosexuales
J. M. NIEVES/MADRID
¿Nacen o se hacen? ¿Es la homosexualidad una elección libre del individuo, una opción de cada uno, o por el contrario se trata de algo congénito, de una característica biológica que la hace inevitable desde el momento mismo del nacimiento? La polémica sigue abierta, sin resultados concluyentes en ninguno de los dos sentidos, pero dos estudios independientes aparecidos estos días, y realizados por investigadores norteamericanos y suecos, parecen dejar claro que el ser humano responde de forma diferente, según su condición sexual, al 'rastro natural' de las feromonas que emiten nuestros cuerpos, señales químicas que resultan determinantes a la hora de hacernos, o no, atractivos para los demás.
Los varones homosexuales han resultado, según los datos recopilados por los científicos, especialmente 'dotados' para detectar esas señales invisibles en otros varones homosexuales y reaccionar a ellas. Esas feromonas, presentes en el sudor de los varones, provocan la misma reacción en hombres homosexuales que en mujeres heterosexuales. En varones heterosexuales, sin embargo, las feromonas no provocaron efecto alguno.
El primer estudio, dirigido por Ivanka Savic, del Instituto Karolinska de Estocolmo y publicado por la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences', demuestra que tanto los varones homosexuales como las mujeres heterosexuales activan, en presencia de testosterona (la hormona sexual masculina), las zonas del cerebro involucradas en la actividad sexual. Sin embargo, cuando los sujetos estudiados fueron expuestos a olores 'corrientes', como lavanda o cedro, todos reaccionaron de forma idéntica, sin distinción de sexos, activando sólo las zonas del cerebro relacionadas con la percepción olfativa.
Por su parte, los neurocientíficos Charles Wysocki y Yolanda Martins, del Centro Monell de Sentidos en Filadelfia, usaron para su experimento muestras de sudor tomadas de axilas de 24 donantes de diferente género y orientación sexual. El estudio, que se publicará en septiembre por la revista 'Psychological Science', pone de manifiesto sutiles diferencias entre los olores que prefieren los hombres y las mujeres homosexuales y los que más gustan a los hombres y mujeres heterosexuales. Los varones homosexuales manifestaron una clara preferencia por el olor de otros gaysy también por el de las mujeres heterosexuales.
Del II Festival Internacional de Poesía de Granada
Hola, nada mejor para empezar que una pequeña denuncia, un pequeño coscorrón al II Festival Internacional de Poesía de Granada. Y no precisamente a los organizadores.
Dejando a un lado el cartel del susodicho festival, que está muy bien (un poco de todo y para todos los gustos), hace una semana el distrito norte de la capital granadina amaneció literalmente "empapelado" con carteles anunciando uno de sus eventos. El distrito norte es el barrio de mis padres, el lugar donde crecí y pasé más de veinte años, y el lugar en el que sigo pasando parte del tiempo. Un barrio de trabajadores, obreros, policías y guardias civiles, gitanos, rumanos y marroquís. Un barrio de treinta y tantos mil habitantes en el que lo mismo casi te atropeya un BMW de hace quince años como que te vas de cañas con gentes de tres razas distintas.
Y os preguntaréis: ¿es la gente de este barrio un target del festival? Indudablemente sí para el evento en cuestión: una lectura-recital-loquesea de Marina Heredia. Es loable que el Festival haya incorporado a esta chica, de genial voz por otra parte, en sus actos. La poesía y la música han estado siempre unidas, y en estos tiempos que corren de top manta y libros superventas con tiradas de mil ejemplares es una buena idea acercar las mejores letras al público, máxime si es un público que, como pasa en este distrito, no tiene la menor gana de leer poesía, utilizando a una de las más importantes figuras actuales de cierto tipo de música (Heredia, me refiero). Lo que no es de recibo es pegar los carteles en sitios indebidos. Por ejemplo, las tapias recién blanqueadas del instituto Juan XXIII Cartuja (jamás había visto carteles, más allá que los de la CNT, allí) o las marquesinas de los autobuses. Lo de las marquesinas era especialmente sangrante, ya que la cola utilizada para pegar los carteles había dejado las mismas totalmente opacas, blancas. Aparte de que, si te apoyabas al sentarte, te quedabas pegado como un sello.
Los carteles venían con un pie en el que aparecían los patrocinadores del evento: ayuntamiento de Granada, una caja de ahorros... En fin, todos fueron eliminados antes o después (primero los del instituto, luego los de las marquesinas) y ahí quedó la cosa. Aprovecho para recordar que, como en muchas partes, también en el barrio tienen sitios especiales para este tipo de cosas, en este caso junto al parque 28 de febrero (c/Julio Moreno Dávila), o en el Centro Cívico, o en el Centro Amarillo (biblioteca, asuntos sociales, etc etc), o qué sé yo.
En fin, un mensaje bastante chorra para empezar, pero...
Dejando a un lado el cartel del susodicho festival, que está muy bien (un poco de todo y para todos los gustos), hace una semana el distrito norte de la capital granadina amaneció literalmente "empapelado" con carteles anunciando uno de sus eventos. El distrito norte es el barrio de mis padres, el lugar donde crecí y pasé más de veinte años, y el lugar en el que sigo pasando parte del tiempo. Un barrio de trabajadores, obreros, policías y guardias civiles, gitanos, rumanos y marroquís. Un barrio de treinta y tantos mil habitantes en el que lo mismo casi te atropeya un BMW de hace quince años como que te vas de cañas con gentes de tres razas distintas.
Y os preguntaréis: ¿es la gente de este barrio un target del festival? Indudablemente sí para el evento en cuestión: una lectura-recital-loquesea de Marina Heredia. Es loable que el Festival haya incorporado a esta chica, de genial voz por otra parte, en sus actos. La poesía y la música han estado siempre unidas, y en estos tiempos que corren de top manta y libros superventas con tiradas de mil ejemplares es una buena idea acercar las mejores letras al público, máxime si es un público que, como pasa en este distrito, no tiene la menor gana de leer poesía, utilizando a una de las más importantes figuras actuales de cierto tipo de música (Heredia, me refiero). Lo que no es de recibo es pegar los carteles en sitios indebidos. Por ejemplo, las tapias recién blanqueadas del instituto Juan XXIII Cartuja (jamás había visto carteles, más allá que los de la CNT, allí) o las marquesinas de los autobuses. Lo de las marquesinas era especialmente sangrante, ya que la cola utilizada para pegar los carteles había dejado las mismas totalmente opacas, blancas. Aparte de que, si te apoyabas al sentarte, te quedabas pegado como un sello.
Los carteles venían con un pie en el que aparecían los patrocinadores del evento: ayuntamiento de Granada, una caja de ahorros... En fin, todos fueron eliminados antes o después (primero los del instituto, luego los de las marquesinas) y ahí quedó la cosa. Aprovecho para recordar que, como en muchas partes, también en el barrio tienen sitios especiales para este tipo de cosas, en este caso junto al parque 28 de febrero (c/Julio Moreno Dávila), o en el Centro Cívico, o en el Centro Amarillo (biblioteca, asuntos sociales, etc etc), o qué sé yo.
En fin, un mensaje bastante chorra para empezar, pero...





