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Pentecostés (Yo acuso 2.0)
El blog en el que NO querrás aparecer
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Fragmentos de nube (yo también sé dar regalos)
"Antes, cuando sólo trabajaba de lunes a jueves, los viernes por la mañana eran el día más especial para mí. De forma religiosa, cada uno de esos días iba al Mercado de Abastos para curiosear en los diferentes puestos. Me gustaban especialmente las pescaderías, con sus inmensos atunes, las tajadas de pez espada o los alevines que se venden a escondidas. Me entusiasmaban las mujeres que trabajaban allí, entre olorosos boquerones y cangrejos. El olor del pescado me excita, y si está pegado a la piel de una mujer, tanto mejor. No he tenido muchas amigas en mi vida. No me suelo relacionar con mujeres, incluso rehuyo a las que trabajan conmigo. Una que huela a pescado me facilita mucho las cosas: puedo aspirar su aroma, incluso aunque sepa que es falso, sin tener que acercarme mucho a ella. Es delicioso y a la vez perturbador. ¿Debería ser consciente de que estoy enfermo? Aquellos viernes de mercado me lo planteaba a cada paso sobre los pasillos encharcados. Había un par de pescaderas que me gustaban especialmente, ese tipo de mujeres a las que dedicas tus últimos pensamientos cada noche, mientras te masturbas casi con desgana bajo las sábanas, presa de una costumbre que empezó a los doce años y que ahora, rondando los treinta, no tiene visos de acabar. Me sentía mal pero, a la vez, me sentía vivo entre los peces muertos y los trozos de carne colgados de pinchos. Cuando el hacha del carnicero caía sobre las costillas de cerdo que reclamaba cualquier viejecita yo sonreía, feliz de contarme entre los que empuñan hachas."

(...)

"En mi apartamento tengo un ordenador perennemente conectado a la red, descargando películas. No sólo films de hace medio siglo; también novedades, rarezas, anime japonés y porno sueco. De todo un poco. Aparte del viernes por la tarde, mi otro momento favorito de la semana es el sábado por la noche. La gente soltera de mi edad que conozco suelen salir a tomar unas copas, o hacen fiestas minúsculas en casa que apenas les hacen olvidar lo solos que están, lo reducido de su círculo de amistades. Van a comer comida india muy picante, van al cine-club a ver la última y soporífera cinta independiente (mejor si es iraní) o van, directamente, a un club de intercambio del brazo de un amigo o amiga igualmente soltero. A mí me parece patético. Reconozco que no me gustan las relaciones sociales, que soy feliz en mi pequeño mundo estático de ginebra, tónica y pantalla plana dolby sorround. También reconozco que me gustaría tener sexo con una desconocida: tal vez debería salir a ligar alguna noche, pienso a veces. Tengo una chaqueta con cuello mao que me hace parecer interesante. Podría dejarme caer con alguien de la editorial por alguno de los lugares de moda y ejercer, por una vez en la vida, de buitre ansioso por no pasar la noche solo.
El problema es que es obvio, al menos para mí, de qué se alimentan los buitres. Y dudo mucho que alguien en sus cabales quiera despertarse al lado de un trozo de carne que lleva años siendo desechado por los auténticos depredadores, aún cuando he llegado a un punto de hastío vital en el que incluso me reconforta pensar que esto mismo también es aplicable a mí. "

(...)

"La última chica con la que tuve sexo se llamaba Miriam, el típico especimen virginal de treinta años que se ha tirado toda la ciudad, cosa que no entiendo habida cuenta de su poca habilidad en la cama. De cualquier manera no tiene escrupulos, lo cual le honra: cayó fácilmente en cuanto le dije que trabajaba en una editorial. Ella, que como buena estudiante de letras tenía algunos poemarios inéditos guardados en el disco duro de su ordenador personal creyó ver en mí a su salvador, a la persona que le daría un poco de mordiente a su vacua vida de azafata de congresos. Cuando descubrió que yo era un simple maquetador, un técnico de diseño gráfico de poca monta, ya era demasiado tarde: hacía un par de horas que había llenado su garganta con mi semen."

(...)

"Como se intuye, tuve pocos amigos, pero al menos me gustaban. La mayor parte chicos, claro, aunque siempre estuvo Aránzazu, una pervertida un año mayor que yo, repetidora, con la que mi pequeño (¿tal vez selecto?) grupo de apestados sociales congenió muy bien desde el principio. Era lo suficientemente fea, vestía admirablemente mal y, pese a gustarle la poesía, se encontraba todavía en la fase, quién no la ha tenido, Bécquer y similares. Era inteligente, pero sin aspavientos, lo suficientemente mujer como para que permitiéramos que nos la meneara algunas noches de borrachera, y lo bastante consciente de su falta de atractivo como para no reclamar nunca un segundo beso."

(Del proyecto de novela sin título [aún])

(Es obvio que hay que pulir millones de cosas, claro)
 
 
Comentario:
Jesus, Mary, Joseph... No voy a opinar porque tendría que leerla entera... pero dan ganas de un poco más...
No