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El fabuloso caso del tío del bigote
Totalmente verídico. Me pasó hace un par de semanas, en mi penúltimo día de trabajo.

Eran las dos de la mañana y hacía un frío del carajo. Yo acababa de salir del curro, con muchas ganas de llegar a casa y tomarme una cerveza bien fresquita, e iba en mi coche por la calle Callejón del Pretorio. Al ir a doblar por el Paseo de los Basilios, al ladito derecho del río Genil (según vienes desde el Puente de Sánchez, mismamente), adelanté a un coche que estaba por allí, a paso tortuga. El coche se puso detrás mía.

En el semáforo del final del Paseo, en el Puente Verde, hay dos carriles. El de la izquierda, para los que van a ir para el Paseo del Salón y Carretera de la Sierra; el de la derecha, para los que van a Avenida Cervantes. Yo me puse a la izquierda; el otro coche, de color gris plata, a mi derecha.

Los dos estábamos parados, pues, uno junto al otro, yo escuchando una cinta de los Queen of Stone Age. Miro al otro coche. No se había parado del todo a mi altura. De repente, el coche sí que se pone a mi altura y... oh, un tío con bigote con su mirada fija en mí.

Yo doy otra calada al cigarrillo y dejo de mirarle, no en ese orden. El otro suelta el freno y se va un poco para atrás. Ya no volvemos a estar a la misma altura. Uf, menos mal.

No, falsa alarma: vuelvo a mirar y el coche otra vez está junto al mío, y el tío del bigote mirándome fijamente. Y yo, pensando: ¿es que el puto semáforo no cambia? Como estábamos en carriles distintos, Federico J. (lo llamaremos Federico J., así, en confianza) tiraría para la derecha (lógico, je) y yo para el otro lado y así acaba la anécdota.

Pero entonces no sería necesario contar el fabuloso caso del tío del bigote, claro.

El semáforo se pone en verde, yo giro a la izquierda y, vaya por dios, el tío del bigote se me viene encima. Giro hacia Carretera de la Sierra, el otro detrás. Salimos de Granada, entramos en carretera, el tío del bigote y su coche gris plata a una distancia prudencial. Pongo el coche a 90, el otro no mantiene el ritmo (parece) pero, ojo, ahí está de nuevo en el semáforo para entrar a Lancha del Genil. Entramos en Cenes de la Vega y el puñetero tío del bigote sigue pegado a mi culo (al culo de mi coche, más bien).

Se acerca el cruce a mi pueblo, y me digo: venga, machote, hasta ahora todo ha sido casualidad. Ahora viene la prueba de fuego.

El tío del bigote pasa la prueba de fuego con nota altísima: al llegar a mi cruce, un lugar llamado "El barranco" (una media de diez coches a la hora por el día, imaginaos el promedio a las dos de la mañana), sigue detrás mía. Me empiezo a acojonar. Subo la cuesta al residencial a toda mecha, lo dejo un poco detrás y, al llegar a cierta intersección, tuerzo a la izquierda (lo correcto), pero él llega tarde, no me ve (yo a él sí, por el retrovisor y de refilón) al ser un cruce ciego y en cuesta arriba, y se va a la derecha (una cuesta de doscientos metros hasta el cementerio y nada más).

Aún no respiro tranquilo. No me atrevo a aparcar el coche allí, todavía. Reduzco la velocidad y empiezo a descender de nuevo al pueblo por la cuesta del Ambulatorio (imaginaos el Tourmalet pero en pequeñito), y cuando casi estoy llegando abajo... ¡cagonlaputa, ya está otra vez ahí, en lo alto de la cuesta!

Y ahí me digo: una polla me vas a pillar, cabrón. Salgo a la carretera a toda leche, vuelvo al Barranco, me meto en un callejón y apago las luces. El coche del tío del bigote pasa de largo, rumbo a Sierra Nevada (a ver si hubo suerte y se despeñó, el joputa).

Y así concluye el fabuloso caso del tío del bigote. Efectivos de la policía que están participando en el programa Amena Contrato han emitido el siguiente comunicado:

"¡Cuidadín!

Hay dos docenas de tíos con bigote en coches gris metalizado esperando a que alguien los adelante con su coche exactamente a doce kilómetros por hora. Si ve un coche no lo adelante a doce kilómetros por hora, un tío con bigote puede perseguirle para hacerle una suscripción de dos años a la revista Atalaya o, aún peor, para pedirle que ingrese en la Logia Federico J. de la Francmasonería francesa.

Avisados quedan,

Amena Puntos: tu libertad"

PD: Los que seais de Granada, o la conozcais, podéis hacer la ruta mentalmente y ver que no estoy hablando de uno o dos kilómetros. Fue una persecución digna de un minicapítulo de Cops. Ah, coño, ¿y si el policía era él? Uy.
 
Comentario:
Joe, picha, que miedo mas miedoso.
Eres igual que la protagonista de ZigZag, que veía tios del bigote por todos lados.
 
Comentario:
1- Yo creo que debes pagar tus deudas de una puta vez.
2- En el caso que no seas un moroso, no me lo creo, es una leyenda urbana más que te has inventado para ver si dentro de unos meses toma cuerpo y todo el mundo la cuenta. Te he pillao chacho. Deja de escuchar a Iker Jimenez.
 
Comentario:
Mira tú por dónde...

Recuerdos a Fray Víctor.
 
Comentario:
Y si no era Torrente, fijo que es tu vecino. ¿Te imaginas? AAJAJAJAAJAJAJA, que me parto, que me parto.
 
Comentario:
Igual era Torrente, apatrullando la ciudad...
 
Comentario:
Ay, coño, estoy atontado. Al decir tú "Duelo", yo he pensado "Duel=El diablos sobre ruedas", y he corrido a coger la revista para comprobarlo. Pues sí, está basada en el cuento de Matheson, y como muy bien dice la intro del cuento, yo no lo sabía.
 
Comentario:
Ostras, qué miedito... Esas cuestas son mortales, me imagino a Hilezkor en plan fugitivo derrapando y haciendo trompos...:P
A lo mejor era un picoleto del servicio especial de picoletos por la seguridad vial, o algo así, por qué si no ¿por qué iba a llevar bigote? ¿por qué iba a perseguirte a ese pueblo donde hay pocos coches?
De todos modos yo hubiera bajado la ventanilla, que quizás la suscripción a la Atalaya es un chollo... ;-)
 
Comentario:
Cualquier persona que a estas alturas del milenio lleve bigote, me da repelús, lleve coche o no...

Por cierto, me ha recordado a "Duelo", el cuento de Matheson que Giga ha sacado en su último número... (antes de que recale por aquí Juanma y lo diga, voy yo hala ;p)
No